Sigmund Freud fue un eminente neurólogo y psiquiatra austríaco conocido mundialmente como el fundador del psicoanálisis. Desarrolló un conjunto de técnicas terapéuticas centradas en la terapia de conversación que incluía el uso de estrategias como la transferencia, la asociación libre y la interpretación de los sueños.

Primeros años

Sigmund Freud nació en Freiberg, Moravia (en la actualidad, Příbor en la República Checa), en mayo de 1856, de padres judíos.

Su padre Jakob tenía 41 años, era comerciante de lana, y tuvo dos hijos de un matrimonio anterior. Su madre Amalié tenía 21 años cuando él nació. Debido a su intelecto precoz, sus padres lo favorecieron sobre sus hermanos desde las primeras etapas de su infancia; y a pesar de su pobreza, le ofrecieron todo para darle una educación adecuada. Debido a la crisis económica de 1857, el padre Freud perdió su negocio y la familia se mudó primero a Leipzig, Alemania, antes de establecerse en Viena, Austria. En 1865, Sigmund ingresó en Leopoldstädter Communal-Realgymnasium, una escuela secundaria de gran renombre. Freud fue un alumno sobresaliente y se graduó de la Matura en 1873 con honores.

Después de planear estudiar derecho, Freud ingresó en la facultad de medicina de la Universidad de Viena para estudiar con el darwinista Karl Claus. En ese momento, la historia de vida de las anguilas aún era desconocida, y debido a sus misteriosos orígenes y migraciones, a menudo se hacía una asociación racista entre las anguilas y los judíos y los gitanos. En busca de sus órganos sexuales masculinos, Freud pasó cuatro semanas en la estación de investigación zoológica austriaca en Trieste, diseccionando cientos de anguilas sin encontrar más que sus predecesores, como Simon von Syrski. En 1876, publicó su primer artículo sobre “los testículos de las anguilas” en Mitteilungen der österreichischen Akademie der Wissenschaften, admitiendo que él tampoco podría resolver el misterio. Frustrado por la falta de éxito que le habría ganado fama, Freud decidió cambiar su curso de estudio. Los biógrafos como Siegfried Bernfeld se preguntan si este episodio inicial fue significativo para su posterior trabajo sobre la sexualidad oculta y las frustraciones.

Posteriormente se trasladó a vivir a Viena donde estudió medicina especializándose en neuropatología, concretamente en la parálisis infantil y en los problemas del lenguaje como la afasia. Por aquellas épocas los judíos no podían trabajar en instituciones públicas como los hospitales, ni tampoco dar clases en la Universidad, por eso se situó en una consulta privada. Esto lo llevó a tratar pacientes que padecían histeria, una reacción neurótica en la cual los conflictos emocionales son convertidos en síntomas físicos como parálisis y sordera (en la actualidad, se prefiere el término trastorno de conversión al de histeria).

De la medicina a la psicología

Su paso a la psicopatología se produjo cuando conoció a Jean-Martin Charcot, médico especializado en enfermedades nerviosas, que practicaba la hipnosis para curar a las enfermas de histeria en el Hospital de Salpetriere de París. El Gobierno francés le concedió una beca a Freud para ir un año a estudiar en París y fue allí donde pudo observar cómo unas mujeres paralíticas con un síndrome histérico, se levantaban durante las sesiones de hipnosis de Charcot. Comprueba que hay un nivel mental que sigue funcionando en el inconsciente, incluso estando bajo los efectos de la hipnosis.

En un principio, Freud procuró aliviar los síntomas de la histeria con hipnosis y electroimanes, pero pronto comprobó que las “curas” así logradas eran temporales. En la búsqueda de una cura permanente inventó un instrumento psicológico para la exploración de la personalidad, denominado asociación libre gracias al cual descubrió el reino inconsciente de la vida psíquica.

Fue fundamentalmente esta exploración de la vida psíquica inconsciente de sus pacientes lo que lo inspiró para crear el psicoanálisis, realización primordial de Freud y puntal de su fama. El psicoanálisis es a la vez un método terapéutico y una teoría de la personalidad.

Junto a su amigo Joseph Breuer, que también tenía una consulta en Viena, es cuando Freud hizo su paso hacia el Psicoanálisis. Breuer trataba una paciente, Anna O. que tenía desmayos, taquicardias y problemas cutáneos, pero gracias a la hipnosis estos síntomas se iban reduciendo e incluso desaparecían. Lo que producía dichos problemas en la paciente fueron los abusos sexuales que sufrió en su infancia por un familiar. Fue a partir de aquí que Freud dijo que detrás de cada problema psicológico existe también otro problema sexual.

