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Actualizado: 25 de octubre, 2026
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La relación entre el apego infantil y el amor romántico disfuncional

El presente artículo propone un modelo conceptual como herramienta para comprender por qué las personas permanecen en relaciones románticas que reconocen como dañinas, incluso cuando disponen de recursos cognitivos y materiales para abandonarlas. Se desarrolla un análisis en tres niveles: el primero corresponde a la teoría clásica del apego infantil (Bowlby, 1969/1982; Ainsworth et al., 1978; Main & Solomon, 1986, 1990); el segundo aborda el modelo de Hazan y Shaver (1987), que traslada la teoría del apego al contexto del amor romántico adulto; el tercero integra una multiplicidad de conceptos —marcador somático, intuición, refuerzo intermitente, indefensión aprendida, impronta sexual y dependencia afectiva— en un modelo dinámico denominado Modelo de Configuraciones Apego-Intuición Desajustada (MCAID), propuesto por Barrera y Martínez (2026).

La tesis central sostiene que el amor romántico disfuncional no es una conducta simple ni un déficit de voluntad, sino el resultado de la convergencia iterativa y combinada de configuraciones de apego inseguro y estilos de afrontamiento que han sido codificados corporalmente como «amor». El MCAID describe seis configuraciones singulares —apego por desajuste intuitivo, apego por marcador somático invertido, apego por bloqueo de refuerzo intermitente, apego por indefensión aprendida dominante, apego por impronta confundida y apego por dependencia afectiva— que no operan de forma aislada, sino en combinación variable en cada persona. Se concluye que la permanencia en relaciones disfuncionales emerge de la convergencia multicausal de estos planos, por lo que cualquier intervención que aborde solo uno de los niveles resultará insuficiente. No obstante, en la medida en que estos patrones se hacen conscientes y se les ofrece una experiencia relacional distinta que los desmienta, la mayoría puede reescribirse. El modelo es presentado como inacabado, dinámico y en proceso permanente de construcción y deconstrucción.

Introducción

«¿Por qué vuelvo a elegir a quien me hace daño?» Esta pregunta, frecuente en la consulta clínica y en la conversación cotidiana, revela una paradoja que no se resuelve apelando a la falta de amor propio ni a un error de juicio. Quienes la formulan suelen poseer autoconocimiento suficiente para reconocer el patrón, e incluso recursos materiales para interrumpirlo. Sin embargo, permanecen o regresan. Este artículo propone que la respuesta se encuentra en la articulación entre la teoría del apego infantil, el modelo de apego adulto derivado y una serie de conceptos neurocientíficos y psicológicos que, integrados, permiten explicar la singularidad de cada configuración disfuncional.

El objetivo es ofrecer un marco de análisis que sea riguroso en su fundamentación científica, pero accesible tanto para especialistas como para no especialistas.

“Para la psicología social, el ser humano es un ser relacional, ya que son las relaciones las que definen la naturaleza social de todo individuo” (Fischer, 1990, pág. 31). El concepto básico, a la vez el más simple y el más difícil de discriminar para esta disciplina es el vínculo o relación social.

Nivel 1 — La teoría del apego infantil (teoría clásica)

La teoría del apego, formulada por John Bowlby (1969/1982), sostiene que el vínculo temprano entre el infante y su cuidador principal constituye un sistema biológico de supervivencia. De esta relación emerge un “modelo interno de trabajo” (Internal Working Model, IWM) que organiza las expectativas del individuo sobre sí mismo (¿soy digno de amor?) y sobre los demás (¿son confiables, están disponibles? ¿Puedo esperar cuidado cuando lo necesito?). Este modelo opera de forma relativamente estable a lo largo de la vida y se activa con especial intensidad en situaciones de amenaza, incluidas las relaciones amorosas adultas. “Las relaciones que se construyen, se desarrollan y se deshacen en el transcurso de la están intensamente marcadas por el periodo de la infancia” (Fischer, 1990, pág. 35).

