Alberto es un chico de veinte años. Un día, mientras estaba detenido en un semáforo con su coche, observó pasar por delante de él otro automóvil a toda velocidad. Siguió al coche con la mirada y, para su sorpresa, lo vio empotrarse contra un camión aparcado. El coche dio una vuelta de campana y el conductor no salió del interior del vehículo. Alberto se acercó para intentar ayudar, pero el conductor no se movía. Alberto supo que estaba muerto. Desde entonces, nuestro protagonista lleva dos semanas con insomnio y es incapaz de no pensar en aquel evento. Se siente irritado y sufre ataques de pánico. ¿Qué le ocurre a nuestro amigo? Sufre un trastorno de estrés agudo.

Criterios diagnósticos del Trastorno de Estrés Agudo

A través de la quinta edición del Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) profundizaremos en el trastorno de estrés agudo.


A. El suceso traumático

El sujeto ha estado expuesto a la muerte, a una lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, en una (o más) de las formas siguientes:

  1. Experiencia directa del suceso traumático, esto es, cuando somos los protagonistas del suceso.
  2. Presencia directa del suceso ocurrido a otros. Por ejemplo, ser testigo de un accidente de tráfico o de un desastre natural.
  3. Conocimiento de que el suceso traumático ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo.
  4. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso traumático. Por ejemplo, profesionales que trabajen en cuidados paliativos y estén en contacto directo con pacientes moribundos.

B. Síntomas

Presencia de nueve (o más) de los síntomas siguientes de alguna de las cinco categorías de intrusión, estado de ánimo negativo, disociación, evitación y alerta, que comienza o empeora después del suceso traumático:

Síntomas de intrusión

  1. Presencia de recuerdos de carácter angustioso y recurrentes, involuntarios e intrusivos del suceso.
  2. Sueños angustiosos recurrentes en los que el contenido del sueño está relacionado con el suceso.
  3. Reacciones disociativas en las que el individuo siente o actúa como si el evento traumático se repitiera.
  4. Malestar psicológico intenso o prolongado, o reacciones fisiológicas importantes en respuesta a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso traumático. Por ejemplo, si se tiene una experiencia traumática con el coche, todo aquello que simbolice o se parezca a un coche, puede provocar malestar.

Estado de ánimo negativo

5. Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas. Esta incapacidad se alarga en el tiempo entre tres días y un mes después del suceso.

Síntomas disociativos

6. Sentido de la realidad alterado. Puede referirse tanto al entorno como a uno mismo.

7. Incapacidad de recordar un aspecto importante del suceso traumático. En este caso, la causa principal sería la amnesia disociativa en lugar de factores como una lesión, alcohol, drogas o cualquier otra sustancia.

Síntomas de evitación

8. La persona se esfuerza para evitar recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos asociados al suceso traumático. Estos recuerdos, pensamientos o sentimientos, se presentan de forma automática y son difíciles de controlar.

9. Esfuerzos para evitar recordatorios externos que despiertan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos asociados al suceso traumático. Por ejemplo, si ha fallecido un familiar, el sujeto afectado intenta evitar ver fotos en las que sale el familiar, o evita entrar en su habitación, oler su perfume, ver su ropa, etc.

Síntomas de alerta

10. Alteración del sueño. Esta alteración puede ir desde dificultad para conciliar el sueño, hasta mantenerlo por la noche o despertarse antes de tiempo, así como presencia de somnolencia excesiva durante el día o periodos de insomnio.

11. Comportamiento irritable y arrebatos de furia que se expresan típicamente como agresión verbal o física contra personas u objetos. Los arrebatos de furia y la irritabilidad se disparan sin ningún tipo de provocación o con muy poca. La conducta se vuelve hostil de forma evidente.

12. Hipervigilancia.

13. Problemas con la concentración. Ante un episodio de estrés agudo, la atención y la concentración se pueden ver fácilmente afectadas, ya que la atención puede desviarse una y otra vez hacia los eventos del suceso traumático.

14. Respuesta de sobresalto exagerada.

C. Duración

Una de las características principales del trastorno de estrés agudo es la aparición de los síntomas asociados con una duración de entre tres días y un mes tras la vivencia del evento traumático.

D. Malestar

Los efectos del trastorno de estrés agudo provocan malestar clínicamente significativo e influye en un deterioro social, laboral y otras áreas importantes para el sujeto. Se trata de un trastorno disfuncional que no permite al sujeto vivir su día a día con normalidad.

C. Alteración

El trastorno de estrés agudo no se puede asociar a ningún efecto fisiológico de alguna sustancia (drogas, alcohol, medicamentos, etc). Tampoco se debe a una afección médica y no se explica mejor por un trastorno psicótico breve.

Características que apoyan el diagnóstico

A nivel general, las personas que padecen este trastorno, suele tener pensamientos catastróficos o negativos sobre su papel en el incidente. Algunos de los pensamientos más recurrentes son aquellos en los que el sujeto siente que podría haber hecho algo más para evitar el suceso o aquel en el que se culpabiliza porque cree que podría haber tenido una conducta más exitosa.

Los recuerdos del evento traumático pueden provocar ataques de pánico durante el primer mes después del suceso. Estos ataques pueden ser elicitados tanto por el recuerdo del suceso como de forma espontánea. Las conductas de riesgo e imprudentes también pueden llegar a observarse en los sujetos que padecen este trastorno. Por ejemplo, pueden conducir de forma temeraria, tener una conducta impulsiva o apostar de forma descontrolada.

Tratamiento

El tratamiento más frecuente es la terapia cognitivo-conductal. A través de esta terapia, se trabaja a nivel de pensamiento, conducta y emociones. Se profundiza en los pensamientos desadaptativos del sujeto y se sustituyen por pensamientos funcionales. Se practica en terapia la detección de este tipo de pensamientos y la sustitución por pensamientos que permiten al sujeto mejorar sus niveles de estrés. De esta forma, también influirá en sus emociones y en su conducta.

Aspectos como la relajación son importantes en la terapia. Es frecuente que en el trastorno de estrés agudo el individuo pueda sufrir ataques de pánico, por lo que es fundamental aprender a detectar las señales corporales y los pensamientos intrusivos para poder prevenir estos ataques. Por otro lado, los tratamientos farmacológicos también adquieren importancia cuando la sintomatología del paciente se agrava. Los antidepresivos y los ansiolíticos pueden servir de apoyo, siempre y cuando, se trabaje a nivel psicológico.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trasnornos mentales. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

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