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La sinceridad es una  cualidad o virtud que implica decir la verdad,  así como la congruencia entre las palabras y las conductas con las que procedemos, tiene que ver con la honestidad, la que por etimología  también conlleva el ser justos y razonables.

La sinceridad no tiene por qué estar reñida con el respeto

Muchas personas la estiman como un valor, el cual ponen muy en alto, incluso por encima de otros valores universales, éstos últimos son el conjunto de normas de convivencia válidas para promover la armonía dentro la sociedad.  Por lo que la jerarquía o posición en que tenemos los valores que son importantes para nosotros, muchas veces no lo son para la coexistencia solidaria pues entran en conflicto y de esta manera no ayudan a promover la tolerancia y el respeto hacia lo que es diferente a nosotros.

Las críticas hechas con sinceridad, son positivas cuando son dichas dentro de un contexto propicio y de respeto, especialmente cuando se hacen con la intención de que la persona mejore. Por lo que, cuando hacemos una observación o una crítica, es mejor que sea en las esferas adecuadas, es conveniente  tomar en cuenta los sentimientos de la otra persona, si lo que deseas es que el individuo se haga consciente de sus fallas, si el objetivo de esa observación es que con esa crítica la persona rectifique algún aspecto.  La crítica, bajo esos parámetros es entonces constructiva y benéfica para el establecimiento de una mejor sociedad, más armónica y funcional.

Esto es válido en los distintos ámbitos… Tanto el personal, el de pareja, el  laboral, el académico o el familiar, pues una observación hecha con sinceridad y en los contextos adecuados  nos puede hacer mejorar u optimizar alguna actitud, conducta o proceso.

Confucio propuso tres niveles de honestidad:

  1. Li: Es el nivel más superficial y busca principalmente  la gratificación inmediata y el beneficio propio.
  2. Yi: Es un nivel más profundo de honestidad, implica la bondad, la justicia y la reciprocidad, no persigue únicamente los intereses propios.
  3. Ren: Es el nivel más profundo de este valor e incluye tanto al  “Li” como “Yi”, buscando la empatía, la comprensión y la armonía con los demás.

El sarcasmo no es sinceridad

Aunque algunas personas se ufanan de ser muy sinceras, caen en el sarcasmo, el cinismo desmedido  y  la crítica destructiva, muchas veces lo hacen incluso fuera de contextos adecuados para esto, ufanándose de ser personas altamente honestas, pero lejos de hacer reflexionar al sujeto  que señalan, lo hacen  sentirse mal, y al sentirse atacados, suelen activar sus mecanismos de defensa, evitando así  que se generen cambios positivos. Pues lo que ellos buscan no es generar un cambio, la mayoría de los grandes cínicos son indiferentes a ello pues tienen a la misantropía como  una filosofía de vida, más bien buscan exaltar su ego y sus virtudes por medio de menospreciar a los demás enalteciendo los defectos y errores ajenos.

Todos los seres humanos tienen distintas capacidades y virtudes, en mi camino como persona y como psicóloga no he podido encontrar a nadie del que no pueda aprender algo, incluso de aquellos a los que la sociedad señalaría duramente. Creo que podemos encontrar talento incluso en personas que mucha gente descalifica para muchas tareas ya sea por su propia naturaleza o condición biopsicosocial.

Me he maravillado de ver tanta belleza y verdaderas obras de arte en los hospitales psiquiátricos y las cárceles, por ejemplo; pues he observado que muchos de los internos tienen grandes talentos que a veces no habían identificado, algunos de ellos los han desarrollado estando en cautiverio, gracias a que se apegan a programas en donde aprenden algún oficio o desarrollan alguna habilidad con la que se pueden ayudar a tener un ingreso, fungiendo así para ellos, como verdaderos programas de readaptación social y no sólo cómo cárceles, pues de esta manera logran sublimar muchas emociones y enfocan su energía, tiempo y concentración en construir y no en destruir. A diferencia de los internos que prefieren enfocarse en su parte de sombra, que tantos problemas les han acarreado a ellos mismos y a la sociedad.  

Cada persona es diferente, lo es en su única combinación genética,  en sus procesos cognitivos, en su contexto, en sus maneras de conducirse, de vestir, de expresarse; cada persona tiene sus preferencias políticas, religiosas, intelectuales, filosóficas y hasta eróticas. Los seres humanos somos de distintos colores y tenemos culturas distintas, pero eso no significa que unos tengan más razón que otros o que unos sean superiores, solo significa que tenemos diferentes preferencias o realidades.

