Funciones ejecutivas

Quizá el concepto de funciones ejecutivas suene algo complejo y lejano a nosotros, pero con un ejemplo lo entenderemos a la perfección. Imaginemos que Marta tiene un viaje previsto a México. Dos días antes del viaje le comunican que se ha cancelado el vuelo por una huelga de pilotos. Le dan dos opciones: o cambia de día (y pierde días de vacaciones) o le devuelven el dinero. ¿Qué hará Marta? En ese momento, Marta tiene que comenzar a recalcular todo lo que tenía previsto. Si se va, no le devuelven el dinero y pierde días; pero si se queda, le devuelven el dinero y quizá organizar unas vacaciones con tan poco tiempo le salga más caro.

Marta comienza a barajar opciones, quizá la devolución del dinero y realizar otro tipo de viaje, o comprar una nueva televisión que vio hace meses, o ahorrar para la entrada de un coche, etc. Gracias a la capacidad de procesamiento de la información, Marta puede tomar una decisión sentada en una silla sin necesidad de tener toda la información delante. Puede elaborar un nuevo plan tan solo pensando en él y manejando los datos disponibles a nivel mental. Marta está haciendo uso de sus funciones ejecutivas.

Qué son las funciones ejecutivas

La neuropsicóloga estadounidense Muriel Lezak fue la primera autora a la que se le atribuye el concepto de funciones ejecutivas y las definió como «las capacidades para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y socialmente aceptada». Tim Shallice (1988) las describió como «los procesos que asocian ideas, movimientos y acciones simples y los orientan hacia la resolución de situaciones complejas». Poco a poco, diferentes autores fueron dando forma a este concepto para hacer de él una definición más acertada y consensuada.

En general, las funciones ejecutivas hacen referencia a un amplio abanico de habilidades cognitivas que nos permiten anticipar situaciones y resultados, establecer metas, formar planes, iniciar actividades, autorregular estas actividades y llevarlas a cabo de forma diferente si la situación o requiere. Gracias a las funciones ejecutivas este conjunto de procesos cognitivos actúan en beneficio de la resolución de situaciones nuevas para las que no teníamos un plan de resolución previsto. Así pues, las funciones ejecutivas pueden definirse en cuatro apartados.

Capacidades necesarias para formular metas

Gracias a esta capacidad, podemos proyectar metas a corto, medio y largo plazo. Imaginemos una situación imprevista en la que vamos con el coche de camino a casa y hay un gran atasco en la autopista. Es nuestro cumpleaños y nos está esperando toda la familia para comer, así que no queremos llegar tarde. Nuestra meta/objetivo en este caso sería llegar lo más pronto posible a casa.


Planificación de procesos y estrategias para conseguir objetivos

Una vez que establecemos las metas, entra en juego la planificación y estrategias para conseguir nuestros objetivos. Siguiendo con el caso anterior, comenzaríamos a procesar toda la información disponible de la que disponemos y a buscar la mejor estrategia. Si sabemos que existen diferentes salidas de la autopista, ponemos imaginar cómo sería nuestra ruta a casa si tomamos cada una de las salidas. Una vez elegida la salida que creamos mejor, cuando lleguemos, saldremos por ella.

Funciones ejecutivas, ¿en qué consisten?

Habilidades implicadas en la ejecución de planes

Hace referencia a las habilidades que ponemos en marcha cuando llevamos a cabo el plan. Por ejemplo, para tomar la salida que más nos conviene debemos poner ciertas habilidades en funcionamiento. A parte de la obvia habilidad de conducir, también entra en juego nuestra capacidad de decidir sobre la marcha, realizar pequeños cálculos espontáneos de modificación de ruta, etc.

Reconocimiento del logro/no logro y la necesidad de alterar la actividad, detenerla y generar nuevos planes de acción

Una vez que llegamos casa a tiempo damos por concluido el plan y lo calificamos como logro. Sin embargo, si nos desviamos por la salida prevista y resulta que también hay atasco, deberemos reajustar nuestro plan de acción y generar uno nuevo, por ejemplo, callejear para evitar los atascos de las calles principales.

Anatomía de las funciones ejecutivas

A nivel general, se han relacionado las funciones ejecutivas con el córtex prefrontal, ubicado en los lóbulos frontales. Recordemos que los lóbulos frontales están implicados en aspectos tan humanos como el lenguaje, la personalidad, el pensamiento abstracto, la inteligencia, la cognición social, etc. La corteza frontal se puede dividir en tres grandes regiones: corteza motora, corteza premotora y corteza prefrontal. Al mismo tiempo, la corteza prefrontal se divide también en tres grandes zonas: corteza prefrontal dorsolateral, corteza prefrontal orbital y corteza cingular anterior.

Describir de forma detallada la neuroanatomía de las funciones ejecutivas podría resultar demasiado extenso, por lo que, a continuación, se van a exponer las principales estructuras implicadas: la corteza orbitofrontal y la corteza prefrontal dorsolateral.

Corteza orbitofrontal

Recibe información sensorial del gusto, olfato, vista, audición y somatosensorial. Esta corteza es una auténtica región polimodal. También establece conexiones con la amígdala, el hipocampo, el hipotálamo, el estriado, la ínsulta, la corteza cingulada, la sustancia gris periacueductal y la corteza prefrontal dorsolateral. Contiene información de planificación conductual y del procesamiento sensorial del entorno, de esta forma, puede actuar sobre el desarrollo de ciertas conductas y respuestas fisiológicas. Diversas investigaciones apuntan a que la corteza orbitofrontal está implicada en la integración de señales corporales para ayudar en el proceso de la toma de decisiones.

Corteza prefrontal dorsolateral

Su papel es muy importante en el mantenimiento y la manipulación activa de la información. Sobre todo, destaca su implicación en la información sobre localizaciones espaciales. La corteza prefrontal dorsolateral está implicada en la selección de un movimiento en referencia a la experiencia previa y parece estar implicada en la decisión de iniciar el movimiento. También está relacionada en la distinción de factores emocionales y raciones en el tomento de tomar una decisión sobre una acción que se quiere realizar.

Esta corteza también está implicada en la memoria de trabajo, la organización y el control ejecutivo del procesamiento de la información y de nuestra conducta. Esto es de vital importancia ya que nos permite manipular y manejar información cuando ésta ya no sigue en nuestro entorno. Por ejemplo, podemos tomar una decisión en base sobre qué ruta seguir con el coche en caso de un atasco sin estar presente en las calles por las que queremos circular. La información de las calles hasta llegar hasta nuestro destino no la tenemos delante, pero gracias a la función de la corteza prefrontal dorsolateral, podemos recuperar esa información, trabajar con ella y tomar una decisión.

Un concepto en evolución

Esperanza Bausela (2014) recoge definiciones de diversos autores que describen las funciones ejecutivas como «las rutinas responsables de la monitorización y regulación de los procesos cognitivos durante la realización de tareas cognitivas complejas». Muriel Lezak puso la primera piedra con el concepto «funciones ejecutivas», sin embargo, la investigación no hizo más que empezar. Lezak abrió un camino muy extenso y muy interesante. La investigación científica, poco a poco, va descubriendo aspectos más concretos de las funciones ejecutivas, tanto a nivel teórico como anatómico. De esta forma, la psicología no deja nunca de crecer y avanzar.

Bibliografía

Bausela, E. (2014). Funciones ejecutivas: nociones del desarrollo desde una perspectiva neuropsicológica. Acción psicológica, 11 (1), 21-34.


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