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Llegar juntos es el principio. Mantenerse juntos, es el progreso. Trabajar juntos es el éxito.” Henry Ford

¿Por qué cuando las personas experimentan situaciones difíciles en su vida buscan la compañía de otros? ¿Por qué nos sentimos inclinados a estar “conectados” con ciertas personas?

Afiliación: raíz de la relación social

La afiliación es la tendencia que tenemos a buscar compañía de otras personas, es esa necesidad de establecer relaciones con los demás, mientras que la propensión a evaluar de forma positiva a otra persona y deseo de acercamiento, se le conoce como atracción interpersonal, la cual contempla componentes cognitivos, afectivos y conductuales. Nuestra necesidad de “pertenencia” funge como un motivación humana fundamental.

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Las primeras investigaciones sistemáticas sobre afiliación desde la perspectiva de la psicología social fueron llevadas a cabo por Stanley Schachter (1959), en las que estudió la uniformidad grupal y los mecanismos de comunicación mediante los cuales los grupos persisten y mantienen  su cohesión,  es decir:  “el campo total de fuerzas que actúan en los miembros para que sobreviva el grupo”.

Junto con sus colegas, realizó numerosos experimentos, en los que concluyeron que la asociación con otras personas sirve para satisfacer varios propósitos, a la vez que favorece la adaptación y la selección natural, lo cual podemos observar a lo largo de la historia, pues al asociarse con otros el ser humano ha podido asegurar su protección, se ha adaptado al medio, ha podido resolver problemas básicos y algunos más complejos que la vida le supone, la formación y pertenencia a ciertos grupos coadyuva a la supervivencia del individuo y de la especie misma.

Ese deseo y motivación por pertenecer a un grupo social comienza con la necesidad de afiliación, que se define como el deseo de establecer contacto social con los demás (Adam, 1989). Las personas difieren en cuanto a esta necesidad, pues depende mucho de sus rasgos de personalidad y de sus circunstancias particulares.

El modelo multidimensional de la afiliación afirma que, por lo general, las personas buscan mantener un nivel óptimo de contacto social y cuando se alejan de dicho objetivo, tratan de modificar y adaptar su conducta para restaurarlo. Con esto se logra un estado de mayor claridad cognitiva en situaciones que resultan confusas o desafiantes para el individuo.

Este paradigma sostiene que es natural buscar una referencia en lo que hacen los demás, es decir que observamos y comparamos las reacciones de otros ante situaciones similares para evaluar nuestro proceder y tratar de aprender, adquirir o imitar estrategias de afrontamiento adaptativas ante las eventualidades y retos que enfrentamos día a día. Goldschmidt decía que el hombre por su naturaleza está sometido a la existencia social, por lo que presenta el dilema entre favorecer a sus propios intereses o reconocer los del grupo al que pertenece.

El aprendizaje social fomenta el desarrollo de las habilidades básicas para la vida y en muchas ocasiones tiene un efecto sanador, el aprender a vivir en respeto y armonía con los demás, el ser útiles para la comunidad bajo ciertas circunstancias, así como adquirir estrategias para la resolución de conflictos, son algunas ventajas de la afiliación.

¿Qué motivan a las personas a afiliarse?

El modelo multidimensional de afiliación enuncia que las personas buscan conectarse por alguna de los siguientes motivos:

Asociarse con otros puede proveernos de energía, atención, motivación, sirve para obtener información y funge a su vez como soporte emocional.” (Hill, 1987).

¿Con qué objetivos las personas buscan la compañía de los demás?

1. Obtener estimulación positiva

El establecer relaciones con otros por gusto, simplemente porque te deleitas con su compañía, la cual resulta placentera de alguna forma para tí, quizás porque comparten gustos, intereses, sueños, metas o pasatiempos y resulta estimulante.  Cuando las personas entran en contacto, afectan el campo experiencial de las otras, ya sea que lo perciban de manera consciente o no.

