Verificación PsicoActiva ×
Redactado por:
Actualizado: 28 de septiembre, 2026
Este contenido ha sido revisado por expertos para garantizar su precisión y fiabilidad.

Cuando las emociones nos desbordan, ¿qué es la ventana de tolerancia?

Hay días en los que afrontamos un problema con calma, pensamos con claridad y encontramos soluciones con relativa facilidad. Sin embargo, en otras ocasiones una discusión, una mala noticia o una situación de estrés pueden hacer que reaccionemos de forma completamente distinta. Algunas personas sienten que la ansiedad las desborda y responden con irritabilidad o impulsividad; otras se bloquean, se quedan «como en blanco» o evitan aquello que les está generando malestar.

Estas diferencias no significan necesariamente que seamos más o menos fuertes emocionalmente. La forma en que respondemos depende de la interacción entre nuestro nivel de activación, el contexto en el que nos encontramos, nuestra historia de aprendizaje y las estrategias que hemos ido desarrollando para afrontar situaciones difíciles. En determinadas circunstancias, responder impulsivamente, evitar un problema o desconectar puede aliviar el malestar a corto plazo, pero también aumentar la probabilidad de que esas mismas respuestas vuelvan a aparecer en el futuro.

¿Qué es la ventana de tolerancia?

La ventana de tolerancia es un modelo que describe el rango de activación en el que habitualmente podemos responder a las demandas del entorno de una forma flexible y adaptativa. Cuando nos encontramos dentro de esa ventana, suele resultarnos más fácil pensar con claridad, regular nuestras emociones, tomar decisiones y actuar de acuerdo con nuestros objetivos. No significa estar siempre tranquilos o relajados, sino disponer de los recursos necesarios para afrontar lo que ocurre sin sentir que el malestar dirige nuestra conducta.

Permanecer dentro de la ventana no implica dejar de experimentar emociones, ya que seguimos sintiendo alegría, tristeza, miedo, enfado o frustración, pero contamos con una mayor capacidad para observar lo que ocurre, valorar distintas alternativas y elegir cómo responder. Desde una perspectiva funcional, este es el contexto en el que disponemos de un repertorio más amplio de conductas y podemos adaptarnos con mayor eficacia a las situaciones que afrontamos.

La amplitud de esta ventana no es igual para todas las personas. Factores como la historia de aprendizaje, las experiencias vitales, el estrés mantenido, los acontecimientos traumáticos o el apoyo social pueden influir en la facilidad con la que una persona se desregula ante determinadas situaciones. Por eso, un mismo acontecimiento puede generar respuestas muy diferentes en personas distintas.

La buena noticia es que la ventana de tolerancia no es una característica fija, ya que a través de nuevos aprendizajes y del entrenamiento en estrategias de regulación emocional es posible ampliar progresivamente nuestra capacidad para afrontar situaciones difíciles sin que el malestar limite de forma significativa nuestra manera de actuar. En este proceso, la intervención psicológica permite identificar qué variables favorecen la desregulación, comprender la función de las respuestas habituales y desarrollar conductas más eficaces para afrontar las demandas del entorno.

Ventana De Tolerancia

¿Qué ocurre cuando salimos de la ventana?

Todos atravesamos situaciones que ponen a prueba nuestra capacidad para regularnos: una discusión, una pérdida, un conflicto laboral o un acontecimiento inesperado. Lo importante no es no salir nunca de esa ventana, sino aprender a reconocer cuándo el malestar empieza a influir en nuestra forma de actuar y disponer de recursos para responder de una manera más flexible.

Cuando nuestro nivel de activación se aleja de ese rango óptimo, suele reducirse nuestra capacidad para analizar la situación con perspectiva y aumenta la probabilidad de responder de forma impulsiva, evitar aquello que nos genera malestar, aislarnos o quedarnos bloqueados. No todas las personas reaccionan igual, la conducta dependerá de la situación concreta, de la historia de aprendizaje, de las habilidades de regulación disponibles y de las consecuencias que esas respuestas hayan tenido en el pasado.

Desde el análisis funcional de la conducta, estas reacciones no se interpretan como una pérdida absoluta de control, sino como conductas que cumplen una función en un contexto determinado. Por ejemplo, evitar una conversación difícil puede aliviar la ansiedad de forma inmediata, mientras que responder impulsivamente puede servir para escapar de una situación muy aversiva. Cuando estas consecuencias resultan eficaces a corto plazo, aumenta la probabilidad de que esas conductas vuelvan a repetirse en situaciones similares, aunque a largo plazo generen nuevos problemas.

