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En qué consiste el aislamiento afectivo

El aislamiento afectivo según el psicoanálisis, es un mecanismo de defensa que consiste en aislar un pensamiento, memoria o un comportamiento, de manera que la experiencia vivida se vea despojada de su afecto o de sus asociaciones, en el intelecto o a nivel exterior. Lo que genera una disociación, por medio de la cual la persona evita “sentir” pues le ocasiona conflicto o le recuerda una experiencia dolorosa que también le produce emociones desagradables o algún displacer, incluso puede llegar a separar las ideas y memorias asociadas a lo que le genera conflicto y angustia.

Por medio de esta defensa, la persona aparta del componente afectivo asociado a una idea determinada. Una persona que fue víctima de un ataque, por ejemplo, pudiera tratar de lidiar con el conflicto tratando de ser objetivo, separando la emoción y tratando de ser descriptiva, manteniéndose apegado a los elementos cognoscitivos.

Un aislamiento afectivo sano, puede ayudar al individuo a elegir enfocar su atención en situaciones que efectivamente pueda resolver en ese momento. Como cuando se prefiere concentrarse en el estudio y la preparación para un importante examen, en vez asistir a una fiesta, pues el individuo separa la emoción y el afecto de la idea.

Un ejemplo de aislamiento afectivo es cuando alguien te cuenta una historia traumática y difícil de su vida; sin embargo, lo hace como si estuviera hablando de alguna cotidianeidad como cuando platica del clima, con cierta indiferencia y sin aparente emoción alguna, esto se da porque trata de separar el intelecto del afecto en un intento por proteger al yo de las emociones reales que el recordar ese suceso le traería. De esta forma, aunque se mantiene el recuerdo del evento en la memoria y en la conciencia, tiene una forma atenuante que le es tolerable al sujeto. Puede lograrlo a través de concentrarse en los elementos descriptivos y objetivos de la situación que le representa un conflicto.

Las relaciones de objeto

Según Sigmund Freud, la pulsión tiene su origen en el impulso, el cual tiene una base biológica. La batalla constante entre el impulso y la defensa hacen que el objeto externo sea necesario para la descarga pulsional, aunque puede resultar un contingente.

Melanie Klein y Hartmann, consideran que hay una relación entre el sujeto y el objeto, donde el primero tiene sus potencialidades innatas para la internalización. Implica los sentimientos de odio y de amor, los libidinales y agresivos con los que se distorsionan las cualidades del objeto.

La teoría de las relaciones de objeto sigue varias líneas, por lo que su definición es compleja. Sin embargo, se puede decir que “privilegian el vínculo con el objeto”. De las teorías de las relaciones de objeto surgen ciertas ideas fundamentales:

  1. Es decisiva la relación, el vínculo con la madre y luego con los padres.
  2. No se piensa en términos de impulsos que piensen descargarse (o no, exclusivamente), sino en una necesidad de contacto con el objeto primario, ya sea para seguridad, identificación, tranquilidad, unidad del self, humanización, procesos de fusión y separación, etc.
  3. La patología, sobre todo la más grave, se origina en esos estadios del vínculo inicial del bebé con la madre.
  4. El complejo de Edipo, al igual que el superyó, tienen como antecedente las etapas y necesidades de los primeros períodos de vida. Si durante dichos estadios del desarrollo, éste es adecuado y el vínculo es fortalecido sanamente el complejo de Edipo se puede resolver naturalmente al pasar a otras etapas del desarrollo.

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El aislamiento como factor de bajo rendimiento escolar

En el aspecto afectivo, el uso de esta defensa yoica de manera desmesurada puede afectar el desarrollo social y el individual, desplegar la angustia producida en la evitación de tareas que le presuponen alguna interacción social, como las actividades de: ocio, placer, entretenimiento, educación y trabajo. En el área intelectual y académica específicamente, influye en la evitación de tareas en donde tenga que interactuar con otros, en caso de que la persona asista a la escuela, puede evitar hacer dinámicas de grupo y exposiciones, lo cual le puede ocasionar un menor rendimiento académico. Cuando se llega a complicar demasiado, puede derivarse en deserción escolar.

