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Actualizado: 9 de octubre, 2026
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La migración de estadounidenses a México, una nueva adaptación cultural

La migración de estadounidenses a México crece rápidamente, transformando barrios y relaciones sociales. Este artículo explora las experiencias y desafíos de quienes buscan pertenecer en un nuevo hogar.

Marta — «Pensé que con el español bastaba». Marta, 34 años, originaria de Colorado, se mudó a la Ciudad de México hace tres años por trabajo remoto. Habla bien español, tiene amigos mexicanos y disfruta la comida. Pero un día su hijo llegó de la escuela con una nota: llevar «una pulsera tricolor elaborada con lluvia». Marta entró en pánico. ¿Lluvia? ¿Cómo se hace una pulsera con lluvia? Fue a la papelería y descubrió que «lluvia» también se le dice al hilo metálico delgado para decorar. Lo más incómodo fue ver que otras mamás mexicanas también habían tenido que preguntar. «Me di cuenta de que hablar español no es lo mismo que entender México», dice.

  • La lengua es la puerta, pero no la casa. Hay un conocimiento cotidiano —el doble sentido de las palabras, las tareas escolares, los códigos no escritos— que solo se adquiere con el tiempo y la humildad de aceptar que uno no sabe.

Robert — «Yo no soy inmigrante, soy expat (persona que vive con privilegios fuera de su país)». Robert, 58 años, jubilado, vive en San Miguel de Allende desde hace cuatro años. Insiste en llamarse «expat» y rechaza la palabra «inmigrante». Cuando vio en las noticias las protestas en la Ciudad de México con consignas como «Gringo, go home!», se sintió ofendido: «Yo no le hago daño a nadie, solo me gusta vivir aquí». Pero al leer las declaraciones de vecinos de la colonia Juárez —»nuestro barrio se convirtió en un parque temático» (Síntesis Informativa, 2026)— empezó a sentirse incómodo. Se dio cuenta de que su renta era muy superior a la del mercado local y que su presencia contribuía a desplazar a familias.

  • El problema no es la mala intención individual, sino la posición estructural. Llamarse «expat» en lugar de «inmigrante» no es un simple capricho: es una forma de no asumir las responsabilidades que conlleva migrar. Reconocerse como inmigrante es el primer paso para pertenecer de verdad.

Carlos y Ana — el casero y la vecina. Carlos, 45 años, es dueño de un departamento en la Condesa. Lo renta a una pareja estadounidense de trabajadores remotos, en dólares, a un precio muy superior al que pagaba antes una familia mexicana. «No odio a los americanos. Pagan bien, ¿por qué voy a rechazarlos?», dice. Ana, su vecina de toda la vida, está pensando en mudarse porque su renta también subió (SPR Informa, 2024). «No culpo a los americanos», dice, «pero no los conozco. Salen por la mañana a comprar café, vuelven por la noche. Nunca hablan con los vecinos. Tratan esto como un hotel».

  • El fenómeno no enfrenta solo a estadounidenses contra mexicanos; también divide a los propios mexicanos entre quienes se benefician económicamente y quienes pierden su comunidad. El problema de fondo no es la nacionalidad, sino el modelo de presencia: consumo sin participación, estancia sin arraigo.

Marta, Robert, Carlos y Ana muestran que la adaptación no es solo cuestión de idioma o de buena voluntad. Es una cuestión de poder: quien tiene pasaporte fuerte, ingreso en dólares y la opción de irse, puede permitirse no integrarse. Quien vive ahí, no. La verdadera pregunta no es «¿me aceptan?», sino «¿estoy dispuesto a ser vecino, no solo inquilino?».

Del turista al vecino

«Me mudé por amor y me quedé por lo demás.» Esta frase, repetida entre migrantes estadounidenses en México, resume algo simple: cada vez más personas llegan al país y deciden quedarse.

México es hoy el destino número uno de los estadounidenses que viven fuera de su país. Se estima que entre 1.5 y 2 millones de ciudadanos estadounidenses residen en territorio mexicano (Infobae, 2025). La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó en 2025 que alrededor de 1.5 millones de estadounidenses viven en México, «y muchos también sin documentos, porque llegan y se quedan» (Infobae, 2025). Entre 2019 y 2022, la cantidad de ciudadanos estadounidenses en el país aumentó cerca de un 70% (Navarro, 2025).