Cuando una persona es libre y si no tiene alguna condición física o mental que le impida elegir, como lo puede ser algún trastorno, cada uno tiene derecho a pensar y a optar por lo que mejor crea conveniente para sí mismo, siempre y cuando no atropelle los derechos de los demás. Las conductas asertivas tienen su base en el respeto.

Nadie tiene la verdad absoluta

Así mismo sucede con la realidad, podemos tener un punto de vista desde nuestro contexto de cómo son o cómo deberían ser las cosas, pero eso no significa que necesariamente sea la verdad absoluta, o que todos tengan que ajustarse a lo que creemos que es lo mejor o lo correcto. Este tipo de razonamientos ha encaminado a la humanidad a sangrientas guerras, sólo  para imponer una cultura o una religión, cuando la sensopercepción es única en cada individuo y limitada por distintos aspectos, luego entonces, es mejor tratar a las personas con respeto no importando si nuestras ideas, culturas, usos y costumbres son distintas.

¿Qué es más importante para ti? ¿El que los demás  vean que tienes razón para demostrar lo honesto, sabio, inteligente y preparado que eres, esto aun a costa de ofender, atropellar los derechos o  los sentimientos de los demás? O prefieres colaborar en la construcción de un tejido social más inclusivo y global en donde exista un diálogo amistoso, en el que podamos apreciar la diversidad y los tesoros que residen en ella, comunicándonos de manera honesta pero asertiva, no agresiva como pueden ser los recursos a los que recurren frecuentemente los cínicos  para desvalorizar las opiniones, las ideas y hasta a las mismas personas, amparándose en la idea de ser personas verdaderamente honestas.

¿Cuántos conceptos aparentan ser verdad por la manera tan persuasiva en la que nos los plantean y sin embargo, demuestran ser premisas de razonamientos inconclusos y falacias, entre otros recursos retóricos frecuentemente usados por aquellos quienes quieren manipular a los demás?

“Mi libertad se termina donde empieza la de los demás.” Santo Tomás de Aquino

Sinceridad y respeto en la familia

Si queremos construir una sociedad más global, colaborativa y armónica tenemos que cuidar nuestras palabras, porque además de sinceras, han de ser respetuosas para que no generemos más destrucción. Esto es algo que debes considerar si eres padre o madre, pues las personas que están en desarrollo, especialmente las que se encuentran durante la infancia y la adolescencia apenas están formando su concepto de sí mismos, el “corregir” a los hijos o a los alumnos señalando los errores, e incluso burlarse de ellos no contribuye generalmente a que la persona mejore, todo lo contrario, especialmente cuando los ponen en evidencia ante los demás.

Si es nuestro deseo que la persona modifique alguna conducta o una actitud tenemos que ser muy cuidadosos para no generar reactancia, tratando de señalar objetiva y amorosamente las conductas y no a las personas, en vez de decir: “¡Parece que todo lo que tocas destruyes!”, es mejor señalar la conducta en un contexto adecuado y cuidando nuestras palabras: “Veo que nuevamente tu mochila está rota, sólo tiene un mes que te la compré, creo que puedes ser más cuidadoso, pues así me lo has demostrado con otras cosas a las que aprecias, qué tal si esta vez te compro una mochila que te guste mucho y le das ese cuidado, confío en que así lo harás. De otro modo, si vuelve a suceder esto, tendremos que llevar la mochila a reparar cada vez que se rompa, pagando con tus propios ahorros, pues no te podremos costear más que una mochila por ciclo escolar.”  

Sinceridad y asertividad

“La interacción asertiva ideal es aquella en la que los participantes acaban sintiéndose mejor que antes.” S.Neiger y E. Fullerton.

La sinceridad es una virtud  que puede expresarse con asertividad, la cual es una habilidad social que ayuda a convivir de manera armónica y los individuos sanos pueden desarrollarla. Qué tal si en vez de sólo protestar  y señalar las faltas de los demás, como individuos fijados en una etapa oral, y esperando que con ello algún agente externo cambie nuestra realidad y nuestro  destino, pasamos a otras etapas superiores  y nos volvemos más propositivos y constructivos, al menos  con nuestros comentarios. Si queremos transformar la realidad, podemos empezar por hacer cambios en nuestro propio ser y entorno inmediato, si deseamos generar cambios a otro nivel podemos desarrollar propuestas y proyectos  para bien de los demás, en vez de sólo vociferar y quejarse por todo lo que está mal a nuestro alrededor.

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