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Actualizado: 25 de octubre, 2026
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Qué son los groomers y cómo manipulan a los menores en Internet

Internet ha cambiado mucho la forma en que niños y adolescentes se relacionan, hacen amigos y conocen a otras personas, pero también ha facilitado que algunos adultos puedan acercarse a ellos ocultando sus verdaderas intenciones. En ocasiones, lo que comienza como una conversación aparentemente inofensiva en una red social, un videojuego o una aplicación de mensajería termina convirtiéndose en una situación de manipulación y abuso sexual.

A las personas que llevan a cabo este tipo de conductas se las conoce como groomers, mientras que el proceso de acercamiento y manipulación recibe el nombre de grooming. Su objetivo es ganarse la confianza del menor para conseguir algún tipo de interacción sexual, ya sea mediante conversaciones, fotografías, vídeos, encuentros presenciales u otras formas de explotación.

Lo preocupante es que estas situaciones no siempre empiezan con amenazas ni propuestas claramente sexuales, sino que pueden desarrollarse poco a poco, aprovechando la confianza, la curiosidad o la necesidad de afecto y reconocimiento propias de cualquier etapa del desarrollo. El groomer no necesita utilizar la fuerza para ejercer control, porque muchas veces consigue que el menor confíe en él antes de mostrar sus verdaderas intenciones.

Cómo actúa un groomer y por qué consigue ganarse la confianza

Aunque no todos los groomers actúan de la misma manera, las investigaciones sobre abuso sexual infantil a través de Internet han identificado distintas formas de manipulación que suelen tener algo en común: aprovechar la relación con el menor para conseguir que acepte situaciones que inicialmente le habrían resultado incómodas o que no habría aceptado.

En algunos casos, el adulto se hace pasar por alguien de una edad parecida, utilizando fotografías falsas o perfiles inventados, mientras que en otros no necesita ocultar que es mayor porque se presenta como alguien comprensivo, divertido o especialmente interesado en los problemas del adolescente. Puede mostrarse atento, compartir aficiones, escuchar sus preocupaciones o hacerle sentir que por fin ha encontrado a alguien que le entiende.

A medida que la relación avanza, pueden aparecer peticiones que al principio parecen pequeñas, como mantener conversaciones privadas, compartir información personal, enviar fotografías o guardar determinados secretos. El groomer también puede intentar alejar al menor de otras personas que podrían descubrir lo que está ocurriendo, haciéndole creer que su relación es especial y que los demás no la entenderían.

En ocasiones utiliza regalos, halagos o promesas para mantener el contacto, mientras que otras veces recurre a la culpa, los celos o el miedo a perder esa relación. Si consigue imágenes íntimas, puede utilizarlas para amenazar al menor con difundirlas entre sus amigos o familiares, convirtiendo una relación que inicialmente parecía cercana en una situación de chantaje y control.

Este proceso puede desarrollarse durante semanas o meses, aunque también existen acercamientos mucho más rápidos. Además, no siempre tiene como objetivo quedar físicamente con el menor, porque el abuso también puede producirse completamente a través de Internet mediante solicitudes sexuales, imágenes o videollamadas.

Al principio puede sentir que está tomando sus propias decisiones, pero cuando aparecen las amenazas, la vergüenza o el miedo a perder a esa persona, resulta cada vez más difícil romper el contacto. Por eso, algunos adolescentes continúan respondiendo incluso cuando ya se sienten incómodos o saben que algo no va bien.

Señales que pueden indicar que un menor está siendo manipulado

Detectar una situación de grooming no siempre es fácil, porque los menores pueden ocultar lo que ocurre por vergüenza, por miedo al castigo o porque han desarrollado un vínculo emocional con la persona que los manipula. En otros casos ni siquiera son plenamente conscientes de que están siendo víctimas de abuso, especialmente cuando el adulto ha conseguido presentar la relación como una amistad o un vínculo afectivo.

Uno de los cambios que pueden observarse es una mayor preocupación por mantener privadas determinadas conversaciones, aunque esto por sí solo no indica que exista un problema, ya que la necesidad de intimidad también forma parte del desarrollo adolescente. La señal resulta más preocupante cuando aparece acompañada de miedo ante las notificaciones, cambios bruscos de humor, nerviosismo después de utilizar el móvil o una necesidad constante de comprobar si alguien ha enviado un mensaje.

También pueden aparecer aislamiento, dificultades para dormir, ansiedad, irritabilidad, tristeza o pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables. Algunos menores comienzan a mostrarse especialmente preocupados por su imagen, reciben regalos de personas que la familia no conoce o mantienen una relación muy intensa con alguien de quien apenas quieren hablar.

Otra señal importante es la aparición de conversaciones sexuales que resultan inapropiadas para su edad, peticiones de fotografías íntimas, presión para mantener videollamadas privadas o amenazas relacionadas con la difusión de imágenes. En estos casos ya no hablamos simplemente de una relación digital poco recomendable, sino de situaciones que requieren intervención y protección.