El vinculo social, la afiliación, la atracción, la formación de vínculos sociales, la socialización, la proximidad, las semejanzas, la complementariedad y por supuesto el apego son conceptos fundamentales en la vida en sociedad de las personas. La importancia del apego, es que este “se constituye, por tanto, como la relación que se establece a partir de la combinación de dos elementos: los cuidados físicos y la seguridad afectiva (Fischer, 1990, pág. 35). Los afectos son un concepto dicotómico y puede expresar emociones, sentimientos y estados de ánimo, positivos o negativos qué en este contexto, los padres pueden expresar abierta o veladamente hacia sus hijos.

Nivel 1

Mary Ainsworth y colaboradores (1978), mediante el procedimiento de la «situación extraña», identificaron tres patrones organizados de apego:

  • “Seguro”: el infante utiliza al cuidador como base segura desde la cual explorar y a la cual regresar en busca de consuelo. Hay confianza en la disponibilidad del otro.
  • “Evitativo”: el infante inhibe la expresión de necesidad de consuelo y organiza su conducta en torno a la exploración y la autonomía prematura, minimizando la señal de apego.
  • “Ambivalente o resistente”: el infante muestra alta activación del sistema de apego, con conductas de búsqueda intensificada y, simultáneamente, resistencia y enojo hacia el cuidador. La disponibilidad del otro es experimentada como impredecible.

Posteriormente, Mary Main y Judith Solomon (1986, 1990) describieron un cuarto patrón: el “desorganizado/desorientado”. Su característica central es la activación simultánea de tendencias contradictorias —acercarse y evitar— ante la figura de apego. Main y Hesse (1990) denominaron a esta condición «miedo sin solución» (“fright without solution”): el cuidador es a la vez fuente de miedo y único refugio posible ante el miedo. Este patrón es particularmente relevante para comprender las relaciones adultas en las que la persona se siente atrapada entre la necesidad de cercanía y el daño que esa cercanía produce.

Estos cuatro patrones no constituyen categorías cerradas ni destinos fijos. La investigación contemporánea los entiende como “estrategias adaptativas” que tuvieron sentido en el contexto original de crianza y que pueden modificarse con experiencias relacionales posteriores (Fraley, 2002).

Nivel 2 — El modelo de Cindy Hazan y Phillip Shaver (1987)

El puente hacia el amor romántico adulto.  ¿Teoría o modelo? Es preciso responder la pregunta planteada: “Hazan y Shaver (1987) no formularon una teoría nueva, sino un modelo”. La teoría del apego es el marco explicativo general; el modelo de Hazan y Shaver es una “operacionalización” de esa teoría para el contexto del amor romántico adulto. Su contribución consistió en traducir los conceptos de Bowlby y Ainsworth—IWM (El IWM = Modelo Interno de Trabajo = la «plantilla relacional» que el niño construye con sus cuidadores y que, en la adultez, guía —a menudo de forma inconsciente y corporal— la elección y permanencia en relaciones amorosas.), base segura, estilos de apego— al lenguaje de las relaciones de pareja adultas.

Nivel 2

El modelo en sí

Hazan y Shaver (1987) propusieron que el amor romántico adulto puede entenderse como un “proceso de apego” que comparte mecanismos con el vínculo infantil:

  • La “proximidad” a la pareja funciona como base segura.
  • La “separación” o amenaza de pérdida activa ansiedad de separación.
  • La “disponibilidad” de la pareja modula la seguridad emocional.
  • Los “estilos de apego” infantiles se traducen en estilos de apego adulto:
  • Seguro: Confían en su pareja y se sienten cómodos con la intimidad, Ven las relaciones de forma positiva, equilibrada y duradera, y no temen al abandono ni a la cercanía excesiva.
  • Evitativo: Valoran por encima de todo la independencia y la autosuficiencia, se sienten incómodos con la intimidad emocional profunda, suelen tomar distancia cuando la relación se vuelve muy cercana.
  • Ansioso-Ambivalente: Buscan aprobación y validación constante de su pareja, experimentan temor al rechazo, alta dependencia emocional e inseguridad y viven las relaciones con altibajos emocionales intensos.

