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Actualizado: 29 de agosto, 2026
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Atrapados entre el ayer y el mañana: ¿Amas a tu pareja o a la idea que construiste de ella?

Las relaciones de pareja a menudo se ven saturadas por expectativas idealizadas y nostalgia por momentos pasados que tal vez nunca existieron. Este artículo explora cómo estos fenómenos generan insatisfacción y...

La pareja que se reencuentra. María y Carlos fueron novios en la universidad. Tuvieron una relación intensa pero tormentosa, y terminaron después de dos años. Diez años después, se reencuentran en redes sociales. María recuerda los primeros meses: las flores, las cartas, las noches de pasión. Idealiza ese pasado y piensa: «Él era el amor de mi vida, pero yo era muy inmadura». Carlos, por su parte, idealiza a la María espontánea y apasionada que conoció, y piensa que ahora es diferente, más seria, pero que podría volver a ser aquella chica. Se vuelven a juntar. Pero pronto chocan con la realidad: ninguno de los dos es la persona que recuerdan. Los viejos conflictos resurgen. María espera que Carlos sea el poeta romántico de su memoria, y él espera que ella sea la chica despreocupada que fue. Ambos aman fantasmas, no personas reales.

  • Cuando el reencuentro se construye sobre recuerdos idealizados, el presente nunca puede competir. No se vuelven a enamorar de la persona real, sino de la versión embellecida que la memoria guardó.

La pareja que vive junta, pero no plena. Ana y Luis llevan ocho años de matrimonio. Tienen dos hijos, una casa, estabilidad. Pero Ana siente que algo falta. Recuerda los primeros años: las escapadas de fin de semana, las conversaciones largas, la complicidad. Y aunque esos recuerdos son reales, su memoria ha borrado las peleas, el cansancio, las dificultades económicas. Ahora, Ana espera que Luis «vuelva a ser el de antes». Espera que un día, sin aviso, él recupere la chispa perdida. Mientras tanto, Luis no entiende por qué Ana está siempre insatisfecha. Él se esfuerza, trabaja, lleva dinero a casa, ayuda con los niños. Pero nada de eso es suficiente, porque Ana no está comparándolo con su esposo real, sino con el fantasma de un pasado que nunca fue tan perfecto como ella cree.

  • La anemoia en las parejas estables convierte a la convivencia en una competencia desleal: nadie puede ganarle a un recuerdo al que se le han borrado los defectos.

La pareja que apenas se forma. Sofía conoce a Javier por una app de citas. Antes de la primera cita, ya ha imaginado su futuro juntos: viajes, tardes de película, complicidad total. Ha construido una historia en su cabeza donde Javier es el compañero ideal. Cuando se ven, Javier es simpático, pero no mágico. Tiene gestos que no encajan con el guion de Sofía: es más serio de lo que esperaba, no le gusta el cine de autor, es un poco desordenado. Sofía sale de la cita con una mezcla de decepción y esperanza. Piensa: «Tal vez en la segunda cita sea diferente». Pero Javier no va a cambiar. El problema no es Javier: es la expectativa idealizada que Sofía construyó antes de conocerlo.

  • Las expectativas previas a conocer a alguien pueden sabotear el inicio de una relación prometedora porque la realidad rara vez iguala a la fantasía.

Introducción: el dolor de amar una idea

Las relaciones de pareja son uno de los territorios más fértiles para la esperanza, pero también para la decepción. Millones de personas conviven con una insatisfacción difusa que no logran explicar: sienten que su relación «no es como debería ser», que su pareja «cambió» o que «antes era mejor», incluso cuando esos «antes» fueron solo un par de meses de idealización inicial.

Lo que ocurre, en muchos casos, es que las parejas quedan atrapadas entre dos poderosos mecanismos emocionales: las expectativas (un futuro imaginado que no llega) y la anemoia (una nostalgia por un pasado que quizás nunca existió como se recuerda). Esta combinación genera un sufrimiento gratuito que Anthony Hopkins describió magistralmente en la película Instinto: «Somos prisioneros detrás de las rejas que cada uno de nosotros construimos».