Sin embargo, hay que tener cuidado con las interpretaciones precipitadas. Un adolescente que empieza a proteger más su intimidad, pasa tiempo conectado o tiene cambios de humor no está necesariamente sufriendo grooming, porque muchas de estas conductas pueden aparecer por motivos completamente distintos. Lo importante es observar el conjunto de señales y, sobre todo, mantener una comunicación que permita al menor contar lo que está ocurriendo sin miedo a ser castigado.

También hay que tener en cuenta las consecuencias emocionales que puede dejar esta experiencia. Algunas víctimas desarrollan sentimientos de culpa, vergüenza, miedo al rechazo o dificultades para confiar en otras personas, especialmente cuando han llegado a compartir imágenes íntimas o han recibido amenazas.

Una de las reacciones más perjudiciales por parte de los adultos es preguntar por qué enviaron una fotografía, por qué siguieron hablando o por qué no bloquearon antes a esa persona. Aunque estas preguntas son fruto de la preocupación, en la práctica pueden hacer que el menor se sienta responsable de lo ocurrido y dificultar que pida ayuda. La responsabilidad del abuso siempre corresponde a quien manipula y se aprovecha del menor, no a quien ha sido engañado.

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Cómo prevenir el grooming y qué hacer si ocurre

La prevención empieza mucho antes de que aparezca un problema y no consiste únicamente en vigilar dispositivos o prohibir redes sociales, sino en enseñar a niños y adolescentes a reconocer comportamientos que pueden resultar peligrosos. Es importante que sepan que no todas las personas que encuentran en Internet son quienes dicen ser, que una relación digital también puede incluir manipulación y que nadie tiene derecho a pedirles imágenes íntimas, exigirles secretos o presionarles para hacer algo que les incomoda.

También ayuda hablar de estos temas con naturalidad, adaptando las explicaciones a la edad y evitando utilizar únicamente mensajes basados en el miedo. Si los menores creen que contar una experiencia incómoda va a suponer quedarse sin móvil, recibir una bronca o perder la confianza de sus padres, es más probable que intenten resolverla por su cuenta o que oculten lo ocurrido.

Por eso, una de las mejores formas de proteger a los menores es conseguir que sepan que pueden pedir ayuda incluso cuando han cometido un error, han compartido información personal o han enviado una fotografía de la que después se arrepienten. La reacción del adulto en ese momento es fundamental, porque puede facilitar que la situación se detenga o hacer que el menor se encierre todavía más en el miedo y la vergüenza.

En el día a día también podemos tomar algunas precauciones prácticas, como revisar juntos las opciones de privacidad de las redes sociales, limitar la información personal visible, evitar aceptar solicitudes de desconocidos, comprobar quién puede contactar mediante mensajes privados y explicar por qué no conviene compartir ubicaciones, fotografías íntimas o datos que permitan identificar dónde vive o estudia el menor.

Además, es importante tener en cuenta las relaciones que se establecen dentro de los videojuegos, porque muchas veces se presta más atención a las redes sociales y se olvida que los chats de las partidas también permiten contactar con desconocidos. Enseñar a reconocer peticiones extrañas, insistencia por continuar una conversación en privado o solicitudes para cambiar a otra aplicación puede ayudar a detectar situaciones de riesgo.

Proteger a los menores frente a los groomers no consiste en enseñarles a desconfiar de todo el mundo, sino en ayudarles a reconocer cuándo una relación deja de ser segura y darles recursos para actuar. La mejor prevención combina información, límites adecuados a la edad y una relación de confianza con los adultos, porque cuanto más seguros se sientan para hablar de lo que ocurre en Internet, más fácil será detectar a tiempo una situación de manipulación.

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Marta Guerri

Marta Guerri es Licenciada en Psicología por la UOC y Diplomada en Enfermería por la UB. Posee la acreditación como Psicóloga General Sanitaria, y cuenta con el Máster en Terapia de la Conducta y la Salud, Máster en Terapia Familiar Socioeducativa, y un Postgrado en Salud Mental y Psiquiatría por la Universitat de Barcelona (UB). Es CEO y gestora de contenidos de Psicoactiva.com, un portal líder en psicología, que ha crecido hasta convertirse en una comunidad de referencia en el ámbito de la psicología y las neurociencias. También ha trabajado en terapia con familias con vulnerabilidad social en el Servicio de Orientación y Acompañamiento a Familias (SOAF) y actualmente ejerce de Psicóloga en la Clínica Fertty, donde se dedica a la atención de pacientes y donantes en tratamientos de fertilidad. Además, es miembro de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Tiene publicados varios libros sobre psicología y salud emocional, entre los cuales sen encuentran: "Inteligencia Emocional, una guía útil para mejorar tu vida" y "Entrenamiento mental para mejorar tu inteligencia" de la editorial Mestas Ediciones.