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Se dice entre la lengua popular que “el que se enamora pierde”, y realmente esta afirmación no tiene otra salida que la verdad, quien se enamora siempre pierde algo, en ocasiones todo, en ocasiones solo parcialidades, como la metáfora de “perdió la cabeza” o “perdió el suelo”, lo cual significa, que aunque pierde forzosamente, también puede ganar a su vez; la tragedia comienza cuando, justamente, no gana absolutamente nada.

¿Qué es el amor?

Son infinidades las explicaciones y las descripciones que existen para el amor, por muchísimo tiempo, podría decir que desde que el hombre comenzó a formarse en sociedades, las dudas al respecto de la metapsicología del amor, así como de su etiología química, biológica, social, etc.; se han apoderado de muchísimas mentes profesionales y no profesionales por encontrar una explicación clara de esa fuerza, fuerza que une a las personas, fuerza que provoca sucesos en el ser humano que ninguna otra cosa logra obtener, una fuerza que llega a despertar un deseo tan fuerte como por la vida como por la muerte. Cada uno de los estudios existentes como la psicología, la filosofía, la medicina, la astrología, la biología, la sociología, la etiología, la religión, entre muchas más, han aportado su explicación sobre el amor, sin embargo, la realidad es, que sigue siendo con toda seguridad una de las preguntas más enigmáticas hasta los días actuales, ya que el amor tiene muchas formas de ser descrito, pues funciona de distintas maneras, cada persona lo vive de manera independiente y diferente dicho proceso. Sin embargo, existe una etapa previa al desarrollo del amor en su forma global y estable,  y que funciona por igual en todos, incluso en el más escéptico de los humanos, “el enamoramiento”.

Para entender el significado que pueden tener las distintas funciones del sentir en las personas antes de entrar más profundo en el tema, es necesario repasar la diferenciación que hace André Green (D.E.P.) sobre tres formas distintas de vivir lo afectivo en el ser humano

Los sentimientos

Por un lado describe a los sentimientos como aquella fuerza inconsciente que denota un sentir autentico e independiente a la razón, el cual contiene un significado semántico para el yo y para los otros.

Las emociones

Por otro lado, describe a las emociones como ese suceso que destruye lo cohesión interna entre los mensajes afectivos, afecto traumáticos que desorganizan las comunicación interna, esto debido a que las pulsiones auténticas provenientes del ello logran traspasar a las barreras yoicas y se entrelaza con la razón.

Las pasiones o locuras

Y por último, describe a las pasiones  o locuras privadas como esa relación que se logra tener con un objeto el cual es concebido como único e irremplazable.

El enamoramiento como idealización

El enamoramiento entraría dentro de esa última descripción en donde el afecto por el otro es algo considerado como irremplazable, único, en palabras del enamoramiento diríamos “perfecto”. Si hay algo en lo que las distintas explicaciones sobre el tema puedan coincidir es justamente ese efecto nubloso en la mente del enamorado, en donde la razón simplemente sufre un extravío temporal; todo es perfecto, o en palabras de Freud diríamos, ideal; idealizado.

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Cuando Freud nos regala sus aportaciones a la temática del amor y el enamoramiento, hace referencia suprema y con toda razón a ese vínculo primario de objeto que el niño llega a poseer con sus padres, principalmente con la madre, un amor tal cual similitud del mismo efecto enamorado, donde el objeto provocador del afecto es visto como único e irremplazable; Sin embargo Freud dice que en la necesidad de poder funcionar como con las distintas teorías propuestas, el niño se ve en la necesidad de encontrar en la represión su alianza y su salvación a la destrucción del simbolismo amoroso prohibido por los objetos padre y madre, y en esta necesidad, el niño sustituye ese amor irremplazable de deseo por un amor tierno, el cual será el que perdurara de ahí en adelante; De igual manera, durante la pubertad ese niño ya no tan niño desarrollara de nueva cuenta esos impulsos de amor que existieron bajo el manto de la necesidad de la satisfacción sexualizada, la cual de la misma manera y sin retorno alguno, tendrá que ser rechazada o reprimida en este caso para ser sustituida por otros objetos, esto a manera de salvación por decirlo así del propio incesto.

En la vida, todo tipo de suceso subjetivo conlleva una dualidad o una polaridad, algunas más peligrosas que otras, más excitantes, más extrovertidas o más complejas, pero el enamoramiento parece reunir una combinación única, una receta ineludible de descomponer, y es que, así como no se puede amar sin odiar, no se puedo sentir todo poderoso sin el riesgo a sentirte absolutamente nada; no se puede desarrollar un amor inmaculado por la vida y la felicidad sin el riesgo a pasar al deseo de la muerte y el vacío absoluto.

