El legado que se repite — Mateo (32 años). Mateo creció en un hogar donde su padre mantuvo múltiples relaciones extramaritales a lo largo de 15 años. Su madre, aunque dolida, permaneció en el matrimonio «por los hijos». Mateo era el mayor de tres hermanos y, desde los 12 años, se convirtió en el confidente de su madre, quien le contaba detalles de las infidelidades y le pedía consejo. Él se sintió atrapado entre la lealtad a su madre y el amor por su padre, a quien veía cada vez con más desprecio (Thorson, 2021; Thorson et al., 2024).
- Hoy, Mateo tiene 32 años, está casado y tiene dos hijos. Sin embargo, ha repetido el patrón de su padre: ha tenido dos aventuras extramaritales en los últimos cinco años. Cuando su esposa lo descubrió, Mateo justificó su comportamiento diciendo: «Es que los hombres somos así, mi papá también lo hacía». La investigación de Weiser y Weigel (2017) confirma que la infidelidad parental se asocia positivamente con la infidelidad de los hijos, en gran medida porque los hijos internalizan creencias más permisivas hacia la infidelidad. Mateo no solo replicó la conducta, sino que también adoptó la narrativa de que «así son los hombres», un guion que aprendió en su familia de origen.
La hija que desconfía — Valeria (28 años). Valeria tenía 16 años cuando descubrió accidentalmente los mensajes de texto de su padre con otra mujer. El secreto estalló y sus padres se divorciaron. Su madre, devastada, pasó años hablando mal de su padre frente a ella, y Valeria se convirtió en su principal apoyo emocional. Aunque amaba a su padre, sintió que debía elegir un bando, y el distanciamiento con él fue inevitable (Nogales, 2009; Thorson, 2020).
- Ahora, Valeria tiene 28 años y es una profesional exitosa. Sin embargo, ha evitado sistemáticamente las relaciones de pareja estables. Cuando conoce a alguien que le interesa, encuentra razones para alejarse: «Todos los hombres terminan siendo iguales», dice. La investigación sugiere que las hijas que experimentan la infidelidad paterna desarrollan un trauma relacional específico que erosiona su confianza en los hombres y las lleva a retrasar o evitar el matrimonio (Espinoza De La Cruz, 2025). Además, la rumiación constante sobre la infidelidad de sus padres —alimentada por años de conversaciones con su madre— mantiene viva la herida y dificulta su capacidad para establecer vínculos seguros (Thorson, 2020).
El hijo que se distancia — Diego (24 años). Diego tenía 19 años cuando su madre confesó que había tenido una aventura con un compañero de trabajo. Su padre, sorprendido, intentó salvar el matrimonio, pero la confianza ya no existía. Diego, que siempre había sido muy cercano a su madre, se sintió profundamente traicionado. Su padre, en un intento de procesar su propio dolor, involucró a Diego en las discusiones, buscando su apoyo y validación. Diego se convirtió en el mediador de sus padres, escuchando los reproches de ambos y sintiendo que debía tomar partido (Thorson, 2021).
- Hoy, con 24 años, Diego mantiene una relación distante con su madre, a quien ve solo en ocasiones familiares. Él mismo describe que «algo se rompió» ese día. La investigación de Thorson (2021) documenta cómo los hijos adultos que se sienten «atrapados» en el conflicto parental reportan una menor satisfacción en la relación con el padre infiel. La infidelidad reconfiguró todo el sistema familiar: la comunicación se volvió rígida, las lealtades se fracturaron y Diego perdió la figura de su madre como un referente seguro. Aunque no ha replicado la conducta de ella, sí ha desarrollado una desconfianza profunda hacia las relaciones íntimas.
Estos tres casos no son ficción; son la expresión cotidiana de hallazgos científicos rigurosos. Mateo, Valeria y Diego representan tres caras de un mismo fenómeno: la infidelidad parental no es un asunto privado que termina en la pareja, sino un evento que reconfigura el mapa emocional de los hijos para siempre. En Mateo vemos el patrón intergeneracional que se replica; en Valeria, la herida de confianza que impide el amor; en Diego, el dolor de la lealtad fracturada que rompe el vínculo con el padre infiel.