Entender estos fenómenos no solo ayuda a las parejas que atraviesan crisis, sino que puede prevenir que relaciones prometedoras se desgasten antes de nacer. Este artículo explora cómo las expectativas y la anemoia se convierten en dos caras de una misma moneda, atrapando a las personas en un bucle de insatisfacción donde el presente nunca es suficiente.

¿Qué dice la ciencia sobre: las expectativas y la anemoia en la insatisfacción de la pareja?

A través del equipo de Atención y Tratamiento Psicológico, encabezado por los maestros y doctores en Desarrollo Humano; Fidelia Martínez y Juan Antonio Barrera, llevaron a cabo una investigación cualitativa con el propósito de explorar el fenómeno de la insatisfacción en las relaciones de pareja desde la perspectiva de dos mecanismos psicológicos: las expectativas (proyecciones hacia un futuro idealizado) y la anemoia (nostalgia por un tiempo o experiencia que nunca se vivió o se vivirá). Ambos procesos se consideran dos caras de una misma moneda, unidas por la capacidad humana de simular o fantasear mentalmente realidades alternativas que compiten con el presente. Se analizan casos hipotéticos que ilustran cómo estos mecanismos afectan a parejas en diferentes etapas (reencuentro, convivencia, formación inicial) y se ofrecen categorías pedagógicas para entender la trampa de la idealización.

Desde una perspectiva multidisciplinar, se abordan factores biológicos, psicológicos, sociales, socioculturales y trascendentales, y se presenta un mini test (no validado) para evaluar el grado de conflicto. Las consecuencias incluyen desgaste emocional, estancamiento y duelos prolongados, mientras que las soluciones pasan por aceptar los sesgos de la memoria, revisar expectativas, hacer el duelo de la pareja pasada, practicar atención plena y buscar ayuda profesional. Se concluye que liberarse de la prisión de las expectativas y la anemoia es esencial para construir relaciones basadas en la realidad y no en fantasmas.

¿Qué son las expectativas y la anemoia?

Las expectativas: el futuro que nunca llega.

Las expectativas en el amor son proyecciones mentales sobre cómo debería ser una relación. Muchas veces no son realistas: parten de ideales románticos, de lo que vimos en películas, de lo que nos contaron o de lo que creemos que «merecemos«. El problema no es tener expectativas (eso es humano), sino aferrarse a ellas cuando la realidad muestra algo diferente.

La anemoia: la nostalgia por lo que nunca fue, ni será.

El término anemoia fue acuñado por el escritor John Koenig en su obra The Dictionary of Obscure Sorrows, y se define como la «nostalgia por un tiempo que nunca se vivió» (La mente es maravillosa, 2025). A diferencia de la nostalgia común —que añora experiencias propias del pasado—, la anemoia se basa en una fantasía, en un pasado o en un futuro imaginado que la mente decora con demasiado amor (Centro por la familia, 2025).

El neurocientífico Felipe De Brigard, de la Universidad de Duke en Carolina del Norte-USA, explica que la memoria es un proceso creativo: cuando recordamos, no reproducimos una grabación fiel, sino que simulamos eventos del pasado (BBC Science Focus Magazine, 2023). Esto significa que podemos sentir nostalgia no solo por lo que vivimos, sino también por lo que imaginamos haber vivido o por lo que nos gustaría haber vivido o incluso vivir actualmente.

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¿Son dos caras de la misma moneda?

Sí. Expectativas y anemoia están conectadas porque ambas implican simulaciones mentales de realidades alternativas (BBC Science Focus Magazine, 2023). Una mira al futuro (expectativas), la otra al pasado y puede mirar al futuro (anemoia), pero ambas comparten el mismo mecanismo: construyen una realidad paralela que compite con el presente real. Y ambas generan sufrimiento cuando esa realidad imaginada no se cumple.

La licenciada Alexandra Christmann, de la Universidad de Groninga en los Países Bajos, señala que la anemoia y la nostalgia se superponen porque ambas activan un «anhelo» por algo que no está aquí y ahora (Christmann, 2023). Podríamos decir que las expectativas son también anemoia del futuro: la añoranza de un tiempo que aún no ha llegado.

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Categorías pedagógicas para entender el fenómeno

  • Categoría 1: El deseo y la realidad. Todo ser humano tiene deseos sobre cómo debería ser su relación. Pero el deseo no es malo en sí mismo. El problema aparece cuando el deseo se convierte en exigencia y la persona se niega a aceptar que la realidad no se ajusta a su plan. En el amor, esto significa no ver a la pareja como es, sino como debería ser.