Ya no son solo los «pájaros de invierno» que venían a tomar sol y regresaban a casa. Ahora son trabajadores remotos, jubilados, personas con raíces mexicanas y otros que migran por el costo de vida. Quedarse significa enfrentar una pregunta central: ¿cómo se vive de verdad en un país que no es el propio?

¿Qué dice la ciencia con relación a la migración de USA hacia México?

A través del equipo de Atención y Tratamiento Psicológico, encabezado por los psicoterapeutas y doctores en Desarrollo Humano, se llevó a cabo una investigación cualitativa sobre la migración de Estados Unidos a México. En los últimos años, un número creciente de ciudadanos estadounidenses se ha mudado a México y ha decidido quedarse a vivir de forma permanente. Esta investigación explora, desde una mirada psicológica y sociocultural, cómo este grupo entiende y se adapta a las tradiciones mexicanas, y cómo la sociedad mexicana responde a este fenómeno migratorio.

La adaptación está llena de contradicciones: la barrera del idioma, los choques culturales cotidianos y la disputa por la etiqueta de «expat» frente a la de «inmigrante» revelan una profunda asimetría de poder. La respuesta mexicana también es ambivalente: en algunas ciudades los estadounidenses son parte de la comunidad; en otras, como la Ciudad de México, son señalados como responsables de la gentrificación. El artículo concluye que la verdadera pregunta no es si son bienvenidos, sino si están dispuestos a pertenecer de verdad.

Comprender este fenómeno importa por varias razones. Primero, porque transforma barrios, economías locales y relaciones sociales. Segundo, porque pone a prueba la capacidad de ambas culturas para convivir sin borrarse. Y tercero, porque revela algo incómodo: que la migración no se vive igual desde el privilegio que desde la necesidad.

¿Por qué se da este fenómeno? Principales contextos

La migración de estadounidenses a México no responde a una sola causa, sino a una combinación de fuerzas que empujan desde su país de origen y atraen desde el destino. Factores económicos, tecnológicos, geográficos y familiares se entrelazan para explicar por qué cada vez más personas cruzan la frontera no como turistas, sino como residentes. Comprender estos contextos es esencial para entender no solo el volumen del fenómeno, sino también las tensiones que genera.

  • El costo de vida en Estados Unidos. La vivienda, la salud y la educación se han vuelto cada vez más caras. Para muchos jubilados con ingresos fijos, mantener una vida «cómoda» en su país resulta casi imposible.
  • El atractivo económico de México. En México, un ingreso mensual de aproximadamente 1,200 dólares permite una vida cómoda. El alquiler promedio ronda los 500 dólares y una consulta médica privada puede conseguirse en menos de 24 horas (Navarro, 2025).
  • El trabajo remoto. Tras la pandemia, el trabajo a distancia se volvió común. Esto permitió que muchos jóvenes estadounidenses «ganen en dólares y vivan en pesos», especialmente en colonias como Roma, Condesa y Juárez, en la Ciudad de México (Infobae, 2025).
  • El clima y la cercanía. El clima cálido, la proximidad geográfica con Estados Unidos y la facilidad para visitar a la familia son factores decisivos (Navarro, 2025).
  • Las raíces familiares. Un número importante de migrantes son descendientes de mexicanos que regresan a la tierra de sus padres o abuelos.
  • El éxodo silencioso. En 2025 y 2026, las redadas migratorias en Estados Unidos dispararon un «éxodo silencioso» de estadounidenses de origen latino hacia México, por temor a la deportación o a la separación familiar (Milenio, 2026).

En conjunto, estos contextos revelan que la migración estadounidense a México no es un capricho ni una moda pasajera. Es una respuesta racional a condiciones estructurales: un país de origen cada vez más caro y un país vecino que ofrece calidad de vida a menor costo. Sin embargo, esa racionalidad individual tiene consecuencias colectivas que exigen ser atendidas con políticas públicas y con una reflexión profunda sobre qué significa migrar desde el privilegio.

