¿Qué es y qué no es la Psicología Social?

La Psicología es una disciplina que estudia (y aplica) la forma de mejorar la calidad de la calidad de vida personal y social de las personas.

Así como la Psicología (sin adjetivos) estudia y ayuda a la persona individual, la Psicología Social estudia las interrelaciones interpersonales y se preocupa para que éstas sean funcionales y positivas en el sentido de mejorar el bienestar de todos.

No debemos confundir la Psicología Social con la Sociología. La Sociología estudia el comportamiento de los grupos y las organizaciones, mientras que la Psicología Social estudia el comportamiento de la persona en el seno de los grupos y organizaciones, así como las interrelaciones que se establecen y la modificación, en un sentido positivo, tanto de los comportamientos como de las interrelaciones.

Resultan muy sorprendentes algunos comportamientos de personas la alienación colectiva, política o social de personas que hacen verdaderas barbaridades y pierden todo referente racional para seguir al “pensamiento único” y las consignas de conducta dictadas por este pensamiento único, por demenciales y criminales que sean.

Es más, la sorpresa que causaron este tipo de comportamiento demencial en los movimientos nazis de principios del siglo XX impulsaron el desarrollo de la Psicología Social: ¿Por qué somos capaces de mostrar estos comportamientos? ¿Qué debemos saber para poder ser y actuar como personas humanas, racionales y sociales y no como autómatas al servicio de intereses “superiores”?

A pesar de este desarrollo de la Psicología Social estos comportamientos fascistas (autoritarios, agresivos y violentos) se siguen produciendo en el siglo XXI, muchas veces a ambas aceras del mismo camino.

Sin embargo, en muchas ocasiones, las personas del grupo desconocen los mecanismos psicosociales, que desencadenan sus propios comportamientos, mientras que sí son conocidos por los dirigentes del grupo, con lo que la manipulación de comportamientos sociales resulta muy fácil.

Lo que importa es que todos conozcamos estos mecanismos para disfrutar de libertad de comportamiento (no hay responsabilidad sin libertad) y evitar la propia alienación y utilización.

Conformidad con el grupo, el experimento de Solomon Asch

Maslow, psicólogo humanista, nos cuenta la escala de necesidades humanas. Cada vez que tenemos cubiertas las necesidades de un nivel determinado (partiendo de las básicas vitales) tendemos a satisfacer las necesidades del nivel inmediato superior, hasta subir y cubrir toda la escala de las necesidades psíquicas humanas.

Una vez cubiertas las necesidades fisiológicas, básicamente de alimentación e hidratación, y las de seguridad (entre otros, no vivir en la calle a merced de cualquier imprevisto peligroso) la persona tiene la necesidad de estimación, amor y pertenencia a grupo (somos animales sociales necesitados de afecto). Tanto que causa estupor el experimento de Solomon Asch:
asch

¿Sabrías decir qué barra de las tres de la derecha es igual a la de la izquierda?

Parece bastante evidente que es la número 2. Pero ¿qué dirías tú si estuvieras en una sala de espera esperando para hacer una entrevista de contratación y en la misma habitación los empleados de la empresa lo estuvieran discutiendo y dijeran que es la numero 1? La mayoría de sujetos experimentales prefieren estar conformes, de acuerdo con el grupo, y responden lo mismo: la numero 1.

Obediencia a la autoridad (Stanley Milgram)

Más escalofriante que lo anterior resulta este experimento de Stanley Milgram. Esta necesidad de no ser rechazado por el grupo nos hace doblar a la autoridad del mismo hasta extremos inhumanos y sádicos. Basta ver el comportamiento de algunos soldados israelíes para con niños palestinos, o el tratamiento de los guardas de Guantánamo a los prisioneros supuestamente Talibanes. O, sin ir tan lejos, el sadismo violento con que algunos de los policías de aquí reprimen manifestaciones pacíficas en favor del Medio Ambiente o de la Justicia Social.

El experimento de Milgram consistía en que el sujeto experimental, de acuerdo con las “normas” recibidas de la autoridad del laboratorio, tenía que “castigar” mediante una descarga eléctrica los errores que hiciera un segundo sujeto supuestamente experimental (en realidad un confabulado para poder hacer el primer experimento) en un experimento para analizar su memoria.

