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Antidepresivos y depresión

El psicólogo y director asociado del Programa de Estudios del Placebo de la Universidad de Harvard Irving Kirsch y su equipo han sido los artífices de una reveladora y prometedora línea de investigación que ha puesto en entredicho la eficacia de los antidepresivos para curar esta terrible enfermedad, cuestionando los modelos de enfermedad mental y la práctica médica habitual, basada principalmente en la intervención farmacológica para este tipo de pacientes.

Según palabras de Kirsch, “como mucho, los antidepresivos tienen un efecto significativo sólo para una minoría de los pacientes con depresión a los que se les prescriben fármacos, un 10-15% de los pacientes con depresión mayor. El resto de pacientes, lo mejor que puede hacer es tomar placebos, ya que producen prácticamente la misma mejoría pero evitan los efectos secundarios y los riesgos sobre la salud que producen los antidepresivos”.

La teoría del desequilibrio químico en el cerebro

La teoría sobre el desequilibrio químico en el cerebro al parecer cada día se cuestiona más firmemente. Por poner un ejemplo, las personas con depresión mejoran por igual tanto tomando Estimulantes Selectivos de la Recaptación de la Serotonina –ESRS- (fármacos que disminuyen la serotonina en el cerebro) como tomando Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina –ISRS- (fármacos que se supone aumentan el nivel de serotonina), lo cual viene a ser una gran contradicción.

También afirma que “Los diagnósticos para los trastornos psicológicos se enfrentan, en general, a problemas. La depresión es una “situación” muy seria que puede que ni siquiera sea una enfermedad como tal. Tal vez se trate de una reacción normal frente a circunstancias de la vida o sea una señal de que la persona necesita cambiar aspectos importantes de su vida”.

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Se ha podido observar, por ejemplo, que la depresión está asociada con dificultades económicas y con discriminación. Por lo que prevenir la depresión exigiría cambios sociales y económicos muy amplios, así como también intervenciones individuales como la psicoterapia.

“Los antidepresivos no deberían ser un tratamiento de elección en la depresión. – continúa Kirsch- En su lugar, deberían utilizarse en primer lugar tratamientos como el ejercicio físico y la psicoterapia. Si se hace finalmente necesario utilizar antidepresivos, deberían usarse únicamente como último recurso sólo cuando el resto de tratamientos no hayan funcionado. En lo que respecta a la investigación, deberían ponerse fondos a disposición de la investigación para una mejor evaluación de los tratamientos no farmacológicos dirigidos a la depresión”.

Medicación vs psicoterapia

Sus investigaciones han creado cierta polémica en diferentes sectores, como la industria farmacéutica o los médicos psiquiatras.

En 1998, Irving Kirsch  junto con Guy Sapirstein informaron por primera vez de que la mayor parte de los resultados de los antidepresivos se explica por el efecto placebo. La reacción frente a los resultados de este estudio fue de enorme incredulidad y dichos resultados fueron ignorados. Por suerte, que cada vez más personas se están tomando estos hallazgos en serio y que están empezando a tener un impacto en la práctica clínica, por lo menos en Reino Unido. Por supuesto, los psiquiatras se resisten a estos resultados; su medio de vida y su quehacer profesional están ligados a la prescripción de medicamentos psicotrópicos, especialmente antidepresivos.

Cambiar la práctica médica es un proceso lento. Los médicos todavía se inclinan rápidamente a prescribir antidepresivos a los pacientes que están ligeramente deprimidos, sin explorar otras vías alternativas. En el Reino Unido, lo siguen haciendo a pesar de que las directrices de tratamiento oficiales indican lo contrario.

Además, a corto plazo, los resultados de la psicoterapia son los mismos que los de los antidepresivos, sin embargo, los resultados a largo plazo de los tratamientos psicológicos son considerablemente mejores. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado que puede reducir el riesgo de recaída durante seis años. Por otro lado, la psicoterapia no conlleva los riesgos para la salud asociados a los antidepresivos, entre ellos la disfunción sexual y el riesgo de mortalidad. Es por este motivo, que los tratamientos psicológicos deben ser el tratamiento de elección. En el caso de que se usasen los fármacos, deberían emplearse como último recurso, sólo cuando otros métodos menos invasivos han fallado.

Por otro lado, las evaluaciones realizadas sobre costes/beneficios ponen en evidencia que proporcionar psicoterapia cognitiva para la depresión es más barato a largo plazo que recetar fármacos. Esto se debe a que estas terapias son breves (no más de 15 a 20 sesiones), y sus efectos se mantienen en el tiempo. En contraste, la tasa de recaída es mucho mayor cuando las personas dejan de tomar los antidepresivos. De tal manera que para evitar que los pacientes recaigan se tiene que mantener la medicación durante años. Esto es lo que hace que, a largo plazo, el tratamiento farmacológico resulte más caro que la psicoterapia.

La psicoterapia: por qué es mejor que los antidepresivos para tratar la depresión
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