La clave no es eliminar los deseos, sino aprender a diferenciar entre lo que se desea y lo que es posible. La madurez en el amor consiste en poder decir: «Esto es lo que me gustaría, pero esta es la persona que tengo enfrente».

  • Categoría 2: El espejismo de la memoria. La memoria no es un archivo fiel, sino una reconstrucción que el cerebro hace en cada recuerdo. Como explica De Brigard, «la nostalgia puede basarse en simulaciones de experiencias pasadas placenteras, pero no tiene que ser así» (BBC Science Focus Magazine, 2023). El cerebro, además, tiende a filtrar lo negativo con el tiempo, lo que hace que los recuerdos se vuelvan más positivos de lo que fueron (Christmann, 2023).

Cuando extrañamos el pasado de una relación, estamos extrañando, en parte, una versión editada de ese pasado. Reconocer este sesgo es el primer paso para no tomar decisiones basadas en recuerdos que nunca fueron del todo ciertos.

  • Categoría 3: La trampa de la espera. Muchas personas permanecen en relaciones insatisfactorias porque esperan que algo cambie: que él/ella se vuelva más atento(a), que él/ella sea menos crítica(o) y enojona(ón), que el amor de los primeros meses regrese. Esta espera se convierte en una adicción a la esperanza, alimentada por refuerzos intermitentes: un día bueno, un gesto cariñoso, un destello de lo que fue, que justifica seguir esperando (Barrera & Martínez, 2026).

Esperar indefinidamente que alguien cambie es una forma de renunciar al presente. El amor real no se construye sobre la esperanza de que el otro sea diferente, sino sobre la aceptación de quién es hoy.

Etiología: ¿por qué pasa esto?

Un entrelazamiento cuántico emocional.

Existe una conexión profunda entre las expectativas (futuro) y la anemoia (pasado). Ambas son simulaciones mentales que activan las mismas redes cerebrales De Brigard, F. (2018). La investigadora Mira Holzmann, en un estudio sobre anemoia y optimismo, observó que la tendencia a imaginar futuros ideales y pasados idealizados podrían estar relacionados (Holzmann, 2023).

En este sentido, la anemoia y las expectativas se entrelazan: extrañar un pasado inventado alimenta la expectativa de recuperarlo, y esa expectativa, al no cumplirse, genera más añoranza del pasado ficticio. Es un círculo vicioso que mantiene a las personas atrapadas en una realidad paralela que nunca existió y nunca existirá.

  • La mente humana tiene una capacidad asombrosa para construir mundos paralelos. En el amor, esa capacidad puede ser un refugio o una prisión. Depende de si estamos dispuestos a soltar la fantasía para ver a la persona real.

Factores asociados: una mirada multidisciplinar

Entender por qué las parejas quedan atrapadas entre expectativas idealizadas y recuerdos inventados requiere mirar más allá de lo evidente. No es solo un problema de «falta de comunicación» o de «desamor»: hay razones biológicas que nos predisponen a recordar lo bonito y olvidar lo feo, mecanismos psicológicos que refuerzan nuestra espera, presiones sociales que nos venden un amor de película y hasta dimensiones filosóficas que nos hablan del miedo a aceptar la realidad. Por eso, para comprender este fenómeno, necesitamos un enfoque que abarque todas estas capas. A continuación, desglosamos los principales factores que explican por qué nos aferramos tanto a lo que nunca fue y a lo que quizás nunca será.