La ciencia, sin embargo, ofrece una luz de esperanza: comprender estos patrones es el primer paso para desactivarlos. Como sostiene Esther Perel (2017), una infidelidad puede convertirse en una oportunidad para reconstruir, pero solo si se reconoce el daño colateral y se trabaja activamente en repararlo. Romper el ciclo no requiere borrar el pasado, sino revisar las narrativas heredadas, cuestionar los modelos internalizados y atreverse a construir, con ayuda profesional si es necesaria, una nueva forma de amar que no reproduzca el dolor que se recibió. La conciencia, aliada con la ciencia, es la herramienta más poderosa para que el eco de la infidelidad deje de repetirse en las generaciones futuras.
El secreto que no es tal secreto
La infidelidad en la pareja suele entenderse como un asunto privado entre dos adultos. Sin embargo, cuando hay hijos de por medio, el quiebre de la confianza trasciende el dormitorio conyugal y se instala en el corazón de la familia. Lejos de ser un secreto bien guardado, el conocimiento de una infidelidad parental es común entre los hijos, y sus efectos se extienden como ondas en un estanque, afectando su bienestar psicológico, sus relaciones futuras y, en algunos casos, replicando el patrón en sus propias historias de amor.
Como señala la reconocida terapeuta Esther Perel, las infidelidades tienen mucho que enseñarnos sobre las relaciones modernas: lo que esperamos, lo que creemos querer y aquello a lo que nos sentimos con derecho (Perel, 2017). Pero, ¿qué sucede cuando este fenómeno, ya de por sí complejo, se convierte en un legado que atraviesa generaciones? La ciencia comienza a desentrañar las respuestas.
Etiología de la infidelidad parental: Cuando el sistema familiar se resquebraja
Cuando uno de los padres es infiel, el sistema familiar experimenta una sacudida que va más allá del daño a la pareja. La investigación ha documentado que el estrés asociado a la infidelidad parental a menudo se derrama sobre los hijos —sean jóvenes, adolescentes o adultos— afectándolos de numerosas maneras (Taylor & Francis, citado en Thorson, Shankar & Weiser, 2024). Este derrame ocurre incluso cuando los padres intentan mantener la transgresión separada de su rol parental.
De acuerdo con una investigación efectuada en por la Facultad de Psicología y el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM encontró que el 15 por ciento de las mujeres y el 25 por ciento de los hombres han mantenido relaciones con personas que no son su pareja por lo menos una vez en la vida (Saludiario, 2017).
Entre las razones que motivan una infidelidad (según dicha investigación) se encuentran:
- Mujeres: Problemas de comunicación con la pareja, insatisfacción sexual, falta de amor, características físicas de otros hombres, dinero y por venganza ante una infidelidad previa en su compañero.
- Hombres: Atracción física a otras mujeres, escasa comunicación, insatisfacción sexual, falta de amor, Mala higiene de su pareja y problemas económicos.
La infidelidad no responde únicamente a factores externos o contextuales; la biología de cada individuo juega un papel decisivo. Expertos de la Facultad de Química de la UNAM señalan que la interacción entre ciertas hormonas y receptores cerebrales específicos puede predisponer a algunas personas a ser más infieles que otras. En esta línea, un estudio pionero realizado por el Instituto Karolinska de Estocolmo identificó una asociación significativa entre el alelo 334 del gen que regula la vasopresina —una hormona vinculada a los lazos sociales, el compromiso y al apego— y la calidad de las relaciones de pareja en hombres. Los hallazgos revelaron que aquellos varones portadores de dos copias de este alelo reportaron más crisis de pareja a lo largo de su vida, y sus esposas manifestaron mayor insatisfacción en la relación. Se trata de la primera evidencia que vincula una variante genética específica con la manera en que los hombres establecen y mantienen el compromiso en sus relaciones íntimas.
¿Qué dice la ciencia sobre la infidelidad de uno de los padres y las consecuencias hacia los hijos?
