Las mil máscaras de la ansiedad

Verificado Redactado por Juan Antonio Barrera Méndez. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 20 septiembre 2021.

El temor agudiza los sentidos. La ansiedad los paraliza

Es común escuchar a las personas decir que se sienten ansiosas. Y todos suponemos de una forma intuitiva que cuando alguien dice que está ansioso creemos saber qué es lo que está pasando. Lo cierto es que el concepto de ansiedad se ha vulgarizado y suponemos saber que entendemos que quiere decir una persona cuando la menciona.

Sin embargo, ¿qué es la ansiedad? ¿existe una sola interpretación sobre este concepto o son muchas cosas a la vez?

Polisemia y metonimia de la ansiedad

La ansiedad tiene muchas formas de ser interpretada, esto es, tiene muchos significados y a ello le llamamos polisemia. A continuación, tenemos varios ejemplos a manera de definiciones para entender la polisemia de la ansiedad.

Ansiedad: Estado de inquietud o zozobra del ánimo, que se experimenta ante un riesgo imaginario, posible, pero poco probable. Es un miedo no resuelto, un estado de activación sin dirección específica. En gran medida la ansiedad se debe a los pensamientos y creencias. Se distingue del miedo en que en éste hay un peligro real e inminente. En la ansiedad el peligro puede ser lejano o imaginado (Punset, Bisquerra & Laynus, 2018, pág. 49).

Ansiedad: emoción que se caracteriza por la aprensión y síntomas somáticos de tensión en que un individuo anticipa un peligro, catástrofe o desgracia inminente. El cuerpo a menudo se moviliza para enfrentar la amenaza percibida: los músculos se tensan, la respiración se acelera y el corazón late con mayor rapidez. La ansiedad puede distinguirse del TEMOR a nivel tanto conceptual como fisiológico, aunque ambos términos se usan a menudo como sinónimos. La primera se considera una respuesta desproporcionada a una amenaza vaga y no identificada, mientras que el segundo es una respuesta apropiada a una amenaza específica y claramente identificable (APA, 2010, pág. 32).

Ansiedad: sentimiento de intranquilidad o aprensión, es una emoción humana básica que fue reconocida desde hace cinco mil años … es una emoción que produce reacciones corporales que nos preparan para “pelear o huir”; la ansiedad es anticipatoria, pues el evento o la situación temidos no han ocurrido aún (Sue, Wing & Sue, 2010, pág. 117).

Ansiedad: respuesta global y orientada al futuro, que implica componentes cognitivos y emocionales, en la que el individuo se encuentra inusualmente aprehensivo, tenso e incómodo ante la posibilidad de que algo terrible suceda (Halgin & Krauss, 2004, pág. 593).

La ansiedad: es la respuesta natural de nuestro cuerpo al estrés, hacia lo nuevo o lo ya conocido, pero que crea incomodidad.

En una primera aproximación de las mil máscaras de la ansiedad y derivadas de la forma en cómo se conceptualiza la ansiedad, también tenemos una forma retórica o una palabra símil para describirla, entonces, esta resulta en: una inquietud, una emoción, un miedo no resuelto, una activación fisiológica (arritmia cardiaca), unos síntomas somáticos (tensión muscular), una respuesta psicológica desproporcionada ante la incertidumbre, una respuesta con componentes cognitivos y emocionales y es una respuesta natural ante él estrés.

La etiología de la ansiedad

En su etiología psicosocial se debe a causas internas o externas.

En lo interno son pensamientos y creencias que se activan sin la presencia de un estímulo, es el recuerdo y el contexto vivido que dispara lo que posiblemente pueda suceder, aunque nunca suceda realmente. En lo externo puede existir un peligro real que no queremos enfrentar, es por ello que se le considera como un miedo anticipado.

Por lo tanto, es una condición de causas o etiologías múltiples.  Nos produce ansiedad, dar una conferencia, realizar un examen de cualquier tipo, hablar en público, ir al médico, ir a una entrevista de trabajo, una cita amorosa, conocer personas, asistir a clases. Si estos estados son momentáneos, no pasa nada.

Algunos autores (Sue, Wing & Sue, 2010, pág 120; Halgin & Krauss, 2004, págs. 210-215) distinguen en su origen modelos de dimensiones múltiples para explicar sus causas.

  • Dimensión sociocultural: diferencias de género, factores culturales y etnicidad. Intervienen aspectos como la educación, el nivel de ingresos y social.
  • Dimensión biológica: hiperactividad en el circuito del miedo en el cerebro, contribuyentes genéticos específicos y anomalías en los neurotransmisores. Los eventos traumáticos alteran el sistema nervioso central y se vuelven hipersensibles.
  • Dimensión psicológica: experiencias de la niñez temprana, condicionamientos y autocontrol y eficacia. Existe una sobre saturación de las defensas del yo.
  • Dimensión social: estrés ambiental diario/recursos comunitarios, apoyo social y relaciones familiares.

