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¿En qué consiste el Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC?

Un trastorno obsesivo – compulsivo (TOC) es un desorden de ansiedad que suele iniciarse en la adolescencia o a principios de la edad adulta, pero también puede iniciarse en la infancia.

Es un problema donde el eje central es el miedo a que suceda algo terrible. Lo característico del problema obsesivo – compulsivo es la presencia de obsesiones o compulsiones o, como es habitual de ambas.

Las obsesiones

Las obsesiones son pensamientos involuntarios repetitivos y de alta frecuencia que aparecen en nuestra mente sin que lo deseemos. Pueden estar expresados en forma de palabras y frases o imágenes. El contenido es amenazante, inaceptable moralmente, grotesco o extraño para la persona que lo sufre; por ejemplo, creer que uno se ha contagiado de SIDA, que la colilla que dejo en el cenicero va a provocar un incendio o que desea insultar a alguien.

Las compulsiones

Las compulsiones son comportamientos estereotipados, voluntarios, que pueden llegar a ser muy organizados y elaborados y que tienen como fin reducir la posibilidad de que suceda la catástrofe temida o bloquear la ansiedad causada por la propia obsesión. Puede ejecutarse físicamente, como lavarse las manos o comprobar que el teléfono está bien colgado, y mentalmente, como hacer operaciones matemáticas.

Principales manifestaciones de los problemas obsesivos

Los clasificaremos en función del tipo de ritual básico. Como la respuesta emocional es siempre la ansiedad, describiremos las situaciones disparadoras, las obsesiones y los rituales.

Los que se lavan o limpian

Las obsesiones están centradas en el tópico de la contaminación, suciedad, enfermedades o temas similares. Hay miedos puntuales a contagiarse de una determinada enfermedad, pero otras veces las obsesiones son más difusas podrían plasmarse en pensamientos como qué asco, no soportar estar sucio o esto es asqueroso. Los rituales suelen ser de lavado o limpieza.

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Los que comprueban

Las obsesiones están centradas en la ocurrencia de posibles catástrofes que varían según el tipo de situaciones en las que aparecen. Lo más frecuente son miedo a incendios o explosiones de gas, aparatos eléctricos o cigarrillos, y los rituales lógicamente tiene que ver con comprobar el buen estado de estos enseres. Otras veces los temores hablan de la posibilidad de ser robado y las compulsiones son de comprobación de puertas, ventanas o cerraduras de coches.

Más infrecuentemente, pero no raro, es encontrar comprobadores de documentos, trabajos numéricos y en general de cualquier ejecución profesional. Por ejemplo, comprobar compulsivamente si hay faltas de ortografía o realizar una y otra vez operaciones aritméticas para asegurarse que no hay errores.

Mención especial merecen aquellos casos de personas que ritualizan enormemente una parte de su trabajo. Dentro de esta categoría, se encuentran un subtipo infrecuente pero espectacular. La situación disparadora suele ser conducir. A veces en circunstancias concretas como adelantar o coger baches provoca la duda sobre si se ha atropellado a alguien o se ha causado un accidente. La comprobación suele ser mirar por el espejo retrovisor, sacar la cabeza por la ventanilla y bajar del coche para revisar si se ha atropellado a alguien, o incluso repetir varias veces el mismo trayecto con idéntico objetivo.

En general todos los comprobadores además de los rituales y la evitación de las situaciones problemáticas tienden a utilizar mucho la estrategia de la reaseguración: “¿tú me has visto apagar el fuego?”.

Los que ordenan

Las obsesiones suelen ser un tanto abstractas y genéricamente podrían resumirse en que es absolutamente imprescindible que todo este ordenado, arreglado y en su sitio. A partir de ahí es fácil deducir el tipo de rituales que desarrollan, como por ejemplo, que los muebles estén organizados de una determinada manera, a menudo buscan simetría, escritorios u objetos de decoración estén colocados siguiendo unas normas inflexibles.

Los que repiten

Los temores u obsesiones versan sobre la anticipación de que va a suceder una catástrofe y la forma de neutralizarla es repetir varias veces una acción cotidiana. Las catástrofes más temidas son que ellos mismos o gente querida tengan accidentes de tráfico, enfermedades o problemas en el trabajo. La gama de acciones repetidas es muy amplia: tocar varias veces el picaporte de la puerta, santiguarse repetidamente, hacer muecas, tragar saliva varias veces seguidas mirando hacía una pared, etc.

Los que acumulan

Las obsesiones se relacionan con el temor a tirar algo importante o que en el futuro puedan necesitar. Las compulsiones consisten en acumular, guardar, almacenar objetos que la mayor parte de las ocasiones no tiene ningún sentido conservar.

Los que se aseguran de no hacer daño

Las obsesiones son de hacer daño a ciertas personas o a uno mismo. Muchas veces temen hacer daño a personas especialmente desvalidas que, por su condición (niños y ancianos), por su posición (estar situado de espaldas) o su actividad (dormir, estudiar) sean especialmente vulnerables. Es muy frecuente que algunas de estas obsesiones aparezcan al ser padres, especialmente en situaciones de manipular al bebé. Estas obsesiones son muy perturbadoras, sobre todo si aparecen en la persona con un formato imperativo: “golpéalo”. En otras ocasiones aparecen en forma de interrogante:” ¿y si le clavara las tijeras en la cara?