El enamoramiento como acto inconsciente

“El ello goza donde el ello habla” – André Green

Como bien explicaba, el enamoramiento es un acto inconsciente, un suceso que ocurre sin avisar ni pedir permiso, tampoco puede ocurrir por el deseo consciente de que suceda, mucho menos por repetirse uno mismo 10 veces a manera de orden, jamás pasaría; esto solo ocurrirá en el momento en que un objeto B, osease, un otro, cause a manera de estímulo externo una conexión con el predispuesto a enamorarse que sea totalmente pasional, idealizada e inconsciente.

Al ser el enamoramiento de carácter pasional, estamos de algún modo afirmando que su función es principalmente bajo el manto del deseo, por tanto, lo que acá se activan a todo motor son esos impulsos o psicoanalíticamente diríamos esas pulsiones, pulsiones de deseo por poseer al otro.

Aparentemente, durante el enamoramiento aparecen emociones desbordadas por la persona de quien se está enamorado, sin embargo, si nos basamos en la descripción de André Green podremos tomar como dato ideal cuando habla de las emociones como ese suceso de lo afectivo que distorsionas los mensajes y corrompe las barreras yoicas alterando así la comunicación natural y autentica del impulso; como decía Jacques Lacan:

“Amar es dar lo que no se tiene a quien no lo es”.

Cuando una persona se enamora de otra, y como dijimos, esto ocurre cuando menos lo espera uno, de un momento a otro, incluso en ocasiones de quien “menos esperabas”, existen de entre tantas situaciones psico-afectivas y emocionales por vivir, dos riesgos sumamente importantes y determinantes para el futuro seguimiento de la situación amorosa, por un lado lo que llamo la omnipotencia del enamoramiento y por otro, la propia destructividad por el deseo neurotizado por el otro y ausente de desemboque.

La omnipotencia del amor

Por un lado, la omnipotencia del enamoramiento transporta al enamorado a un estado de auto percepción indestructible, a un estado de perfección libidinal, de idealización socio-cultural, personal y profesional, en donde “nada puede salir mal”. La libido es depositada con éxito en donde el deseo sitúa su punto de desemboque sin obstrucción alguna; esto lleva a la persona a experimentar un placer tan excitante que pareciera vivir plenamente en hedonismo.

La destructividad del amor

Por otro lado, el hecho de que ese “nada puede salir mal” salga mal, comienza a degradar toda posible salvación del enamorado de no caer en la oscuridad del vacío; pasar de lo nublado en el goce, a lo oscuro en la nada. Ese retorno de la libido o mal desemboque de la libido equívocamente, llevara al afectado a un estado de apatía total, encenderá inconscientemente el interruptor de autodestrucción y a partir de entonces, todo será negativo, aburrido, sin sentido y desvalorizado, comenzando por la esencia misma de la persona, buscando de esa manera paulatinamente llegar a la línea depresiva de la lastima y del señalamiento, y del deseo de suicidio en algunos casos.

El amor en nuestros tiempos

Pareciera que el amor no tiene tanta importancia hoy en día, época en que el liberalismo ideológico y sexual han marcado un territorio y un momento de la vida muy distinto al de hace apenas algunos años, en donde más de la mitad podría decir de las cadenas simbólicas que existían por parte de la cultura, se han roto ya en el desespero de la humanidad de vivir tanta represión de deseos y tanta auto prohibición de placer por mantener simplemente un “buen ver” ante los otros, para poder así “funcionar” adecuadamente en la sociedad y ser íntegro.

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Sin embargo, justo este efecto de omnipotencia por un lado y el de destructividad por otro son tan esenciales y determinantes; Por un lado el primero logra poder envolver a la persona en un pensamiento totalmente positivo, lleno de deseos, de objetivos, de ideales, nada lo puede detener, es capaz y está dispuesto a todo por ser mejor, por ser mas, por superar lo que ya es; la vida profesional se vive con gusto, la familia recibe sonrisas, el día siempre es perfecto y los momentos son inolvidables. Por otro lado, el segundo lleva a la persona a quedar en posición de tabla, de no desear si quiera levantarse de cama, no existe el apetito por que necesita autodestruirse, no duerme bien, el trabajo, sus objetivos, sus metas, nada tiene sentido, ni siquiera la misma familia logra poder consolar tal tragedia, incluso el famoso gran amor de la madre o de ese gran Otro como diría Lacan, lo más real, autentico e indestructible que existe en el amor, incluso ese vínculo afectivo único se ve en esos momentos vulnerable ante tal catástrofe afectiva.

Y como dice el psicoanalista Gabriel Rolon en su libro “El lado B del amor”:

“La sensación de completud que genera el amor, y esto lo sabemos por qué mal que mal todos nos hemos enamorado alguna vez, es solo un engaño que dura apenas un rato, si tenemos mucha suerte”.