Se considera la interacción de todas las dimensiones y la combinación entre ellas hace que cada persona experimente la ansiedad de forma singular. Por lo tanto, no existen casos que sean exactamente iguales.

Mujer Ansiosa Sufre

¿Y para qué sirve la ansiedad?

Todas las emociones sirven para algo y tienen una intensión muy específica. La alegría nos sirve para disfrutar las cosas que nos gustan y volver a repetirlas. La sorpresa nos permite investigar más sobre lo que está ocurriendo. La función del miedo, es una de las emociones más intensas de supervivencia y nos permite: enfrentar, evitar, quedarnos detenido o huir de lo amenazante. La ira, sirve para protegernos de otros y establecer límites. El asco, para expulsar aquello que nos hace daño y alejarte. La tristeza, nos permite en ocasiones aislarnos, llorar y buscar refugio.

“Anticipar y resolver antes de que ya sea tarde, prepararse antes de que el peligro esté presente. Esa es la misión de la ansiedad” (Manes & Niro, 2014, pág. 281). Es una guía o un archivo donde registramos acontecimientos negativos pasados o donde podemos suponer eventos futuros que nos generan tensión. Si los eventos son realmente peligrosos, sentir un poco o mucha ansiedad, no sería un problema. “Cuando los peligros o amenazas son reales, la ansiedad cumple una función adaptativa clave para la supervivencia, pero cuando la ansiedad nos domina, se vuelve patológica (Pacheco, 2011, pág. 50)”. El problema realmente radica en que esas amenazas no sean reales, pero las reacciones que experimentamos si lo sean y nos gobierne la emoción y no sus rasgos de prevención o precaución. Esto es lo que ocurre cuando la ansiedad se convierte en un trastorno y se vuelve patológica.

El abanico de la ansiedad

En la clasificación de los trastornos mentales, la ansiedad es un abanico muy amplio que va desde: una crisis de angustia, el trastorno de ansiedad generalizada, las fobias específicas (insectos, perros, alturas, enfermedades, espacios abiertos y cerrados, etc.), la fobia social, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), el trastorno de ansiedad por separación, el trastorno de ansiedad por enfermedad, el estrés postraumático y/o agudo, hipocondría, los ataques de pánico. ¿qué tienen en común todas ellas? Pertenecen a una amplia categoría denominada “trastornos de ansiedad” y en todas ellas la evaluación que se hace de la realidad es exagerada y puede ser incapacitante y paralizante ante los peligros que representa el ambiente. Y se forma un bucle biopsicosocial o un círculo vicioso, “mientras más huimos de la realidad amenazante, más fuerza toma esta y es más difícil desactivarla”.

Si es vista como una emoción, ya desde hace la época de los 90as, Daniel Goleman en su libro de Inteligencia Emocional, clasificaba en familias las emociones y dentro del temor, se encontraban también: la ansiedad, la aprensión, el nerviosismo, la preocupación, la consternación, la inquietud, la cautela, la incertidumbre, el pavor, el miedo, el terror y en un nivel psicopatológico; la fobia y el pánico (Goleman, 1995, pág. 331). Por otro lado, en un trabajo más reciente encabezado por Eduardo Punset, en su libro universo de emociones, describe de forma semántica mediante 32 conceptos la familia de la ansiedad, integrada por: Abrumado, Acelerado, Acuciar, Agitación, Agobio, Agravación, Angustia, Ansia, Ansiedad, Apuro, Azogamiento, Azoramiento, Cerote, Comezón, Desabrimiento, Desasosiego, Desazón, Desesperación, Distrés, Emparanoiarse, Enajenación, Escrúpulo, Estrés, Histeria, Inquietud, Inseguridad, Intriga, Mono, Nerviosismo, Perturbación, Reconcomio y Zozobra (Punset, Bisquerra & Laynus, 2018, pág. 159).

¿Cómo sé que tengo ansiedad?

Sí la experimentamos la mayor parte del día y durante seis meses, se dice que tenemos trastorno de ansiedad.

Otra forma de saber si nos está afectando considerablemente son los siguientes criterios:

  • Perturbación (sentir dolor físico y emocional),
  • Deterioro (reducción de habilidades para funcionar en la vida cotidiana),
  • Riesgo para los demás y para sí mismo (hacerse daño así mismo o a los demás) y
  • Conductas sociales y culturalmente inaceptables.