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Estadísticas y zonas de concentración

Detrás de cada cifra hay una historia: personas que vendieron su casa, dejaron su trabajo o se despidieron de su familia para empezar de nuevo en otro país. Los números de la migración estadounidense a México no solo indican cuántos son, sino dónde se concentran y cómo transforman los territorios que habitan. Conocer las estadísticas y las zonas de mayor presencia permite dimensionar el fenómeno y entender por qué ciertos barrios y ciudades se han convertido en epicentros de esta convivencia.

Escala general. México es el país con más ciudadanos estadounidenses fuera de Estados Unidos. Las Naciones Unidas (2024) reportan 823,502 estadounidenses residiendo en México, lo que representa el 49% de todos los inmigrantes en el país y el grupo más numeroso por amplio margen. Otras fuentes elevan la cifra a entre 1.5 y 2 millones (Infobae, 2025).

  • Crecimiento reciente. Entre 2019 y 2022, la población estadounidense en México creció cerca de un 70% (Navarro, 2025). El INEGI (2020) registró 934,698 ciudadanos estadounidenses sin documentos, un aumento del 37.8% respecto a 2015 (Mena, 2026).
  • Estados con mayor presencia. Según datos del INEGI (2020), los estados con más población nacida en Estados Unidos son: Baja California, Chihuahua, Jalisco, Tamaulipas y Sonora, seguidos por Michoacán y Guanajuato.
  • Zonas tradicionales de retiro. El lago de Chapala, San Miguel de Allende, Los Cabos, Puerto Vallarta y el corredor Tijuana-Ensenada concentran comunidades estadounidenses desde hace décadas. En San Miguel de Allende, cerca del 10% de la población total son estadounidenses (Navarro, 2025).
  • Zonas emergentes. La Ciudad de México, especialmente las colonias Roma, Condesa, Juárez y Cuauhtémoc, se ha convertido en el nuevo punto de concentración de nómadas digitales y trabajadores remotos (Infobae, 2025).

Detrás de cada cifra hay una historia: personas que vendieron su casa, dejaron su trabajo o se despidieron de su familia para empezar de nuevo en otro país. Los números de la migración estadounidense a México no solo indican cuántos son, sino dónde se concentran y cómo transforman los territorios que habitan. Conocer las estadísticas y las zonas de mayor presencia permite dimensionar el fenómeno y entender por qué ciertos barrios y ciudades se han convertido en epicentros de esta convivencia.

Ventajas y desventajas para los estadounidenses

Migrar a México no es una experiencia uniforme. Para algunos representa una mejora sustancial en su calidad de vida; para otros, una sucesión de frustraciones y añoranzas. Las ventajas y desventajas que enfrentan los estadounidenses que se quedan a vivir en México dependen de múltiples factores: su nivel de ingresos, su dominio del español, su disposición a adaptarse y el tipo de comunidad donde se establecen. Reconocer ambas caras permite comprender que la migración, incluso desde el privilegio, tiene un costo emocional y cultural.

Ventajas:

  • Mayor poder adquisitivo. La misma pensión rinde mucho más en México (Navarro, 2025).
  • Acceso a servicios médicos. La atención privada es más barata y más rápida (Navarro, 2025).
  • Clima y calidad de vida. El ritmo más lento y el clima cálido resultan atractivos.
  • Comunidad de compatriotas. En muchas ciudades ya existen redes de apoyo entre estadounidenses.

Desventajas:

  • Choque cultural. Desde el idioma hasta las normas sociales, la adaptación es constante y agotadora.
  • Barreras burocráticas. Trámites de residencia, apertura de cuentas bancarias y requisitos de arrendamiento resultan complicados.
  • Crisis de identidad. Muchos rechazan ser llamados «inmigrantes» y prefieren «expat», lo que revela una tensión no resuelta.
  • Costo emocional. La distancia con hijos y nietos pesa, aunque México esté cerca.

Las ventajas económicas y de calidad de vida son innegables y explican por qué tantos deciden quedarse. Pero las desventajas —el choque cultural, las barreras burocráticas, la crisis de identidad y el costo emocional de la distancia— muestran que migrar nunca es solo una decisión financiera. Es un proceso que exige adaptación constante y que confronta al migrante con preguntas profundas sobre quién es y a dónde pertenece.

