tensión emocional
La tensión emocional enferma el cuerpo

Desde hace años se ha descubierto que la tensión emocional daña paulatina e inexorablemente al cuerpo porque suele reventar como enfermedades psicosomáticas. Es tal el daño de lo psico-emocional al cuerpo, que se considera que de cien enfermedades ¡setenta u ochenta! son psicosomáticas. Y una de las investigaciones más interesantes en la psicología contemporánea es referente a la injerencia del estrés en la salud,  azote y asesino del ser humano moderno.

El estrés psicológico y la enfermedad corporal

En dicho mecanismo de conversión la persona inconscientemente transforma un conflicto psicológico en un síntoma físico. Esto es, la mente (psique) enferma al cuerpo (soma).

Por un tiempo se creyó que no existían trastornos físicos originados exclusivamente por factores psicológicos. Se pensaba que un trastorno corporal tenía necesariamente un componente biológico que combinado con factores ambientales, sociales y psicológicos, desarrollaban una enfermedad psicosomática.

No obstante, las investigaciones han demostrado que el cerebro es capaz de enfermar el cuerpo debido a que se comunica con las células de la sangre que se mueven por todo el cuerpo a través del flujo sanguíneo, los vasos linfáticos y los nervios.  Por ejemplo,  la urticaria puede producirse por una alergia física o por una reacción psicológica. La depresión puede predisponer al deprimido a ciertas infecciones, como las causadas por los virus de la gripe, impidiendo que el sistema inmune le proteja.

En otras palabras, la tensión emocional (depresión, ansiedad, furia…) y el estrés (causado por problemas económicos, presión laboral, ruptura sentimental, muerte de un familiar…) mal tratados o encauzados incorrectamente pueden desencadenar momentos trágicos en el humano, provocándole incluso la muerte.

El estrés social

Tanto el estrés social como el psicológico pueden activar o agravar un amplio abanico de enfermedades como diabetes mellitus, lupus, leucemia y esclerosis múltiple. Desde luego, la importancia de las causas psicológicas varía ampliamente entre diferentes personas con el mismo trastorno.

Aunque sabemos que para que el estrés interno conduzca a la depresión depende de la predisposición genética, incide en el sistema nervioso vegetativo (sistema nervioso autónomo), el sistema simpático y la glándula hipófisis. Luego de una respuesta de estrés aguda se produce un impacto sobre el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal: el hipotálamo regula el impacto y se activa la glándula hipófisis (pituitaria), produciendo adenotirotropa  o corticotrofina  (ACTH), la cual es liberada al torrente sanguíneo y se dirige a las glándulas suprarrenales, y se activa la producción de adrenalina (epinefrina) o cortisol, la hormona del estrés.  Desde este momento se produce una variedad de reacciones pues esta hormona cortical en poco tiempo alcanza todo el organismo provocando el aumento de las palpitaciones del corazón, la intensificación del pulso, la irrigación de los músculos; las reservas de grasa y azúcar se mueven y aumenta la reacción muscular y se incrementa la coagulación de la sangre. Una perenne situación estresante frecuentemente desemboca en agudas crisis  psicológicas, emotivas y físicas. Por no hablar de lo que ocurre en el espíritu, eje o columna vertebral de la salud integral del ser humano.

Hipófisis, hipocampo

Un famoso psicólogo lo ha resumido de esta manera: “Dios perdona nuestras faltas; la gente también a veces las perdona. Pero el sistema nervioso no las perdona nunca”. Las preocupaciones, estrés, tensión emocional, odios, resentimientos, ira y otras emociones reprimidas o mal canalizadas tarde o temprano pasan factura. (El cóndor macho en cautiverio destruye los huevos de su propia cría por estrés. Por tal razón lo cambian de jaula. En realidad, muchos animales en cautiverio presentan conductas típicas del estrés y demás desórdenes emocionales).

El malestar psicosomático

Si las cosas son de ese tamaño, ¿cuál es el medicamento apropiado para curar una enfermedad psicosomática? ¿Será la medicina convencional? ¿Lo será la medicina alternativa? ¡No! Lo atinado es resolver el conflicto emocional y aprender a reaccionar a los estímulos ambientales e internos a fin de que el malestar psicosomático desaparezca, esto es, un cambio de actitud ante el conflicto interno y la presión externa. No es tan sencillo como suena, pero tampoco imposible de practicar.

Aun cuando el ambiente laboral sea poco o nada controlable o cambiable, mi reacción a sus presiones sí está a mi alcance; debo desaprender reacciones inadecuadas a fin de evitar que el entorno controle mi estado anímico.

Si soy consciente de que un choque emocional con alguien me afecta con un insoportable dolor de cabeza, lo indicado es sacar (no reprimir) o permitirme sentir la emoción apretando una pelota de hule, escribiendo lo sentido o contando del uno al diez, hasta que el malestar desaparezca. Es decir, el displacer debe ser resuelto y liberado para que el dolor físico se esfume. Poco ayudará la ingesta de medicamentos, pues lo físico pierde peso y se va por donde vino si resuelvo lo emocional. (Muchos por falta de autoconocimiento no saben identificar sus emociones -tonalidades de los sentimientos- y las confunden con lo que piensan de ellas).

El autor es periodista
Enrique Cáceres-Arrieta

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