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Actualizado: 4 de octubre, 2024
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El estrés y los estresores, cuáles son y cómo nos afectan

Descubre cómo el estrés y los estresores afectan a nuestro cuerpo y mente en diferentes situaciones de la vida diaria.

El estrés es la manera con la que el cerebro establece en nuestro organismo, una respuesta a cualquier demanda o exigencia de nuestro contexto.

Desde cualquier tipo de reto familiar, escolar, social o laboral hasta acontecimientos traumáticos puede desencadenarse una respuesta generadora de estrés.

El estrés, por tanto, es una reacción psicofísica que se origina en nuestro organismo causada por la interacción con nuestro contexto cuando nuestro cerebro estima que las demandas contextuales sobrepasan nuestros recursos para enfrentarse a ellas y que, por ello, podemos estimar como un peligro para nuestro equilibrio y bienestar (Lazarus & Folkman, 1984). No es una emoción en sí misma, sino más concretamente una reacción psicofisiológica primaria generadora de emociones como miedo, ansiedad o ira, que acompañarán la respuesta de nuestro organismo al suceso estresante.

El proceso de adaptación a esos eventos amenazantes denominados estresores es una rutina cotidiana de nuestras vidas, con resultados positivos para nuestro bienestar en la mayoría de los casos, aunque en algunas ocasiones los intentos de adaptación pueden tener un resultado negativo o insuficiente para el sujeto.

Mientras que el estrés es un proceso psicofisiológico de adaptación contextual ante la presencia de un evento estresor, la ansiedad es una reacción emocional de alerta general ante la consideración y valoración personal de una amenaza difusa. De esta manera, estados continuos de estrés pueden desembocar en estados de ansiedad crónica.

Origen e historia del término estrés

El origen del término estrés se encuentra en el vocablo inglés distress. Al igual que el término resiliency, ya era usado en Física, pero en sentido contrario que este último ya que mientras que distress se refiriere en el ámbito de la Física a la fuerza que actúa sobre un objeto cuando al superar una determinada magnitud produce la destrucción de dicho objeto, el término resiliency está referido a la capacidad de algunos metales de volver a su estado anterior después de un impacto (Coronado-Hijón, 2021). Esta incompatibilidad entre resiliencia y estrés ha sido constatada en diversas investigaciones (Beutel et al, 2010).

La aplicación del término estrés al ámbito humano lo inicia desde la medicina el doctor Hans Selye que publicó un artículo en 1.936, en el British Journal Nature, referente a una respuesta estereotipada que denominó Síndrome general de adaptación (SAG) y se despliega a lo largo de tres fases secuenciales. La primera es la denominada reacción de alarma y si el factor nocivo persiste, el organismo inicia una segunda etapa de resistencia y si la situación se prolonga algunos meses, el organismo ingresa en una tercera etapa de agotamiento. Años más tarde, Selye utilizó el término stress para definir la respuesta con la que el organismo reacciona ante factores nocivos denominados estresores (stressors).

El estrés, ¿es bueno o malo?

Como hemos comentado, la respuesta de estrés es básicamente una respuesta a las exigencias de nuestro contexto y por tanto tiene un valor adaptativo. Las complicaciones radican en la alta cantidad e intensidad de recursos fisiológicos que se tengan que activar en el organismo ante esas respuestas de demandas excepcionales del ambiente, ante las cuales, si el proceso de estrés es activado frecuentemente, el organismo sufre un agotamiento que impide que se establezca de nuevo el equilibrio u homeostasis metabólica, generando así procesos de enfermedad.

Joven Estresada

Cuerpo y mente forman parte de todo lo que somos. Para describirlo mediante grandes pinceladas comenzaremos explicando que el cerebro está formado por una parte anterior o neocórtex que es el cerebro racional, una parte media, formada por el sistema límbico, que es el cerebro emocional y una parte posterior que podemos denominar el cerebro instintivo. Esas tres partes están interconectadas entre sí y, mediante el cerebro medio, vinculado también con todo el cuerpo a través del sistema nervioso autónomo. De tal manera, cualquier pensamiento sobre lo que nos acontece, está vinculado a una reacción bioquímica en el cerebro, consistente en la secreción de sustancias químicas denominadas neurotransmisores, que actúan como mensajeras de esos pensamientos para la activación de reacciones y respuestas psicofisiológicas acordes con cada pensamiento determinado.

En la actualidad, el estudio del origen del estrés se contextualiza desde una perspectiva psicosocial. Investigaciones de sociología médica han constatado que el agotamiento del organismo humano ante la continuidad de la respuesta psicofisiológica de estrés para preparar una acción adaptativa y la impotencia obtenida en el control de los estresores psicosociales que la generan pueden desembocar en trastornos cardiovasculares, hipertensión, úlcera péptica, dolores musculares, asma, jaquecas, disminución de la calidad de vida, depresión y otros trastornos de salud (Cockerham, 2015).

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3 Distintos tipos de estrés

1. Estrés agudo y reciente

Según los datos de la Asociación Psicológica Americana, los trastornos de estrés agudo son la secuela más frecuente en las experiencias de eventos traumáticos que suponen un riesgo vital, seguridad o integridad física o emocional, de la persona.  Es generado a partir de las exigencias y presiones del pasado más reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro más cercano.

El estrés agudo puede incluso ser emocionante y fascinante en pequeñas dosis, pero su exceso puede producir un agotamiento psicoemocional.

