Amnesia niñez

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¿Qué es la amnesia infantil?

La amnesia infantil o amnesia de la niñez se caracteriza por la relativa ausencia de memoria antes de los 3 ó 4 años de edad. El término no se refiere a la completa ausencia de recuerdos, sino a la relativa escasez de recuerdos sobre la infancia. Además, el límite es variable y puede ser influenciado tanto por las experiencias individuales como por factores culturales.

Diversas investigaciones han demostrado que los niños son grandes aprendices, son rápidos en adquirir y retener información de todo tipo. Así pues, los niños recuerdan eventos, pero estos recuerdos accesibles para los niños al principio, se pierden debido a la amnesia infantil en la edad adulta. Todos sabemos que no existen registros en la memoria de los primeros años de vida, ninguno de nosotros nos acordamos de nuestra etapa de bebés.

Recientemente un equipo de investigadores de la Universidad de Toronto y el Hospital de Niños Enfermos, formado por Paul Frankland y Sheena Josselyn, ha llegado a la conclusión que el motivo de no recordar nada los primeros años de nuestra vida se debe a que en ese periodo nuestro cerebro está ocupado en producir neuronas, que nos sirven para aumentar la capacidad de aprender y recordar, pero que borra los recuerdos anteriores. Esta formación de neuronas o neurogénesis se desarrolla en el hipocampo, zona del cerebro implicada en el aprendizaje y el recuerdo.

Otro interesante estudio de la Universidad Memorial de Newfounland de Canadá, fue el que se realizó a niños con edades comprendidas entre los cuatro y los trece años. Se preparó una entrevista en la que se pedía que describieran los recuerdos que conservaban de sus tres primeros años de vida. Dos años después, eran preguntados de nuevo sobre lo mismo. Además, se les hacía apuntar la edad que tenían en cada uno de los recuerdos recogidos. Los padres también confirmaban si los eventos habían ocurrido y los periodos en que habían tenido lugar, con el fin de compararlos con los de sus hijos. Aquellos pequeños que tenían entre cuatro y siete años mostraron escasos solapamientos entre sus recuerdos recogidos en la primera entrevista y aquellos que recordaban dos años después, los que sugería que la memoria infantil era muy frágil y vulnerable para olvidar las cosas.

¿Cuándo empezamos a mantener frescos los recuerdos?

Dentro del mismo estudio se entrevistó también a niños comprendidos entre los 10 y los 13 años. Contrariamente a los anteriores, éstos describieron lo mismo cuando fueron preguntados en las dos ocasiones y la mayoría de los mismos proveían la misma información en las dos encuestas. “La memoria de los jóvenes niños tiende a cambiar, ya que los recuerdos de los primeros años de vida se van borrando por los nuevos según se van haciendo mayores“, explica Carole Peterson, profesora de Psicología de la universidad canadiense. “Sin embargo, conforme van creciendo los niños, sus recuerdos se vuelven más consistentes”, añade Peterson.

Los investigadores creen que la memoria y el consecuente proceso de olvido de los hechos autobiográficos comienzan a tomar forma a partir de los 7 años. Según estos psicólogos, la causa sería el olvido inducido por la recuperación.

Por ejemplo, a menudo olvidamos cosas, como dónde dejamos las llaves del coche o el nombre de una calle. Sin embargo, el recuerdo trabaja de este modo, pues cuando intentamos recuperar de la memoria un dato específico, eso implica que estamos inhibiendo otros y que podemos relegarlos al olvido. Este mecanismo podría explicar, al menos en parte, la pérdida de los recuerdos biográficos. Parece ser que conforme avanzamos en el tiempo, algunos recuerdos se vuelven difusos, lo cual es perfectamente comprensible y, en nuestro esfuerzo por buscar más detalles sobre algunas situaciones, lo que hacemos es borrar otros hechos.

Pero esto parece ser sólo una parte de la explicación. También hay expertos que afirman que perdemos los recuerdos infantiles porque estos se almacenen fundamentalmente a través de imágenes, ya que antes de los tres años no usamos mucho el lenguaje. De modo que, cuando el lenguaje se hace dominante, esos primeros recuerdos se desvanecen más rápidamente.

La importancia de olvidar

La degradación de la memoria es un proceso adaptativo, siempre y cuando no esté causado por una enfermedad, es una condición de la salud, ya que proporciona un mecanismo estable para eliminar información. Un proceso eficiente de olvido “limpia” el hipocampo, haciendo espacio para guardar la información importante y reduciendo las interferencias. La habilidad para bloquear la información irrelevante reduce las demandas a las que ha de dar contestación el cerebro cuando se trata de recuperar información importante.

Durante la infancia, cuando los niveles de neurogénesis son elevados, se favorecen los procesos de olvido, por lo que los recuerdos apenas permanecen. En los periodos de madurez, y especialmente en la tercera edad, cuando los niveles de neurogénesis son bajos, un borrado insuficiente puede llevar a interferencias de memoria (reteniendo mucha información poco importante). Entre medias, se daría un balance óptimo. Para los autores del estudio, la integración de estas nuevas células en los circuitos del hipocampo puede facilitar la función cognitiva limpiando viejos recuerdos, reduciendo las interferencias y potenciando la capacidad de almacenaje.

Información consultada en:
Bauer, P. J. & Larkina, M. (2013) The onset of childhood amnesia in childhood: A prospective investigation of the course and determinants of forgetting of early-life events. Memory.

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