Trastorno Dismórfico Corporal TDC

La satisfacción por la imagen corporal es un objetivo importante en la sociedad actual, y esta preocupación por el aspecto físico se convierte en patológica cuando alcanza límites irracionales. Los medios de comunicación promueven el ideal de cuerpo perfecto. Estos mensajes influyen en el desarrollo de la identidad del adolescente, quien percibe una imagen distorsionada de su propio cuerpo.

En qué consiste el TDC

Las personas que padecen el TDC tienen una preocupación excesiva por su imagen corporal, por un algún defecto corporal mínimo o por defectos corporales que sólo están en la mente de quien los imagina. Y en caso de que alguna imperfección existiera, los sentimientos que ésta genera son extremadamente exagerados o infundados. Estas ideas obsesivas están referidas a partes de cuerpo a las que se les asigna una especial función estética o comunicativa.

Quienes padecen este trastorno tienen una serie de ideas sobrevaloradas acerca de su cuerpo o de algún rasgo, que no alcanzan proporciones delirantes porque en algún momento reconocen que estas obsesiones son irracionales o excesivas, o sea que conservan el juicio de realidad.

Gran parte de estas personas experimentan un malestar intenso en relación con el defecto y describen sus preocupaciones como “muy dolorosas, torturantes o demoledoras”. No pueden controlar y dominar sus preocupaciones pero a la vez hacen poco o nada por superarlas.

Suelen pasar horas cavilando acerca del defecto al punto que estos pensamientos dominan sus vidas casi por completo. Por ello, en muchos casos se constata un deterioro significativo en muchas áreas de la vida del sujeto.

La idea de tener un aspecto antiestético, desagradable o repulsivo se centra casi exclusivamente, en determinadas partes del cuerpo y solo en casos excepcionales abarca la totalidad del cuerpo.

Las preocupaciones más frecuentes se refieren a los rasgos faciales y sexuales.

De acuerdo con nuestra experiencia el TDC está cobrando hoy mayor significación debido a que muchas personas que acuden en busca de la cirugía plástica, por ej. para hacerse una mamoplastía o rinoplastía imaginan que tienen una deformidad. No obstante, ninguna operación podrá modificar la actitud de estos sujetos ante su presunto aspecto antiestético.

El trastorno dismórfico corporal (TDC), así como la anorexia nerviosa, la despersonalización (sensación corporal de estar separado de uno mismo) y la hipocondriasis, están englobados en un tipo de afecciones asociadas al espectro obsesivo-compulsivo (EOC) y que se caracterizan por la “preocupación por el cuerpo y la apariencia” y hoy se sabe que muchos de los métodos utilizados para combatir el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) resultan muy útiles también para estas enfermedades.

En contextos donde se suelen realizar actividades cosméticas suele pasar desapercibido.

Afecta entre el 2,5 y el 5% de la población con predominio en las mujeres.

Historia del Trastorno Dismórfico Corporal

El término dismorfofobia lo acuñó el psiquiatra italiano Enrique Morselli a finales del siglo XIX. (1886). Denominó con él a un tipo de padecimiento psíquico que consistía en la “conciencia de la idea de la propia deformidad: el individuo teme ser deforme o llegar a serlo” y como “un sentimiento subjetivo de fealdad o defecto físico que el paciente cree que es evidente para los demás, aunque su aspecto está dentro de los límites de la normalidad”. Observó esa condición en pacientes que provenían de su práctica privada, en cambio, ese tipo de queja era inusual entre pacientes de asilos para enfermos mentales de la época.

Características del TDC

Síntomas más frecuentes:

