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El trastorno reactivo de apego en los niños se presenta como una condición en la cual su desarrollo emocional se ve limitado, sus interacciones sociales parecen inapropiadas para la etapa de desarrollo, algunos tienen dificultades para relacionarse o lo hacen de manera muy desinhibida, los vínculos que establecen en su vida los construyen de manera confusa, debido a una crianza patológica, en la que no se cubrieron apropiadamente sus necesidades básicas y/o psicoafectivas, también sucede cuando se produce una ruptura traumática entre el lazo afectivo niño-madre desde las primeras etapas de vida.

Por qué se produce el Trastorno de Apego Reactivo

Afecto, apoyo y contención emocional, todos son importantes en el sano desarrollo de los niños, cuando carecen de ellos o lo reciben de manera inconsistente su desarrollo emocional se ve afectado. En el trastorno de apego reactivo, el niño se muestra dificultades o es incapaz de iniciar y mantener relaciones sociales de manera pertinente para su fase evolutiva y su contexto, mostrándose agresivos-evitativos o muy afectivos, tanto que no discriminan propios de extraños



El ser humano, a diferencia de otros mamíferos, no sobreviviría sin los cuidados de otra persona, de modo que este sentimiento de apego innato, contribuye a nuestra supervivencia. El vínculo es la relación emocional establecida entre el niño y la persona que lo cría o se encarga de él, se expresa por la manera en que el niño establece determinadas conductas con el fin de mantenerse  físicamente cerca de sus cuidadores, estas conductas pueden son evidentes a partir de los primeros meses de vida.

Durante el embarazo, el niño comienza a gestar el vínculo de apego con su madre, alrededor de los ocho meses de edad, comienza a desarrollar angustia de separación, que es algo natural en su desarrollo, pues hasta ese momento empieza a ver a la madre como algo separado de ella, Margaret Mahler afirmaba que todos los niños pasan por una etapa de separación e individuación, “donde el infante se enfrenta con la terminación de la simbiosis con la madre”.

Mahler afirma que, debido a todos los cambios propios de su desarrollo, naturalmente les generan una ansiedad intensa: la disarmonía entre las habilidades motrices adquiridas y la madurez emocional de la que dispone el niño, entre otras, pueden ser factores desencadenantes de angustia. Así mismo, Melanie Klein hablaba de la relación de objeto temprana, que comprende angustias y defensas presentes en el vínculo del bebé con su madre.

Winnicott también consideraba fundamental el papel de la madre, en la situación primaria del niño, ya que es ella, quien desempeña la función fisiológica y emocional del holding o sostén, en esa etapa la madre funciona como “yo auxiliar” del niño: “Se crea así entre ambos, un espacio de ilusión. En una etapa posterior, la madre debe ir desilusionando progresivamente al niño, para que éste pueda tener contacto con la realidad y desarrollar el verdadero self”.

Un vínculo afectivo disfuncional o roto, predispone al niño para ser inseguro y temeroso de sus circunstancias presentes y futuras, presentan tanto dolor ante la separación que experimentan estados de ansiedad hasta llegar al grado de angustia.

La tarea de la madre es brindar un soporte adecuado para que las condiciones innatas logren su óptimo desarrollo”. Hartmann

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El con niño trastorno de apego reactivo (RAD, por sus siglas en inglés), puede tener dificultades para crear vínculos o relaciones de confianza con adultos o con sus iguales, debido a que en la crianza elaboró vínculos patológicos con los padres o los cuidadores primarios, especialmente con la madre.

La poca o nula habilidad parental para criar a un hijo transmitiendo afecto, contención y cuidados necesarios para su sano desarrollo, tienen impacto profundo en el niño y en las relaciones que formará a lo largo de su vida. Los niños con trastorno de apego reactivo pueden manifestar conductas evitativas y rechazar los cuidados de los adultos, por no sentirse seguros, cómodos ni contenidos en su presencia, a menudo no se sienten valorados por sus cuidadores primarios.

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Subtipos de Apego Reactivo

Existen dos subtipos del trastorno de apego reactivo:

Tipo Inhibido

  • El niño se muestra emocionalmente reprimido, inhibido y desconfiado, suele vigilar excesivamente a las personas de su entorno.
  • Con frecuencia puede mostrarse agresivo y afligido, manifestando resistencia a las recompensas ofrecidas, a menudo no muestra afecto ni emociones, puede experimentar incapacidad para iniciar conversaciones o desarrollar interacciones sociales normales.
  • Presentan mucha desconfianza con los extraños y las personas de su entorno ya que nunca han podido experimentar una relación de confianza en la infancia.
  • En los casos graves pueden llegar a autolesionarse o lesionar a otros, mostrando hostilidad y reacciones desproporcionadas.
  • El trastorno psicológico que padecen, en la mayoría de los casos, repercute físicamente, siendo causante de retraso en el desarrollo en general o en la falta de crecimiento físico.
  • Cuando los niños no pueden establecer una relación de apego sano con un cuidador constante, se convierten en niños que presentan conductas hostiles y pueden tener arranques de agresividad, ser crueles con las personas, los animales y su entorno, así como tener poca o nula empatía, pues la aprende normalmente de la madre.

