Nuestra memoria tiene que resolver constantemente un pequeño problema: recordar los detalles que hacen diferente una experiencia sin perder de vista aquello que ya conocemos. Por ejemplo, podemos reconocer una habitación aunque hayan cambiado algunos muebles, pero también necesitamos darnos cuenta de que un objeto está en un lugar distinto o distinguir dos situaciones que se parecen mucho.
Un estudio del Instituto de Neurociencias, centro mixto de la Universidad Miguel Hernández de Elche y el CSIC, ha identificado un mecanismo cerebral que ayuda a mantener ese equilibrio entre incorporar información nueva y conservar recuerdos estables. Los investigadores han descubierto que la actividad de determinadas neuronas del hipocampo influye en nuestra capacidad para detectar pequeñas diferencias entre experiencias similares, pero también en la estabilidad con la que se guarda esa información.
Y es que recordar bien no consiste simplemente en almacenar todos los detalles posibles, sino en saber cuáles son importantes y cuáles pueden cambiar sin que dejemos de reconocer una experiencia.
Por qué la memoria necesita ser flexible y estable al mismo tiempo
Aunque solemos imaginar la memoria como una especie de archivo donde guardamos lo que nos ocurre, en realidad funciona de una manera bastante más dinámica, porque los recuerdos se construyen a partir de distintas informaciones y se relacionan con experiencias anteriores que nos ayudan a interpretar lo que estamos viviendo.
Pensemos, por ejemplo, en una persona que visita habitualmente una cafetería. Cada día encuentra pequeñas diferencias: alguien se ha sentado en otra mesa, hay una decoración nueva o han cambiado algunos objetos de sitio, pero su cerebro sigue reconociendo el establecimiento como un lugar familiar. Sin embargo, si un día deja las llaves sobre una mesa distinta, necesita recordar ese cambio concreto para encontrarlas después.
En situaciones como esta intervienen dos capacidades que parecen contrarias, pero que en realidad se complementan. Por un lado, la memoria necesita cierta flexibilidad para incorporar novedades y diferenciar experiencias que se parecen mucho; por otro, también necesita estabilidad para que cualquier pequeño cambio no altere por completo lo que ya sabemos.
Si el cerebro fuera demasiado sensible a las diferencias, cada experiencia ligeramente distinta podría registrarse como algo completamente nuevo, mientras que si fuera demasiado rígido nos costaría reconocer los cambios importantes y podríamos acabar confundiendo situaciones parecidas.
Una de las regiones fundamentales para conseguir este equilibrio es el hipocampo, una estructura cerebral que participa en la formación de nuevos recuerdos y en la relación entre los distintos elementos de una experiencia. Dentro de ella se encuentra el giro dentado, una zona especialmente importante para distinguir informaciones similares y evitar que unas experiencias se mezclen con otras.
Precisamente ahí es donde los investigadores han encontrado una de las claves de este mecanismo, ya que han comprobado que determinadas neuronas pueden regular hasta qué punto el cerebro presta atención a las diferencias o mantiene una representación más estable de lo que está recordando.
Qué sucede al modificar la actividad neuronal
Para estudiar este proceso, el equipo trabajó con ratones y modificó experimentalmente la actividad de unas neuronas inhibitorias del giro dentado. Estas células tienen una función reguladora, porque ayudan a controlar la actividad de otras neuronas y evitan que los circuitos cerebrales se activen de forma excesiva o indiscriminada.
Los investigadores observaron cómo respondían los animales cuando se introducían pequeños cambios en su entorno, aprovechando que los ratones sienten curiosidad por las novedades y tienden a explorar aquello que les resulta diferente. De esta manera podían comprobar si recordaban la posición anterior de determinados objetos y si eran capaces de reconocer que algo había cambiado.
Los resultados mostraron que cuando se reducía la actividad inhibitoria, los ratones distinguían mejor los cambios pequeños, incluso cuando un objeto se había desplazado muy poco respecto a su posición anterior. En cambio, cuando aumentaba esa inhibición, el cerebro se volvía menos sensible a las diferencias y mantenía representaciones más estables.
