El síndrome de la cabaña: el miedo a salir del confinamiento

Verificado Redactado por Gema Sánchez Cuevas. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 3 enero 2021.

Experimentar miedo ante la posibilidad de volver a salir a la calle, angustia por saber que cada vez están más cerca ciertas fases de la desescalada o el solo hecho de sentir que se está a gusto en casa y que no pasa nada si el confinamiento se alarga algunas semanas son algunas de las realidades psicológicas que definen el síndrome de la cabaña.

Aunque este fenómeno pueda sorprender a muchos, no se puede negar. A día de hoy, existen algunas personas que sienten verdadero temor con tan solo pensar que es posible ir más allá del portal de sus casas. A pesar de que el desconfinamiento ha sido una situación muy anhelada por muchos, también supone un verdadero reto para otros.

Lo cierto es que tener miedo a salir del desconfinamiento no es algo extraño, sino una reacción normal fruto de todo lo vivido. Permanecer tantas semanas encerrados ha generado una sensación de cierta seguridad a nuestro cerebro, por lo que no es nada raro experimentar esa reticencia al salir y más teniendo en cuenta que el coronavirus sigue viviendo entre nosotros y por lo tanto, la posibilidad de contagio está ahí.

Veamos a continuación cuáles son las principales características del síndrome de la cabaña y qué podemos hacer al respecto.

El miedo a volver a salir a la calle o cabin fever

La crisis del coronavirus está dejando su huella psicológica en una gran número de personas. Y entre ellas, algunas de las más destacables son la ansiedad, el estrés o el miedo. Reacciones normales ante la situación que vivimos, si tenemos en cuenta que es totalmente inesperada y está rodeada de incertidumbre.

Ahora bien, en algunos países ya se ha comenzado con la desescalada, como por ejemplo en España. Y a pesar de que la mayoría de personas esperaban con cierta alegría el hecho de salir a la calle, también hay otras para las que la idea de salir a la calle no resulta tan placentera. Esto es lo que se conoce como síndrome de la cabaña.

Se trata de un fenómeno que se describió por primera vez en 1900 y que hacía referencia a la sintomatología que experimentaban los buscadores de oro en EE.UU. tras pasar semanas y semanas encerrados en sus cabañas. Y ahora, algunos de los profesionales del ámbito de la salud mental lo han traído de vuelta para referirse a la experiencia que vivimos debido al confinamiento.

Sentirse cansado, irritado, sin ganas de levantarse, aburrido o frustrado son algunas de las características más comunes de las personas que padecen el síndrome de la cabaña. También el entumecimiento de piernas y brazos y algunas molestias físicas leves.

Suele manifestarse más a niveles emocionales y cognitivos. Por ejemplo, tristeza, ansiedad, rabia o frustración por un lado y dificultad para concentrarse, fallos en la memoria y problemas de atención por otro. Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, su cara más visible es el miedo: a salir al exterior, a volver a la rutina, a relacionarse… aunque algunas personas suelen camuflarlo diciendo que no tienen ganar de salir.

Mujer Mayor Solitaria Triste

¿Por qué hay miedo a salir a la calle?

No hay una única causa que explique este temor, sino varias. Lo que sí parece confirmarse es que afecta más a personas con problemas de ansiedad y a quienes están pasando esta cuarentena solos. Al final, salir al exterior es una situación de incertidumbre porque nadie puede asegurar a qué nos exponemos y más si tenemos en cuenta que el coronavirus sigue entre nosotros. Y la ansiedad es una fiel enemiga de la inseguridad.

Si a esto le sumamos la sobreinformación en la que nos vemos envueltos, ese bombardeo de noticias sobre síntomas, causas, consecuencias, efectos, orígenes, sucesos, etc. relacionados con la pandemia, no es difícil que la preocupación nos invada sobre qué puede ocurrir si salimos.

La cuestión es que no nos dejemos llevar por esos pensamientos que son fruto del miedo y acabemos creyéndolos. Porque aunque no está mal preocuparse -y de hecho ahora es inevitable y una reacción normal-, no debemos permitir que este tipo de creencias dominen nuestras vidas. 

Cómo afrontar el síndrome de la cabaña

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el síndrome de la cabaña no es un trastorno ni una patología como tal. Más bien es una forma de reaccionar a nivel emocional, de responder a una situación de confinamiento; una consecuencia de la situación actual que experimentan algunas personas y que es considerada por los profesionales como algo normal y totalmente comprensible.

Por ello, es fundamental darse tiempo y no alarmarse. Las salidas no tienen que ser obligadas y desde el primer día que se permitan, sino que pueden ser graduales y al ritmo que cada persona necesite. Se pueden ir haciendo pequeños intentos. Eso sí, siempre respetando los protocolos y las indicaciones de seguridad.

Sindrome De La Cabana

Llevar a cabo rutinas también es muy recomendable para las personas que experimentan este síndrome. Esto ayudará a la mente a sentirse más segura, en lugar de navegar entre dudas e inquietudes continuas, evitando así ir de un pensamiento a otro. Además, favorecerá pasar menos tiempo en la cama sin hacer nada.

También es importante chequearse a nivel emocional, preguntarse qué sentimos y cómo nos encontramos para dar salida a las emociones. Escucharse y atender nuestras necesidades es un aspecto que no deberíamos descuidar y mucho menos en el contexto actual. Nos ayudará a conocernos.

Se trata de una situación nueva para todos, que nadie se ha enfrentado a ella, y que a lo largo de todo este tiempo irán surgiendo más retos y efectos psicológicos.

No olvidemos que no hay una forma correcta de actuar y que cada uno de nosotros tiene una serie de necesidades y formas de afrontar lo que sucede a su alrededor.

Por último, si la desgana y el cansancio se vuelven muy pesados y cada vez es mayor el miedo a salir o se llega a experimentar ansiedad ante el solo hecho de pensarlo es importante solicitar ayudar. Porque hacerlo es un acto de generosidad con uno mismo.

Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y habilitada como Psicóloga General Sanitaria. Nº de colegiada: EX01253. Directora de TFM en el Máster Universitario de Terapias de Tercera Generación de la UIV. Investigadora colaboradora en el LINCS y coatuora de Pon corazón a tu cerebro (2020).

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