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Lóbulo frontal

El lóbulo frontal está ubicado en la parte más anterior de la corteza cerebral, al frente de los hemisferios y por delante del lóbulo parietal. Se considera el lóbulo más destacado en los humanos, debido a sus funciones específicas y porque ocupa un tercio del total de nuestro cerebro. En otras especies, su volumen es muy inferior.

Anatomía y función del lóbulo frontal

La corteza cerebral se divide en cuatro áreas o lóbulos: frontal, temporal, parietal y occipital, cada uno de los cuales se encarga de diferentes funciones. A la vez, el cerebro también está dividido en dos hemisferios: el derecho, que nos ayuda a pensar de forma creativa y el izquierdo, que nos incita a realizar el pensamiento de forma mucho más lógica. Por lo tanto, tiene un lóbulo frontal del lado derecho y un lóbulo frontal del lado izquierdo.

Se considera que nuestra personalidad reside en los lóbulos frontales, que es también donde se manejan las emociones, la resolución de problemas, el razonamiento, la planificación y otras funciones. Los lóbulos frontales están vinculados a los centros sensoriales y de memoria en todo el cerebro. Su trabajo principal es permitirnos pensar las cosas y determinar cómo usar la información que se encuentra en otra parte del cerebro.

Partes del lóbulo frontal

Área de Broca

El área de Broca se encuentra en el lóbulo frontal izquierdo, concretamente en la tercera circunvolución frontal, justo por delante de la corteza motora y justo encima de la fisura de Sylvio. Se compone de dos áreas: la pars triangularis (área de Brodmann 45) y la pars opercularis (área de Brodmann 44), incluyendo el área de Wernicke. El área de Broca está conectada a otras regiones del cerebro por un tracto neuronal conocido como fascículo arqueado.

Esta región del cerebro se encarga de la función del habla y fue descubierta en 1861 por el cirujano francés Paul Broca, quien determinó que desempeña un papel vital en la generación del habla articulada.

Además de desempeñar un papel en la producción del habla, el área de Broca también participa en la comprensión del lenguaje, en las actividades motoras relacionadas asociadas con los movimientos de la mano, y en el aprendizaje sensoriomotor y su integración.

Corteza prefrontal

La corteza prefrontal es la porción más  frontal de los lóbulos frontales y maneja procesos cognitivos complejos como la memoria, la planificación, el razonamiento y la resolución de problemas. Esta área nos ayuda a establecer y mantener objetivos, frenar los impulsos negativos, organizar eventos en el orden del tiempo y formar nuestra personalidad.

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Corteza motora primaria

La corteza motora primaria es la encargada del movimiento voluntario. Tiene conexiones nerviosas con la médula espinal, lo que permite que esta área del cerebro controle los movimientos musculares.

Las partes del cuerpo que requieren un control fino del motor ocupan áreas más grandes de la corteza motora, mientras que las que requieren movimientos más simples ocupan menos espacio. Por ejemplo, las áreas de la corteza motora que controlan el movimiento en la cara, la lengua y las manos ocupan más espacio que las áreas vinculadas a las caderas y el tronco.

Corteza premotora

La corteza premotora se encuentra por delante de la corteza motora y detrás de la corteza prefrontal. Presenta conexiones neuronales con la corteza motora primaria, la médula espinal y el tronco encefálico. La corteza premotora nos permite planificar y realizar movimientos adecuados en respuesta a señales externas. Esta región cortical ayuda a determinar la dirección específica de un movimiento.

Funciones específicas del lóbulo frontal

Resolución de problemas

El lóbulo frontal realiza el pensamiento de nivel superior. Su actividad nos permite razonar, hacer juicios, planes para el futuro, tomar decisiones, resolver problemas y, en general, controlar nuestro entorno de vida. Sin lóbulos frontales que funcionen plenamente, es posible que tengas inteligencia, pero no podrás utilizarla.

Interacción social

La corteza prefrontal se encuentra dentro de los lóbulos frontales, y posee la capacidad de acceder a la información y los recuerdos que acumulamos que nos dictan cómo comunicarnos e interactuar apropiadamente en situaciones sociales o públicas. Los lóbulos frontales son responsables del comportamiento empático, que nos permite comprender el pensamiento y las experiencias de los demás. Esta comprensión nos ofrece pistas sobre cómo comportarnos o responder en diferentes tipos de situaciones sociales, como la respuesta correcta a una pregunta de entrevista de trabajo, o entender la ironía de un chiste. El daño a algunas áreas del lóbulo frontal también puede afectar el interés y la actividad sexual.

Movimiento

Aunque el movimiento y la coordinación muscular se centran en el cerebelo, los lóbulos frontales controlan los músculos voluntarios. Estos son los músculos que usa para caminar, correr, bailar, lanzar una pelota de fútbol o hacer otro movimiento consciente. La orientación espacial, o la capacidad de determinar la posición de su cuerpo en el espacio, también es una función de los lóbulos frontales.