A primera vista podríamos pensar que reducir la inhibición siempre sería beneficioso, porque permitiría recordar más detalles, pero los investigadores comprobaron que la situación es bastante más compleja. Para entenderlo mejor utilizaron un modelo computacional que simulaba cómo se forman y recuperan los recuerdos, y observaron que el nivel de inhibición más adecuado dependía de la cantidad de información que el sistema tenía que manejar. Cuando había pocos elementos que recordar, una menor inhibición favorecía la precisión, pero cuando aumentaba la información, una mayor inhibición ayudaba a evitar interferencias entre recuerdos.
Esto significa que el cerebro necesita ajustar continuamente su funcionamiento, porque una mayor sensibilidad permite detectar mejor las novedades, pero también puede hacer que los recuerdos sean más vulnerables a confundirse cuando tenemos demasiada información.
Los investigadores comprobaron estas predicciones con nuevas tareas en las que los ratones tenían que aprender asociaciones entre objetos, posiciones y distintos entornos, observando que el efecto aparecía durante la formación inicial del recuerdo, cuando el cerebro estaba registrando la información, y no durante su recuperación posterior.
Qué significa este descubrimiento para nuestra memoria
Una de las aportaciones más interesantes del estudio es que ayuda a entender por qué recordar con precisión no depende simplemente de activar más neuronas o de registrar toda la información posible. El cerebro necesita regular qué detalles incorpora y cómo los relaciona con lo que ya conoce, evitando que las experiencias nuevas interfieran constantemente con los recuerdos anteriores.
Este equilibrio resulta especialmente importante en situaciones cotidianas donde manejamos información parecida, como recordar dónde hemos aparcado el coche hoy y no confundirlo con el lugar donde lo dejamos ayer, distinguir conversaciones mantenidas con distintas personas o reconocer qué objetos han cambiado de sitio en una habitación familiar.
También permite comprender mejor por qué la memoria no es un sistema fijo, sino que necesita adaptarse a las circunstancias. En algunas situaciones interesa detectar diferencias muy pequeñas, mientras que en otras resulta más útil conservar una visión general y no prestar demasiada atención a cambios sin importancia.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el estudio se realizó en animales y todavía no sabemos cómo regula el cerebro humano este equilibrio en condiciones naturales. Los investigadores han identificado la importancia de las neuronas inhibitorias del giro dentado, pero aún tienen que averiguar qué señales hacen que su actividad aumente o disminuya según las necesidades del momento.
Aun así, comprender estos mecanismos puede ayudar en el futuro a investigar qué ocurre cuando la memoria pierde precisión, aparecen interferencias frecuentes o existen dificultades para distinguir acontecimientos similares, algo que también podría aportar información sobre determinados trastornos neurológicos.
Recordar bien no consiste en conservar cada detalle con la máxima intensidad, sino en encontrar un equilibrio entre lo nuevo y lo conocido. Nuestra memoria necesita ser lo bastante flexible para aprender de lo que cambia y lo bastante estable para no confundir continuamente nuestras experiencias, y este estudio ha permitido conocer mejor uno de los mecanismos cerebrales que hacen posible esa combinación.
- Pérez-Montoyo, E., Caramés, J. M., García-Hernández, R., Peralta-Cañadas, M., Canals, S., & Marcos, E. (2026). Inhibitory tone in the dentate gyrus dynamically prioritizes memory flexibility or stability by tuning a sensitivity-consistency continuum. PLOS Biology, 24(8), e3003956. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003956
- Instituto de Neurociencias CSIC-UMH. (2026, 30 de septiembre). Un estudio del Instituto de Neurociencias CSIC-UMH revela cómo el cerebro equilibra la flexibilidad y la estabilidad de los recuerdos. https://in.umh-csic.es/es/un-estudio-del-instituto-de-neurociencias-csic-umh-revela-como-el-cerebro-equilibra-la-flexibilidad-y-la-estabilidad-de-los-recuerdos/