El aislamiento puede ser una defensa a la que se recurra desde la infancia, se puede establecer en el niño desde la primera infancia con su objeto amoroso, especialmente cuando percibe el contacto con ese objeto como amenazante o peligroso, por eso, lo separa del afecto. Esto puede derivarse en conductas de aislamiento tanto en casa como en la escuela, por lo requiere que se le ponga especial atención. La orientación psicológica puede ser de gran ayuda para los padres, pues les sirve para conocer algunas herramientas y estrategias que pueden emplear para modificar estos comportamientos de manera temprana y oportuna, antes de que tengan más efectos nocivos en la salud del niño y su desarrollo social.

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¿Soledad o aislamiento?

La soledad es una apreciación subjetiva, puede derivarse de la carencia de relación cercana o vínculos con figura de apego, ya sea de manera real o percibida, una persona se puede sentir sola y estar rodeada de gente; mientras que el aislamiento tiene elementos más objetivos y conductas que se pueden apreciar, por lo que son susceptibles de ser cuantificadas y medidas. En algunos casos, llega a tales grados que el individuo no tiene personas con las cuales compartir sus alegrías y sus tristezas, a la vez, carece del apoyo y soporte que suelen dar las redes sociales y el estar afiliado a un grupo social.

El ocupar más tiempo en el mundo virtual y alejarse del mundo real y de las relaciones que se tienen cerca o alrededor, en la realidad próxima, es una clase de evasión y de aislamiento también.

Aislamiento y conductas autodestructivas

Las defensas típicas de las neurosis obsesivas protegen contra la conducta impulsiva, la delincuencia o los colapsos esquizofrénicos; tienen un efecto estabilizador. Asimismo, impiden que la regresión continúe hasta niveles anteriores a la etapa presente, evitando así, la extensión de la patología”. Anna Freud

Los pacientes que padecen una enfermedad grave o terminal pueden intentar reducir el sufrimiento por medio del aislamiento afectivo, tratar de alejarse y no apegarse a protocolos que les pudieran ayudar a mejorar su calidad de vida.  Otro motivo más, por el cual es importante que reciban un tratamiento multidisciplinar que incluya el acompañamiento psicoterapéutico, ya que se les pueden brindar herramientas para aceptar su enfermedad, así como contenerlo a través del curso de esta y de las etapas propias de su padecimiento.

Cuando la persona trata de tener control sobre sus impulsos, se puede volver muy rígida, quizás desee imponer ese control sobre los demás, lo cual puede generar hostilidad reprimida o estallidos de ira, debido a la excesiva presión que le impone el conflicto intrapsíquico, y al no poder controlar todas las circunstancias puede generar frustración y más antagonismo, es común que se deriven en neurosis obsesivo-compulsivas, falta de regulación emocional, problemas de estrés y ansiedad.

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¿Cuándo la condición de aislamiento puede requerir de atención psicológica?

Algunas personas que tienden a aislarse pueden parecer hostiles, sin embargo, a menudo se debe a intensas necesidades de afecto, mismas que pueden tratar de satisfacer a través de desarrollar ciertas conductas que pueden ser destructivas para su salud.

Una manera de aislamiento afectivo es poner tiempo y espacio entre las ideas y asociaciones de modo que no generen más angustia a la persona. El intervalo temporal podría asociarse alguna conducta neurótica compulsiva, como realizar rituales en los que la persona emplea mucho tiempo y energía, pero que los percibe como necesarios para liberar cierta ansiedad.

Comer en exceso o dejar de comer adecuadamente (trastornos alimentarios), las modificaciones en los hábitos de sueño, el exceso de trabajo, el uso y abuso de drogas tanto las lícitas como las ilícitas, el terminar con relaciones saludables, la actividad sexual descuidada, pueden ser indicadores de que se requiere intervención.

Algunas de las conductas disfuncionales de la persona que utiliza el aislamiento afectivo desmesuradamente pudieran ser:

  • Trata de evitar el contacto y las relaciones con otras personas.
  • Aislamiento social.
  • Pensamiento desiderativo: ver lo que se “quiere ver” únicamente.
  • Rumiación de pensamientos destructivos hacia los demás y él mismo, la reevaluación negativa constante en vez de que esto funja como una confrontación adaptativa.
  • Confrontación desadaptativa: asociada con la falta de regulación emocional y afectiva.

