Ante la presencia de algún dolor corporal buscamos remediarlo mediante primeros auxilios o recurriendo al médico u hospital, si es el caso. Esto ocurre debido a que somos conscientes de lo que nos está sucediendo.

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Cuando el dolor que sufrimos es emocional

No obstante cuando se presenta un dolor emocional es nuestro inconsciente el que actúa, y lo hace mediante mecanismos de defensa que conducen a evitar, trasladar, victimizar, disfrazar y según la intensidad, en oportunidades, a enterrarlo profundamente. El inconsciente tiene como función proteger la vida y se activa de forma autónoma. El dolor es identificado por el inconsciente como una amenaza para la supervivencia, sea físico o emocional. La diferencia es que el dolor emocional se evidencia primero y como consecuencia se produce el dolor físico. De tal forma que cuando enfermamos es una respuesta de nuestro inconsciente para solucionar un conflicto. Por ejemplo, cuando nos duele una rodilla es la manera de resolver un conflicto donde la persona en general le duele emocionalmente algún tipo de sometimiento. Aunque cabe aclarar que cada respuesta va a depender de la información que cada persona tenga en su inconsciente.

El dolor emocional se incrementa cuando se continúa sumando el mismo dolor o se adiciona otro, sin que haya ninguna solución

de ahí que el inconsciente siga respondiendo con una enfermedad física o mental. La insana emoción crece de adentro hacia afuera hasta llegar a exteriorizarse, en ocasiones se detecta cuando es demasiado tarde. Dicha información llega a materializarse en un cáncer, un infarto o quizás en una alteración de comportamiento que puede conducir a una psicosis.

Nuestros mecanismos de defensa

Los mecanismos de defensa del inconsciente se pueden observar en actitudes como las compulsiones, obsesiones o lo que llamamos vicios. Estos son placebos para distraer el dolor emocional que la persona desarrolla para evitar sentir un dolor del cual desconoce su procedencia, al estar oculto en su mente inconsciente. Cuando perdemos a un ser querido sea por muerte o separación y la persona no realiza el duelo correspondiente o el dolor es insoportable, se esconde; ya que es posible que produzca incluso la muerte del individuo (nos protege). Esta analogía equivale con los primeros auxilios aplicados en el suceso de un grave dolor o herida corporal. Primero se salva la vida de la persona, no obstante, después de superada la crisis es necesario revisar el origen del dolor y reparar o sanar para curar el síntoma. Pues bien, de la misma forma se requiere proceder con el dolor emocional, es necesario un proceso para dejar salir la emoción que se oculta y que es el origen de la afección física.

Aquello que no se reconoce se duplica y algunas veces se multiplica, causando graves y diversas consecuencias, dentro de las mismas podemos encontrar: la ira o la histeria, las adicciones (para solapar), el caos, los accidentes, en resumen, una vida llena de dificultad, enfermedad corporal, alteraciones múltiples del comportamiento e incluso psicosis. Son la secuela de esconder las susodichas heridas emocionales.

Cómo sanar el dolor del corazón

Sanar un dolor emocional requiere de ciertas dosis de: reconocimiento, aceptación y perdón

Estos son los ingredientes que conducen a adquirir un estado de consciencia tal, que permita mantener una actitud de observación sobre sí mismo y sus circunstancias. Para aliviar un dolor emocional se puede proceder de forma análoga a una herida física. Primero, se acude a los primeros auxilios (mecanismo de defensa del inconsciente), lo cual será suficiente si la herida no es profunda, de lo contrario es necesario acudir al médico u hospital (o sea al psicólogo, sanador emocional, o psiquiatra). Dentro de los primeros auxilios aplicamos por lo general algún antiséptico y limpiamos la herida. En el campo emocional el antiséptico es el reconocimiento, en otras palabras la asimilación de cada emoción, identificándola con un nombre (sentimiento), como por ejemplo:

La humillación, rechazo, impotencia, etc. Cuando la herida física empieza a sanar, picará alrededor de la misma, no obstante, si se roza con algo, todavía dolerá. De forma similar acontece con la herida emocional mientras la estamos sanando, dolerá cuando algo o alguien nos recuerde con alguna palabra, gesto o hecho, que ahí continua, pero la actitud de observación permitirá la aceptación del suceso y continuar el proceso. La herida física estará sana cuando cicatrice. En el aspecto emocional para que cicatrice es necesario perdonar a aquellas personas “responsables” o “culpables” de la misma; aunque sin lugar a dudas el principal perdón es aquel que nos concedemos a nosotros mismos, ya que asimismo podemos comprender que los demás son solo unos actores en el escenario de nuestra vida y que nosotros los hemos invitado a participar. La cicatriz quedará para que recordemos no tropezar de nuevo con la misma piedra.