Su investigación empírica mostró que la distribución de estilos de apego en adultos es similar a la observada en infantes, y que cada estilo se asocia a patrones distintivos de experiencia y conducta amorosa. La idea central de este modelo, es que los adultos construyen representaciones mentales sobre sí mismos y sobre los demás o modelos internos de trabajo, formados a partir de sus primeras experiencias afectivas y de cuidados físicos en la infancia, los cuales influyen en cómo aman, discuten, confían y afrontan la distancia en la pareja.

Este modelo abrió la puerta a décadas de investigación sobre apego adulto, incluyendo el modelo de cuatro categorías de Bartholomew y Horowitz (1991), que distingue entre modelo positivo/negativo de sí mismo y del otro.

El puente teórico

El modelo de Hazan y Shaver constituye el “puente” entre el Nivel 1 y el Nivel 3. Su función es explicar cómo los modelos internos tempranos se traducen en el contexto del amor romántico adulto. Pero este puente, por sí solo, no explica la “persistencia en lo disfuncional”. Para ello se requiere un tercer nivel: la integración de conceptos que operan como configuraciones dinámicas.

Nivel 3 — Configuraciones de apego adulto derivado

El Modelo de Configuraciones Apego-Intuición Desajustada (MCAID).

De la categoría a la configuración

A diferencia de los modelos categoriales, el MCAID no clasifica a las personas en tipos fijos. Propone que los apegos inseguros se presentan en la edad adulta “en iteración o combinados entre sí”, y en interacción con estilos de afrontamiento. Cada persona presenta una “configuración singular” que combina, en proporciones variables, los siguientes conceptos. La integración de estos conceptos en un solo modelo corresponde a Juan Antonio Barrera y Fidelia Martínez (2026).

Nivel 3

Los conceptos integrados

  • “Intuición.” Señal predictiva encarnada y pre-reflexiva; binaria (sí/no, acercarse/evitar); accede a la conciencia vía interocepción (Kounios & Beeman, 2025). No es una voz infalible, sino un aprendizaje corporal grabado en la historia de cada persona.
  • “Marcador somático.” Respuesta visceral que «marca» una opción como favorable o desfavorable antes del razonamiento consciente (Damasio, 1994). Las experiencias pasadas se vinculan con situaciones específicas; cuando una situación similar reaparece, el cuerpo genera una respuesta que orienta la decisión.
  • “Insight vs. intuición.” El “insight” es comprensión consciente con experiencia de «ajá»; la intuición es sensación corporal vaga. La brecha entre ambos explica «saber que hay que irse» sin poder irse. En los casos de elección repetida de parejas dañinas, la persona puede generar el insight de que debe irse, mientras la señal corporal intuitiva continúa atrayéndola hacia el patrón conocido.
  • “Refuerzo intermitente.” Alternancia impredecible de ternura y agresión; activa el sistema dopaminérgico de modo análogo a la adicción. La recompensa impredecible maximiza la activación y produce una persistencia análoga a la del juego patológico.
  • “Indefensión aprendida.” Inhibición conductual tras experiencias repetidas de que ninguna acción cambia el resultado (Seligman, 1975). Explica por qué la persona «sabe que debe irse y no se va»: no es indecisión, sino una expectativa corporal de que hacer algo no sirve de nada.
  • “Imprinting sexual.” Preferencia inconsciente por rasgos similares a las figuras de crianza (Vos, 2010). Si el cuidador temprano fue simultáneamente fuente de amor y de dolor, el marcador somático de «amor» incorporará inevitablemente un componente de sufrimiento.
  • “Dependencia afectiva.” Patrón semejante a la adicción, sostenido por el ciclo esperanza-dolor. La relación misma se convierte en objeto de dependencia.