La propia interacción social supone múltiples beneficios, pues constantemente funge como un aliciente para llevar a cabo ciertas conductas. Cuando un estudiante se fija la meta de mejorar académicamente, por ejemplo, puede sentirse más motivado a realizar sus tareas y prepararse cuando comparte el mismo objetivo con algún compañero o amigo, pues pueden alentarse y asociarse para lograr lo que desean, así que no dudes en involucrar a tus amigos, Hellen Keller, afirmaba que: “Solos podemos hacer muy poco, unidos podemos hacer mucho”, colaborar con otros divide el trabajo y a la vez puede multiplicar los buenos resultados.

Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas.” Madre Teresa de Calcuta.

2. Para recibir apoyo emocional

La unión hace la fuerza y la discordia debilita.” Esopo

¿Por qué la gente en la miseria busca compañía, mientras que la gente que experimenta vergüenza muchas veces busca la soledad?

Yacov Rofé (1984), propuso la teoría de la utilidad de la afiliación, donde argumentó que el estrés despierta el deseo de asociarse y al estar con otros se puede reducir el impacto negativo de la situación de tensión o angustia que se presenta. Sin embargo, en los experimentos encontraron que las personas que manifestaban vergüenza el estar con otros incrementan sus niveles de estrés en vez de reducirlo.

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La intensidad de la preferencia de las personas por afiliarse en una situación estresante depende de los costes y los beneficios que le supone, lo que es influido por la personalidad y el contexto particular del sujeto.

¿Cuál es el beneficio de afiliarnos con otros en tiempos difíciles o de estrés? Las investigaciones sugieren que las personas que enfrentan amenazas inminentes buscan compañía para tener mayor claridad cognitiva respecto al peligro que enfrentan. Estar con otros, por lo general, hace que los individuos se sientan más motivados para enfrentar una amenaza. Por eso se dice que “la desgracia ama la compañía”.

En uno de los experimentos de Schachter, las mujeres que presentaban altos grados de ansiedad, independientemente de que pudieran hablar o no de su preocupación específica, preferían estar acompañadas. Él decía que el poder platicar de la situación o simplemente el compartir trivialidades y cuestiones superfluas, puede ser de gran ayuda, al participar en una conversación que aparte la atención de los problemas y situaciones amenazantes, se reduce el estrés y la ansiedad. Por eso es común, que se busque estar “conectado” con los demás de alguna manera en tiempos adversos, pues a mayor ansiedad y estrés, mayor necesidad de afiliación.

Cuando alguien experimenta un profundo dolor, cuando se fracturan ciertos vínculos, como sucede en la separación o alejamiento de un ser querido por la distancia, el divorcio o la muerte misma, la necesidad de pertenencia puede ser intensa, las personas
se angustian más cuando son dejadas de lado, rechazadas, excluidas, estigmatizadas o condenadas al ostracismo, el exilio, el destierro, o alguna forma de “deceso social” (Williams y Nida, 2011).

Schachter (1959) afirmó que ante amenazas externas las personas se sienten motivadas a afiliarse, especialmente con aquellas que enfrentan la misma clase de problema o de amenaza. Por ello, muchas individuos optan por mantenerse unidos ante desastres naturales como terremotos, inundaciones, huracanes, fallas de energía y otros tipos de crisis; aquellos que tratan de unirse y sumar esfuerzos para la resolución de los problemas suelen tener más equilibrio emocional ante este tipo de eventos.

Una condición que incrementa el deseo de afiliarse es el estrés. El obtener soporte emocional, cuando nos sentimos temerosos o enfrentamos situaciones adversas, con el fin de recibir simpatía, comprensión, compasión y los cuidados de otros, es natural. Así que, si estás pasando por una situación difícil, no dudes en acercarte a tus amigos y a las personas dentro de tu red social que puedan fortalecerte, si no cuentas con ellas, puedes buscar la ayuda de un psicólogo. El tratar de integrarte a grupos con los que te sientas identificado y motivado también puede ser benéfico, en la afiliación y la cohesión residen beneficios de pertenecer a grupos de ayuda mutua, en donde se comparte una problemática similar, por lo que hay mayor entendimiento y empatía, sin embargo, es conveniente que dicho grupo sea supervisado por profesionales de la salud capacitados, para que no se desvirtúen los objetivos iniciales.