Cómo solventar un dolor emocional
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Luz Quiceno Romero
Ing. Técnica en Topografía. Trabajo en su área profesional durante 10 años, en los cuales a su vez, ejerció como catedrática universitaria. Escritora y Diplomada en Bioneuroemoción, un método que perfecciona su habilidad para conectarse y acompañar a las personas en la toma de consciencia y cambio de percepción de sus conflictos. Luz Quiceno se ha especializado por su experiencia personal y profesional en temas de la mujer.
  • Las personas en general son como contenedores de desperdicios, se llenan de decepciones, perdidas, fracasos, frustraciones, humillaciones, amarguras y muchas están repletas de ira, y cuando están a punto de rebosar de toxicidad, necesitan un lugar donde echarlos, un recipiente donde vaciarse, y si pueden y te dejas, lo hacen dentro de ti, si estás a mano y te encuentras en su camino… Pero no te lo tomes como nada personal, que no te afecte en absoluto, sacudete la porquería, sonríe y continua hacia delante como si no hubiera pasado nada, no dejes que esa negatividad se esparza en tu vida, en tu trabajo, en tu familia, en tus aficiones e ilusiones, que nadie te amargue la existencia. Quiere a quien te trata bien, y desea lo mejor al que te trata mal, pero alejate rápido de esa persona… La vida no es nada más que una pequeña parte de lo que haces y eliges por ti mismo, y el resto es cómo te tomas lo que te pasa.

    Es mejor en la vida dar a los demás lo que se merecen, ternura, respeto, compañía, ilusión, amor y sobre todo paz, tranquilidad para estar sosegado, y no estar juzgando a nadie, ni hablándole de su pasado, ni aireando sus intimidades a gente extraña por doquier, ni tampoco sacándole los defectos o los errores que pudo cometer inducido por otros o por si mismo en su pasado, ni diciéndole continuamente todo lo malo que le va a pasar en el futuro, como un mal agorero, y si lo haces así, la gente se separa de ti seguro, nadie quiere petardos tostones que no hacen más que incordiar y molestar… haciendo que la gente se sienta insignificante y mal.

    Prácticamente todos somos receptores de porquería emocional ajena, aunque no lo queramos, incluso de la nuestra propia, cuando nos recreamos en el rencor, en la culpa, en el resentimiento, en el arrepentimiento o en la venganza, pensamientos recesivos de decirnos continuamente… no debería haber hecho eso o lo otro, me equivoqué en tal asunto, si hubiera tomado tal camino ahora estaría mejor, si hubiera respondido de otra manera, si hubiera elegido bien y nos atormentamos a nosotros mismos, no consiguiendo nada bueno, más que estar rebozándonos en esa basura una y otra vez, provocándonos malestar y dolor. No solamente tenemos que luchar con la negatividad ajena, si no lo que es peor, con la nuestra propia, que es la más difícil de lidiar.

    Estas son algunas de las claves para detectar un individuo que nos utiliza como vertederos de su basura emocional… Son aquellos que siempre están a la defensiva y ven a todo el mundo como sus enemigos, los que no hablan de otra cosa que de sus desgracias sin querer saber nada de los problemas ajenos, los que no cumplen con su palabra y encima te culpan de ello a ti, los que no acuden a una cita o suelen ser impuntuales sin respetar el tiempo de los demás, los manipuladores que intentan controlar a las personas con mentiras y trampas para que cambien sus opiniones haciéndolas negativas contra algo o alguien, los que alzan la voz con frecuencia queriendo hacerse notar en cualquier lugar, los que no escuchan conversaciones en los que otros hablan de sus éxitos, los que critican frecuentemente y obvian elogiar a alguien cuando se lo merece, y los que son excesivamente sárcasticos en sus comentarios humillando, riéndose o ridiculizando a alguien… Síntomas claros de quienes vierten su energía mocional negativa sobre nosotros.