Corteza orbitofrontal y emociones

Numerosos estudios clínicos y experimentales han mostrado la implicación de los lóbulos frontales en las emociones, sobre todo de una zona concreta: la corteza orbitofrontal. La corteza orbitofrontal es un área ubicada en la región ventral medial de la corteza prefrontal.

La corteza orbitofrontal se localiza en la parte basal de los lóbulos frontales, justo por encima de las órbitas oculares.

Por sus conexiones con regiones del córtex frontal y de otras estructuras cerebrales, la parte ventromedial del córtex prefrontal (o corteza orbitofrontal) contiene información de la planificación conductual frontal y del procesamiento sensorial del entorno, lo que le permite de actuar sobre el desarrollo de determinadas conductas y respuestas fisiológicas.

La región orbitofrontal de la corteza frontal tiene un papel muy importante en el procesamiento neural de las emociones.

Lesiones de la corteza orbitofrontal

Se ha podido comprobar que lesiones del córtex orbitofrontal reducen las respuestas emocionales en primates.

Los años treinta y cuarenta fueron testigos de la aplicación de la lobotomía prefrontal, consistente en cortar las fibras de conexión entre la corteza orbitofrontal y el resto del cerebro, en pacientes psiquiátricos.

Después de años de utilización de la lobotomía prefrontal, se pudo recoger suficiente cantidad de datos para describir los graves efectos secundarios que esta originaba a los pacientes.

Principales efectos secundarios de la lobotomía prefrontal

  • Embotamiento de las respuestas afectivas
  • Conductas inapropiadas dentro del contexto social
  • Pérdida del comportamiento emocional
  • Incapacidad de anticiparse a las consecuencias de las acciones futuras
  • Cambios de personalidad
  • Riesgo de padecer epilepsia
  • Problemas de incontinencia urinaria

En los últimos años, estudios de Antonio Damasio y colaboradores han demostrado que lesiones de la corteza orbitofrontal en pacientes adultos no alteran la capacidad de valorar el significado social de situaciones teóricas, pero los incapacitan para poder aplicar estas valoraciones en la su vida real. Si la lesión tiene lugar a edades muy tempranas, puede afectar la capacidad de poder aprender un patrón de conducta social en referencia a los valores éticos y morales de la sociedad donde viven.

La lesión bilateral de la corteza orbitofrontal incapacita a los individuos para poder anticipar el resultado de las consecuencias de su conducta.

Las lobotomías

En 1935, John Fulton, Carlyle Jacobsen y colaboradores de la Universidad de Yale extirparon experimentalmente el córtex prefrontal de una chimpancé, Becky, que manifestaba intensas reacciones agresivas cuando hacía un error en una tarea de aprendizaje donde los aciertos significaban conseguir un refuerzo. Tras la intervención, Becky se mostró muy tranquila e indiferente a los errores en la prueba de aprendizaje. Fulton y Jacobsen comunicaron sus resultados sobre la extirpación bilateral de los lóbulos frontales de la chimpancé en un encuentro científico en la que asistió el neuropsiquiatra luso Egas Moniz. Moniz, animado por los hallazgos de Fulton y Jacobsen, y apoyado por estudios clínicos que sugerían que la extirpación de los lóbulos frontales en pacientes con tumores no provocaba deterioro intelectual, persuadió el neurocirujano Almeida Lima para que operara a toda una serie de pacientes con patologías psiquiátricas, hipotetizando que esta intervención podría aliviar los síntomas de ansiedad y frustración que sufrían los internos.

La primera intervención, realizada en noviembre de 1935, consistió en seis pequeños cortes en el tejido prefrontal, mediante una leucotomia. Moniz informó la comunidad científica que la leucotomía no solo no producía efectos adversos a sus pacientes, sino que era capaz de reducir notablemente los síntomas psiquiátricos. Este hecho popularizó la técnica y en los años cuarenta el estadounidense Walter Freeman desarrolló una variación de ésta (la lobotomía transorbital), consistente en desconectar el córtex prefrontal del resto del cerebro mediante la inserción, a través de la órbita ocular, de una varilla afilada; así, se evitaba la trepanación del cráneo, y se podía realizar en la misma consulta del médico en poco más de diez minutos. Años después, surgieron varios estudios que describían los graves efectos secundarios que producía esta intervención quirúrgica.

En 1949, Egas Moniz recibió el premio Nobel de fisiología y medicina por el desarrollo de la lobotomía prefrontal. Posteriormente, quedó parapléjico porque uno de sus pacientes le disparó en la consulta. Películas como “Alguien voló sobre el nido del cuco”, de Milos Forman (1975), o “Monos como Becky”, del director catalán Joaquim Jordà (1999), recogen la implicación social que significó esta técnica en la medicina de mediados de siglo.

A) Sujetos adultos con lesiones prefrontales. B) Sujetos con lesiones tempranas de la corteza prefrontal.

 

Los lóbulos frontales y su relación con las emociones
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