Los estilos de afrontamiento como moduladores entre el apego y las configuraciones del MCAID

Hasta aquí se ha descrito el trayecto que va del apego infantil al apego adulto (Nivel 1), y de este al amor romántico (Nivel 2). Sin embargo, entre el estilo de apego adulto y la configuración disfuncional concreta que una persona presenta (Nivel 3) media un elemento que hasta ahora permanecía implícito: los estilos de afrontamiento. Entendemos por estilo de afrontamiento el conjunto de estrategias habituales —cognitivas, conductuales y corporales— con que la persona gestiona el malestar y la amenaza dentro del vínculo. “El afrontamiento se refiere a los pensamientos y conductas adaptativas que se proponen aliviar el estrés que surge de condiciones dañinas, amenazantes o desafiantes. Se trata de un aspecto importante de la salud mental. (Papalia & Martorell, 2017, pág. 531).

El modelo de Hazan y Shaver (1987) explica cómo los modelos internos de trabajo se traducen en el amor romántico adulto, pero no explica por qué esa traducción persiste cuando el vínculo es dañino. El MCAID responde a esa pregunta, y lo hace incorporando los estilos de afrontamiento como moduladores: son ellos los que determinan la forma particular que adopta la configuración en cada persona. Un mismo apego ansioso puede dar lugar a configuraciones distintas según el estilo de afrontamiento predominante; y a la inversa, un mismo estilo de afrontamiento puede combinarse con apegos diversos.

Proponemos tres estilos de afrontamiento fundamentales, derivados de los patrones clásicos de apego y coherentes con los conceptos integrados en el Nivel 3:

  • Evitación/minimización: inhibición de la señal de necesidad, resta de importancia al daño, autonomía prematura. Se alinea con el apego evitativo y, combinado con la impronta confundida, produce la configuración de apego por desajuste intuitivo.
  • Hiperactivación/búsqueda de proximidad: intensificación de la conducta de apego, necesidad de confirmación, miedo al abandono. Se alinea con el apego ansioso-ambivalente y, combinado con el refuerzo intermitente, produce la configuración de apego por bloqueo de refuerzo intermitente.
  • Parálisis/indefensión: inhibición conductual sostenida por la expectativa corporal de que ninguna acción cambia el resultado. Se alinea con el apego desorganizado y la indefensión aprendida, y produce la configuración de apego por indefensión aprendida dominante.

Estos estilos no son categorías cerradas ni excluyentes: en la práctica se presentan combinados y en proporciones variables, del mismo modo que las configuraciones del MCAID. Su inclusión explícita completa el puente teórico entre el Nivel 2 y el Nivel 3, y refuerza la tesis central del artículo: la permanencia en relaciones disfuncionales no es un acto unitario ni un fracaso de la voluntad, sino el resultado de la convergencia de un apego inseguro, una intuición desajustada y un estilo de afrontamiento que ha sido codificado corporalmente como «amor».

Afrontamiento y configuración: el modelo de valoración cognoscitiva aplicado al MCAID

Esta distinción entre estilos de afrontamiento encuentra respaldo en el modelo de valoración cognoscitiva de Lazarus y Folkman (1984), recogido por Papalia y Martorell (2017). Según este modelo, ante una situación estresante la persona realiza dos valoraciones: una primaria, en la que evalúa si la situación amenaza su bienestar, y una secundaria, en la que valora qué puede hacer al respecto y elige una estrategia. El afrontamiento, así entendido, incluye cualquier cosa que la persona piense o haga para adaptarse al estrés, con independencia de lo bien que funcione (Papalia y Martorell, 2017). Esta última precisión es decisiva para el MCAID: explica por qué las estrategias de permanencia en el vínculo dañino no son «errores» ni «fracasos de voluntad», sino intentos de adaptación que en su origen tuvieron sentido.

Papalia y Martorell (2017) distinguen dos grandes estrategias. El afrontamiento enfocado en el problema emplea acciones instrumentales para eliminar, controlar o mejorar la condición estresante. El afrontamiento enfocado en la emoción, en cambio, gestiona la respuesta emocional para reducir su impacto físico o psicológico, y tiende a emplearse cuando la persona concluye que poco o nada puede hacer para cambiar la situación.