  • Factor biológico: El cerebro procesa el anhelo y la idealización a través del sistema de recompensa, con participación de la dopamina y la oxitocina (la «hormona del amor»). Los recuerdos positivos activan estos circuitos, generando bienestar, incluso cuando el recuerdo es impreciso (Christmann, 2023). La nostalgia tiene un componente «agridulce» (mixto en valencia), lo que explica que podamos sentir placer y dolor al mismo tiempo (De Brigard, 2018).
  • Factor psicológico: Desde la psicología, este fenómeno se explica por sesgos cognitivos:
    • Sesgo de positividad: Tendemos a recordar lo bueno y olvidar lo malo con el tiempo (Christmann, 2023).
    • Refuerzo intermitente: La esperanza de que la pareja «vuelva a ser como antes» se mantiene porque aparecen destellos del pasado que refuerzan la espera (Barrera & Martínez, 2026).
    • Anclaje: Nos aferramos a la primera impresión o al mejor momento de la relación, y evaluamos todo lo demás en comparación.
    • Disonancia cognitiva: Para justificar por qué seguimos en una relación insatisfactoria, idealizamos el pasado o el futuro.
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  • Factor social: La cultura romántica occidental idealiza el amor eterno, el «para siempre» y la idea de que el amor verdadero supera cualquier obstáculo. Esto crea expectativas poco realistas. Las redes sociales agravan el problema: mostramos solo los mejores momentos de nuestras relaciones, alimentando la ilusión de que el amor «perfecto» existe y es alcanzable.
  • Factor sociocultural: El contexto histórico y social influye. En España, partidos políticos como Vox han usado la nostalgia (y la anemoia) para apelar a un pasado que muchos no vivieron, pero imaginan mejor (Público, 2024). En el plano de las relaciones, fenómenos similares ocurren cuando se idealizan épocas pasadas donde «el amor era más verdadero» o «las parejas duraban más», olvidando que esas épocas también tenían realidades más complejas.
  • Factor trascendental (o filosófico): El filósofo Byung-Chul Han (2017) habla de la sociedad del cansancio, donde las personas están atrapadas en el «proyecto de sí mismas», exigiendo perfección. En el amor, esto se traduce en esperar una pareja perfecta porque no se tolera la imperfección. Desde una perspectiva existencial, aferrarse a expectativas y anemoia puede ser una forma de evitar el dolor de aceptar que la realidad no es como queremos, que el amor es, como decía el escritor y economista español José Luis Sampedro, «luchar contra la nada«.

Como vemos, el enredo entre expectativas y anemoia no tiene una sola causa, sino muchas que se alimentan entre sí. Lo que ocurre en nuestra cabeza (sesgos, hormonas, memorias reconstruidas) se mezcla con lo que ocurre a nuestro alrededor (presión social, cultura romántica, redes sociales) y con lo que ocurre en lo más profundo de nuestra manera de estar en el mundo (miedo a la imperfección, necesidad de control). Reconocer esta complejidad es el primer paso para no reducir el problema a un simple «es que ya no me quiere» o «es que él/ella cambió». Al entender que hay todo un ecosistema de factores detrás de nuestra insatisfacción, podemos empezar a desmontarlos, uno por uno, con más compasión y menos culpa.

Mini test: ¿Estás atrapado entre expectativas y anemoia?

Responde Sí o No a las siguientes afirmaciones. Basado en el trabajo de PsicoActiva sobre el síndrome del amante que ya no existe (Barrera & Martínez, 2026).

  1. Digo o pienso con frecuencia: «Antes no eras así» o «Antes éramos más felices».
  2. Cuando recuerdo los primeros años de la relación, solo vienen a mi mente cosas buenas.
  3. Mi pareja tiene destellos de «cómo era antes» (un gesto cariñoso, un día bueno), pero pronto vuelve a ser distante.
  4. Espero ansiosamente esos destellos; marco mi día en función de si aparecen o no.
  5. He dejado de hacer cosas que me gustan (ver amigos, hobbies) por estar disponible por si «hoy es el día bueno».
  6. Cuando hablo con mi pareja sobre lo que ha cambiado, ella/él dice que siempre ha sido así o que yo soy el que ha cambiado.
  7. Tengo una imagen mental muy vívida de «cómo era mi pareja antes» y siento que esa imagen es más real que la persona que tengo enfrente.
  8. Aunque el presente es insoportable, no puedo irme porque «quizás mañana vuelva a ser el/la de antes».
  9. Amigos o familiares me han dicho que estoy obsesionado/a con el pasado.
  10. He pensado que tal vez no es que mi pareja haya cambiado, sino que yo nunca la vi con claridad.