La realidad del amor

La realidad es que todo este proceso entre el polo bueno y el polo malo son inexorables, siempre ocurrirán las dos partes, pero en ocasiones de procesaran, se vivirán y se estará mejor preparado que en otras; esto tendrá que ver mucho también con la propia percepción del amor de los involucrados y su educación y maduración en inteligencia emocional. Sin embargo, como dicen, todo tiene un fin, todo se acaba en algún momento, esta no es la excepción, y su vez, no suele ser muy duradera tampoco.

Este efecto de omnipotencia  te puede llevar a tomar decisiones muy importantes en la vida, te puede hacer sentir capaz de todo, cambiar de ciudad, sacrificar cosas o personas o situaciones que considerabas muy valiosas e intocables, a cambiar de trabajo, a buscar lograr metas aún bajo riesgo y presión, a ser positivo ante cualquier problemática, y principalmente a sanar como a manera de auto regeneración bio-psico-afectiva cualquier otra herida presente de manera casi instantánea; estas decisiones cabe resaltar que así como pueden resultar muy atinadas, también pueden resultar muy impulsivas y catastróficas, se vuelve un destino al azar al final de cuentas.

Como dice Alejandro Dolina: “amar es inventarse cada día falsedades compartidas”, y esto, como puede resultar muy bien, en un equilibrio sano o en un equilibrio patológico, pero equilibrio a final de cuentas y sinónimo de perfección de la desperfección misma, también puede resultar muy mal cuadrante y provocar un conflicto interna tan letal como el ataque de una mamba negra al instante de solo haber pensado en la decisión como por castigo divino.

Sin embargo, el punto es que el enamoramiento es un efecto del afecto pasional que se vive en el humano que manejo las estándares de excitación e idealización más enormes que pueda experimentar una persona, rebasando la sensación misma del goce del retorno a la madre y de la prohibición misma del deseo por lo ajeno e indebido; justo por eso, las personas constantemente buscan encontrarse de nuevo con vivir esta situación por medio del cortejo con nuevas personas, de ahí que tantas situaciones de hoy en día en busca de esa sensación de felicidad, de placer y realización terminen en infidelidades, relaciones extramaritales, o inestabilidad amorosa en muchas personas, no se puede juzgar dicha situación, cada persona es libre y tiene el derecho de buscar encontrar vivir esa plenitud de afectividad, de excitación, de goce y de felicidad, quien desea reprimir por cuestiones culturales o sociales, familiares o religiosas, se respeta por igual, lo incorrecto es juzgar lo que a uno no le acontece ni le pertenece.

Conclusiones

Terminaré comentado que, una vez que el efecto del enamoramiento termina, comienza el verdadero camino para conocer el destino de la relación una vez que los desperfectos aparecen frente a los ojos y la droga de la nubosidad pasional se ha ido para dar paso a la razón por igual para las decisiones posteriores y sus propios sentires; Es aquí donde entra la consciencia humana de “lo que nos conviene y lo que no” y las negociaciones e idealizaciones conscientes.

Sin embargo es necesario recordar que no todo es como parece y que muchas formas de vivir y de funcionar no son como las pensamos; la fidelidad no es una función natural del humano, la infidelidad si no es, regida bajo el principio de placer, sin embargo, la fidelidad es creada por el hombre para “funcionar en sociedad”, al igual que las leyes y normas; no todo lo que pensamos y sentimos sale por la boca en el lenguaje como es, la realidad es que gran material neurótico que saldría a la luz queda reprimido dentro de nosotros para “no ser juzgados” por los otros; el deseo y disparo de la libido por situaciones, objetos, personas, queda muchas veces frustrado por las creaciones sociales para supuestamente ser personas con derecho a “ser”.

La realidad es, y los invito desde mi propia persona y con la experiencia clínica que me respalda, a que vivan buscando en la mayor medida posible ese paroxismo de libido de la manera que mejor lo deseen y les regale esos momentos insuperables, inolvidables e ineludibles; Y el día que se topen con una persona con quien esa manera de vivir el enamoramiento y el amor, e incluso sus locuras pasionales y sus tragedias libidinales, sea similar o igual a la propia, habrá ese click de manera automática, donde sabrán que han encontrado posiblemente esa otra parte que los acerque a la perfección del amor, habrán encontrado la perfección en la propia desperfección mutua.

El enamoramiento: de la omnipotencia a la destructividad
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Juan Carlos Martinez Lopez
Lic. En psicología por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Psicoterapeuta Psicoanalítico con 5 años de experiencia en clínica privada. Encargado del área de psicología de la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa, México. Diplomado en Psicoanálisis, Clínica y cultura por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Diplomado en Sexualidad Humana y Cultura por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Especialidad en Psicoanálisis por parte de la Asociación Mexicana de Salud Psíquica de Guadalajara México.

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