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Juan no lo sabía, pero padecía un trastorno depresivo mayor. Durante varios meses se enfrentó a diferentes situaciones estresantes que le causaban un notable malestar. Desde hace dos semanas, afirma sentirse profundamente triste y apático. Le cuesta conciliar el sueño y ha perdido cinco kilos en menos de catorce días. Se pasa la mayor parte del tiempo llorando. Juan piensa que es un «bajón» puntual y que ya se le pasará. Sin embargo, al ver que los síntomas siguen, decide pedir ayuda. Desde entonces, gracias a la terapia, Juan afirma sentirse mejor. Poco a poco, está volviendo a sentir la alegría previa a este estado depresivo tan profundo.

Criterios diagnósticos del trastorno depresivo mayor

Para exponer los criterios diagnósticos del trastorno depresivo mayor vamos a tomar como referencia el DSM-5 (2014), que se trata del último manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Así pues, los criterios diagnósticos son los siguientes:

A. Cinco o más de los siguientes síntomas han estado presentes durante un periodo de dos semanas y representan un cambio del funcionamiento previo del sujeto. Al menos uno de los síntomas es (1) estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o de placer.

  1. Presencia de un estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días.  Esta información la proporciona tanto el sujeto de forma subjetiva como a través de la observación por parte de otras personas de su entorno.
  2. Se produce una disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días.
  3. Pérdida o aumento de peso importante sin hacer dieta. Así como disminución o aumento del apetito casi todos los días.
  4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  5. Retraso o agitación psicomotor casi todos los días. Este aspecto es observado por otras personas, por lo que no se trata simplemente una sensación subjetiva de inquietud o enlentecimiento.
  6. Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  7. Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada casi todos los días.
  8. Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse o para tomar decisiones, casi todos los días.
  9. Pensamientos recurrentes de muerte. Pensamientos frecuentes de suicidio sin un plan determinado, así como intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.

B. Los síntomas del criterio A causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

C. El episodio no puede se atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o de otra afección médica.

D. El episodio de depresión mayor no se explica mejor por un trastorno esquizoafectivo, esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante, u otro trastorno especificado o no especificado del espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos.

E. Nunca ha habido presencia de un episodio maníaco o hipomaníaco.

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Desarrollo y curso del trastorno depresivo mayor

Este trastorno puede aparecer a cualquier edad, sin embargo, es más común que tenga su punto de partido en la pubertad, en torno a los 20 años. El hecho de que los síntomas depresivos se alarguen en el tiempo pueden aumentar la posibilidades de que existan otros trastornos subyacentes de ansiedad, personalidad y consumo de sustancias. De esta forma, es posible que se produzca una disminución del seguimiento del tratamiento hasta la remisión completa de los síntomas. Por ello, es importante que los pacientes que acuden a consulta con síntomas depresivos, identifiquen cuál ha sido el último periodo de al menos dos meses en el cual estuvieron libres de estos síntomas.

Como afirma el DSM-V: «la recuperación se inicia normalmente dentro de los tres meses siguientes al comienzo en dos de cada cinco pacientes con depresión mayor y en el plazo de un año en cuatro de cada cinco pacientes«. Existen ciertas características que se asocian a una menor recuperación, como pueden ser: rasgos psicóticos, ansiedad intensa, trastornos de personalidad o la gravedad de los síntomas.

A medida que la remisión de los síntomas se alarga en el tiempo, el riesgo de de caer en el trastorno de depresión mayor es menor. Sin embargo, existe un grupo más susceptible a volver a caer, que son aquellos que han presentado varios episodios con anterioridad, en los que los sujetos son jóvenes o aquellos en que los síntomas han sido graves.

Factores de riesgo

Ambientales

Un factor de riesgo importante son los acontecimientos negativos o traumáticos que hayan podido ocurrir en la infancia. Por otro lado, los acontecimientos estresantes pueden ser precipitantes del trastorno de depresión mayor, sin embargo, el hecho de que haya ocurrido un hecho adverso justo antes del inicio de este trastorno, no parece ser útil para el pronóstico o la elección del tratamiento.

Temperamentales

El neuroticismo parece ser un factor de riesgo para el desarrollo del trastorno de depresión mayor. La conjunción de altos niveles de neuroticismo y la vivencia de acontecimientos adversos y estresantes, están reconocidos como precipitantes de síntomas depresivos.

Genéticos y fisiológicos

Como afirma el DSM-5: «los familiares de primer grado de los pacientes con trastorno depresivo mayor tienen un riesgo de dos a cuatro veces mayor que el de la población general». La probabilidad de heredar este trastorno es del 40%.

Riesgo de suicidio

El riesgo de suicidio durante los episodios de depresión mayor son altos. De hecho, el trastorno depresivo mayor está asociado a una alta tasa de mortalidad debido, sobre todo, al suicido, aunque no es la única causa. Las conductas externas más frecuentes son los intentos o las amenazas de suicidio. Existen diferentes características asociadas a un aumento de riesgo de suicidio llevado a cabo: ser varón, vivir solo o estar soltero y tener sentimientos de desesperanza muy intensos.

Tratamiento

El tratamiento más habitual para el trastorno de depresión mayor es la terapia psicológica. En concreto, la terapia que ha resultado ser más eficaz es la cognitivo-conductual. También se puede combinar con técnicas como mindfulness. Es importante señalar, que en muchos casos podría ser conveniente combinarlo con un tratamiento farmacológico paralelo y de esta forma, beneficiarnos de la medicación y la terapia al mismo tiempo.

En cuanto a farmacología, como afirman Capapey y Parellada (2002), la primera elección de tratamiento suelen ser «los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN), por la mayor tolerabilidad de los efectos secundarios». Sin embargo, en los últimos años ha aparecido la vortioxetina. Se trata de un antidepresivo multimodal de última generación enfocado, sobre todo, para el tratamiento del trastorno depresivo mayor.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Capapey, J. y Parellada, E. (2002). El trastorno depresivo en Atención Primaria. Medicina Integral, 40 (6), 256-266.

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