Estrés y salud

Todos sabemos que el estrés tiene su función y que nos ayuda al grado de salvarnos la vida, pero también puede amargárnosla a tal punto que nuestra salud se vea afectada gravemente. En el siguiente artículo te explicamos las diez maneras más sorprendentes en que el estrés afecta a nuestra salud, complementado con dos interesantes vídeos para que sea más visual y divertido, y también te dejaremos algunos recursos muy prácticos para hacerle frente.

El estrés es término que muchas personas utilizan para describir un estado en que las exigencias de la vida se vuelven demasiado grandes como para afrontarlas. Estas circunstancias varían para cada uno, lo que uno ve como estresante al otro puede no parecerlo. Lo que es invariable es que el estrés aparecerá cuando surjan cambios en nuestra vida, y puede salvarnos o amargarnos la vida a tal punto de sufrir importantes problemas de salud.

El estrés tiene su función. Lo que en principio era un mecanismo para la supervivencia dejaría de serlo si no tuviera un interruptor para apagarlo. El sistema simpático no puede estar constantemente activado. Si no apagamos la respuesta de estrés terminaríamos agotados y nuestro sistema biológico terminaría por quebrantarse y desarrollar dolencias y enfermedades. Es lo mismo que si conducimos un coche y lo mantenemos acelerado, sin parar y durante días. Terminaría por calentarse y estropearse.

Todo esto debe ser visto como un proceso continuo de adaptación activa al ambiente mediante mecanismos psico-neuro-endocrinos. En éste sistema la corteza cerebral tiene una función integradora al más alto nivel, sirve de transductora de estímulos psicosociales al transformar los cambios en neurotransmisores de hormonas y de otros procesos fisiológicos.

A veces no solemos darnos cuenta que estamos bajo estrés hasta que éste comienza a “hacer de las suyas”. Es importante reconocer al estrés antes de que se escape de nuestro control ya que puede afectar de forma negativa nuestra salud. De hecho, La American Psychological Association advierte que Estados Unidos, por ejemplo, es una nación al borde de una crisis de salud pública inducida por el estrés.

Hipertensión arterial

Es una sensación que todos hemos sentido. Vas a hacer una presentación y tu corazón comienza a golpear como si se te fuera a salir del pecho. Tu amígdala, la parte del cerebro que ayuda con el procesamiento emocional, ha enviado una señal de alarma a tu hipotálamo. Actuando como mando central, el hipotálamo ha activado tu sistema nervioso autónomo para liberar adrenalina (también conocida como epinefrina) de las glándulas suprarrenales hacia tu torrente sanguíneo. Como resultado, tu corazón bombea más rápido y así los picos de presión arterial.  Si este estrés se repite al final resultará en una hipertensión arterial.

Ataque cardíaco y accidente cerebrovascular

Además indirectamente aumentan tus probabilidades de enfermedades del corazón y derrame cerebral al incrementarse la presión arterial. El estrés persistente puede aumentar directamente ese riesgo mediante el incremento de los niveles de productos químicos pro-inflamatorias en el organismo llamadas citoquinas. La inflamación puede, a su vez, dañar el revestimiento de los vasos sanguíneos. Los científicos saben ahora que este es un primer paso en el desencadenamiento del proceso de la aterosclerosis, la acumulación de placa en nuestras arterias.

Aumento del apetito

Cuando estás constantemente bajo estrés, tu cuerpo trata de proveerte de combustible para el siguiente desafío. Después de la liberación de adrenalina, la segunda parte de nuestra respuesta al estrés, el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, provoca que las glándulas suprarrenales secreten cortisol. Mejor conocida como la hormona del estrés, el cortisol no sólo mantiene nuestra respuesta al estrés activada, también aumenta el apetito. Peor aún, le dice a tu cuerpo que abastezca nuestras reservas de energía con alimentos muy calóricos, como  carbohidratos. El único problema es que no hay oso, no hay grandes calorías que tengamos que quemar, así que esos deseo de picotear traducidos en calorías extras, pues…kilitos extra (si no nos cuidamos).

La grasa del vientre

Durante la respuesta al estrés, tu cuerpo se nutre de las células de grasa como otra fuente de energía. Los triglicéridos son liberados en el torrente sanguíneo, y si no son utilizados, redistribuidos en forma de grasa del vientre.

Junto con el cortisol, los científicos creen que el neuropéptido Y (NPY), un neurotransmisor que regula el almacenamiento de energía, pueden ser los responsables de la grasa acumulada en el vientre. En situaciones de estrés, NPY envía señales al abdomen para almacenar la grasa del vientre. Una razón posible es que la grasa visceral se convierte más fácilmente en energía que la grasa en los muslos y las nalgas. Pero, claro, la acumulación de grasa abdominal, es peligrosa. La grasa visceral es capaz de liberar las hormonas que aumentan la inflamación y el riesgo de enfermedades crónicas como las enfermedades del corazón y la diabetes.