Ventajas y desventajas para los mexicanos

La llegada de estadounidenses a México no solo transforma la vida de quienes migran; también impacta a las comunidades que los reciben. Para algunos mexicanos, esta presencia representa una oportunidad económica y un puente cultural. Para otros, significa el encarecimiento de la vivienda, la transformación de sus barrios y la sensación de que su entorno deja de pertenecerles. Reconocer ambas caras es indispensable para entender por qué el fenómeno genera reacciones tan encontradas.

Ventajas:

  • Dinamismo económico. El consumo de los migrantes activa restaurantes, servicios y el sector inmobiliario.
  • Intercambio cultural. Algunos mexicanos aprenden inglés y conocen otras formas de vida.
  • Empleo. El sector de servicios dirigido a esta población genera trabajo local.

Desventajas:

  • Gentrificación y crisis de vivienda. En la colonia Juárez, entre 2010 y 2020, la población pasó de 10,166 a 8,542 habitantes: se perdieron 1,524 residentes y 771 viviendas (Síntesis Informativa, 2026). En la Ciudad de México, cerca de 89,000 personas han sido desplazadas por la gentrificación (SPR Informa, 2024).
  • Aumento de rentas. En la zona Condesa, el precio promedio de renta aumentó un 60% entre 2021 y 2024 (SPR Informa, 2024). El caso de Samara ilustra esta presión: su renta pasó de 11,000 a 35,000 pesos (SPR Informa, 2024).
  • Erosión cultural. Tiendas tradicionales son reemplazadas por cafés de moda y el inglés domina el espacio comercial.
  • Sensación de injusticia. Un estadounidense entra a México sin visa y se queda meses; un mexicano necesita visa hasta para una visita corta (Navarro, 2025).

La llegada de estadounidenses a México no solo transforma la vida de quienes migran; también impacta a las comunidades que los reciben. Para algunos mexicanos, esta presencia representa una oportunidad económica y un puente cultural. Para otros, significa el encarecimiento de la vivienda, la transformación de sus barrios y la sensación de que su entorno deja de pertenecerles. Reconocer ambas caras es indispensable para entender por qué el fenómeno genera reacciones tan encontradas.

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Lo que más les cuesta entender de la cultura mexicana

Aprender español es solo el primer escalón. Lo que verdaderamente desafía a los estadounidenses que se quedan a vivir en México es descifrar los códigos no escritos de la convivencia: por qué se usan albures, por qué la comida tiene un valor casi sagrado, por qué el Día de Muertos no es Halloween, por qué las fiestas patrias conmueven hasta las lágrimas. Estas prácticas no se aprenden en un libro; se absorben con el tiempo, la observación y la humildad de aceptar que uno es un aprendiz permanente.

  1. Las fiestas religiosas. La fiesta de la Virgen de Guadalupe (12 de diciembre) no es solo un acto religioso: es un eje de la vida social. Muchos estadounidenses la ven como una actividad «opcional», cuando para los mexicanos es parte de su identidad.
  2. La comida y el picante. La comida mexicana tiene un valor simbólico enorme. Saber preparar un platillo típico es motivo de orgullo; no saber hacerlo puede causar vergüenza. Adaptarse al picante no es solo cuestión de gusto, sino de participar en un ritual cultural.
  3. El uso de los albures. Los albures son juegos de palabras con doble sentido, casi siempre sexuales, que funcionan como lubricante social. No entenderlos significa quedarse fuera de la conversación y de la complicidad.
  4. El Día de Muertos. Para un estadounidense, «celebrar la muerte» es extraño. Una madre estadounidense contó que la tarea escolar de su hijo pedía llevar una «pulsera tricolor elaborada con lluvia» y no entendía nada: «¿La lluvia no es un fenómeno del clima?». En México, «lluvia» también es el nombre del hilo metálico para decorar. Y el Día de Muertos no es «el Halloween mexicano»: es una forma distinta de relacionarse con la muerte.
  5. Las fiestas patrias. El 16 de septiembre y el 20 de noviembre tienen una carga nacionalista intensa. Los estadounidenses que celebran su 4 de julio en Mazatlán, con máscaras y banderas, viven una experiencia curiosa: celebran su patria en tierra ajena.
  6. La Navidad. Las posadas, los tamales, el ponche y el recalentado son parte de un ritual colectivo que va más allá de la fecha religiosa.
  7. El ritmo del tiempo. Una estadounidense describió su desconcierto: «Aquí todo es más relajado, nadie tiene prisa. La gente puede quedarse horas en un restaurante después de comer, platicando. En mi tierra, uno come y se va» (Navarro, 2025). No es «falta de puntualidad»: es otra forma de entender el tiempo y la convivencia.
  8. El papel de la familia. La familia mexicana suele ser extensa, presente y central. Los estadounidenses pueden pasar años sin ver a sus parientes sin que eso sea un problema; en México, esa distancia resultaría impensable.
  9. La distancia social. El 43.2% de los mexicanos se siente «lejano» a la forma de ser y pensar de los estadounidenses, mientras que solo el 14.1% se siente «cercano» (Mitofsky, 2025). Esta percepción de distancia cultural es mutua y dificulta la integración.