Tipo desinhibido

  • En éste subtipo, el niño presenta una falta de selectividad al elegir las figuras de vinculación, es decir, no tienen una apropiada discriminación social, por lo que pueden mostrarse excesivamente confiados con las personas de su entorno, buscando el afecto que no recibió adecuadamente durante sus primeros años de vida, suelen manifestar un afecto desmedido con personas que acaban de conocer, es incapaz de elegir en forma discriminada a sus cuidadores.
  • Son niños que cuando ven a un extraño tienen mucha cercanía física con él, pueden abrazarlo y tener una confianza inapropiada, ya que no conoce a la persona, lo cual representa un factor de riesgo para su seguridad. Como factor protector ante abusos, maltrato y otras violaciones de sus derechos más graves, es preciso que los niños aprendan a distinguir a los propios (familiares, cuidadores y personas “de confianza”) de los extraños.

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Síntomas y causas

Las manifestaciones del trastorno de apego reactivo, pueden ir desde una timidez extrema hasta conductas problemáticas con cuadros de hiperactividad, falta de atención, impulsividad o agresividad, entre otras. Esto sucede, en parte, debido a que éstos pequeños muestran elevados niveles en la segregación de cortisol y adrenalina, repercutiendo así en su desarrollo

Los niños con trastorno de apego reactivo pueden generar cambios en su inmunología  y su peso corporal. Algunos de ellos,  llegan a tener dificultades en su desarrollo físico y parecer malnutridos. Estos niños consumen muchísima energía en estar alertas y en tratar de captar la atención de la madre, el padre o los cuidadores, de ese modo se van estableciendo patrones patológicos de apego a lo largo de la vida.

La comunicación afectiva entre padres e hijos, el amor de los cuidadores, especialmente de la madre, permite al niño desarrollar empatía: amor y señales no verbales con tu mamá como miradas, caricias y abrazos, son típicas señales de apego, necesarias entre la familia para un sano desarrollo.

Factores de riesgo

Cuando el niño recibe una crianza patológica puede generar el trastorno de apego reactivo.  Algunas otras causas que incluyen este tipo de crianza pueden ser: no satisfacer sus necesidades, privándole de bienestar, desatender las necesidades físicas básicas del niño, carencia de afecto y/o seguridad, maltratos, hablarle abusivamente, violencia física o psicológica, cambios continuos del cuidador primario del niño, que le impide establecer vínculos emocionales estables, cuando hay abandono del menor, divorcios y/o separación de los padres o cuando sus cuidadores no expresan adecuadamente sus sentimientos y por este motivo, no transmiten de forma apropiada el amor y los afectos, cuando sus derechos son violentados.

El trabajo que nos separa

Existen situaciones en que debido a cuestiones laborales la madre o el padre no pueden estar con el hijo para satisfacer sus necesidades, ya sea por largos periodos de tiempo o por horas en el día; es recomendable, que los padres que se encuentran en ésta situación procuren dar a los hijos tiempo de calidad, ya que éste es escaso y nutrir no sólo con alimento, sino con caricias positivas a los niños ¿Cuáles son las caricias positivas? Las sonrisas, miradas afectuosas, hacer lo cotidiano procurando satisfacer sus necesidades biopsicosociales y afectivas.

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Resiliencia factor protector

Hay niños que tienen más resiliencia que otros, de modo que no todos los niños desarrollan trastorno reactivo de apego a pesar de haber padecido circunstancias difíciles, hay quienes sufrieron mucho debido a los vínculos de apego disfuncionales con sus cuidadores primarios, sin embargo, tienden a establecer vínculos afectivos con otras personas, quedando cubiertas de ese modo, algunas necesidades socioafectivas.

La lactancia materna, es considerada como una manera óptima de cubrir las necesidades nutricionales del bebé, a nivel físico y psicoafectivo, ya que se fortalece el vínculo madre-hijo, a la vez que ambos incrementan su salud.

Entre el amor y el odio: “apego ambivalente”

Cuando el cuidador habitual elabora un apego inconsistente, ansioso o se muestra ambivalente, es decir, extremadamente afectivo y  después evitativo u hostil con el niño, hasta llegar al grado de maltratarlo física y verbalmente, ante tanta inestabilidad e incertidumbre constante, el niño desarrolla un apego ansioso, se da también cuando el cuidador presenta otros trastornos graves de la personalidad o labilidad emocional. En casos severos, el niño puede no tener la certeza de que vayan  a ser cubiertas al menos sus necesidades básicas, al no tener ninguna seguridad, genera ansiedad de separación, llegando a niveles de angustia.