A través del equipo de Atención y Tratamiento Psicológico, lidereado por los psicoterapeutas y doctores en Desarrollo Humano; Fidelia Martínez y Juan Antonio Barrera, se llevó a cabo una investigación cualitativa para conocer cómo la infidelidad parental trasciende el ámbito de la pareja para convertirse en un fenómeno con profundas repercusiones en los hijos y en las generaciones futuras. Esta revisión integra hallazgos recientes sobre los patrones intergeneracionales de infidelidad, documentando cómo el comportamiento de los padres se asocia con una mayor probabilidad de infidelidad en los hijos a través del aprendizaje social y la transmisión de creencias sobre las relaciones. Se analizan los factores biológicos (genéticos y neuroquímicos), psicológicos (apego y rumiación), sociales y culturales que configuran este fenómeno, así como el impacto diferencial según el sexo. Desde la psicología diferencial, se examinan las diferencias en las motivaciones y prevalencia entre hombres y mujeres. Las consecuencias incluyen la reconfiguración del sistema familiar, conflictos de lealtad, dificultades para establecer vínculos seguros en la edad adulta y la fractura de valores fundamentales como la confianza y el compromiso. Se presentan alternativas de intervención basadas en la evidencia y se discuten las implicaciones para la práctica clínica y la prevención.

Factores explicativos
¿Por qué una persona es infiel? La respuesta, lejos de ser simple, entrelaza la biología más primitiva con las heridas más profundas del alma. La infidelidad no es un acto caprichoso ni exclusivo de «malas personas»; es un comportamiento humano complejo que emerge de la confluencia de nuestra herencia evolutiva, nuestra historia emocional, el entorno social que nos rodea y los mensajes —muchas veces silenciosos— que recibimos en nuestra familia de origen. Como sugiere la antropóloga Helen Fisher, el cerebro humano alberga tres sistemas distintos para el apareamiento y el apego —el deseo sexual, el amor romántico y el vínculo profundo— que no siempre operan en sincronía, lo que biológicamente nos predispone a la posibilidad de la infidelidad. Pero la biología no es destino; se entrelaza con la psicología de cada individuo, con las normas culturales que normalizan o condenan ciertas conductas y, de manera crucial, con los patrones relacionales aprendidos en la infancia. Comprender esta compleja trama es esencial para desactivar el mecanismo que convierte el dolor de los padres en el legado de los hijos.
La infidelidad parental responde a una compleja interacción de factores:
- Factores biológicos. La neurobiología juega un papel significativo. Helen Fisher, antropóloga biológica, sostiene que los humanos han evolucionado con una predisposición a la infidelidad y que poseemos tres sistemas cerebrales distintos para el apareamiento y la reproducción: el impulso sexual (lujuria), el amor romántico y el apego profundo (Fisher, 2024). Además, investigaciones han identificado asociaciones entre ciertas variantes genéticas —como el alelo 334 del gen que regula la vasopresina— y una mayor propensión a la infidelidad en hombres (Saludiario, 2017).
- Factores psicológicos. Desde la perspectiva del apego, los hijos que crecen en entornos donde la infidelidad ha ocurrido tienden a desarrollar creencias negativas sobre las relaciones íntimas y patrones de evitación relacional. Dana Weiser, investigadora de la Universidad de Texas Tech, ha documentado que las experiencias familiares moldean las experiencias relacionales y los comportamientos sexuales de los adultos (Universidad Tecnológica de Texas, 2026). La rumiación constante sobre la infidelidad parental media la relación entre sentirse «atrapado» entre los padres y el bienestar psicológico (Thorson, 2020).
- Factores sociales y socioculturales. La infidelidad no ocurre en el vacío social. Las normas culturales, las expectativas de género y los modelos de masculinidad y feminidad influyen en su manifestación. Una revisión sistemática reciente concluyó que la incidencia de infidelidad predomina en hombres, y el tipo más frecuente es la infidelidad sexual, mientras que en las mujeres los factores motivantes suelen ser de tipo emocional (Espinoza De La Cruz, 2025).
- Factores trascendentales (intergeneracionales). El hallazgo más revelador proviene de los estudios sobre patrones de infidelidad intergeneracional. Weiser y Weigel (2017) encontraron una asociación positiva significativa entre la infidelidad de los padres y la de los hijos, un fenómeno explicado en gran medida por el aprendizaje social. Los hijos internalizan modelos relacionales que luego replican, y reciben de su familia de origen mensajes —implícitos o explícitos— sobre la infidelidad (Weiser & Weigel, 2017).