Interpretación (basada en la escala de PsicoActiva):

Puntuación Nivel de riesgo
0-2 SÍ Señales leves. Probablemente estás experimentando anemoia o expectativas, pero no domina tu vida.
3-5 SÍ Señales moderadas. Hay riesgo de estar atrapado en una idealización. Vale la pena reflexionar.
6-9 SÍ Señales severas. La memoria selectiva y la esperanza en un cambio están dominando tu relación.
10 SÍ (o sí en 4 u 8) Riesgo de dependencia emocional. Puedes estar amando un fantasma, no a la persona real.
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Consecuencias: el impacto en las parejas

En parejas que viven juntas

  • Desgaste emocional: El resentimiento crece porque la pareja no cumple con expectativas no comunicadas (o no realistas).
  • Falta de conexión real: Se interactúa más con la imagen que se tiene del otro que con el otro mismo.
  • Ciclo de decepción: Cada desilusión refuerza la añoranza del pasado, lo que hace más difícil valorar el presente.
  • Estancamiento: Se deja de invertir en el presente porque se espera que algo del pasado «vuelva».

En parejas separadas

  • Duelo prolongado: No se elabora la pérdida de la relación real porque se aferran a una versión idealizada.
  • Reencuentros fallidos: Cuando se vuelven a juntar, la realidad no coincide con el recuerdo.
  • Dificultad para cerrar ciclos: No poder soltar la idealización impide avanzar y construir nuevas relaciones.
  • Síndrome del «quizás»: Viven en el «quizás volvamos», hipotecando su presente.

Alternativas de solución

  1. Aceptar que la memoria engaña. El primer paso es reconocer que los recuerdos no son objetivos. Como dice la neurociencia, la memoria es una reconstrucción. Preguntarse: «¿Qué aspectos negativos de esa época estoy olvidando?». Llevar un diario honesto de la relación puede ayudar a contrarrestar el sesgo de positividad.
  2. Revisar las expectativas. En lugar de preguntar «¿Por qué no es como yo quiero?», preguntarse: «¿Son realistas mis expectativas? ¿Qué parte viene de mi ideal personal y qué parte viene de quien es mi pareja realmente?».
  3. Hacer el duelo de la pareja que fue. Como señala el artículo de “Amar a un fantasma”, a veces hay que «elaborar el duelo por la pareja que fue» para poder decidir si se puede amar a la persona real (Barrera & Martínez, 2026). Esto no significa olvidar, sino aceptar que esa versión del otro ya no existe, y si existe, no volverá.
  4. Practicar la atención plena. La anemoia y las expectativas nos sacan del presente. Ejercicios de mindfulness pueden ayudar a volver a lo que está ocurriendo aquí y ahora. La psicóloga Cristina Jurado recomienda «reconciliarse con el presente» y usar la gratitud para valorar lo que sí hay (Revista HOLA, 2025).
  5. Comunicación honesta. Hablar de las expectativas y de los recuerdos con la pareja, pero desde la vulnerabilidad, no desde la exigencia. Decir: «Me doy cuenta de que a veces añoro una versión de ti que quizás ya no existe. Y eso me da miedo. Pero quiero intentar conocerte como eres ahora».
  6. Buscar ayuda profesional. Cuando el patrón es severo, la terapia de pareja o individual puede ayudar a desmontar los mecanismos de la memoria selectiva y el refuerzo intermitente, como se describe en el trabajo sobre el «síndrome del amante que ya no existe» (Barrera & Martínez, 2026).
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Conclusiones

El amor, en su esencia más pura, ocurre en el presente. No en el pasado que la memoria decora con demasiado amor, ni en el futuro que la esperanza pinta con colores irreales. Sin embargo, millones de personas viven relaciones atrapadas en esa doble prisión: la anemoia (extrañar lo que nunca fue o lo que fue, pero no como se recuerda) y las expectativas (esperar que el otro sea quien imaginamos o que vuelva a ser quien creemos que fue).

A lo largo de este artículo hemos visto que ambos fenómenos no son caprichos emocionales, sino mecanismos profundamente humanos, con raíces biológicas, psicológicas, sociales y culturales. La memoria no es una grabación fiel, sino una reconstrucción creativa que tiende a filtrar lo negativo y exagerar lo positivo. El cerebro, además, nos recompensa con dopamina cuando recordamos momentos felices —aunque esos momentos sean, en parte, inventados—, lo que nos engancha a una nostalgia ambivalente que duele y a la vez alivia. Por si fuera poco, la cultura romántica y las redes sociales nos bombardean con ideales de amor perfecto que alimentan nuestras expectativas y nos hacen sentir que lo que tenemos nunca es suficiente.

