Muerte y duelo

La muerte como proceso natural

Pocas personas llegan a aceptar la muerte como un proceso natural y normal en la vida y aquellas que lo consiguen, probablemente tengan una vida más feliz

La muerte es un escalón desconocido en nuestra existencia y sólo aquellos que hayan pasado por una experiencia al borde de la muerte poseen conocimiento para saber que el sentimiento que acompaña a la muerte es confortable. Las experiencias vividas por estas personas que, en algún momento, estuvieron cerca de perecer coinciden en una sensación agradable.

El miedo a la muerte inhibe nuestra vida porque muchos actos no los realizamos pensando en el peligro que comportan. Nos volvemos débiles, catastróficos porque no entendemos con qué medida se toma la gran decisión de despojarnos de nuestra vida, creyendo a menudo que no es justo. Nos pasamos media vida invocando el perdón de un Dios o resolviendo antiguas culpas para así disponer de la concesión de más tiempo. Pero, ¿tiempo para qué? Para que nuestro cuerpo agotado siga viviendo esta realidad.

Cada humano tendrá una filosofía de la vida distinta, con sus creencias y sus religiones y con ello no pienso mostrarme sabedora de la verdad porque, entre otras cosas, no lo soy, pero sí quiero apuntar a vuestro interior porque su fomento crea seguridad y confianza y consecuentemente, una vida más indolora.

El verdadero afecto no consiste en llorar el proceso de la muerte sino en ingeniárselas para salir de la pena.

Ese sentimiento que nos acosa ante la muerte de un ser querido es lo que llamamos “duelo”. Cuando una persona amada muere nos sentimos en un primer momento perdidos, tratados injustamente, por haber sido arrancados bruscamente de su lado. Rechazamos la dolorosa realidad como si de una pesadilla se tratase y al despertar nuestro amado volviera a estar vivo. Ese proceso es nuestro mecanismo de defensa para que el Yo que habitamos no sufra tanto. Pensamos mil formas distintas de negarlo, recorriendo mentalmente el pasado. Pero en este proceso de dolor y duelo llegamos a un reconocimiento de la dolorosa realidad que evoluciona hacia la propia reinserción en la vida que vivimos, manteniendo en nuestra mente su recuerdo pero avanzando en la reconstrucción de nuestra propia existencia.

El duelo en el proceso de muerte

El duelo es un proceso necesario y natural para sanar nuestra mente y se utiliza siempre que perdemos algo o alguien querido. Es necesario que comprendamos y aceptemos nuestros sentimientos con respecto a la muerte, que incorporemos la creencia de que es un proceso natural en una vida y que su significado tiene que ver más con renovación e inicio que con final o castigo. Es un proceso natural que nos conduce a un nuevo despertar, porque hay algo en tu interior que así te lo dice y que llamamos alma, aquella que alberga tu cuerpo físico y que es invisible y adimensional. Este pensamiento proporcionará seguridad y mantendrá alejado el miedo a esa misteriosa experiencia.

La actitud que tengamos hacia la muerte depende mucho de nuestro entorno tanto cultural como familiar. Nuestras convicciones las hemos heredado o aprendido de aquello que oímos y es, al madurar y hacernos adultos, cuando a menudo cuestionamos esas creencias tan instaladas en nuestro ser.

Frente a cualquier situación lo peor que puede pasar es la propia muerte y ello es un hecho totalmente natural, con lo cual son innecesarias emociones tales como ansiedad o depresión.

Se ha estudiado mucho el tema de la muerte en las diferentes civilizaciones que forman parte de nuestro Universo porque el tema supone una incógnita para el ser humano. Muchas han coincidido en hablar de la muerte súbita a causa de la indefensión o desesperanza del ser humano. Martin Seligman fue la persona que más datos escribió sobre el tema, observándolo tanto en humanos como en animales.

Parece ser que cuando los humanos o los animales se dan cuenta de que sus acciones pierden eficacia, de que ya no existe esperanza, se vuelven más susceptibles al proceso denominado Muerte. Perdemos el control sobre los acontecimientos y ello nos conduce a perecer.

Algunas situaciones que han generado lo que denominamos indefensión son: reacción depresiva por una pérdida muy cercana como la muerte de una madre, situaciones incontrolables como campos de concentración después de una guerra, la aflicción, etc.

Los pasos que se repiten en la indefensión son: pérdida del control, depresión, desesperanza y muerte inesperada. Es algo así como un suicidio pero sin apretar el gatillo o llevar a cabo cualquier acción para lograrlo. Es como un abandonarse a la espera de la muerte.

Para cerrar esta reflexión vamos a citar un caso de indefensión en animales, concretamente en un cachorro de macaco, estudiado por el Dr. I. Charles Kaufman que puede encontrarse literalmente en el libro de Martin E. P. Seligman “Indefensión” Ed. Debate (pág.243-244):

“La primera muerte se produjo en uno de los cachorros que antes había nacido, con una edad de cinco meses y siete días. Murió al noveno día de ser separado de su madre. La autopsia no reveló ninguna patología que pudiera explicar su muerte. El cachorro manifestó un cuadro de agitación primero y depresión después, una brusca disminución en su juego y un aislamiento de los demás animales, acabando por morir repentinamente.”

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Muerte y duelo, un proceso natural
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