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Actualizado: 27 de octubre, 2026
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¿Dejar las redes sociales mejora realmente nuestra salud mental?

Cada vez son más las personas que deciden tomarse un descanso de las redes sociales porque sienten que pasan demasiado tiempo pendientes del móvil, se comparan constantemente con los demás o terminan el día con la sensación de haber perdido horas mirando contenidos que apenas recuerdan. La idea parece sencilla: si las redes sociales nos generan estrés, ansiedad o malestar, dejar de utilizarlas debería ayudarnos a sentirnos mejor.

Sin embargo, las investigaciones muestran que la relación entre redes sociales y salud mental es más compleja, porque aunque algunas personas experimentan mejoras cuando reducen su uso, otras apenas notan cambios o incluso pueden sentirse más desconectadas de su entorno. No todas las formas de utilizar las redes sociales tienen las mismas consecuencias, ni todas las personas recurren a ellas por los mismos motivos.

Varios estudios recientes han intentado comprobar qué ocurre cuando dejamos de utilizar plataformas como Instagram, TikTok, Facebook o X durante un tiempo, y los resultados sugieren que reducir su consumo puede aliviar algunos síntomas de ansiedad y depresión, especialmente cuando existe un uso excesivo, pero también muestran que abandonarlas por completo no garantiza una mejora del bienestar psicológico.

Qué ocurre cuando dejamos de utilizar las redes sociales

Una investigación realizada por la Universidad de Bath, en Reino Unido, y publicada en 2022, reunió a 154 participantes que fueron divididos aleatoriamente en dos grupos. Uno debía dejar de utilizar las redes sociales durante una semana, mientras que el otro podía continuar con sus hábitos habituales.

Al finalizar el experimento, las personas que habían interrumpido el uso de las redes sociales mostraban una mejoría en su bienestar psicológico y una reducción de los síntomas de ansiedad y depresión, en comparación con quienes habían seguido utilizándolas.

Otros trabajos han encontrado resultados parecidos. En un ensayo con 220 jóvenes de entre 17 y 25 años que presentaban malestar emocional, se pidió a parte de los participantes que redujeran el uso de redes sociales a aproximadamente una hora diaria durante tres semanas. Al terminar, este grupo mostró mayores reducciones de los síntomas depresivos, la ansiedad y el miedo a perderse algo importante, conocido como FOMO, además de una mejoría en el sueño.

Lo interesante es que en este caso no tuvieron que abandonar completamente las redes sociales, sino simplemente limitar el tiempo que pasaban en ellas. Esto sugiere que no siempre es necesario desconectarse del todo para notar beneficios, porque modificar nuestros hábitos digitales también puede ser suficiente.

Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2025 también observó mejoras en adultos jóvenes que redujeron su uso durante una semana. Los síntomas de ansiedad disminuyeron aproximadamente un 16 %, los de depresión un 25 % y los de insomnio un 15 %, aunque la soledad no mostró una mejoría significativa. Sin embargo, al no contar con un grupo de control aleatorizado durante la intervención, no podemos atribuir con seguridad todos esos cambios a la reducción del uso de redes sociales.

Además, los resultados no son iguales en todas las investigaciones. Una revisión publicada en Scientific Reports en 2025, que reunió diez estudios con 4.674 participantes, no encontró mejoras significativas en el estado de ánimo ni en la satisfacción con la vida después de periodos de abstinencia digital. En cambio, otro metaanálisis publicado ese mismo año, basado en 32 investigaciones experimentales, encontró un beneficio pequeño, pero estadísticamente significativo, sobre el bienestar psicológico al restringir su uso.

Estas diferencias pueden explicarse porque los estudios no siempre evalúan los mismos aspectos. Algunos analizan la abstinencia completa, otros la reducción del tiempo de conexión y otros se centran en personas que ya presentan malestar emocional. Por eso, la evidencia actual indica que limitar las redes sociales puede ayudar, pero sus efectos dependen del tipo de uso, de las características de cada persona y de qué aspecto de la salud mental queramos mejorar.

Por qué las redes sociales pueden generar malestar psicológico

Uno de los mecanismos más estudiados es la comparación social. Cuando entramos en Instagram o TikTok estamos expuestos a una selección constante de momentos positivos, cuerpos idealizados, viajes, relaciones aparentemente perfectas o logros profesionales, y aunque sabemos que esos contenidos no representan toda la realidad, es fácil acabar comparándolos con nuestra vida cotidiana. Esta comparación puede influir especialmente en personas que atraviesan momentos de inseguridad, tienen una autoestima baja o sienten que no están consiguiendo aquello que deberían haber alcanzado a su edad. Ver continuamente lo que hacen los demás puede reforzar la sensación de quedarse atrás, incluso cuando nuestra situación personal no ha cambiado.

También influye el miedo a perderse algo importante, por eso muchas personas consultan las redes sociales no porque realmente tengan ganas de hacerlo, sino porque sienten que necesitan saber qué está pasando, comprobar si alguien ha respondido o asegurarse de que no se están quedando fuera de alguna conversación. Este hábito puede generar una necesidad de conexión constante que dificulta desconectar mentalmente.

Y es que estas plataformas están diseñadas para captar nuestra atención mediante contenidos que cambian continuamente, recomendaciones personalizadas y notificaciones que nos animan a volver. Cuando nos acostumbramos a consultar el móvil cada pocos minutos, podemos terminar interrumpiendo nuestras actividades sin darnos apenas cuenta, lo que afecta a la concentración y a la sensación de control sobre nuestro tiempo.

El problema no siempre está en lo que vemos en las redes sociales, sino también en la dificultad para dejar de mirarlas, especialmente cuando recurrimos a ellas automáticamente cada vez que sentimos aburrimiento, tristeza, nerviosismo o incomodidad.