Trasladado al MCAID, esta distinción ilumina el modo en que cada configuración procesa el vínculo disfuncional. La parálisis/indefensión propia del apego por indefensión aprendida dominante corresponde a un afrontamiento enfocado en la emoción: el cuerpo ha concluido que ninguna acción modifica el resultado, y dirige su energía a tolerar el malestar en lugar de transformar la relación. La evitación/minimización del apego por desajuste intuitivo también es predominantemente emocional, pero por una vía distinta: no busca tolerar, sino desactivar la señal de amenaza antes de que llegue a la conciencia. La hiperactivación del apego por bloqueo de refuerzo intermitente, en cambio, se aproxima a un afrontamiento enfocado en el problema —la persona actúa, insiste, busca—, pero dirigido a un problema mal formulado: intenta cambiar la conducta del otro o asegurar el vínculo, en lugar de transformar la relación misma. Esta lectura refuerza una de las tesis centrales del artículo: la configuración disfuncional no depende solo del apego o de la intuición desajustada, sino del tipo de afrontamiento que la persona ha aprendido a desplegar, y que también puede reescribirse.

Las configuraciones del MCAID (Modelo de Configuraciones Apego-Intuición Desajustada)

Sobre la base de estos conceptos, el MCAID propone las siguientes configuraciones. No son compartimentos cerrados ni categorías diagnósticas, sino “herramientas descriptivas” que permiten nombrar el modo particular en que la intuición y el apego se articulan en cada persona. En la práctica, suelen presentarse combinadas.

  1. “Apego por desajuste intuitivo.” La brújula mal calibrada: la intuición guía hacia lo que se reconoce como amor, aunque ese amor sea daño. La persona se siente atraída por parejas que le generan inseguridad o incertidumbre, y percibe las relaciones estables como «sin chispa».
  2. “Apego por marcador somático invertido.” El termómetro cruzado: calma ante lo dañino, alerta ante lo sano. La persona se siente tranquila con quien la daña y experimenta opresión o incomodidad ante relaciones respetuosas.
  3. “Apego por bloqueo de refuerzo intermitente.” Persistencia análoga al juego patológico por recompensa impredecible. La persona intenta dejar la relación repetidamente, pero cada gesto de ternura reaviva la espera del «lado bueno».
  4. “Apego por indefensión aprendida dominante.” Reconocimiento cognitivo del problema sin expectativa corporal de cambio. La persona sabe que la relación la destruye, pero su cuerpo ya no espera que nada cambie, así que no inicia la acción.
  5. “Apego por impronta confundida.” Rasgos del cuidador temprano codificados como «seguros». La familiaridad de dinámicas de crítica, control o inestabilidad produce una sensación extraña de hogar.
  6. “Apego por dependencia afectiva.” El vínculo se sostiene por el ciclo esperanza-dolor, con una dinámica semejante a la adicción.

Los puentes teóricos entre niveles

El paso de un nivel a otro se explica mediante “puentes teóricos”:

  • “Del Nivel 1 al Nivel 2”: los modelos internos de trabajo se traducen en estilos de apego adulto. La base segura se convierte en la pareja; la ansiedad de separación se convierte en celos o temor al abandono.
  • “Del Nivel 2 al Nivel 3”: los estilos de apego adulto se combinan con los conceptos neurocientíficos (marcador somático, intuición, refuerzo intermitente, indefensión aprendida) para producir configuraciones singulares. El apego ansioso puede combinarse con refuerzo intermitente y producir una configuración de bloqueo; el apego evitativo puede combinarse con impronta confundida y producir una configuración de desajuste intuitivo.
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¿Por qué alguien permanece en una relación disfuncional?

El MCAID (Modelo de Configuraciones Apego-Intuición Desajustada) ofrece una respuesta multicausal. La persona permanece porque:

  1. Su “intuición” le dice que ese vínculo es «amor» (desajuste intuitivo o brújula mal orientada).
  2. Su “cuerpo” está en calma ante el daño y en alerta ante la salud (marcador somático invertido o termómetro con lectura invertida).
  3. Su “sistema de recompensa” está secuestrado por la impredecibilidad (refuerzo intermitente).
  4. Su “capacidad de agencia” ha sido erosionada por la experiencia repetida de que nada cambia (indefensión aprendida o nada de lo que haga servirá).
  5. Su “historia de aprendizaje” codificó lo familiar como seguro (impronta confundida o lo bueno es malo y lo malo es bueno).
  6. Su “vínculo” opera como una dependencia afectiva sostenida por el ciclo esperanza-dolor.