Intensidad y temporalidad de la ansiedad

En la intensidad puede ser leve, moderada o aguda. En la temporalidad puede ser temporal, crónica o anticipatoria.

Síntomas Psicológicos

  • Necesidad de evitar algunos sitios o personas, vergüenza excesiva, Dudas o preocupaciones continuas
  • Miedo a estar teniendo un infarto o algo grave, Despersonalización y desrealización, sensación de muerte inminente, la sensación de que puede darse una desgracia inminente, sentirse extraño, sentirse paralizado, preocupación excesiva por cosas que muchas veces no pasarán, miedo a perder el control, dificultad para concentrarse, miedo a que suceda lo peor, miedo a morir, pensamientos intrusivos, a largo plazo podría provocar depresión si no se puede controlar la ansiedad.

Síntomas físicos

  • Tensión muscular o irritabilidad, náuseas, mareos o vértigos, manos o pies fríos o pegajosos, oleadas de calor, escalofríos o temblores, dolores de cabeza, dolor muscular y tensión, trastornos del sueño, opresión en todo el cuerpo, especialmente en la cabeza, el cuello, la mandíbula y la cara, dolor de pecho, zumbidos o pulsaciones en los oídos, sudoración excesiva, temblor, escalofríos o sofocos, frecuencia cardíaca acelerada, entumecimiento u hormigueo, malestar estomacal o náuseas y falta de aliento

Síntomas conductuales

  • Intentar escapar o huir de la situación, evitar la situación o conductas de evitación, rituales de comprobación, dificultad para dormir (insomnio o hipersomnia), alteraciones en la alimentación (comer en exceso o inhibición del hambre), hipervigilancia e irritabilidad, fallos en la memoria.
Hombre Desesperado

La comorbilidad de la ansiedad

Sentirse ansioso influye en la manera de interpretar la realidad.

Se ha encontrado una relación entre la ansiedad y la depresión. Personas que experimentan ansiedad, tienen una gran predisposición a que esta se convierta en depresión. “No es necesario padecer depresión para que un día en particular nos sintamos desesperanzados respecto al futuro y seamos incapaces de recordar eventos gratificantes. Un estado de ánimo triste es suficiente para que, como si de un filtro se tratase, solo podamos ver y recordar información negativa. La ansiedad nos obliga a entender e interpretar la realidad desde un punto de vista sesgado que favorece la información negativa” (Pacheco, 2011, pág. 49).

Perfil de las personas ansiosas

  • Presentan demasiada preocupación por las actividades cotidianas y su control simbólico. Preocupación por todo y por todos.
  • Le gusta tener las cosas bajo su control.
  • Tienen pensamientos y sentimientos (y viceversa) catastróficos, centralistas y negativos que hacen un círculo vicioso o un bucle que gira siempre en torno a lo mismo.
  • No le gustan los conflictos y los evita a toda costa.
  • Son irritables, inquietos e impacientes.
  • Difícilmente pueden concentrarse.
  • Generalmente padecen contracturas a nivel de: la mandíbula, la nuca y los hombros.
  • Carga responsabilidades que no le tocan.
  • Presentan dolores estomacales y otros más inexplicables.
  • Llegan a tener temblores, o tics.
  • Tiende a los excesos, comer, comprar, adicciones (juego y sustancias tóxicas).
  • En apariencia está tranquilo, pero su mente va a mil por hora.
  • Les falta el aire y se marean.
  • Tienen cansancio y fatiga excesiva.
  • Presentan insomnio y arritmias cardiacas (corazón acelerado).
  • Sí expresa sus sentimientos; desborda en llanto o en ira.

Cuando estás demasiado preocupado por las cosas que pasan a tu alrededor, dejas de disfrutar la vida, no importa si tienes dinero o no. Lo que piensas, lo crees y lo creas y esa es tu realidad.

Todos podemos sufrir trastornos de ansiedad

Famosos con diferentes trastornos de ansiedad: Keanu Reeves (miedo a la oscuridad), Jennifer Aniston (miedo a volar), Johnny Depp (miedo a los payasos), Justin Timberlake (miedo a las arañas (Sue, Wing & Sue, 2010, pág. 127).

Otra aproximación de las mil máscaras de la ansiedad

Es una emoción (estrés, nerviosismo y preocupación), es una predisposición genética, es un rasgo de personalidad, es una conducta aprendida (impronta familiar y compulsión a la repetición), es una reacción al estrés, al miedo, al futuro, puede ser un desorden químico, puede venir acompañada de otras enfermedades (comorbilidad) o es un trastorno emocional que se llama trastorno de ansiedad. Luego entonces, no siempre estamos hablando de una enfermedad mental, pero en ocasiones viene acompañada de otros trastornos mentales y físicos.

