Acarofobia

Que el ser humano puede tener miedo a una gran variedad de elementos que le rodean en su día a día no es algo que deba sorprendernos. Hoy, en particular, vamos a hablar del miedo a las picaduras, que recibe el nombre de acarofobia: La fobia a las picaduras.

¿Qué es exactamente la acarofobia?

La acarofobia consiste en un miedo irracional, persistente, fuera de lo común y totalmente injustificado a las picaduras. Proviene del término griego “akari” y “phobia”, es decir, ácaro y miedo.

Fíjate en que, para que la acarofobia se dé, debe existir un miedo irracional, persistente e injustificado a las picaduras. Es decir, si en un momento dado te encuentras un escorpión y te da miedo que te pique, eso no es acarofobia, porque se da en un momento puntual y de forma justificada.

Para las personas que padecen esta fobia, en cambio, el miedo es persistente y fuera de lo normal, sin ningún tipo de razón. Y conviene mencionar que existen diferentes grados de acarofobia, dependiendo de lo grave que sea la fobia en sí.

Se pueden distinguir tres tipos básicos:

  1. Leve: La acarofobia leve se da cuando la persona ve algo que podría picarle y se altera de forma irracional. Por ejemplo, esto sucede al ver una araña en su telaraña. Naturalmente, podría picarte, pero si no te acercas, no tendrás ningún problema. Sin embargo, algo en la mente de quien padece acarofobia se activa, y padece ese temor.
  2. Medio: La acarofobia leve consiste en el mismo temor que el antes señalado, pero, además, se presenta temor a aquellas situaciones en las que podría haber una picadura, incluso sin que haya un animal que pueda picar en ese momento. Por ejemplo, podría aparecer temor a pasear por el monte, porque las flores pueden tener abejas.
  3. Grave: La acarofobia grave es la forma más complicada de esta fobia, e implica que la persona crea que tiene insectos de tamaño reducido (ácaros) picándole en la piel. Como puedes suponer, este es un caso que linda con la paranoia.

Conviene señalar que, en los tres casos, la persona que padece acarofobia se ve afectada tanto por la causa (el insecto en cuestión), como por el acto (la picadura), como por el efecto (o sea, los dolores, la hinchazón, etc).

Como en cualquier otra fobia, la mente empieza a dar vueltas a la causa, al acto y al efecto, y se empieza a generar un nerviosismo que acaba somatizándose (es decir, haciéndose presente en el cuerpo).

Hay que mencionar que, en algunos casos, puede darse una profecía autocumplida. Por ejemplo, puede haber una avispa volando cerca, y, en principio, no picaría a nadie, pero la persona con acarofobia, al ponerse nerviosa, puede reaccionar de mala forma, y acabar siendo picada.

En cuanto a la acarofobia grave, la mente puede llegar a producir alucinaciones en las que la persona ve cómo los ácaros entran por sus poros y se mueven bajo la piel, dispuestos a dañarla.

Por último, hay que mencionar que, aunque parezca mentira, esta es una fobia muy frecuente en nuestros días, pero suele presentarse en su faceta más leve. La acarofobia grave sí es infrecuente, y, como ya hemos mencionado, está cerca de la paranoia y otros problemas mentales parecidos.

¿Qué síntomas se presentan?

Los síntomas que aparecen en una persona con acarofobia son los mismos que en cualquier otra persona con alguna fobia:

  • Dificultad para respirar.
  • Sentimientos de temor.
  • Palpitaciones.
  • Respiración agitada.
  • Delirio o pérdida del control.
  • Latidos irregulares.
  • Incapacidad para hablar o meditar bien.
  • Sudoración.
  • Náuseas.

Dependiendo del tipo de acarofobia que padezca la persona en cuestión, estos síntomas se darán cuando vea a un insecto, cuando crea que puede encontrarse con uno o cuando tenga un “ataque” que active esos procesos mentales. En casos extremos, puede ser una sensación continua.

¿Cuál es su causa y cuándo aparece?

El origen de la acarofobia, como el de cualquier otra fobia, es un mecanismo de defensa que origina el cerebro para protegerse de traumas que la persona padeció en el pasado.

Sin embargo, en ocasiones, ese trauma afectó tanto a la persona, que el cerebro generó un mecanismo de defensa demasiado fuerte, que acaba implicando la incapacidad para desarrollar una vida normal.

Por ejemplo, si de pequeño te picaron muchas abejas y eso te generó un trauma, es normal que el cerebro desarrolle un mecanismo de defensa contra las abejas. Incluso puede ser normal que desarrolle cierto temor a pasear por zonas con flores, por si hubiese abejas.

Sin embargo, es evidente que, si tienes la sensación de que hay pequeños insectos que se meten por los poros de tu piel, tu cerebro generó un mecanismo de defensa exagerado, y que está imposibilitando tu vida normal.

Por otro lado, en cuanto a cuándo aparece, hay que repetir lo anteriormente mencionado: En algunos casos (graves) es algo constante, mientras que, en otros casos (leves y medios) solo se da ante estímulos directos.

 

¿Se puede tratar la fobia a las picaduras?

Y, para acabar, hablemos de cómo se puede tratar la fobia a las picaduras. Porque, sí, se puede tratar. Y la forma de hacerlo es la misma que para tratar cualquier otro tipo de fobia. Veamos las diferentes opciones:

  • Apoyo psicológico: Naturalmente, una de las formas más básicas de resolver cualquier tipo de fobia es con apoyo psicológico, hablando del tema y, poco a poco, reduciendo la ansiedad que genera el elemento que causa la fobia.
  • Terapia cognitiva: También está la opción de la terapia cognitiva, que consiste en realizar ejercicios prácticos enfocados a resolver la fobia. Por supuesto, debe hacerse con un profesional.
  • Terapia de regresión: En algunos casos, la persona que sufre acarofobia no sabe de dónde viene, no conoce el trauma que desencadenó la fobia. La terapia de regresión permite encontrar ese momento, entenderlo y, por lo tanto, entender de dónde viene la fobia. En muchos casos, esto es suficiente para que la fobia desaparezca.
  • Programación neurolingüística: La programación neurolingüística se basa en la idea de que los esquemas mentales que generamos determinan cómo vemos la realidad. En este sentido, desde un punto de vista de la PNL, quien sufre acarofobia ha generado unos esquemas mentales incorrectos, que hay que desactivar y sustituir por unos que no entrañen los problemas actuales.

Como puedes ver, la acarofobia o la fobia a las picaduras tiene un origen con cierto sentido, pese a que, en la actualidad, los riesgos de las picaduras hayan disminuido notablemente. Por suerte, esta fobia (como cualquier otra), puede tratarse con terapias como las que hemos presentado.

Acarofobia, la fobia a las picaduras
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