Ninguna de estas causas actúa por separado. La conducta de permanecer emerge de la convergencia de estos planos. Esto tiene una implicación práctica decisiva: cualquier intervención que aborde solo uno de los niveles —por ejemplo, solo la psicoeducación cognitiva, o solo la ruptura material— resultará insuficiente mientras los demás sigan operando en la misma dirección.

Hacia una denominación del modelo

El modelo aquí presentado es un “modelo conceptual inacabado y en proceso dinámico de construcción y deconstrucción”. No pretende ser una teoría cerrada ni una clasificación definitiva. Su valor reside en ofrecer un lenguaje que articula niveles, estructuras, puentes y relaciones dinámicas entre teorías y conceptos.

Se propone denominarlo “Modelo de Configuraciones Apego-Intuición Desajustada (MCAID)”, atribuido a Barrera y Martínez (2026). El nombre recoge sus tres componentes esenciales:

  • “Configuraciones”: no categorías fijas, sino combinaciones iterativas y singulares.
  • “Apego”: la base teórica en la teoría del apego infantil y adulto.
  • “Intuición desajustada”: el mecanismo central que explica por qué la señal corporal guía hacia lo dañino.

El modelo puede enriquecerse con variables adicionales: factores socioculturales (narrativas del romanticismo que vinculan dolor y profundidad), factores sociales (aislamiento, dependencia económica), factores trascendentales (atribución de sentido moral o espiritual al sufrimiento) y factores biológicos (oxitocina, dopamina, cortisol). Estas variables no sustituyen a las configuraciones, sino que modulan su expresión y su intensidad.

Diagrama Flujo

Conclusión

La relación entre el apego infantil y el amor romántico disfuncional no puede reducirse a una causa única ni a una conducta simple. El presente artículo ha desarrollado un análisis en tres niveles: la teoría clásica del apego infantil, el modelo de Cindy Hazan y Phillip Shaver (1987) como puente hacia el apego adulto, y el Modelo de Configuraciones Apego-Intuición Desajustada (MCAID), que integra conceptos neurocientíficos y psicológicos en una explicación dinámica y singular.

La conclusión central es que “permanecer en una relación disfuncional no es un acto unitario ni un fracaso de la voluntad”. Es el resultado de una historia de aprendizaje, predicción y memoria corporal. El trabajo de Damasio (1994) recuerda que, sin la participación de señales emocionales, la decisión racional misma queda deshabilitada. Cuando las experiencias tempranas codifican lo «familiar» como «seguro» y el «dolor» como «estado normal del amor», el sistema de marcadores somáticos ejecuta fielmente la tarea para la que fue entrenado; el problema es que los parámetros de esa tarea provienen de un mundo que ya no es el actual.

La intuición no siempre acierta. En las relaciones de pareja, esto implica aprender a escuchar la señal del cuerpo y, al mismo tiempo, a cuestionar su origen histórico. En el apego por desajuste intuitivo, la intuición guía hacia lo que se reconoce como amor, aunque ese amor sea daño. En el apego por marcador somático invertido, el cuerpo se siente tranquilo en situaciones dañinas y se siente incómodo en relaciones sanas. En la práctica, ambas configuraciones suelen presentarse juntas: la brújula mal calibrada lleva hacia ciertas personas, y el termómetro invertido (en el frío siente calor y en el calor siente frío – en el rechazo ve amor y en el amor ve rechazo) hace que, una vez dentro, el cuerpo no se alerte para salir.

El MCAID no es un destino ni un diagnóstico. Es una herramienta de análisis que permite nombrar lo que a menudo se vive como vergüenza o fracaso personal. Al visibilizar que «quedarse» o «volver a elegir mal» es el resultado de configuraciones distintas, abre la puerta a respuestas también distintas: reconocer el origen del marcador somático no es lo mismo que romper un ciclo de refuerzo intermitente, y ninguna de las dos cosas sustituye la reconstrucción de la capacidad de agencia que la indefensión aprendida ha erosionado.