Del aislamiento afectivo a otros trastornos

Este mecanismo defensivo consiste en la disociación primaria entre vínculos de amor y vínculos agresivos. Tiende a apuntalarla y mantenerla, evitando que los pares de disociados se unan en la fantasía o en la realidad pues dicha unión significaría la desorganización del yo fantaseada como caos o locura”. Melanie Klein

El aislamiento afectivo puede implicar una serie de conductas de evitación, en donde el individuo, en casos graves, puede evitar la interacción social, pues le ocasiona demasiada angustia o ansiedad y se trata de refugiar en sí mismo, combinado con otros mecanismos de defensa muy primitivos pueden producir efectos negativos; la persona puede distanciarse física y emocionalmente de personas que aprecia y viceversa. Es muy característico en las neurosis obsesivas y compulsivas.

Sin embargo, también pueden apreciarse otra clase de padecimientos más graves pues impiden la funcionalidad y el desarrollo adecuado del individuo en sus diferentes contextos, especialmente cuando se sobreexplota este mecanismo como recurso protector. Es el caso del trastorno de ansiedad generalizada, las crisis de angustia o ataques de pánico, el trastorno obsesivo-compulsivo; incluso en algunos pueden florecer los trastornos alimentarios. Cuando están bajo la represión la ansiedad y las emociones de manera constante, el desgaste psíquico es muy grande, y puede quedar muy poca energía disponible para las actividades normales y convenientes para el sujeto.

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El aislamiento afectivo y las fobias

La anulación retroactiva al pensamiento mágico remite sin duda a una fobia de contacto”. Sigmund Freud

Cuando la persona evita el trabajo o las actividades que le impliquen contacto con otras personas, como la escuela, por ejemplo; cuando evita crear vínculos con otras personas más allá de la superficialidad, por temor a ser: avergonzado, criticado, ridiculizado o rechazado, puede ser que haya desarrollado un trastorno de la personalidad por evitación. Se debe brindar atención psicológica pues muchos de estos padecimientos pueden traer consecuencias para la persona que la sufre y derivarse en el desarrollo de agorafobia, fobia social u otras fobias, las cuales pudieran tener su génesis en parte, precisamente en la separación del objeto con el afecto, como mecanismo de defensa del yo.

Conclusión

Mediante el mecanismo denominado aislamiento afectivo, el sujeto separa el afecto del intelecto. Separar ciertas emociones puede ser una estrategia efectiva, cuando se requiere hacer una gestión adecuada de las emociones, emplear esta herramienta de manera “sana” y no en exceso, puede ser benéfico para la persona, pues de esa forma, el individuo puede concentrar sus esfuerzos y energías en sus objetivos y metas, en vez de hacer sólo lo que dese. La confrontación en ocasiones es adaptativa, porque se asocia a la expresión regulada de las emociones y a la asertividad dentro de la comunicación. Ser cuidadosos, ordenados y sistemáticos puede ser benéfico, cuando no se cae en el exceso, la persona puede emplear estos rasgos para mantener su equilibrio.

Es común que se recurra a este mecanismo defensa, frecuentemente se encuentra como recurso en los trastornos obsesivo-compulsivos, en otros trastornos como los de ansiedad y angustia, e incluso un desmesurado uso de esta defensiva pudiera derivarse en estados fóbicos.

Las personas que sobreexplotan este recurso pueden tratar de aislarse de los demás, liberarándose así de un poco de ansiedad y estrés. Sin embargo, se puede generar otros problemas de personalidad, así como otros trastornos graves, por lo que es importante detectar las conductas destructivas a tiempo para que sea pueda hacer una intervención oportuna.

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Referencias bibliográficas

  • Freud, Sigmund (1981). Obras completas de Sigmund Freud. Tomo III. 4a. Edición. España: Editorial Biblioteca Nueva.
  • Bleichmar, N. M.; Lieberman, C. y Cols. (1989). El Psicoanálisis después de Freud. México: Eleia Editores.
  • Hall, Calvin, S. (1990). Compendio de psicología freudiana. México: Paidós.
  • Kernberg, Otto (1991).La teoría de las relaciones objetales y el psicoanálisis clínico. México: Paidós.
Aislamiento afectivo: separando el afecto del objeto
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