Otro factor importante es el sueño. Utilizar las redes sociales hasta altas horas de la noche puede retrasar el momento de acostarse y mantenernos mentalmente activos cuando deberíamos estar descansando. Si esto se repite, el cansancio acumulado puede aumentar la irritabilidad, dificultar la concentración y hacernos más vulnerables al estrés.

Sin embargo, las redes sociales también pueden tener efectos positivos, porque para algunas personas representan una fuente importante de compañía, apoyo emocional o contacto con amigos y familiares, especialmente cuando viven lejos o tienen dificultades para relacionarse presencialmente.

Por eso, abandonar las redes puede mejorar el bienestar de alguien que se siente constantemente comparado o atrapado en un consumo compulsivo, pero también puede reducir las oportunidades de contacto de una persona que encuentra en ellas una parte importante de su vida social. No es lo mismo pasar una hora hablando con amigos o compartiendo intereses que dedicar ese mismo tiempo a desplazarnos automáticamente por contenidos que nos generan frustración.

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A veces pensamos que el problema es pasar demasiado tiempo conectados, pero cuando prestamos atención descubrimos que lo que más nos afecta es mirar determinados perfiles, compararnos con otras personas o revisar compulsivamente las notificaciones. Una buena forma de empezar consiste en comprobar cuánto tiempo dedicamos diariamente a las redes sociales y en qué momentos solemos utilizarlas. Si las consultamos nada más despertarnos, mientras trabajamos, durante las comidas o justo antes de dormir, podemos probar a establecer algunos espacios libres de pantallas y observar cómo nos sentimos.

También podemos reducir la cantidad de contenido que recibimos, dejando de seguir perfiles que nos generan malestar, desactivando notificaciones innecesarias o evitando aquellos temas que nos llevan a compararnos constantemente con los demás. No siempre necesitamos pasar menos tiempo en Internet, sino conseguir que ese tiempo responda a nuestros intereses y no a una necesidad automática de seguir mirando.

Otra posibilidad es probar un descanso temporal de unos días, especialmente si sentimos que nos cuesta controlar el uso. Durante ese periodo podemos observar si dormimos mejor, recuperamos la concentración o sentimos menos necesidad de consultar el móvil, aunque también conviene prestar atención a lo que hacemos con el tiempo que recuperamos.

Si dejamos las redes sociales pero sustituimos ese hábito por otras actividades digitales igualmente absorbentes, quizá no notemos grandes diferencias. En cambio, utilizar ese tiempo para descansar, hacer ejercicio, leer, salir o recuperar actividades que habíamos abandonado puede ayudarnos a encontrar un equilibrio más saludable.

Tampoco suele funcionar convertir la desconexión en una exigencia más. Algunas personas intentan realizar periodos de desintoxicación digital muy estrictos y, cuando vuelven a utilizar las aplicaciones, sienten que han fracasado. En realidad, el objetivo no debería ser demostrar cuánto tiempo podemos vivir sin redes sociales, sino encontrar una forma de utilizarlas que no interfiera continuamente en nuestro descanso, nuestras relaciones y nuestro bienestar.

Al final, dejar las redes sociales no es una solución universal para mejorar la salud mental, aunque puede resultar beneficioso cuando su uso está asociado a comparaciones constantes, ansiedad, problemas de sueño o pérdida de control sobre el tiempo. A veces necesitaremos alejarnos durante unos días y otras bastará con cambiar nuestros hábitos, porque lo importante no es estar más o menos conectados, sino que las redes sociales no terminen ocupando el espacio que necesitamos para disfrutar de nuestra vida fuera de la pantalla.

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  • Burnell, K., Meter, D. J., Andrade, F. C., Slocum, A. N., & George, M. J. (2025). The effects of social media restriction: Meta-analytic evidence from randomized controlled trials. SSM – Mental Health, 7, 100459. https://doi.org/10.1016/j.ssmmh.2025.100459
  • Lambert, J., Barnstable, G., Minter, E., Cooper, J., & McEwan, D. (2022). Taking a one-week break from social media improves well-being, depression, and anxiety: A randomized controlled trial. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 25(5), 287–293. https://doi.org/10.1089/cyber.2021.0324
  • Lemahieu, L., Vander Zwalmen, Y., Mennes, M., Koster, E. H. W., Vanden Abeele, M. M. P., & Poels, K. (2025). The effects of social media abstinence on affective well-being and life satisfaction: A systematic review and meta-analysis. Scientific Reports, 15, 7581. https://doi.org/10.1038/s41598-025-90984-3
  • Social media detox and youth mental health. (2025). JAMA Network Open. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2025.45245
Marta Guerri

Marta Guerri es Licenciada en Psicología por la UOC y Diplomada en Enfermería por la UB. Posee la acreditación como Psicóloga General Sanitaria, y cuenta con el Máster en Terapia de la Conducta y la Salud, Máster en Terapia Familiar Socioeducativa, y un Postgrado en Salud Mental y Psiquiatría por la Universitat de Barcelona (UB). Es CEO y gestora de contenidos de Psicoactiva.com, un portal líder en psicología, que ha crecido hasta convertirse en una comunidad de referencia en el ámbito de la psicología y las neurociencias. También ha trabajado en terapia con familias con vulnerabilidad social en el Servicio de Orientación y Acompañamiento a Familias (SOAF) y actualmente ejerce de Psicóloga en la Clínica Fertty, donde se dedica a la atención de pacientes y donantes en tratamientos de fertilidad. Además, es miembro de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Tiene publicados varios libros sobre psicología y salud emocional, entre los cuales sen encuentran: "Inteligencia Emocional, una guía útil para mejorar tu vida" y "Entrenamiento mental para mejorar tu inteligencia" de la editorial Mestas Ediciones.