3. Con el objetivo de adquirir más información

Por medio de la retroalimentación y de la observación de sí mismo con respecto de los demás en condiciones similares, se puede hacer que las personas sean más conscientes de las consecuencias de sus conductas. A adquirir información, se puede generar una mayor conciencia y empatía acerca de problemas que nos afectan a todos y motivar a los individuos a que participen en beneficio de ciertas causas prosociales.

En los estudios realizados, se comprobó que las circunstancias de mayor ansiedad favorecen la búsqueda de contacto interpersonal, porque permite de alguna manera “escapar” de la situación, intercambiar información, puede hacer que disminuya la angustia, aunque no se resuelva el conflicto, el escuchar diferentes puntos de vista acerca de una situación desafiante puede ser de gran ayuda y dotar al individuo de estrategias más adecuadas para la resolución o el afrontamiento de su dilema, por eso muchas personas experimentan un gran alivio al platicar un problema con un amigo.

Se dice que tenemos un sistema de “monitoreo social”, que se activa cuando estamos preocupados por pertenecer y ser aceptados en un grupo con el que nos sentimos identificados, lo cual hace que incremente la sensibilidad por la información social, especialmente en las personas que sienten angustia a ser rechazadas por el colectivo.

De esta manera, se pone en marcha un proceso de comparación social en donde los individuos evalúan lo oportuno y conveniente de su respuesta ante determinada circunstancia. “La miseria ama la compañía miserable”, la gente busca compañía, especialmente en situaciones de miedo, ansiedad o desgracia. Cuando nos afiliamos con otras personas se puede reducir la incertidumbre y la confusión, lo cual ayuda para responder de manera más adecuada y adaptativa, primordialmente en situaciones ambiguas. Por medio de la comparación social, podemos obtener un referente de la información obtenida acerca de las conductas, las opiniones y las expectativas de los demás.

4. Para recibir atención y aceptación de las demás

La consideración positiva, incluye sentimientos de afecto, respeto, simpatía y aceptación, la necesidad de atención responde al deseo de ser tenido en alta consideración y recibir elogios de los demás (Hill, 1987). Cuando las personas cuentan con fuertes vínculos sociales, ya sea de pareja, amigos, colegas, miembros de la familia o de ciertos grupos con los que comparten ideologías o intereses, se ha observado que dichos sujetos suelen tener mayor autoestima y satisfacción con la vida, en comparación con aquellos que tienen un estilo de vida más aislado. (Denissen y cols., 2008).

 “No sólo somos animales gregarios a los que les gusta estar en presencia de sus semejantes, sino que tenemos una propensión innata a ser advertidos y ser vistos favorablemente por los de nuestra especie. No puede imaginarse un castigo más diabólico, si éste fuera físicamente posible, que el individuo se moviera libremente en la sociedad pero que pasara absolutamente inadvertido para todos sus miembros.” William James

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Para ser reconocido y aceptado, mucha gente prefiere celebrar junto con otros y compartir su éxito con los demás, ya sea propio o del grupo al que se sienten apegados, como cuando una multitud celebra la victoria de su equipo favorito de fútbol. Standall, en cambio, afirmó que la necesidad de consideración positiva es una necesidad secundaria o adquirida. El deseo de recibir gratificación de las relaciones y adquirir un sentido de comunión con los demás, envuelve al afecto, al amor, la intimidad y el sentimiento de pertenencia.

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Aceptación y valor relacional

El valor relacional percibido, es el grado en el que una persona cree que los demás consideran la relación con ella valiosa o importante, sentirse rechazado o aceptado depende, en gran parte de ello. La base de muchas de nuestras conductas se encuentra en el anhelo de ser aceptados, lo cual es una experiencia meramente subjetiva.

Cuando una persona es valorada relacionalmente hablando, incrementa las posibilidades de obtener beneficios, por eso muchas de las acciones humanas representan esfuerzos para mantener su valor relacional, cuando éste valor es alto, significa que la persona es aceptada y viceversa.