El primer sujeto, a los mandos de una máquina de castigo conductual, debía aplicar una descarga eléctrica al segundo sujeto cada vez que este equivocara su respuesta. Estas descargas serían de un voltaje creciente por cada error cometido, e iban desde unos pocos voltios hasta unas descargas potencialmente mortales. Todos los sujetos experimentales aceptaron su labor e iban incrementando el potencial de la descarga a cada error del confabulado (realmente no recibía ninguna descarga, pero que hacía una importante comedia de dolor en cada una supuesta), y se pudo ver como un porcentaje importante llegó a “dar” descargas potencialmente muy graves y ninguno, cuando abandonaba el experimento, fue a socorrer al sujeto castigado.

Desde hace mucho tiempo los psicólogos conductuales y los pedagogos saben que los castigos no sirven para nada y, en un porcentaje muy elevado, consiguen el efecto contrario al pretendido. Lo que es efectivo, para corregir un problema conductual es el razonamiento, el convencimiento, el refuerzo humanista al sujeto y el refuerzo del comportamiento alternativo deseado.

En estos tiempos, tanto a organizaciones políticas supranacionales como organizaciones educativas hay una proliferación de castigos contraproducentes. O bien la autoridad que los propugna es ignorante o es mala: Pretende unos objetivos totalmente distintos de los que dice pretender y por los que teóricamente aplica los castigos.

Como dice Philip Zimbardo (probablemente extraído de otro autor) “En la historia de la humanidad se han cometido muchas más barbaridades y atrocidades en nombre de la obediencia que en nombre de la rebelión“.

Rol y comportamiento (Philip Zimbardo y otros)

Pero ¿qué hace que nos comportemos de estas maneras tan irracionales? ¿Es la naturaleza humana de los que lo hacen? ¿Es una cuestión genética que determina a las personas autoritarias, sádicas, sumisas, mentirosas,…, determinación de la que no se pueden liberar?

El experimento de Zimbardo demuestra que no. Todos podemos actuar desde la demencia autoritaria, antisocial, injusta y sádica o desde la responsabilidad humana y social. Todo es cuestión del “bando” donde nos coja “la guerra”. Muchas veces, prácticamente siempre, policía y delincuencia son dos caras de la misma moneda y unos y otros podrían estar en la otra cara si las circunstancias así lo hubieran llevado. “Yo soy yo y mis circunstancias“, y lo mismo podríamos decir del verdugo y la víctima o de los miembros de dos grupos confrontados. Lo que nos interesa aquí es tomar conciencia del hecho y evitar ser esclavo de nuestras circunstancias y procurar ser, más bien, el conductor libre de las mismas.

Philip Zimbardo y sus colaboradores hicieron el experimento del rol del prisionero y el encarcelado: Fueron trabajar con un grupo de estudiantes universitarios americanos. De forma aleatoria seleccionaron un grupo que tenía que hacer de prisioneros de una cárcel y otro que debían representar el rol de los presos. Empezaron el experimento, que debía durar tres semanas, a una cárcel antigua que ya no se utilizaba como tal. Inmediatamente los prisioneros, que utilizaban uniforme, se revistió de símbolos agresivos (botas altas, cinturones anchos con gruesas hebillas metálicas, gafas de sol, distintivos en la pitera, grandes gafas de sol negras… y desarrollaron actitudes autoritarias, caprichosas , humillantes y agresivas hacia sus compañeros que representaban el papel de presos. Estos, por el contrario desarrollaron una caída radical de su autoestima, depresión y muchos síntomas psicosomáticos. La cosa se puso tan mal, que Zimbardo y colaboradores tuvieron suspender el experimento antes de completarse la primera semana de las tres previstas. Pasados muchos años, cuando aquellos estudiantes ya eran personas maduras, la mayoría padres de familia, los citaron nuevamente: Tanto unos como otros mantenían todavía secuelas de comportamiento y psíquicas del rol de aquella experiencia.

La comunidad psicológica internacional ha prohibido que se hagan experimentos de este tipo. El problema es que nuestro mundo vive cotidianamente miles de realidades así que no son experimentos, sino realidad pura y dura.

Lo que importa es conocer estos mecanismos psicológicos sociales para no caer con sus trampas ni como víctima de las mismas ni como verdugo irracional, para no elegir a nuestros dirigentes que utilizan estas estrategias y para denunciar, donde corresponda, los casos que conozcamos.

La Psicología Social y los motivos de nuestro comportamiento en grupo
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