John Locke (1632 – 1704) fue un filósofo y activista social inglés del siglo XVII preocupado principalmente por la gobernanza, la teoría política, la epistemología y la tolerancia religiosa. Sus escritos políticos proporcionan una defensa filosófica fundamental para las instituciones democráticas modernas. Como filósofo, fue uno de los primeros defensores del empirismo. Locke también hizo contribuciones en los campos de teología, educación y economía.



Pensamiento empírico

John Locke nació en Inglaterra y tuvo diversas ocupaciones a lo largo de su vida. Fue médico personal del conde de Shaftesbury, activista político (en 1683 debió exiliarse temporalmente en Holanda) y filósofo, autor de Ensayos sobre el entendimiento humano, publicado en 1690. Las ideas propuestas en este ensayo fueron fundamentales para la creación de la escuela filosófica conocida como empirismo inglés, según la cual todo conocimiento procede de los órganos de los sentidos.

Locke siguió el ejemplo de Descartes de alejarse del pensamiento imperante de la escolástica medieval, aunque rechazó el racionalismo de Descartes en favor del método empírico. Con Locke, la oposición entre el racionalismo continental y el empirismo británico se solidificó, ambas corrientes de pensamiento buscando reemplazar la conciencia medieval en su propia forma distinta, basada en la autonomía de la mente humana. La epistemología de Locke, que insiste en el papel de la experiencia, tiene una relación directa con su postura contra la autoridad abusiva en cuestiones de libertad religiosa y gobierno político.

Su objetivo principal era dar cuenta de la realidad manteniéndose lo más cerca posible del sentido común, y siempre estaba dispuesto a admitir que había límites y fallas en sus explicaciones tentativas. En ese sentido, se puede decir que su empirismo también contenía una buena dosis de pragmatismo saludable.



Locke sostenía que en el momento del nacimiento la mente es una tabula rasa, o sea, una pizarra en blanco en la que nada hay; todas las ideas se forman a partir de los procesos sensoriales de la visión, el oído, el gusto, el tacto y el olfato.

Para Locke todas las ideas proceden de la experiencia. Esta doctrina de la pizarra en blanco contradice directamente las enseñanzas de Platón y la teoría de las ideas innatas y rivaliza además con el innatismo.

Le interesaba saber donde o cuando empieza el pensamiento y razonamiento humano. La respuesta de Locke fue la siguiente: “Cuando un niño puede verse a sí mismo desde fuera, como si fuese otra persona y puede hablar en tercera persona de sí mismo, ahí empieza el pensamiento humano”.

Defendió una fe basada en la razón más que en la autoridad bíblica. Por otro lado, la naturaleza moderadamente agnóstica de su empirismo abrió el camino para que otros cuestionen y desafíen cualquier posibilidad de alcanzar la certeza en asuntos de fe. En ese sentido, sus métodos se comparan con los del racionalista Descartes que, como Locke, defendió las creencias cristianas, pero a través de métodos que llevaron a algunos de sus protegidos a rechazar esa fe, utilizando las mismas herramientas (de razón en el caso de Descartes) que él les había proporcionado.

Locke ha servido de inspiración a aquellos psicólogos que subrayan la importancia de los aspectos adquiridos de la conducta. Toda su teoría giraba principalmente en torno del aprendizaje. Así el conductismo, como escuela psicológica, descansa básicamente en la tradición inaugurada por Locke.