Regresando a la vulgarización del concepto “ansiedad” cuando alguien dice que la tiene, puede referirse a cualquiera de todos los elementos señalados anteriormente. Luego entonces, si pensamos en positivo, si está describiendo algún aspecto de su ansiedad, pero en la parte negativa, se está refiriendo a un gran universo de conceptos y seguramente en su experiencia personal, coincide con alguno de todos ellos. Sin embargo, como profesionales de la salud, no podemos caer en solo tener una aproximación general del concepto y es obligación nuestra precisar la etiología, las dimensiones imbricadas, las múltiples variables que le conforman para poder apoyarle con un tratamiento.

No hemos comprendido las enfermedades y tampoco las enfermedades mentales

  • Es un trastorno socialmente estigmatizado y mal visto. Generalmente minimizado por los demás, pues suponen que no es una condición muy grave y que quienes la padecen son exagerados.
  • No elegimos estar en una situación de ansiedad.
  • Es un hecho que aún no comprendemos del todo las enfermedades mentales y por ende nos cuesta trabajo ser empáticos con quienes tienen esta u otra condición mental.

Reflexiones para el cambio

El cerebro se puede enfermar como cualquier otro órgano del cuerpo. Los vínculos humanos positivos protegen al cerebro y es lo que nos salva en el apoyo social.

Tratamiento

  • “Casi siempre se hace una intervención multidisciplinaria (médico y psicólogo). Incluye algún ansiolítico como Paroxetina y una de las terapias psicológicas más recomendadas por la Universidad de Pensilvania es la Terapia cognitivo conductual que ayuda a cambiar los afectos y las percepciones sobre la realidad (Burns, 2006, pág. 14)”.
  • Con los ansiolíticos desaparecen los síntomas, pero no las causas. El tratamiento es casi personalizado, lo que le sirve a una persona no le funciona a otra.
  • Mantener una vida social positivamente activa, ser optimista, hacer ejercicio físico (protege al cerebro, genera nuevas sinapsis, protege el sistema cardiovascular, mejora el ánimo, refuerza el pensamiento creativo, genera endorfinas –analgésicos naturales que combaten el dolor emocional-, en personas mayores de 65 años se pierde 1% el volumen del hipocampo, pero esto no sucede para quien se activa haciendo ejercicio), mantener la mente activa aprendiendo cosas nuevas.
  • Tener una mejor higiene del sueño, dormir mejor. Una mejor alimentación, evitar comidas muy pesadas, alcohol, cafeína o refrescos de cola. Consumir más Omega 3.
  • Si no es muy grave el estado de ansiedad se pueden aprender técnicas de relajación o estrategias para ralentizarnos y reducir el estrés. Aprender técnicas de visualización creativa y aprender a colocar anclas positivas. Utilizar el campo electromagnético pulsante de baja frecuencia. Detener pensamientos intrusivos con la palabra “basta”. Pensar en soluciones en vez de conflictos. Aprender a ser emocionalmente inteligentes.
  • Acudir con tu terapeuta de confianza.

Bibliografía

  • APA (2010). Diccionario conciso de Psicología, Editorial El Manual Moderno, México.
  • Burns, D. (2006) Adiós, ansiedad (Cómo superar la timidez, los miedos, las fobias y las situaciones de pánico, Editorial Paidós, México.
  • Goleman, D. (1995). Inteligencia Emocional (Por qué es más importante que el cociente intelectual, Editorial Javier Vergara, México.
  • Halgin, R. & Krauss, S. (2004). Psicología de la anormalidad, Editorial McGraw Hill, México.
  • Manes, F. & Niro, M. (2014). Usar el cerebro (Conocer nuestra mente para vivir mejor), Editorial Paidós, México.
  • Pacheco, A. (2011) Ansiedad y atención (Revista Mente y Cerebro), Editorial Prensa Científica, Barcelona.
  • Punset, E., Bisquerra, R. & Laynus, G. (2018). Diccionario de emociones y fenómenos afectivos, Editorial PalauGea, Valecia.
  • Sue, D., Wing, D. & Sue, S. (2010) Psicopatología, comprendiendo la conducta anormal, Editorial Cengage Learning, México.

Psicólogo terapeuta individual y de pareja. Ha sido, durante más de 16 años, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (México D. F.) en el área de Psicología. Participa como conferenciante en su país y el extranjero, también destaca como especialista en televisión, radio y otros medios. Es escritor de varios libros.

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