Lo que más cuesta entender no es la cultura mexicana en abstracto, sino su lógica interna: el sentido del tiempo, el papel de la familia, el humor como complicidad, la muerte como celebración. Los estadounidenses que logran atravesar esa barrera descubren que la adaptación no consiste en renunciar a quiénes son, sino en ampliar su repertorio cultural. Los que no lo logran quedan atrapados en una burbuja donde el español alcanza para pedir café, pero no para sentirse en casa.

La mirada mexicana: entre la bienvenida y el rechazo

La percepción de los mexicanos sobre los estadounidenses que se quedan a vivir en México es ambivalente y ha cambiado con los años.

En 2025, una encuesta reveló que el 54% de los mexicanos tiene una opinión «mala o muy mala» de los estadounidenses que vienen a vivir a México, frente a un 37% con opinión positiva (El Financiero, 2025). Sin embargo, la misma encuesta muestra que el 57% de los mexicanos estaría dispuesto a vivir en Estados Unidos si pudiera, una contradicción que revela el deseo de migrar y, al mismo tiempo, la molestia por recibir migrantes (El Financiero, 2025).

Desde la psicología social, un estudio sobre orientaciones aculturativas encontró que los mexicanos esperan que los estadounidenses mantengan separación en las esferas públicas (política, medios, educación) e integración en las esferas privadas (familia, amistad, vecindario) (Golińska & Kwiatkowska, 2024). Es decir, el mexicano promedio no rechaza al estadounidense como persona, pero sí espera que no imponga su cultura en los espacios colectivos.

Esta ambivalencia se expresa en la vida cotidiana. En Tijuana, la presencia estadounidense lleva décadas integrada. Jodi Cilley, que vive allí desde hace más de veinte años, dice: «El cambio ha sido lento, con el tiempo. La gente ya se acostumbró» (Navarro, 2025). En la Ciudad de México, en cambio, el crecimiento acelerado ha generado protestas. En 2026, cientos de personas marcharon con consignas como «Gringo, go home!» y «Mexico for Mexicans» (Navarro, 2025).

Alternativas de solución

Para las políticas públicas:

  1. Protección de vivienda. Regular los alquileres de corta estancia y crear incentivos para que los propietarios mantengan inquilinos de largo plazo. El desplazamiento de 89,000 personas en la Ciudad de México exige respuestas urgentes (SPR Informa, 2024).
  2. Equidad fiscal. Exigir a los residentes extranjeros el cumplimiento claro de sus obligaciones fiscales.
  3. Planeación urbana. Evitar que los barrios históricos se conviertan en zonas exclusivas para turistas o migrantes con alto poder adquisitivo.

Para los migrantes estadounidenses:

  1. Aprender español en serio. No solo para pedir en un restaurante, sino para conversar, entender chistes y participar.
  2. Participar en la vida local. Comprar en tiendas del barrio, asistir a fiestas comunitarias, conocer a los vecinos.
  3. Aceptar la identidad de inmigrante. No es una ofensa; es una realidad compartida con millones de personas en el mundo.
  4. Informarse sobre la historia y las costumbres. Entender por qué el 16 de septiembre importa, qué significa el Día de Muertos, por qué se usan albures.

