sueño polifásico

Se cuenta que el genio del Renacimiento, Leonardo Da Vinci, estableció un ciclo de sueño bastante peculiar llamado en la actualidad sueño polifásico. Se dice que dormía quince minutos cada cuatro horas, lo que supone dormir un total de una hora y media al día. Si esto fuera cierto, ¿le pudo haber ayudado el sueño polifásico a ser más creativo? ¿es posible rendir correctamente en el día a día con este tipo de sueño? Incluso, ¿es posible mantener un tipo de sueño polifásico en el tiempo y no morir en el intento?

Sueño polifásico

Como se ha podido intuir en la introducción, el sueño polifásico consiste en dormir más de una vez al día. Muchos mamíferos muestran este tipo de sueño. Es más, los humanos, caracterizados por un tipo de sueño monofásico (por las noches), también mostramos un sueño polifásico, sobre todo, en bebés. Aquellos que han sido padres sabrán los ritmos de sueño de sus retoños. En adultos también puede darse este tipo de sueño, un ejemplo de ello es la siesta, por lo que de esta forma dormiríamos dos veces al día. Incluso algunos de nuestros mayores -y no tan mayores- pueden llegar a echar una «cabezadita» antes de comer y una siesta después.

¿Es posible vivir con sueño polifásico?

Diversos investigadores, en su aspiración por encontrar aquello que mejore la calidad de vida de los seres humanos, se han preguntado más de una vez si es posible vivir con un tipo de sueño polifásico. ¿Podría tener algún efecto positivo sobre nuestras vidas el sueño polifásico? Por ejemplo, equipos de investigación como los liderados por Gillberg en 1996 y Horne y Reyner en el mismo año, se percataron que el sueño polifásico como la siesta proporciona un gran efecto a pesar de su brevedad. ¿Cómo es posible que un sueño de tan corta duración – de 20 a 30 minutos – pueda tener un poder de recuperación tan grande?

Este tipo de cuestiones impulsaron y motivaron diferentes tipos de investigaciones. En 1992, el equipo de Stampi llevó a cambio un experimento. Se trató de una investigación que reproducía las mismas condiciones de sueño polifásico que Leonardo Da Vinci: dormir 15 minutos cada cuatro horas. Los hallazgos principales son los siguientes:

  1. En primer lugar, a los sujetos experimentales les costó mucho tiempo adaptarse a este ritmo de sueño. Tardaron aproximadamente dos semanas en adquirir el tipo de sueño polifásico.
  2. Una vez adaptados, los sujetos parecían satisfechos y no se observaban alteraciones en las pruebas de rendimiento que se les aplicaron.
  3. Encontraron que el programa de sueño cada cuatro horas dio buenos resultados. Sin embargo, se percataron que en situaciones de trabajo no estructuradas como puede ser una regata al rededor del mundo, los sujetos podían cambiar sus ciclos de sueño sin padecer consecuencias adversas.
  4. Cada sujeto tiende a establecer una duración de su sueño, por ejemplo, de 25 minutos. A pesar de que en el experimento se trató de repetir el ciclo de sueño de Leonardo Da Vinci, se observó que de forma natural cada persona establecía una duración determinada de sueño. Si la duración del descanso era menor del establecido, la persona aseguraba que no había descansado bien. Si la duración del sueño era mayor, aseguraban sentirse bloqueados durante varios minutos al despertarse -efecto llamado inercia del sueño-. Este último punto resalta la importancia que tiene para el cuerpo y la mente dormir las mismas horas todos los días.

Sueño polifásico, ¿sería posible en adultos?

Sueño monofásico o polifásico, ¿cuál es mejor?

Las investigaciones sobre el sueño son muy extensas. Si nos basamos en investigaciones concretas sobre sueño polifásico como el anterior, los experimentos son más escasos, por lo que es complicado establecer cuál de los dos tipos de sueño es más efectivo. Por otro lado, los experimentos sobre sueño monofásico son bastos y extensos. Y si incluimos la siesta como parte de las investigaciones de sueño polifásico, los resultados aumentan.

Los beneficios de la siesta son evidentes, ya que nos pueden proporcionar un pequeño descanso en mitad de nuestra jornada. Se trata de un descanso que repercute positivamente tanto a nivel mental como físico. Nos carga las pilas y nos permite seguir funcionando hasta el final del día. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la duración de la siesta no debería superar los 20-30 minutos, ya que podría tener efectos negativos sobre la calidad del sueño nocturno.

Para acabar… un dato curioso, ¿para qué dormimos?

A pesar de todos los avances en la investigación sobre el sueño, todavía no se sabe al 100% para qué o por qué dormimos. ¿Qué función cumple realmente el sueño? El equipo de Elena Miró (2002) se recoge que «algunas de las hipótesis más importantes relacionan al sueño de ondas lentas con la conservación de la energía, la restauración corporal o neurológica». Sin embargo, todavía queda mucho por averiguar y por conocer sobre el sueño. Como destaca Reschtschaffen, uno de los pioneros en la investigación del sueño: «si el sueño no desempeña importantes funciones, constituiría el mayor evolutivo jamás hecho».

Bibliografía

Miró, E., Ibáñez, M. y Cano-Lozano, M. (2002). Patrones del sueño y salud. International Journal of Clinical and Health Psychology, 2, (2), 301-326.

Pinel, J. (2006). Biopsicología. Madrid: Pearson.

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