  1. Se refieren a defectos imaginarios o de poca importancia en la cara, o la cabeza como acné, arrugas, cicatrices, manchas vasculares, palidez o enrojecimiento del cutis, vello excesivo, asimetrías, desproporción facial, delgadez del cabello; hinchazones. Estas personas pueden preocuparse también por la forma, tamaño u otros aspectos de la nariz, párpados, cejas, orejas, boca labios, dientes, mandíbula, barbilla, mejillas, etc. Cualquier parte del cuerpo puede ser igualmente motivo de preocupación: genitales, pechos, glúteos, abdomen, brazos, manos, piernas, caderas, hombros, columna, columna vertebral, amplias zona s del cuerpo e incluso todo el cuerpo. A veces la preocupación suele se expande a varias partes del cuerpo al mismo tiempo. A pesar de que la mayoría de las quejas suelen ser específicas (labios “torcidos” o nariz prominente o “ganchuda”) algunas veces son muy vagas: “cara torcida”, ojos “poco abiertos”, etc.).
  2. Suelen limitarse a hablar de “su fealdad” sin entrar en detalles.
  3. Pasan varias horas (más de 1 hora/día) comprobando (checkers) el defecto en el espejo o superficies reflectantes (conductas compulsivas).
  4. A veces usan lupas para verlo mejor.
  5. Recurren al aseo excesivo (cleaners) o al maquillaje ritualizado para disminuir la ansiedad, con poco resultado.
  6. Tienen conductas tanto de evitación (tapar los espejos) como de verificación.
  7. Piden opiniones para tranquilizarse momentáneamente.
  8. Se comparan con los demás.
  9. Creen que la gente los observa, critica o se burla de ellos (ideas de referencia).
  10. Ocultan la parte fea (usan barba, sombrero, rellenan los calzoncillos por aparentar un pene más grande).
  11. Tienen ideas de mal funcionamiento o de fragilidad de la parte fea.
  12. Se aíslan socialmente por vergüenza a ser vistos y en muchos casos salen sólo de noche.
  13. Algunos buscan tratamientos estéticos o correctivos (cirugías, tratamientos dentales, etc.).

Siempre las mujeres…

Según el médico psiquiatra Dr. J. Moizesowicz ciertos trastornos del EOC como: las compras compulsivas , la cleptomanía  y la dismorfofobia son más comunes entre las mujeres, mientras que el juego patológico, la piromanía  y la hipocondriasis  (el temor constante de tener una enfermedad grave, aún cuando los médicos le han dicho que no es así ) son más frecuentes entre los hombres. Es difícil determinar si esta diferencia se debe a factores endocrinos, neuroanatómicos, psicológicos o socio-culturales.

Edad de inicio, curso y evolución del TDC

El TDC comienza en la adolescencia pero suele pasar desapercibido por el ocultamiento de síntomas que hacen estas personas y porque se lo confunde con las preocupaciones normales sobre el aspecto físico típicas de esta etapa evolutiva. Su aparición puede ser tanto gradual como abrupta y su curso suele ser continuo. Con respecto a la parte del cuerpo en que se centran las preocupaciones puede variar con el tiempo.

Gran parte estos pacientes recurren a la cirugía estética, reconstructiva u odontológica para corregir el defecto, aunque no quedan conformes y reiteran esos procedimientos varias veces ya que el trastorno es mental y las cirugías no corrigen las obsesiones. Llegan a abandonar los estudios, el trabajo y las amistades. A veces requieren hospitalización por las ideas de suicidio. El TDC muchas veces se asocia con otros trastornos graves como el trastorno depresivo mayor, el trastorno delirante, la fobia social y el Trastorno Obsesivo Compulsivo.

La otra escena de la dismorfia

En todas las dismorfobias, es decir en todas las perturbaciones de la imagen corporal en las que el paciente percibe subjetivamente una deformidad que en realidad no existe, hay impulsos agresivos que por represión se han vuelto inconscientes. Parafraseando la conocida metáfora de S. Freud que alude que en las situaciones de duelo “la sombra del objeto cae sobre el yo” en las identificaciones también cae sobre la imagen corporal la sombra de los objetos a los que se ha renunciado. En este caso, la lucha agresiva en que se inflige al oponente (el objeto) una herida real o imaginaria recae sobre la imagen corporal del individuo quien se sitúa parcialmente en la posición del otro.

Tratamiento del TDC

Dada la pluralidad de causas que determinan al TDC, el tratamiento debe ser generalmente psicoterapéutico y psicofarmacológico, dependiendo éste último de la intensidad de los síntomas.

En nuestra experiencia con estos pacientes suele advertirse que la angustia vergonzosa de esta clase de pacientes es tan intensa que sólo en un momento posterior de la terapia descubren el origen preconsciente de los conflictos ligados a sus presuntos defectos.

Con el correr del tiempo, el componente de angustia presente en la creencia de que uno tiene una deformidad parcial suele dar paso a una preocupación menos agustiante, hipocondríaca o compulsiva por la deformidad y su corrección y mejora la calidad de vida.

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