En conjunto, los factores biológicos, psicológicos, sociales y trascendentales no operan de forma aislada, sino como un sistema de engranajes que, cuando se alinean, pueden precipitar la infidelidad. Sin embargo, y aquí reside la esperanza, la ciencia demuestra que el factor más determinante no es genético ni hormonal, sino el aprendizaje social y las narrativas familiares interiorizadas (Weiser & Weigel, 2017). Esto significa que, aunque la biología y la cultura pongan el escenario, es en el terreno de la conciencia y la elección donde se juega la partida. Romper el ciclo de la infidelidad intergeneracional no requiere reescribir nuestro ADN, sino revisar las historias que heredamos, cuestionar los modelos que internalizamos y atrevernos a construir, con ayuda profesional si es necesario, una nueva forma de amar que no reproduzca el dolor del pasado.

Psicología diferencial: ¿Quiénes son más infieles?
Desde la psicología diferencial, la pregunta sobre quiénes son más propensos a la infidelidad ha generado hallazgos matizados. Estudios epidemiológicos indican que el 25% de los hombres y el 15% de las mujeres han mantenido relaciones con personas que no eran su pareja al menos una vez en su vida. Sin embargo, Helen Fisher desafía la visión tradicional de que los hombres son más infieles que las mujeres, sugiriendo que ambos sexos tienen incentivos evolutivos para la infidelidad (Dexa, 2015).
Más allá de las cifras, lo relevante son las motivaciones diferenciales: en los hombres suele predominar el impulso ligado a la validación de la masculinidad, mientras que en las mujeres la búsqueda de comprensión y afecto juega un papel central. “La insatisfacción sexual, la falta de comunicación y el bajo reconocimiento son factores comunes en ambos sexos” (ALICIA, 2027).
Consecuencias: Cuando el legado se convierte en herida
1. Reconfiguración del sistema familiar y conflictos de lealtad
La infidelidad parental reconfigura todo el ecosistema familiar. Allison R. Thorson ha documentado cómo los hijos adultos se sienten «atrapados» en medio del conflicto parental, una experiencia de triangulación que predice un menor bienestar y una menor satisfacción en la relación con el padre infiel (Taylor & Francis, citado en Thorson, Shankar & Weiser, 2024). La rumiación sobre la infidelidad, que puede ser promovida por las narrativas familiares, media en esta relación (Thorson, 2020).
2. Patrones de infidelidad intergeneracional
El legado más documentado es la transmisión del comportamiento. Los estudios de Weiser confirman que la infidelidad parental se asocia positivamente con la infidelidad de los hijos, y que esta relación está mediada por creencias más positivas y aceptantes hacia la infidelidad (Wiley, 2017). No es un destino ineludible, pero sí un factor de riesgo significativo.
3. Dificultades para establecer vínculos seguros en la adultez
Los hijos que crecen en este entorno internalizan una desconfianza fundamental hacia las relaciones íntimas. Ana Nogales, psicóloga clínica, ha documentado cómo la infidelidad parental daña la comprensión del amor, el matrimonio y la confianza, comprometiendo la capacidad de los hijos para tener relaciones saludables en la edad adulta (Nogales, 2009). Esta herida se manifiesta en patrones de evitación, miedo al compromiso y dificultad para confiar.
4. Valores fracturados
Los valores que se quiebran con mayor facilidad son:
- Comunicación abierta. Los hijos adoptan patrones comunicativos rígidos o defensivos.
- Confianza. La certeza de que las personas son confiables se erosiona profundamente.
- Compromiso. El vínculo matrimonial pierde su carácter sagrado y estable.
- Lealtad familiar. El conflicto de lealtades fractura la identidad familiar.
Alternativas de solución: Rompiendo el ciclo
- Intervención terapéutica familiar. Abordar la infidelidad no solo como un problema de pareja sino como un evento que afecta a todo el sistema familiar. La terapia debe incluir a los hijos, facilitando espacios seguros para expresar sus emociones (Taylor & Francis, citado en Thorson, Shankar & Weiser, 2024).