Pero quizás lo más revelador es que expectativas y anemoia son dos caras de la misma moneda: ambas son simulaciones mentales de realidades alternativas que compiten con la realidad presente. Ambas nos sacan del aquí y ahora, y nos instalan en un «podría haber sido» o un «podría ser» que constantemente nos decepciona. Y lo más paradójico es que, cuanto más nos aferramos a esas fantasías, más nos alejamos de la posibilidad de construir un amor real, imperfecto, vivo.

En su polisemia las expectativas y la anemoia, presentan muchas caras que dificulta percibirlas, entre otras se destacan: un recuerdo idealizado, un recuerdo inventado, un recuerdo al que se le han borrado los defectos, una expectativa idealizada, expectativas inventadas, fantasía pasada o futura imaginada, simulación mental de una realidad paralela o alternativa, en el amor es ver a la pareja como debería de ser y no como es, hacer los recuerdos más positivos de lo que son, es renunciar al presente, tener pasado y futuro idealizados, un refugio y prisión construida sobre el amor, lo que no fue ni será, en el amor es la espera de una pareja perfecta, por mencionar algunas.

El filósofo Byung-Chul Han nos recordó que el amor auténtico requiere del valor de descubrir al Otro, de aceptar su alteridad, su diferencia, su imperfección. Y desde una perspectiva existencial, aferrarse a expectativas y anemoia puede ser una forma de evitar el dolor de aceptar que la realidad no es como queremos, que el amor es, como decía José Luis Sampedro, «luchar contra la nada» —una lucha constante por dar sentido a lo que no tiene garantías, por construir algo sólido sobre lo incierto.

Las consecuencias de esta prisión son profundas: parejas que conviven sin conexión real, separaciones que nunca terminan de cerrarse, reencuentros que fracasan porque se intentan revivir fantasmas, años de espera por un cambio que nunca llega. Pero también hay salida. Reconocer que la memoria engaña, revisar las expectativas con honestidad, hacer el duelo por la pareja que fue, volver al presente con atención plena y comunicarse desde la vulnerabilidad son pasos concretos para liberarse.

Al final, la pregunta no es «¿volverá a ser como antes?» ni «¿llegará a ser como quiero?». La pregunta es: «¿Estoy dispuesto a amar a la persona que tengo enfrente, con sus luces y sus sombras, hoy, ahora, sin esperar que sea otra?».

Porque el amor real no se construye sobre lo que fue o lo que podría ser. Se construye sobre lo que es. Y lo que es, es imperfecto, frágil, cambiante. Pero también es lo único que tenemos para ser felices.

Liberarse de las propias rejas —como decía Anthony Hopkins— no es renunciar a los sueños. Es dejar de soñar con una pareja que nunca existió, para poder empezar a querer a la que sí está aquí.

Las expectativas y la anemoia son mecanismos naturales de la mente humana, pero cuando dominan una relación convierten el amor en una prisión. La salida no está en el pasado ni en el futuro, sino en la valentía de habitar el presente con los ojos abiertos, aceptando que la persona amada no es un proyecto a terminar ni un recuerdo a recuperar, sino un ser humano real que, como nosotros, también está en construcción. Solo así el amor puede dejar de ser una herida y convertirse en un encuentro.

«Recuerda: en el lado secreto del amor, no hay parejas que no puedan amarse sanamente. Hay anemoia y expectativas irreales que se interponen entre ellos, disfrazándose de recuerdos, fantasías idealizadas y de esperanzas. Sin embargo, la buena noticia es que la mayoría de estos fantasmas, cuando se hacen conscientes, pueden disolverse. Porque el primer paso para soltar una prisión es saber que estás dentro de ella.»

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Juan Antonio Barrera

Psicólogo terapeuta individual y de pareja. Ha sido, durante más de 16 años, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (México D. F.) en el área de Psicología. Participa como conferenciante en su país y el extranjero, también destaca como especialista en televisión, radio y otros medios. Es escritor de varios libros.