    En gran parte somos las malas elecciones que hemos hecho, ya sean tomadas con conocimiento de causa, o las ocasionadas por el azar de la vida o debidas a las personas con las que nos relacionamos, y no por eso debemos volcar nuestra mala uva en los demás que no tienen la culpa, pero en realidad son las que nos dejan huella para siempre, y las que nos convierte en lo que somos.

    ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©

  • La fortaleza no la conseguimos con la acumulación de los años, porque nuestra capacidad de aguante va disminuyendo con el tiempo, no soportamos igual los sufrimientos y las penas, y como los padecimientos son inevitables para todo el mundo, de las cosas malas nadie está libre, un pequeño contratiempo en la madurez puede hacernos tambalear y venirnos a bajo, lo mismo que una gran tragedia de cuando éramos más jóvenes, y es como si fuera la gota que hiciera rebosar el vaso. Ya no soportamos igual, la falsedad, la mentira, el desengaño, y preferimos vivir mejor con nosotros mismos…

    El dolor se hace más soportable cuando se comparte, de ahí que el peor dolor es el que no se cuenta, aunque el propio dolor generalmente a nadie le importa, a nadie le viene a cuenta. Porque el dolor es como una bomba de relojería que tenemos adosada a nuestra alma, y nunca sabemos cuando le da por estallar. Te puede surgir en cualquier momento. Así que ante la mayor desgracia, la solución es desapegarse de todo aquello que nos puede quitar la energía y las ganas de vivir. Lo único bueno del dolor, es que te lleva a querer encontrar el por qué de las cosas, además que tiene fecha de caducidad como los yogures, y al igual que empieza… siempre termina.

    Cuando el dolor que se sufre es muy fuerte, tanto que no se puede aguantar, no hay tristeza solamente, sino además ira, trastorno y desesperación. Por eso la desesperación es una forma de negar la realidad, cuando asumirla supone aceptar un dolor insoportable. Y el cuerpo se rebela, se niega a aceptar la verdad, y entonces el sentimiento sale con furia, y la desesperación se rebela contra la posibilidad de la existencia de un consuelo. Aunque el dolor sea egoísta, porque el que lo tiene solo piensa en el suyo, también es un privilegio de los vivos, de los que tienen emociones.

    En el dolor más profundo, podemos tener consuelo si en la tristeza nos dan un alivio al deshago, algo a lo que aferrarnos. La esencia última del dolor, que no es otra cosa que la rotura que ocasiona la impasibilidad de la carne a la mente, es decir hacia uno mismo. Por lo que el dolor que es compartido genera conmiseración ajena, y a su vez intimidad de la nada, que si no fuera por ello no surgiría nunca una relación más profunda.

    El dolor tiene como causa una emoción negativa, que está ligada a una situación mala que no aceptas y que vives con ella, provocándote sufrimiento, y que puede ser razonado con un pensamiento. Por eso el dolor tiene un fin, porque vale para marcarnos que algo no va bien y nos indica un problema, que en consecuencia debe ser solucionado. Todos los dolores pueden ser mejor soportado si escribimos sobre ellos, y los convertimos en una historia que se pueda leer por los demás. No te aflijas por tus males porque todo después de pasado un tiempo deja de importar y de doler… Entonces si tus males no tienen remedio, para qué te afliges, y si tienen solución como más razón no debes afligirte.

    A cierta edad, cuando llegas a la madurez, etapa entre los 50 y 70 años, ya no tienes el mismo aguante y paciencia con lo malo que te pasa, porque ya no deseas soportar ciertas cosas y determinadas personas por miedo a perder lo que tienes o verte en la soledad, valoras más la tranquilidad, la paz y la buena compañía. Ya no necesitas mostrarte como alguien bueno para venderte a los demás, para ser aceptado, no te haces ilusiones vanas, para lograr que te quieran, simplemente vives contigo mismo tal y como eres, y ya no vas detrás de nadie que no te quiere aunque puedas quererle, porque detestas la deslealtad, la ingratitud y la traición… Ya no soportas igual que de joven la mentira, la falsedad, la hipocresía, la inmoralidad, la vanidad ajena, y los halagos baratos, te dan asco los pedantes, lo que van dándoselas de mejores que los demás y mostrando sus conocimientos sin ton ni son, aborreces la jactancia y la soberbia. Ni toleras mucho menos, las discusiones, las manipulaciones, los conflictos y las provocaciones, únicamente te apetece vivir con autenticidad y naturalidad, es decir, con gente que te quiera por ti mismo, aunque no des con ella, sin adornos ni frivolidades.

    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©