mujer preocupada

Existe una importante diferencia entre el dolor y el sufrimiento. La ansiedad encierra mucho sufrimiento, y más que dolor real, es un dolor imaginario, es un sufrimiento fabricado con la mente, fantasioso, sobre lo malo que puede ocurrir.

Si somos capaces de enfrentarnos al dolor cuando la vida nos golpea o nos suceden cosas difíciles, aprendiendo a sostenerlo y transitarlo para poder trascenderlo, no se nos convertirá en sufrimiento.

A continuación explicaremos la diferencia entre los dos conceptos:

El Dolor

El dolor es silencioso, profundo (sobre todo en pérdidas), es saludable vivirlo sin evitarlo, forma parte del proceso de la vida, de fluir, crecer, madurar e integrar. Si integramos lo que nos ocurre que causa dolor, estamos diciendo SÍ a la vida con lo que trae, con aceptación, podemos seguir adelante y la experiencia por muy dura que haya sido, me hace aprender.

El dolor es una señal normal para el cuerpo de que hay alguna cosa que debe revisarse. Si es puntual cumple una función protectora, con algún síntoma que nos permite ver cuál es la disfunción, como sería la señal ante un golpe, una lesión, que nos provoca que las defensas reaccionen y activemos los mecanismos para curarnos.

Si es continuado y crónico, nos avisa que debemos cuidarnos más, mejor, cambiar algo, investigar más a fondo.

El Sufrimiento

El sufrimiento tiene carácter mental, ruidoso, con una fuerte carga de mensajes dañinos. Con él nos aferramos, luchamos, queremos controlar, nos apegamos, le decimos NO a la vida, a la pérdida, al cambio, y en ese camino nos agotamos, nos enfermamos, y nos deprimimos.

No seguimos a la vida, seguimos instalados en la lucha, en la no aceptación de lo que hay, en la excusa de lo que me ha ocurrido, para boicotearme y no ser feliz. Nos estancamos, no aprendemos, y no fluimos con la vida y lo que sucede. El sufrimiento está lleno de diálogo mental perjudicial contra uno mismo y los demás, está lleno de juicios, de rencor, de reproches, de esfuerzo por querer cambiar lo que fue.

Para no sufrir y angustiarnos por todo, debemos soltar. La madurez en la vida, exige soltar las cosas, las personas, las vivencias. No apegarse en exceso.

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Reflexión y cuento Zen

Como dice un cuento Zen, vaciar la taza para que se pueda llenar de cosas nuevas:

“Gran Maestro –dijo el discípulo, he venido muy lejos para aprender de ti. Durante años he estudiado con los mejores maestros del mundo, y todos han dejado mucha sabiduría en mí. Ahora creo que eres el único que puede complacer mi búsqueda y enseñarme lo que me falta.

El sabio le dijo al discípulo que tendría mucho gusto en enseñarle lo que le faltaba pero que antes se tomasen una taza de té.

El Maestro tomó unas tazas y una tetera y le empezó a servir té al alumno, siguió hablando y le fue vertiendo té y más té en la taza, hasta que se fue cayendo el té sobre el plato y en el suelo.

El alumno le dijo: Maestro, maestro, no entiendo, ya no cabe más té, deje de echar té en mi taza. ¿No ve que ya está llena?

Y entonces el Maestro le dijo al discípulo:

Hasta que no seas capaz de vaciar tu taza, no podrás poner más té en ella.”

Nos aferramos a la idea de la permanencia y de la dependencia… “Sin él no puedo vivir”…”Juntos para siempre”, “yo solo no puedo”.

Queremos controlar el destino, la vida, lo que poseemos, y resulta una tarea imposible. Nos falta la aceptación del cambio, de lo dinámico de la vida.

“La vida es más grande que nosotros” (Joan Garriga, en su libro “Vivir en el Alma”).

Diferencia entre dolor y sufrimiento
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