A sus cuarenta años, Freud tenía numerosos trastornos psicosomáticos, así como temores exagerados de morir y otras fobias. Durante este tiempo, Freud se propuso la tarea de explorar sus propios sueños, recuerdos y la dinámica del desarrollo de su personalidad. Durante este autoanálisis, se dio cuenta de la hostilidad que sentía hacia su padre (Jacob Freud), quien había muerto en 1896, y también recordó los sentimientos sexuales de su infancia por su madre (Amalia Freud), que era atractiva, cálida y protectora. Algunos consideran que este momento de dificultad emocional es el momento más creativo en la vida de Freud.

La Teoría Psicosexual de Freud

Las dos grandes temáticas que recorren la obra de Freud son el sexo y la agresión. Según su Teoría Psicosexual, el sexo es el gran tema ascendente en la vida, es la fuerza que da cuenta no sólo de la vida del individuo sino de las generaciones futuras.

Freud esperaba demostrar que su modelo era universalmente válido y, por lo tanto, volvió a la mitología antigua y la etnografía contemporánea para obtener material comparativo, así como para crear un modelo estructural de la mente que se suponía que describía la lucha de cada niño. Freud llamó a su nueva teoría el complejo de Edipo después de la famosa tragedia griega Edipo Rey de Sófocles.

Las etapas psicosexuales

Buscó anclar este patrón de desarrollo en la dinámica de la mente. Cada etapa es una progresión hacia la madurez sexual adulta, caracterizada por un ego fuerte y la capacidad de retrasar la gratificación. Utilizó el conflicto de Edipo para señalar cuánto creía que la gente desea el incesto y debe reprimir ese deseo. El conflicto de Edipo se describió como un estado de desarrollo y conciencia psicosexual. También recurrió a los estudios antropológicos del totemismo y argumentó que el totemismo reflejaba una representación ritualizada de un conflicto edípico tribal.

Freud originalmente postuló el abuso sexual infantil como explicación general del origen de las neurosis, pero abandonó esta llamada “teoría de la seducción” por no ser suficientemente explicativa, y señaló que había encontrado muchos casos en los que los recuerdos aparentes de abuso sexual infantil se basaban más en la imaginación (derivada en muchos casos de la hipnosis) que en eventos reales.

Freud también creía que la libido se desarrollaba en individuos al cambiar su objeto, un proceso codificado por el concepto de sublimación. Argumentó que los humanos nacen “polimorfamente perversos”, lo que significa que cualquier cantidad de objetos podría ser una fuente de placer. A medida que los humanos se desarrollan, se fijan en objetos diferentes y específicos a través de etapas de desarrollo: primero en la etapa oral (ejemplificada por el placer del lactante en amamantar), luego en la etapa anal (ejemplificada por el placer del niño en evacuar sus intestinos), luego en la etapa fálica, llegando a la meta de la sexualidad madura.

La forma de interpretación de Freud ha sido llamada falocéntrica por muchos pensadores contemporáneos. Esto se debe a que, para Freud, el inconsciente siempre desea el falo (pene). Los machos tienen miedo de la castración: perder su falo o masculinidad por otro macho. Las mujeres siempre desean tener un falo, un deseo insatisfecho. Así, los niños resienten a sus padres (miedo a la castración) y las niñas desean los suyos. Para Freud, el deseo siempre se define en el término negativo de falta; siempre deseas lo que no tienes o lo que no eres, y es muy poco probable que cumplas este deseo. Por lo tanto, su tratamiento de psicoanálisis está destinado a enseñar al paciente a hacer frente a sus deseos insaciables.

Los instintos de vida y de muerte

Eros y Tánatos

En su teoría posterior, Freud argumentó que los humanos fueron impulsados ​​por dos deseos centrales en conflicto: el impulso de la vida que incorpora el impulso sexual y el impulso de la muerte.

Al conjunto de instintos (pulsiones biológicas) relacionados con la supervivencia los llamó Eros, por el termino griego que designaba al amor, y entendía que la agresión (incluida la autoagresión) surgía de un instinto de muerte al que denominó Tánatos, a partir del dios griego de la muerte. Estas dos fuerzas batallaban entre sí a lo largo de toda la vida del organismo; al comienzo Eros es más poderoso, pero al final Tánatos termina triunfando.

El impulso de la muerte (o instinto de muerte), representaba un impulso inherente en todos los seres vivos a regresar a un estado de calma: en otras palabras, un estado inorgánico o muerto.

Reconoció a Tánatos solo en sus últimos años, desarrollando su teoría sobre el impulso de la muerte más allá del principio del placer. Freud abordó la paradoja entre los impulsos de la vida y los impulsos de la muerte definiendo placer y desagrado. Según él, el desagrado se refiere al estímulo que recibe el cuerpo. Si el placer aumenta a medida que los estímulos disminuyen, la máxima experiencia de placer para Freud sería cero estímulo o muerte.