- Prevención basada en el aprendizaje social. Dado que los patrones intergeneracionales se transmiten a través de mensajes y modelos familiares, las intervenciones deben enfocarse en identificar y modificar estas narrativas adaptativo (Wiley (2017).
- Psicoeducación sobre el impacto en los hijos. Padres y madres necesitan comprender que la infidelidad no es un asunto privado cuando hay hijos de por medio (Taylor & Francis, citado en Thorson, Shankar & Weiser, 2024).
- Fomento de la comunicación saludable. Reducir la rumiación mediante narrativas familiares que promuevan la comprensión y el procesamiento adaptativo (Wiley (Thorson, 2020).
- Reconstrucción de la confianza. Tanto en la relación de pareja como en la relación paterno-filial, con especial atención a la relación con el padre infiel.

Conclusiones
La infidelidad parental es un fenómeno cuya resonancia se extiende mucho más allá de la pareja. La ciencia demuestra que se trata de un legado que puede atravesar generaciones, moldeando creencias, comportamientos y la capacidad de amar de los hijos. Sin embargo, este legado no es un destino inmutable.
Comprender los mecanismos de transmisión —el aprendizaje social, los mensajes familiares, la rumiación y la triangulación— abre la puerta a intervenciones efectivas. Como sugiere Esther Perel, una infidelidad puede incluso convertirse en «la puerta de entrada a un nuevo matrimonio—con la misma persona» (Perel, 2017). Pero para ello, es fundamental reconocer el daño colateral en los hijos y trabajar activamente para repararlo.
El primer paso para romper la cadena de la desconfianza y el dolor es la conciencia. Comprender que las heridas del pasado pueden estar influyendo en el presente, y que pedir ayuda profesional para sanarlas no es un acto de debilidad, sino el más poderoso de los actos de amor propio y hacia los que vendrán.
«Recuerda: En el lado secreto del amor, no hay parejas que no puedan amarse sanamente. Hay trastornos que se interponen entre ellos. Sin embargo, la buena noticia, es que la mayoría de los síntomas, cuando se hacen conscientes, pueden curarse.»
- Espinoza De La Cruz, M. (2025). Análisis sistemático sobre los factores influyentes en la infidelidad según el sexo a nivel internacional [Tesis de licenciatura, Universidad Católica de Trujillo Benedicto XVI]. ALICIA. https://alicia.concytec.gob.pe/vufind/index.php/Record/UCTB_aa214cbd304b7061c2a76a59b4e42a67/
- Fisher, H. (2024). Interview with Dr. Helen Fisher—Reflections from an expert. En The Routledge Handbook of Infidelity. Taylor & Francis.
- Nogales, A. (2009). Parents who cheat: How children and adults are affected when their parents are unfaithful. Health Communications.
- Perel, E. (2017). The state of affairs: Rethinking infidelity. Harper.
- Saludiario (2017). La infidelidad también cuenta con su parte médica. https://www.saludiario.com/la-infidelidad-tambien-cuenta-con-su-parte-medica/
- Thorson, A. R. (2020). Emerging ideas: Rumination’s mediating effect on feeling caught and well-being after parental infidelity. Family Relations, 69(5), 1125-1136. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/fare.12509
- Thorson, A. R. (2021). Triangulation and parental infidelity: Faithful parents’ attempts to make their adult children feel caught, rumination, and satisfaction in the unfaithful parent–child relationship. Journal of Divorce & Remarriage, 62(5), 367-383.
- Thorson, A. R., Shankar, M., & Weiser, D. A. (2024). It’s a family affair: Navigating experiences of parental infidelity. En The Routledge Handbook of Infidelity. Taylor & Francis.
- Universidad Tecnológica de Texas. (2027). Dana Weiser, Ph.D. Presidente, Profesor. Desarrollo Humano y Ciencias de la Familia. https://www.depts.ttu.edu/hs/hdfs/weiser.php
- Weiser, D. A., & Weigel, D. J. (2017). Exploring intergenerational patterns of infidelity. Personal Relationships, 24(4), 933-952.
- Wiley (2017). Explorar patrones intergeneracionales de infidelidad. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/pere.12222?=___psv__p_49343713__t_w_&ref=popsugar.com1


