Lóbulo Frontal

Numerosos estudios clínicos y experimentales han mostrado la implicación de los lóbulos frontales en las emociones, sobre todo de una zona concreta: la corteza orbitofrontal.

Corteza orbitofrontal: anatomía funcional

La corteza orbitofrontal es un área ubicada en la región ventral medial de la corteza prefrontal.

La corteza orbitofrontal se localiza en la parte basal de los lóbulos frontales, justo por encima de las órbitas oculares.

Por sus conexiones con regiones del córtex frontal y de otras estructuras cerebrales, la parte ventromedial del córtex prefrontal (o corteza orbitofrontal) contiene información de la planificación conductual frontal y del procesamiento sensorial del entorno, lo que le permite de actuar sobre el desarrollo de determinadas conductas y respuestas fisiológicas.

La región orbitofrontal de la corteza frontal tiene un papel muy importante en el procesamiento neural de las emociones.

Lesiones del córtex prefrontal

Se ha podido comprobar que lesiones del córtex orbitofrontal reducen las respuestas emocionales en primates.

Los años treinta y cuarenta fueron testigos de la aplicación de la lobotomía prefrontal, consistente en cortar las fibras de conexión entre la corteza orbitofrontal y el resto del cerebro, en pacientes psiquiátricos.

Después de años de utilización de la lobotomía prefrontal, se pudo recoger suficiente cantidad de datos para describir los graves efectos secundarios que esta originaba a los pacientes.

Principales efectos secundarios de la lobotomía prefrontal

  • Embotamiento de las respuestas afectivas
  • Conductas inapropiadas dentro del contexto social
  • Pérdida del comportamiento emocional
  • Incapacidad de anticiparse a las consecuencias de las acciones futuras
  • Cambios de personalidad
  • Riesgo de padecer epilepsia
  • Problemas de incontinencia urinaria

En los últimos años, estudios de Antonio Damasio y colaboradores han demostrado que lesiones de la corteza orbitofrontal en pacientes adultos no alteran la capacidad de valorar el significado social de situaciones teóricas, pero los incapacitan para poder aplicar estas valoraciones en la su vida real. Si la lesión tiene lugar a edades muy tempranas, puede afectar la capacidad de poder aprender un patrón de conducta social en referencia a los valores éticos y morales de la sociedad donde viven.

La lesión bilateral de la corteza orbitofrontal incapacita a los individuos para poder anticipar el resultado de las consecuencias de su conducta.

Experimentos realizados con el córtex prefrontal: lobotomías

En 1935, John Fulton, Carlyle Jacobsen y colaboradores de la Universidad de Yale extirparon experimentalmente el córtex prefrontal de una chimpancé, Becky, que manifestaba intensas reacciones agresivas cuando hacía un error en una tarea de aprendizaje donde los aciertos significaban conseguir un refuerzo. Tras la intervención, Becky se mostró muy tranquila e indiferente a los errores en la prueba de aprendizaje. Fulton y Jacobsen comunicaron sus resultados sobre la extirpación bilateral de los lóbulos frontales de la chimpancé en un encuentro científico en la que asistió el neuropsiquiatra luso Egas Moniz. Moniz, animado por los hallazgos de Fulton y Jacobsen, y apoyado por estudios clínicos que sugerían que la extirpación de los lóbulos frontales en pacientes con tumores no provocaba deterioro intelectual, persuadió el neurocirujano Almeida Lima para que operara a toda una serie de pacientes con patologías psiquiátricas, hipotetizando que esta intervención podría aliviar los síntomas de ansiedad y frustración que sufrían los internos.

La primera intervención, realizada en noviembre de 1935, consistió en seis pequeños cortes en el tejido prefrontal, mediante una leucotomia. Moniz informó la comunidad científica que la leucotomía no solo no producía efectos adversos a sus pacientes, sino que era capaz de reducir notablemente los síntomas psiquiátricos. Este hecho popularizó la técnica y en los años cuarenta el estadounidense Walter Freeman desarrolló una variación de ésta (la lobotomía transorbital), consistente en desconectar el córtex prefrontal del resto del cerebro mediante la inserción, a través de la órbita ocular, de una varilla afilada; así, se evitaba la trepanación del cráneo, y se podía realizar en la misma consulta del médico en poco más de diez minutos. Años después, surgieron varios estudios que describían los graves efectos secundarios que producía esta intervención quirúrgica.

En 1949, Egas Moniz recibió el premio Nobel de fisiología y medicina por el desarrollo de la lobotomía prefrontal. Posteriormente, quedó parapléjico porque uno de sus pacientes le disparó en la consulta. Películas como “Alguien voló sobre el nido del cuco”, de Milos Forman (1975), o “Monos como Becky”, del director catalán Joaquim Jordà (1999), recogen la implicación social que significó esta técnica en la medicina de mediados de siglo.

A) Sujetos adultos con lesiones prefrontales. B) Sujetos con lesiones tempranas de la corteza prefrontal.

Circunvolución cingular

La corteza cingular, área perteneciente al sistema límbico, recibe y envía proyecciones al resto del sistema límbico y en varias regiones del córtex frontal.

La estimulación eléctrica del córtex cingular produce sentimientos emocionales positivos y negativos; su lesión genera una pérdida o disminución de la conducta motora voluntaria (mutismo y acinesia), y puede provocar, en casos muy graves, la muerte del paciente.

Según algunos investigadores, como el ya citado Antonio Damasio, la corteza cingular constituye un lugar de confluencia de los procesos atencionales, mnésicos y de los sistemas neurales implicados en las emociones.

Hay evidencias experimentales que relacionan el sistema de la toma de decisiones de los lóbulos frontales con su influencia bidireccional sobre la corteza cingular.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here