Por eso, a muchos les preocupa profundamente lo que otros piensan de ellos, por lo que gastan demasiado tiempo, energía y recursos para parecer ante los demás presentables y atractivos. Es primordial fortalecer la autoestima y el autoconcepto en las primeras etapas de vida; aunque es una tendencia el tomar como referencia la experiencia y la opinión de los demás en cierto grado, el referente más importante debe provenir de uno mismo. ¿Cómo podemos medir el valor relacional que tenemos con los demás? Una manera sencilla puede ser observando el nivel de cooperación de otros individuos con nosotros.

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Teoría del Sociómetro

Postula que las personas tienen un sistema psicológico por medio del cual detectan ciertas pautas acerca de la aceptación y el rechazo que perciben en su contexto social, aspectos que son de importancia para su valor relacional, cuando detectan que dicho valor está menguando, tiene lugar una “reacomodación cognitiva”, la cual motiva a las personas a establecer conductas que aumenten su valor relacional y sean aceptadas, de esa manera, tendrán lugar una serie de comportamientos que tienen como objetivo proteger el valor relacional, aumentando así la sensibilidad a la información social.

Ansiedad social o interpersonal  y  aislamiento

Las investigaciones han demostrado que cuando la presencia de otras personas en una situación estresante aumenta la posibilidad de sentir vergüenza, las personas prefieren no afiliarse. Cuando alguien se siente temeroso, inseguro y con mucha incomodidad al estar rodeado de otras personas, es decir, que experimenta alto grado de ansiedad social, de manera que se le puede dificultar o hacer imposible el realizar sus actividades cotidianas en los diferentes ámbitos en que se desenvuelve, como el hogar, el trabajo o la escuela, cuando experimentan crisis de angustia situacional o existen comportamientos de evitación muy marcados,  es necesaria la ayuda psicológica, pues la persona puede padecer una fobia social u otros trastornos de ansiedad, que requieren especial atención y tratamiento.

Hay personas tan angustiadas por lo que los demás piensan de ellas que sufren de ansiedad social o interpersonal, la  cual es caracterizada por intensos sentimientos de incomodidad física y emocional en situaciones que exhortan al escrutinio público, manifiestan angustia y preocupación excesiva, incluso pueden sentir temor ante eventos sociales como fiestas  y situaciones en donde el sujeto tiene que interactuar con otras personas, como la escuela y trabajo, lo cual puede menguar el desarrollo de la persona en diferentes ámbitos.

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Un ejemplo muy característico de esto es la angustia que muchos presentan cuando tienen que hablar en público, el pánico escénico. Si has realizado alguna presentación ante más personas y has sentido que tus mejillas se ruborizan, que transpiras profusamente, que tu voz titubea y que corres el riesgo de paralizarte o de olvidar información importante, entonces has experimentado algunos de los síntomas de la ansiedad social. Los psicólogos pueden ayudarte a superar la angustia y brindarte estrategias de afrontamiento para la ansiedad social.

Los problemas interpersonales del pasado pueden encender las ansiedades sociales sobre el futuro (Lary y Kowalski, 1995). Por ello, es aconsejable fijar la atención y la energía en el presente, el diario vivir ya supone sus propios retos de los que nos tenemos que ocupar, podemos reducir el estrés y la ansiedad al restar las inquietudes acerca del pasado y del futuro.

La timidez y sus retos en la afiliación con otros

La gente necesita de los demás pues vivimos en una sociedad, a veces es simplemente para celebrar logros, para compartir noticias, se pueden sentir contenidas cuando los demás muestran empatía y compasión respecto a su estado, el hablar acerca de lo que les inquieta o simplemente distraerse. Cuando la persona no cuenta con ciertas habilidades sociales o es demasiado tímida, cuando fácilmente se inhibe y se muestra reacia ante la idea de acercarse a los demás pierde muchas oportunidades y beneficios que la interacción social supone (Lane, 2007).