Las estrategias de neutralización consecuentemente van destinadas a impedir actos de violencia, como por ejemplo evitar quedarse a solas con la víctima o retirar objetos que usarían para hacer daño.

Una variante de estas obsesiones serían las obsesiones de violencia sexual, obsesiones de suicidio y personas que tiene miedo a perder el control en forma de agresiones verbales o contar públicamente intimidades o secretos.

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Rituales encubiertos

En todos los tipos de trastorno obsesivo compulsivo descritos hasta el momento, las conductas de neutralización tiende a ser predominantemente físicas, es decir, las personas evitan situaciones de riesgo y actúan compulsivamente para deshacerse del malestar.

A continuación vamos a describir diferentes categorías donde las estrategias de bloqueo más relevantes son las pensadas.

Muchas de las siguientes categorías clásicamente se etiquetaban como “obsesiones puras” o también llamadas “rumiaciones”.

Los que restituyen mentalmente

El ejemplo más característico de esta categoría implica tener una obsesión en forma de blasfemia que a veces puede tener forma de imagen. El ritual cognitivo es crear una imagen “buena”, que sustituya a las malas. Este tipo de problema lo suelen padecer personas con profundas convicciones religiosas. Relacionados también con este tema religioso, en ocasiones pueden aparecer obsesiones de contenido demoníaco cuyos rituales incluyen típicamente rezar o repetir mentalmente que lo que teme no va a suceder. Una modalidad de restitutores mentales, son los que temen ser homosexuales, una de las estrategias de neutralización es rescatar datos muchas veces en forma de imagen de que efectivamente son heterosexuales.

Los que comprueban mentalmente

Serían la versión encubierta o mental de los comprobadores físicos. Se temen catástrofes características, robos, incendios, explosiones, etc. Bloquean el malestar y reducen la posibilidad de catástrofe comprobando mentalmente que las situaciones peligrosas están en condiciones de seguridad.

Los que repiten mentalmente

Como en el caso de los repetidores físicos, se temen catástrofes personales o en personas queridas, pero la estrategia principal para liberarse del temor es repetir encubiertamente frases, palabras, operaciones matemáticas o incluso imágenes.

Otros tipos

Los que buscan la simetría

La obsesión se relaciona con encontrar la perfección corporal, que se define en términos de simetría, el ritual característico es comparar mirándose, tocándose, midiendo, las partes izquierda y derecha del miembro o zona corporal en cuestión.

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Los que realizan acciones lentamente

La obsesión perturbadora es conseguir la ejecución perfecta, suelen ser acciones cotidianas, afeitarse, una ducha, etc.

Los que intentan responder a dudas filosóficas

La obsesión es una pregunta sobre cualquier área del conocimiento humano. Los rituales son intentos de responder una y otra vez posible respuestas. Aquí también incluimos a aquellas personas que tienen duda sobre el significado de las palabras.

Los que intentar “negar” la muerte

Las obsesiones son pensamientos sobre su propia muerte o sobre la muerte de seres queridos. Los rituales consisten fundamentalmente en racionalizar.

Los que intentan responder a dudas cotidianas o sobre relaciones personales

Aquí las dudas son sobre cómo decidir aspectos diarios de su propia vida: ¿qué ropa me pongo?”. Las conductas de neutralización son un constante análisis de pros y contras de cada una de las alternativas que parecen no tener fin. Aunque tomen una decisión por cuestiones prácticas, nunca quedan satisfechos de que decidieron la correcta. Utilizan mucho la reaseguración en forma de pedir consejo a los demás.

Los que intentan comprobar que no son engañados

Sufren celos. No todas las personas que tienen el problema de celos lo tienen en forma de trastorno obsesivo compulsivo. Los celos patológicos son un problema muy complejo y multicausal. Se puede relacionar con la falta de autoestima e inseguridad personal, sentimiento de posesión hacía la otra persona o con un sentido genéricamente suspicaz hacia todo el mundo. La obsesión es un pensamiento o imagen sobre que la pareja de la persona podría estar con otro, o gustarle o interesarle, y el ritual tiene que ver con verificar que esto no es así: interrogando, llamando por teléfono o revisando cosas.

Los que intentan cerrar asuntos

Son obsesiones que provienen de relaciones con otras personas, incluso de relaciones pasadas. Su malestar proviene de pensar si su actuación fue la adecuada o la que ellos querían hacer: ¿qué le dije?, ¿quedo clara mi posición?, ¿por qué me trato así? Los rituales, siempre cognitivos, intentan revisar cómo fue la conversación, recordar qué se dijo y qué no, o buscar una alternativa mejor de respuesta para manejar la situación. No hay fin, nunca llegan a una conclusión.

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