La Hiperactivación

Cuando una situación se percibe como especialmente exigente o amenazante, es habitual que aumente nuestro nivel de activación. Podemos notar que el corazón late más deprisa, la respiración se acelera, aparece tensión muscular o resulta difícil concentrarse. Dentro del modelo de la ventana de tolerancia, este estado se conoce como hiperactivación.

En estas circunstancias, algunas conductas se vuelven más probables. Puede costar escuchar con calma, valorar distintas alternativas o tomar decisiones acordes con nuestros objetivos. En cambio, aumenta la probabilidad de responder impulsivamente, discutir, evitar determinadas situaciones o buscar una forma inmediata de reducir el malestar.

Desde el análisis funcional de la conducta, no basta con explicar que una persona siente ansiedad, miedo o enfado. También es importante comprender qué situaciones desencadenan esas emociones, cómo influyen en la conducta y qué consecuencias hacen que determinadas respuestas se mantengan en el tiempo. Por ejemplo, si abandonar una discusión o evitar una situación reduce momentáneamente el malestar, es más probable que esa conducta vuelva a aparecer en el futuro cuando se experimente una activación similar.

Esto no significa que las emociones determinen inevitablemente nuestro comportamiento. Aunque un elevado nivel de activación puede dificultar el autocontrol, las personas pueden aprender nuevas formas de responder. Precisamente uno de los objetivos de la intervención psicológica consiste en ampliar ese repertorio de estrategias para que, incluso en momentos de intenso malestar, sea posible actuar de una manera más flexible y coherente con los propios objetivos.

La Hipoactivación

No todas las personas responden al estrés con una activación intensa. En algunas situaciones ocurre lo contrario: disminuye el nivel de activación y aparecen sensaciones de desconexión, bloqueo o dificultad para pensar con claridad. Algunas personas describen que se sienten «como en una nube», que les cuesta concentrarse, tomar decisiones o conectar con lo que están sintiendo. Dentro del modelo de la ventana de tolerancia, este estado se conoce como hipoactivación.

Cuando esto sucede, también cambian las conductas que tienen más probabilidades de aparecer. Es frecuente que la persona posponga tareas, reduzca su actividad, se aísle, evite determinadas situaciones o tenga dificultades para expresar lo que necesita. Desde el análisis funcional de la conducta, el interés no está únicamente en describir estas experiencias, sino en comprender qué función cumplen y qué consecuencias hacen que puedan mantenerse en el tiempo. Si evitar una situación o desconectarse reduce momentáneamente el malestar, es probable que esas respuestas vuelvan a aparecer en circunstancias similares.

Al igual que ocurre con la hiperactivación, la hipoactivación no determina inevitablemente cómo actuamos. Comprender cuándo aparece, qué variables la favorecen y qué recursos ayudan a recuperar un nivel de activación más adaptativo permite desarrollar estrategias eficaces de regulación emocional. El objetivo no es evitar estas experiencias, sino aprender a responder de forma más flexible para que no limiten nuestra vida cotidiana.

Vacío emocional. Qué es y cuáles son sus causas
Vacío emocional. Qué es y cuáles son sus causas

Después de una pérdida familiar, una separación o una decepción amorosa, es normal sentir una sensación de vacío interior. Si...

Lectura Recomendada

¿Se puede ampliar la ventana de tolerancia?

La buena noticia es que sí. La ventana de tolerancia no es una característica fija con la que nacemos, sino una capacidad que puede desarrollarse a lo largo de la vida. Del mismo modo que el cerebro aprende determinadas formas de responder al estrés, también puede aprender estrategias más eficaces para regular las emociones y afrontar situaciones difíciles.

Ampliar la ventana de tolerancia no significa dejar de sentir miedo, tristeza, enfado o ansiedad. Todas estas emociones cumplen una función y forman parte de una vida psicológicamente saludable. El objetivo es aumentar nuestra capacidad para experimentar esas emociones sin que interfieran de forma excesiva en nuestras decisiones o nos lleven a actuar de maneras que después lamentemos.

Este proceso requiere práctica y, en muchas ocasiones, la ayuda de un profesional. La psicoterapia permite identificar qué situaciones suelen desbordarnos, comprender qué función cumplen nuestras respuestas habituales y desarrollar nuevas estrategias para afrontar el malestar. A ello pueden sumarse hábitos como mantener una rutina de sueño adecuada, realizar actividad física, cuidar las relaciones sociales o practicar técnicas de regulación emocional cuando resulten útiles. No existe una única estrategia válida para todas las personas; lo importante es construir un repertorio de recursos adaptado a las necesidades de cada uno.