La timidez en sí es una característica muy común, en un estudio que realizaron Hendersson y Zimbardo (1998), encontraron que el 49% de los americanos se describían a sí mismos como personas tímidas, en Israel el 31%, en Alemania el 40%, en Taiwan el 55% y en Japón el 57% de la población se identificaban a sí mismos con esas características. Las personas que son tímidas experimentan dificultades para acercarse a los extraños, para iniciar conversaciones, para llamar a alguien y fijar una cita, se les puede dificultar participar con otros en grupos y mezclarse en las fiestas, o incluso se les complica ¡para pedir ayuda cuando lo requieren!

Frecuentemente rechazan a otros, muchas veces por miedo a ser rechazados. Para las personas que son extremadamente tímidas, representa un patrón de riesgo el evitar interacciones interpersonales, a la vez que pierden muchos beneficios que supone la afiliación. La timidez puede ser un rasgo innato, otras veces se comienza en diferentes etapas del desarrollo, especialmente en la infancia y la adolescencia, los psicólogos pueden ayudarte a mejorar tus habilidades sociales y que la timidez no represente un obstáculo para alcanzar tus metas y sueños.

Necesidad de afiliación y redes sociales

¿Qué motiva a las personas a mantenerse “conectadas” aunque sea de manera virtual?

Se ha observado una tendencia en el aumento del número de amigos en redes sociales a partir del 2009. La mayor parte de este crecimiento proviene de un aumento en relaciones distantes y superficiales (Manago y cols., 2012).

A pesar de que se ha observado que este tipo de relaciones, en su mayoría suelen ser superfluas, desempeñan un importante papel como reductores de estrés y ansiedad principalmente.  Con respecto a las redes sociales, se ha visto que ayuda tener presencia en ellas, pues permite estar en contacto con otros y mantenerse informado, lo cual incrementa la conciencia social, a pesar de que la comunicación es virtual, puede resultar benéfica. Las redes sociales pueden fortalecer el vínculo de las personas que se encuentran en lontananza pero que son cercanas en afecto, como es el caso de los familiares, amigos y otro tipo de relaciones que se mantienen de manera virtual, gracias a las redes sociales podemos tener un sentimiento de proximidad hacia ellos, aunque estén lejos.

Esa tendencia a buscar estar “conectados” con los demás puede indicar un incremento en la ansiedad y el estrés en la población global. Como señalan las estadísticas y las tendencias, éstos fenómenos irán incrementando, así que es conveniente que comiences a fortalecer tus interacciones sociales con los demás, alguien puede necesitar de tí y tú puedes llegar a necesitar de alguien, recuerda que afiliarse a otros reduce la angustia y el estrés, tan perniciosos para tu salud, mientras que afiliarte con personas lozanas y vitales puede mejorar tu calidad de vida.  

Conclusión

Cuando nos relacionamos con personas que comparten nuestros principios, valores o incluso placeres, el afiliamos con aquellas que nos resultan interesantes, agradables o con sentido del humor, dicha asociación puede infundir esperanza y motivación, brindar empatía, información y con ella conciencia social, fomenta el desarrollo, las conductas de imitación, el aprendizaje interpersonal, la cohesión del grupo, la catarsis e interviene en factores existenciales incluso.

La colaboración armónica y respetuosa con otros ayuda a alcanzar metas comunes pues multiplica los esfuerzos, incluso en situaciones adversas, que suponen estrés y ansiedad per se. La afiliación es necesaria para el desarrollo de relaciones interpersonales: existe una correlación positiva entre la cohesión al grupo y el sentido pertenencia, el asociarnos con otras personas, en ciertos casos puede infundir motivación y favorece el altruismo.

Links

Referencias electrónicas

  • Kassin, Saul; Fein, Steven; Markus, Hazel Rose (2014). Social Psychology. U.S.A.: Wadsworth CENCAGE Learning.
  • Schacter, Stanley (1966). Psicología De La Afiliación. México: Paidós.
  • Leary, Mark R. y Hoyle, Rick H.  (2009). Handbook of Individual Differences in Social Behavior. U.S.A.: The Guilford Press.
La necesidad de afiliación y el modelo multidimensional de la afiliación
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