Los límites los aprendemos y establecemos desde la infancia, a su vez, el tipo de apego que desarrollemos determinará en gran medida la clase de relaciones que vamos a tener en nuestras vidas… ¿Has tenido una pareja que no te deja de mandar mensajes de texto, con cualquier pretexto? ¿O quizás se pone “folclórico” porque no le contestaste sus decenas de mensajes en el transcurso del día?  ¿Conoces personas que necesitan saber constantemente dónde y qué está haciendo su “ser amado”? El apego en las relaciones de pareja también se llega a reflejar, un ejemplo típico de apego ansioso es cuando uno de los dos o ambos están constantemente enviando textos y llamando a la pareja, con angustia cuando no les contestan, a veces por temor al abandono,  al engaño o simplemente sienten que necesitan estar “conectados” constantemente, lo cual puede ser tan extenuante para el otro, que puede hacer posible que se cumplan sus temores de abandono actuando de esa manera: una profecía autocumplida, pues muchos terminan “asfixiando” emocionalmente a la pareja.

Los niños que desarrollan un apego ambivalente se relacionan con los demás a través de la agresión o las conductas inadecuadas, puesto que el niño se acostumbró desde pequeño a recibir atención únicamente cuando se comportaba de esa manera. Las personas que desarrollan un apego ambivalente, cuando crecen y tienen pareja, suelen necesitar del conflicto constante, pueden ser personas violentas con su pareja a nivel físico y/o psicólogico, posterior al maltrato, en la reconciliación, pueden mostrarse muy cariñosos, estableciendo y reforzando así el círculo de violencia y maltrato.

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Intervención psicoterapeútica a través del arte

El trastorno de apego reactivo, tanto en su forma inhibida como deshinibida requiere de apoyo psicoterapéutico para el niño y los cuidadores principales. Las intervenciones son importantes para lograr que el niño recupere o elabore la confianza en los adultos, el psicólogo funge como una figura con la que puede establecer un vínculo de confianza, apoyo y contención.

Los niños con trastorno de apego reactivo responden bien ante las terapias que involucran actividades lúdicas y artísticas, como la musicoterapia, el psicodrama, las pequeñas obras teatrales o el teatro guiñol, ya que tienen poderoso efectos  catárticos en ellos, de modo que se benefician mucho con éste tipo de terapias, incluso los niños que tienen el subtipo evitativo, aquellos que muestran estados de ansiedad evidente u hostilidad, suelen mostrar aceptación por éste tipo de terapias, pues el vínculo se da a través del arte y el juego.

Es posible modificar las conductas evitativas, de agresividad, hostilidad o aquellas que incluyen la falta de discriminación social, sobre todo cuando se inicia el tratamiento en etapas tempranas y se hacen los cambios pertinentes en la dinámica familiar, de acuerdo a las sugerencias psicoeducativas especiales para la familia que brinde el terapeuta.

Estrategias para criar niños más felices

  1. El desarrollo humano empieza desde la gestación. Nutre a tu hijo con cuidados esenciales y con caricias positivas de manera consistente.
  2. Brindar tiempo de calidad a los niños, tanto como sea posible, respetando ese mágico espacio en que fortalecerán su vínculo afectivo, dedica unos minutos para escucharlo, lejos de toda distracción: “desconéctate unos momentos de las redes y conéctate con tu hijo”.
  3. Cuando ha habido conflictos, es posible restablecer el lazo emocional, con sencillas acciones diarias, cuando no es suficiente la voluntad para cambiar la dinámica familiar,  se requiere la ayuda de un psicólogo.
  4. No maltrates física o verbalmente a tu hijo por cometer errores, cuando hay insistencia en una conducta hostil o inapropiada, se pueden utilizar otras estrategias psicoeducativas más adecuadas, los psicólogos te pueden orientar.
  5. Señalar o etiquetar a las conductas y no al niño.
  6. Siembra vínculos afectivos con tus hijos que incluyan el contacto físico: reparte besos, abrazos, manda mensajes de amor y recuérdale que es amado e importante para la familia.
  7. Cuando ejecute conductas y esfuerzos positivos,  felicitarle y motivarle para alcanzar tus metas.
  8. Los límites también son necesarios, cuando los especifiques al niño hazlo con amor.
  9. Escuchar y acompañar al niño en sus emociones.

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Referencias bibliográficas

  1. American Psychiatric Association (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5. Washington, D.C.: American Psychiatric Publishing.
  2. Bleichmar, N. M.; Lieberman, C. y Cols. (1989). El Psicoanálisis después de Freud. México: Eleia Editores.
El Trastorno del Apego Reactivo, en qué consiste
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Miryam Gomez Obregon
Psicóloga NeuroEducativa/ Freelance. Diseño de programas y gestión del tiempo mediante el mejoramiento de habilidades y competencias. Técnicas de programación y sugestión en Nivel Alfa, de Respiración y Relajación Profunda. Promoción de estilos de Vida Saludables a través de las Tecnologías Educativas. Musicoterapia. Redacción de contenido especializado.

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