Para la sociedad mexicana:

  1. Distinguir entre el individuo y el fenómeno. No todo estadounidense es responsable de la gentrificación, pero la gentrificación es real.
  2. Abrir espacios de diálogo. Como dijo un funcionario tras las protestas de 2026: «Siempre hay manera de dialogar, de sentarse en la mesa» (Navarro, 2025).
  3. Evitar la xenofobia. La respuesta al privilegio no puede ser el odio, sino la exigencia de equidad.
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Conclusiones

La migración de estadounidenses a México es un fenómeno creciente, complejo y lleno de contradicciones. Por un lado, trae dinamismo económico, intercambio cultural y diversidad. Por otro, genera presión sobre la vivienda, transforma barrios y produce tensiones sociales legítimas.

La adaptación cultural no se resuelve con clases de español. Se resuelve con tiempo, humildad y participación. Entender por qué se usan albures, por qué la comida tiene un valor simbólico, por qué el Día de Muertos no es Halloween, por qué las fiestas patrias conmueven: todo eso es parte de un aprendizaje que no termina.

Del lado mexicano, la respuesta no puede ser ni la sumisión ni el rechazo. Se trata de reconocer el derecho de cualquiera a vivir en México, pero también el derecho de los mexicanos a conservar sus barrios, sus costumbres y su dignidad.

Al final, la pregunta esencial no es si los estadounidenses son bienvenidos. La pregunta es si están dispuestos a pertenecer. Y pertenecer no se compra con dólares: se construye con presencia, respeto y raíces.

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  • El Financiero. (2025, 28 de julio). ¿Buena o mala? Esta es la opinión de los mexicanos sobre los estadounidenses en México. PolíticoMX. https://polls.politico.mx/2025/07/29/buena-o-mala-esta-es-la-opinion-de-los-mexicanos-sobre-los-estadounidenses-en-mexico/
  • Golińska, A., & Kwiatkowska, A. (2024). Orientaciones aculturativas de los mexicanos hacia migrantes provenientes de Estados Unidos, Francia, Polonia, España, Corea del Sur y Ecuador. Studia Migracyjne – Przegląd Polonijny, 2024(1), 167–195. https://doi.org/10.4467/25444972SMPP.24.009.19679
  • Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2020). Censo de Población y Vivienda 2020. INEGI.
  • Mena, R. (2026, 15 de mayo). The hidden immigration crisis: Americans living illegally in Mexico. Parriva. https://www.parriva.com/americans-living-illegally-in-mexico/
  • Milenio. (2026, 20 de febrero). Redadas en EU disparan «éxodo silencioso» a México. https://amp.milenio.com/negocios/nomadas-digitales-hijos-migrantes-temen-cruzar-frontera-de-eu
  • Mitofsky. (2025, 6 de agosto). Relación México–EUA: Deseo de vivir allá, pero percepción crítica del TMEC. https://www.mitofsky.mx/post/relacion-mx-eua-jul25
  • Navarro, L. (2025, 11 de octubre). Are Americans welcome in Mexico? A tale of two cities. The Press Democrat. https://www.pressdemocrat.com/2025/10/11/navarro-are-americans-welcome-in-mexico-a-tale-of-two-cities/
  • SPR Informa. (2024, 23 de noviembre). Reportaje 14: Gentrificación; la destrucción de la vida comunitaria. https://www.sprinforma.mx/ver/cdmx/reportaje-14-gentrificacion-la-destruccion-de-la-vida-comunitaria
  • Síntesis Informativa. (2026, 11 de agosto). Desplazamiento y gentrificación en la colonia Juárez. Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. https://www.jefaturadegobierno.cdmx.gob.mx/storage/app/media/Sintesis%20digital/11-08-26-sintesis-informativa-gcdmx.pdf
  • United Nations Department of Economic and Social Affairs. (2024). International migrant stock 2024. https://migranto.io/country/mexico/immigrants
Juan Antonio Barrera

Psicólogo terapeuta individual y de pareja. Ha sido, durante más de 16 años, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (México D. F.) en el área de Psicología. Participa como conferenciante en su país y el extranjero, también destaca como especialista en televisión, radio y otros medios. Es escritor de varios libros.