La buena noticia que ofrece la psicología y la neurociencia es que esos patrones no son destino: en la medida en que se hacen conscientes —y, sobre todo, en que se les ofrece una experiencia relacional distinta que los desmienta—, la mayoría de ellos puede reescribirse. El cerebro que aprendió a amar desde el daño también puede aprender, con el tiempo y el acompañamiento adecuados, a reconocer la seguridad como algo familiar.

En el apego seguro, a mayor seguridad en el apego adulto, mejores funciones metacognitivas. Es decir, las personas con apego más seguro tienden a tener más capacidad de:

  • Reflexionar sobre sus propios pensamientos y emociones («¿por qué reaccioné así?»).
  • Comprender los estados mentales de los demás («¿qué le estará pasando a esta persona?»).
  • Regular su conducta a partir de esa comprensión en lugar de reaccionar impulsivamente.

Y, también a mayor seguridad en el apego adulto, menor desregulación emocional. Es decir, las personas con apego más seguro tienden a:

  • Regular mejor sus emociones.
  • Recuperarse más rápido del malestar.
  • No quedar desbordadas por la intensidad afectiva.

Dicho al revés: a mayor inseguridad en el apego (evitativo, ansioso o desorganizado), mayor desregulación emocional.

Recuerda: en el lado secreto del amor, no hay personas condenadas a elegir mal. Lo que se interpone son apegos adultos derivados que no son destino: cuando se hacen conscientes y se les ofrece una experiencia relacional distinta, la mayoría de ellos puede reescribirse.

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  • Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). “Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation”. Lawrence Erlbaum.
  • Blumenthal, S. A., & Young, L. J. (2023). Love is a powerful emotional experience rooted in ancient neurobiological processes. “Biology, 12”(6), 844. https://doi.org/10.3390/biology12060844
  • Bowlby, J. (1982). “Attachment and loss: Vol. 1. Attachment” (2nd ed.). Basic Books. (Original work published 1969)
  • Damasio, A. R. (1994). “Descartes’ error: Emotion, reason, and the human brain”. Putnam.
  • Fraley, R. C. (2002). Attachment stability from infancy to adulthood: Meta-analysis and dynamic modeling of developmental mechanisms. “Personality and Social Psychology Review, 6”(2), 123–151.
  • Fischer, G. N. (1990). Psicología Social (Conceptos Fundamentales), Editorial Narcea.
  • Hazan, C., & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. “Journal of Personality and Social Psychology, 52”(3), 511–524.
  • Instituto Nacional de Salud Mental «Honorio Delgado – Hideyo Noguchi». (s.f.). “Dependencia afectiva: El vínculo que ata a las personas a relaciones dañinas a pesar del dolor”. Plataforma del Estado Peruano. https://www.gob.pe/institucion/insm/informes-publicaciones
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  • Main, M., & Solomon, J. (1990). Procedures for identifying infants as disorganized/disoriented during the Ainsworth Strange Situation. In M. T. Greenberg, D. Cicchetti, & E. M. Cummings (Eds.), “Attachment in the preschool years” (pp. 121–160). University of Chicago Press.
  • Papalia, D. E., & Martorell, G. (2017). Desarrollo humano (13.ª ed.). McGraw-Hill.
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  • Seligman, M. E. P. (1975). “Helplessness: On depression, development, and death”. W. H. Freeman.
  • Vos, D. (2010). The effect of childhood experiences on mate choice in personality traits: Homogamy and sexual imprinting. “Personality and Individual Differences, 49”(5), 457–462. https://doi.org/10.1016/j.paid.2010.04.021 La relación entre el apego infantil y el amor romántico disfuncional
Juan Antonio Barrera

Psicólogo terapeuta individual y de pareja. Ha sido, durante más de 16 años, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (México D. F.) en el área de Psicología. Participa como conferenciante en su país y el extranjero, también destaca como especialista en televisión, radio y otros medios. Es escritor de varios libros.