Si bien los conceptos de Eros y Tánatos son algo románticos, es verdad que para los terapeutas gran parte de la conducta inadaptada se expresa como dificultades sexuales e impulsos agresivos.

Consciente, preconsciente e inconsciente

Para Freud la mente tiene tres subsistemas: el consciente o lo que estamos pensando, el preconsciente que es lo que no hay en el consciente, pero en cualquier momento puede estarlo y el inconsciente que se encuentra oculto y nuestra mente no permite que aflore, sólo sale a través de los sueños, de los errores que cometemos sin querer, de las asociaciones libres o bajo hipnosis. Dijo que los procesos psíquicos son en sí mismo inconscientes y que los procesos conscientes no son sino actos aislados o fracciones de la vida anímica total. Esta afirmación está relacionada con el segundo principio donde determinados impulsos instintivos los clasifica de impulsos sexuales.

Otro esquema mental que describe Freud es a partir de tres instancias denomionadas Ello, Yo y Super-Yo. De todas ellas, la parte más profunda de la psique es el Ello, en el cual radica todo lo heredado, los impulsos instintivos y predomina el “principio del placer”. Es inconsciente en su totalidad. El Yo es el “principio de realidad”, es consciente y tiene la función de la comprobación de la realidad, así como la regulación y control de los deseos e impulsos provinientes del Ello. Más adelante, el Yo da lugar al nacimiento del Super-Yo, que es el representante interior de la autoridad y normas de los padres, así como de la educación recibida y de la sociedad en general, tiene un campo inconsciente con algo consciente.

Freud y la cocaína

Freud fue uno de los primeros usuarios y defensor de la cocaína como estimulante y analgésico. Escribió varios artículos sobre las cualidades antidepresivas de la droga y fue influenciado por su amigo y confidente Wilhelm Fliess, quien recomendó cocaína para el tratamiento de la “neurosis del reflejo nasal”. Fliess operó a Freud y a varios pacientes de Freud, a quienes él creía que padecían el trastorno.

Freud creyó que la cocaína funcionaría como una panacea para muchos trastornos y escribió un artículo bien recibido, “Sobre la coca”, exponiendo sus virtudes. Se lo recetó a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow para ayudarlo a superar una adicción a la morfina que había adquirido al tratar una enfermedad del sistema nervioso. Freud también lo recomendó a muchos de sus familiares y amigos cercanos.

A medida que los informes de adicción y sobredosis comenzaron a filtrarse desde muchos lugares del mundo, la reputación médica de Freud se volvió algo empañada debido a esta adicción temprana. Además, el amigo de Freud, Fleischl-Marxow, desarrolló un caso agudo de “psicosis de cocaína” como resultado de las recetas de Freud y murió unos años más tarde. Freud sintió gran pesar por estos eventos, que luego los biógrafos denominaron “El incidente de la cocaína”.

La muerte de Freud

Fumador de cigarros, Freud padecía cáncer de boca desde 1923 y ya se había sometido a varias operaciones. Después de que su cáncer regresó, sus médicos declararon que el tumor era inoperable. Su amado perro aullaba en su presencia debido al olor del hueso necrótico de la mandíbula de Freud. También se vio obligado a usar una prótesis oral para mantener sus cavidades nasales y orales separadas, lo que dificultaba comer o hablar.

El 21 de septiembre de 1939, Freud le pidió a su médico que le administrara una dosis fatal de morfina. Freud murió en la mañana del 23 de septiembre de 1939. Tres días después, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas depositadas en una antigua urna griega que su amiga Marie Bonaparte le regaló originalmente.

Conclusiones

Freud es uno de los más famosos psicólogos que hayan existido jamás. Sus contribuciones a la psicología del aspecto inconsciente de la vida mental son múltiples, e incluyen el estudio de la conducta normal, la amnesia, la angustia, los sueños, la personalidad, el desarrollo psicosexual y los motivos inconscientes.

Entre sus numerosas hipótesis se encuentra la que las ideas, motivos y recuerdos inconscientes desempeñan un importante papel en la vida cotidiana, ejerciendo control sobre gran parte de nuestro comportamiento. Esta se pone de manifiesto en los deslices verbales, los sueños, los síntomas neuróticos, etc. La doctrina de los elementos inconscientes, en caso de ser correcta, revestiría enorme importancia.

Freud fue un autor prolífico. Una de las ediciones de BUS obras contiene más de 20 volúmenes. Entre sus libros mejor conocidos se encuentran La interpretación de los sueños (1900), Obras completas tomos 1 y 2, tomos 4 y 5, Psicopatología de la vida cotidiana (1901), Obras completas, tomo 6, Conferencias deintroducción al psicoanalista (1916-17), Obras completas, tomos 15 y 16 y El yo y el ello (1923), Obras completas, tomo 19.