2. Estrés cotidiano (agudo episódico)

Cuando el estrés agudo se convierte en episodios cotidianos, la acumulación de experiencias frustrantes diarias con estos sucesos micro estresores puede resultar un mayor impacto negativo en el bienestar subjetivo que incluso los sucesos mayores o vitales.

Los datos de la Asociación Psicológica Americana nos muestran que es frecuente que las personas con reacciones de estrés cotidiano muestren una excesiva agitación, mal carácter, irritación e incluso estados de ansiedad y tensión que en ocasiones puede mostrarse como conductas de hostilidad que afectan negativamente en las relaciones interpersonales. El desempeño profesional puede convertirse en un ámbito muy estresante para ellas.

En algunos estudios se ha encontrado relación con la personalidad «Tipo A» propensa a problemas cardíacos y que originariamente fue detectada y descrita por los cardiólogos Meter Friedman y Ray Rosenman, como el ejemplo extremo de propensión al estrés agudo episódico. Las personas con personalidad Tipo A se caracterizan por un «un excesivo impulso de competencia, agresividad, impaciencia y un sentido agobiante de la urgencia».

3. Estrés crónico

Cuando experimentamos sucesos estresantes de manera continua y abierta en el tiempo sin final predecible, estamos expuestos al riesgo de sufrir estrés crónico.

No se trata de una sucesión de eventos, como en el estrés cotidiano, sino en un comienzo gradual de larga duración y continuo de sucesos estresores, cuyo desenlace es frecuentemente impredecible por la persona que los sufre, así como bastante problemático para su afrontamiento y resolución. Existe abundante evidencia desde la investigación sobre las consecuencias negativas del estrés crónico sobre la salud, que señalan al estrés crónico como el tipo de estrés psicosocial de mayor comorbilidad (Cockerham, 2015).

Muchos de estos estresores crónicos se relacionan con nuestros principales roles sociales y laborales, entendiendo a éstos como un complejo de expectativas y demandas sobre las conductas de la persona que ostenta una determinada función acorde con su posición social o laboral. El rol es pues una función social o laboral en el que se entretejen las expectativas de los que demandan y las del sujeto al que se le solicitan en un contexto de comunicación e interacción social.

Para entender los tipos de estresores crónicos más relevantes relacionados con el desempeño de funciones o roles sociales y profesionales, podemos describir resumidamente la clásica clasificación mostrada más ampliamente en el libro Resiliencia: cómo sobreponerse a las presiones y a la adversidad social basada en el desempeño o rol personal en determinados contextos, donde podemos identificar al estresor crónico entre los siguientes:

  • Sobrecarga de roles familiares o profesionales.
  • Conflictos entre roles con demandas incompatibles que dificulten el adecuado desempeño en algunos de los roles implicados.
  • Baja identificación con el rol asignado que genera una falta de compromiso e implicación.
  • Reestructuración de rol, desencadenado por los inevitables cambios producidos en la evolución de muchos tipos de funciones o roles.
  • Conflictos interpersonales en interacciones de roles, tales como los originados en las relaciones de pareja, paternos filiales, laborales, etc.… Esta la modalidad de estrés crónico más frecuente.

La ambigüedad de rol o indefinición en las funciones y responsabilidades asociadas y que generan conflictos entre expectativas del propio sujeto frente a su rol o función, así como la interacción entre las expectativas del sujeto y de otras personas afectadas por el desempeño del rol del sujeto. Esta modalidad es frecuente en contextos laborales profesionales, así como en los roles de pareja y paternos filiales.

Los efectos negativos del estrés están influidos por el tipo de afrontamiento que realicemos, de tal manera que un afrontamiento disfuncional en una situación de estrés agudo puede desencadenar un estrés crónico y constituirse así en un importante riesgo para la salud, mientras que, por el contrario, un afrontamiento resiliente facilita la recuperación e incluso superación frente a situaciones estresantes.

La primera estrategia resiliente necesaria es la de aprender a identificar y diferenciar nuestras situaciones y eventos estresores en cada momento o situación problemática, así como su relación entre ellos y las consecuencias que nos acarrean, ya que experiencias estresantes de un tipo pueden desembocar en otro tipo de vivencias estresantes (Coronado-Hijón, 2021).

Test sobre vulnerabilidad al estrés
Test sobre vulnerabilidad al estrés

https://youtu.be/-zHOzw9Kq2c

Lectura Recomendada

  • Beutel, M. E., Glaesmer, H., Wiltink, J., Marian, H., & Brähler, E. (2010). Life satisfaction, anxiety, depression and resilience across the life span of men. The Aging Male, 13(1), 32-39.
  • Cockerham, WC (2015). Sociología médica en movimiento. Saltador.
  • Coronado-Hijón, A, (2021). Resiliencia; cómo sobreponerse a las presiones y a la adversidad psicosocial. Editorial Universo de Letras (Grupo Planeta) https://reunir.unir.net/handle/123456789/11708
  • Lazarus, RS y Folkman, S. (1984). Estrés, valoración y afrontamiento. Editorial Springer.
Antonio Coronado

Es doctor en Psicología, máster en Terapia de Conducta y especialista universitario en Innovación Docente. Experto en Orientación personal (Guidance), ha desarrollado su labor docente en las Universidad Pablo de Olavide, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en la Universidad de Sevilla y en la Universidad Internacional de La Rioja, promoviendo una relevante línea de estudios, publicados en revistas científicas tanto nacionales como internacionales, destacando las últimas aportaciones realizadas en el ámbito de la competencia resiliente y su orientación y promoción en las personas…