Desde una perspectiva funcional, la regulación emocional no consiste en controlar o eliminar lo que sentimos, sino en aprender a responder de una forma más flexible y coherente con nuestros objetivos, incluso cuando las emociones son intensas. Con el tiempo, estos nuevos aprendizajes pueden hacer que situaciones que antes resultaban desbordantes pasen a ser cada vez más manejables.

Regular las emociones no significa dejar de sentir

Es frecuente pensar que una persona regula bien sus emociones cuando nunca se enfada, no siente ansiedad o mantiene siempre la calma. Sin embargo, regular las emociones no significa eliminar el malestar ni evitar las experiencias desagradables. Todas las emociones cumplen una función y aportan información sobre lo que está ocurriendo en nuestra vida.

La regulación emocional consiste en desarrollar la capacidad de responder de una forma flexible, incluso cuando aparecen emociones intensas. Identificar las situaciones que suelen desbordarnos, reconocer las primeras señales de desregulación y aprender nuevas estrategias de afrontamiento permite ampliar progresivamente nuestra capacidad para manejar el estrés y las emociones de forma más adaptativa.

Todos nos movemos dentro y fuera de nuestra ventana de tolerancia a lo largo de la vida, y salir de ella no significa que exista un problema psicológico ni que estemos perdiendo el control; forma parte de la manera en que respondemos a situaciones especialmente exigentes.

La ventana de tolerancia no pretende etiquetar a las personas, sino ofrecer un marco para comprender mejor nuestras respuestas y orientar el trabajo terapéutico. Con práctica, nuevos aprendizajes y, cuando es necesario, el apoyo de un profesional, es posible ampliar nuestra capacidad para afrontar las dificultades sin que el malestar termine dirigiendo nuestra vida.

La escala de dificultades en la regulación emocional (DERS) para analizar si gestionas adecuadamente tus emociones
La escala de dificultades en la regulación emocional (DERS) para analizar si gestionas adecuadamente tus emociones

El test DERS es un instrumento que te ayuda a identificar cómo gestionas las distintas áreas de la regulación emocional....

Lectura Recomendada

  • Corrigan, F. M., Fisher, J. J., & Nutt, D. J. (2011). Autonomic dysregulation and the Window of Tolerance model of the effects of complex emotional trauma. Journal of Psychopharmacology, 25(1), 17–25. https://doi.org/10.1177/0269881109354930
  • Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.
  • Linehan, M. M. (2015). DBT skills training manual (2nd ed.). Guilford Press.
  • Martin, G., & Pear, J. (2019). Behavior modification: What it is and how to do it (11th ed.). Routledge.
  • Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2006). Trauma and the body: A sensorimotor approach to psychotherapy. W. W. Norton & Company.
  • Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, self-regulation. W. Norton & Company.
  • Redolar Ripoll, D. (2008). El cerebro cambiante: Neuroplasticidad y aprendizaje. Editorial UOC.
  • Siegel, D. J. (2012). The developing mind: How relationships and the brain interact to shape who we are (2nd ed.). Guilford Press.
  • Vancampfort, D., Gillis, V., & Van Damme, T. (2026). How arousal regulation shapes our work with patients: a Window of Tolerance perspective for physiotherapy – editorial. European Journal of Physiotherapy, 28(3), 183–187. https://doi.org/10.1080/21679169.2026.2640295
Mario Arrimada

Mario Arrimada Fernández es Psicólogo General Sanitario, con formación en orientación cognitivo-conductual y especialización en terapias de tercera generación y EMDR. Desarrolla su labor clínica tanto de forma presencial en Madrid como en formato online, trabajando principalmente con población adulta, aunque también interviene con población infantojuvenil y en terapia familiar. Cuenta con experiencia en distintos entornos clínicos, abordando problemáticas como adicciones, patología dual, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, en intervenciones individuales y grupales. Ha trabajado en centros como Por Ti Psicología y Centro Árbor, además de ejercer en el ámbito online a través de BetterHelp. Dispone de formación de posgrado en Psicología General Sanitaria y psicoterapia, así como especialización en EMDR (nivel 2), adicciones, mindfulness y terapias contextuales. Cuenta también con formación específica en trastornos de la personalidad y trastornos alimentarios. Compagina su práctica clínica con la divulgación en psicología, con más de 200 publicaciones en diferentes plataformas especializadas. Su enfoque terapéutico se basa en la integración de modelos con respaldo empírico, adaptando la intervención a las necesidades de cada persona y manteniendo un compromiso con la calidad y la ética profesional.