Resistencia a la insulina y la diabetes

La insulina es una hormona que se encuentra en un “tira y afloja“ con el cortisol. La insulina ayuda a las células musculares a absorber la glucosa de la sangre y ayuda a las células grasas a que almacenen energía. El cortisol hace lo contrario, obtiene energía rápida para tu cuerpo durante el estrés. Bajo un estrés crónico, el cortisol frustra la acción de la insulina, y hace que las células sean resistentes a la insulina. La resistencia a la insulina conduce a una mayor circulación de azúcar en la sangre y diabetes mellitus.

El reflujo de ácido y las úlceras

El cerebro y el intestino están íntimamente conectados. El intestino contiene su propio sistema nervioso, o “mini cerebro”, el cual se comunica con el cerebro a través del sistema nervioso autónomo y el eje hipotálamo-pituitario-adrenal. El estrés aumenta la sensibilidad al reflujo ácido. Así que incluso si no cambia la cantidad de ácido seríamos más propensos a sentir ardor de estómago. La gastritis, el reflujo y las úlceras se producen a menudo por una sobreproducción de ácido gástrico, la misma secreción puede favorecer la inflamación del revestimiento gástrico.

Disfunción del sistema inmune

Confrontado por el estrés, tu  sistema inmunológico es llamado a la acción. Las células inmunes se preparan para luchar contra los invasores, y curar en caso de lesión. El estrés crónico continúa hasta liberar las células inflamatorias necesarias en el proceso de curación. El cortisol puede frenar la producción y acción de las citoquinas, encargadas de iniciar la respuesta inmunológica con lo cual aumenta la susceptibilidad a infecciones tales como el resfriado común.

Pérdida de la memoria

El hipocampo, una región cerebral importante para la memoria, es una de las partes del cerebro que es más vulnerable al estrés. En notable estudios en animales, el estrés crónico puede causar que el hipocampo pierda  neuronas, y reducir el tamaño del cerebro. También puede alterar las vías de comunicación, o sinapsis. Estos cambios pueden poner en peligro su capacidad de aprender y recordar. El estrés crónico también puede acelerar la pérdida de memoria y deterioro cognitivo.

La ansiedad, la agresividad y la enfermedad mental

Numerosos estudios han demostrado una correlación entre el estrés crónico y el desarrollo de los trastornos del estado de ánimo. El cómo sucede no es del todo claro. El estrés crónico puede agrandar la amígdala, la región del cerebro involucrada en el miedo, la ansiedad y la agresión. Los estudios en animales también muestran que el estrés crónico puede cambiar las vías de conexión en el cerebro. Un camino más fuerte hacia el centro del miedo podría estar detrás de una respuesta de miedo intensificado. Y un camino más débil para la toma de decisiones puede explicar el comportamiento impulsivo.

Acortar los años de vida

Además de aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades que acortan nuestros años de su vida, el estrés crónico puede reducir directamente la longevidad al dañar partes críticas de nuestro ADN llamados telómeros. Los telómeros son estructuras especializadas situadas en los extremos de los cromosomas, que los protegen de posibles fusiones y degradación, con lo que se garantiza la estabilidad de los cromosomas y viabilidad de las células.  Cada vez que una célula se divide, los telómeros se acortan. Cuando los telómeros se vuelven demasiado cortos, una célula ya no puede dividirse, y por lo tanto muere.

Se ha encontrado que las personas que viven con estrés crónico tienen telómeros más cortos. Un estudio realizado en 2004 entre mujeres que cuidan a un niño enfermo crónico mostró que aquellos que sentían más estrés tenían telómeros más cortos que eran en promedio el equivalente a una década de envejecimiento en comparación con las madres que sentían menos estrés.

Qué podemos hacer

En lugar de tratar de eliminar el estrés, que es una parte ineludible de la vida cotidiana, podemos construir nuestra capacidad de resistencia al estrés, ya sea cambiando la forma en que percibimos los eventos estresantes o reforzando nuestros recursos personales.  

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Karemi Rodríguez
Psicóloga colegiada. Máster en Psicóloga General Sanitaria por la Universidad Europea de Madrid, Graduada en Psicología con Mención en Trastornos Mentales y del Comportamiento por la UNED, experta en Psicología Clínica y Psicoterapia en Adultos, especialista en Psicología de Emergencias, Catástrofes y Pérdidas Personales por la ISFAP. Psicóloga Psicoterapeuta en PsicoKlinic (http://www.psicok.es/psicoklinic).

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