No es ningún secreto que, con la llegada de la menstruación cada mes, el cuerpo de la mujer sufre cambios. Pero, ¿qué ocurre cuando dichos cambios son mucho más severos y trastocan la vida normal? Entonces estamos hablando del trastorno disfórico menstrual.

¿Quién es más propenso a sufrir el trastorno disfórico menstrual?

Este trastorno aparece en un 3 a 6 % de las mujeres. Y especialmente, aquellas que hayan padecido una depresión severa antes serán las más propensas a sufrirlo. Por lo tanto, es muy común y normal entre las mujeres sufrir el síndrome premenstrual, pero no así el trastorno disfórico menstrual o premenstrual.



Ambos están relacionados con los cambios en niveles hormonales que tienen lugar durante el ciclo de la mujer. Además, el nivel de neurotransmisores en el cerebro tales como la serotonina también juega un papel crucial. Así como un historial de ansiedad o depresión no diagnosticada.

Según las investigaciones más recientes, se ha averiguado la existencia de cierto gen en algunas mujeres, haciéndolas más propicias a sufrir de trastorno disfórico menstrual. Si los síntomas no cesan al poco tiempo de comenzar el periodo, es posible que se trate de depresión.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno disfórico menstrual?

Antes de entrar en detalles, es muy importante tener en cuenta que muchas mujeres podrían confundir los síntomas del trastorno disfórico menstrual con los del síndrome pre-mestrual, pues gran parte de ellos son muy similares, especialmente los síntomas físicos.

Así pues, como síntomas físicos pueden darse los problemas y desajustes con el sueño (por defecto o por exceso), dolor en articulaciones y músculos, así como de cabeza, hinchazón y aumento de peso, sensibilidad en los senos, fatiga, diarrea o estreñimiento y cambios en el apetito, bien por falta de él o todo lo contrario.

En cuanto a los síntomas emocionales del trastorno disfórico menstrual, son mucho más intensos que los del síndrome premenstrual. En este último, es muy común que la mujer se sienta tensa, deprimida o irritable y que haya cambios de humor repentinos.

Si hablamos del trastorno disfórico menstrual, encontraremos que dichos síntomas son multiplicados en intensidad, hasta el punto de que la mujer puede tener pensamientos suicidas, se encuentre extremadamente molesta y tensa sin poder controlar sus emociones, y se aleje de otras personas y de sus actividades cotidianas.

¿Qué puedes hacer si sufres de trastorno disfórico menstrual o conoces a alguien que pase por ello?

El primer paso para actuar es analizar los últimos ciclos menstruales y anotar los síntomas y cambios que hayan podido producirse mes a mes. Lo ideal es anotarlos durante varios ciclos y con todo lujo de detalles, apuntando bien las fechas y eventos, tanto físicos como emocionales.

Para poder concluir con seguridad que una mujer padece trastorno disfórico menstrual, es necesario que se hayan observado varios de los síntomas emocionales, y que hayan dificultado en gran medida o imposibilitado las relaciones personales y las actividades del día a día.

Aun así, es clave no solo identificarlos, sino, sobre todo, observar que desaparezcan a los pocos días de haber comenzado con el periodo. Pues de lo contrario podríamos estar ante una depresión, para lo cual habría que seguir otras pautas de tratamiento y actuación.

Una vez descartada la depresión y sabiendo con seguridad que se trata de un trastorno disfórico menstrual, puede tratarse con ciertos cambios en el estilo de vida. De esta manera, se pretende conseguir unos hábitos más equilibrados y saludables que repercutirán en el estado de ánimo.

Aunque también puede tratarse con medicación si fuera necesario, entre los cambios que se recomiendan, se hace especial hincapié en la alimentación. Y es que, como muy bien reza el dicho: somos lo que comemos. Y si comemos bien, nos encontraremos mucho mejor.

Así, la mujer debería reducir el consumo de sal y procesados, optar por raciones más pequeñas y frecuentes, dar prioridad a las frutas y verduras y aumentar la ingesta de alimentos ricos en proteína de calidad.

No es de extrañar que muchas personas y no solo mujeres, manifiesten que su estado de ánimo y su humor haya dado un giro, mejorando por completo y habiendo introducido ciertos cambios en su alimentación. Otros cambios que se recomiendan son: ejercicio moderado, dormir 7-8 horas, dejar el tabaco, iniciarse en la meditación y otras prácticas para aliviar el estrés…

Aunque hay medicación que también puede ayudar en casos más graves, como los antidepresivos, fármacos para la ansiedad y tratamientos hormonales para mejorar los síntomas emocionales, así como diuréticos y analgésicos para aliviar los síntomas de carácter físicos.

El primer paso es poder analizar y determinar con seguridad qué tipo de trastorno o afección se tiene. Por eso, es necesario llevar un control continuo y no dejar al aire cualquier detalle, por muy nimio que nos parezca. Solo así el médico podrá saber de dónde partimos para iniciar un tratamiento y dar los mejores consejos para que tu vida y tus relaciones no se resientan.

Referencias

Asociación Americana de Psicología, (2013). Manual de diagnóstico y estadísticas de trastornos mentales (5.° ed.) (versión en inglés). Washington, DC: The American Psychiatric Association

Andrea López-Mato, Gonzalo Illa, Oscar Boullosa, Coral Márquez, Alejandra Vieitez. Trastorno disfórico premenstrual. Instituto de Psiquiatría Biológica Integral (IPBI), Buenos Aires, Argentina.

Potter, J., Bouyer, J., Trussell, J., Moreau, C. (2009). Prevalencia del síndrome premenstrual y fluctuación con el transcurso del tiempo: resultados de una encuesta a la población francesa (versión en inglés): Journal of Women’s Health; 18(1): 31-39

https://www.redalyc.org/pdf/184/18481609.pdf

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