El trastorno de conversión, anteriormente conocido como histeria, es un fenómeno psiquiátrico complejo, donde los individuos experimentan síntomas neurológicos incapacitantes, como parálisis o convulsiones, que no pueden ser explicados por una condición médica subyacente.
Este trastorno refleja cómo la mente puede influir en la manifestación de síntomas físicos, creando un campo de estudio que cruza las fronteras entre la neurología y la psiquiatría. Aunque ha sido objeto de estudio desde la antigüedad, el trastorno de conversión sigue siendo un desafío diagnóstico y terapéutico en la medicina moderna, requiriendo un enfoque multidisciplinario y personalizado para su manejo y tratamiento. En este artículo, exploraremos la naturaleza del trastorno de conversión, su diagnóstico, tratamiento y la interrelación entre la mente y el cuerpo que subyace en este enigmático trastorno.
Origen del Trastorno de Conversión
El trastorno de conversión anteriormente era conocido como «histeria». El término «histeria» tiene una larga historia y ha sido utilizado de diferentes maneras a lo largo del tiempo. Originalmente, se creía que la histeria era un trastorno exclusivamente femenino relacionado con el útero (de hecho, el término «histeria» proviene del griego «hystera«, que significa útero). Con el desarrollo de la psicología y la psiquiatría modernas, el término «histeria» ha sido abandonado debido a su falta de precisión diagnóstica y connotaciones sexistas peyorativas.
En la antigüedad, la histeria se consideraba un trastorno exclusivamente femenino, vinculado a trastornos del útero. Hipócrates, en el siglo V a.C., postuló que la histeria era causada por un útero «errante» que se movía por el cuerpo. Durante la Edad Media, los síntomas histéricos a menudo se atribuían a la posesión demoníaca o a la brujería.
Ya en el siglo XIX, con el advenimiento de la medicina moderna, la histeria se empezó a estudiar más sistemáticamente. Jean-Martin Charcot, un neurólogo francés, fue pionero en el estudio de este trastorno, utilizando la hipnosis para investigar y tratar los síntomas histéricos. Posteriormente, Sigmund Freud, influenciado por Charcot, desarrolló teorías psicoanalíticas sobre la histeria, postulando que los síntomas histéricos eran conversiones de conflictos psíquicos inconscientes en síntomas físicos.
En el siglo XX, con el desarrollo de la psiquiatría y la psicología clínica, la histeria fue redefinida y subdividida en diferentes trastornos, como el trastorno de conversión y el trastorno somatomorfo. El trastorno de conversión, en particular, se refiere a síntomas neurológicos que no pueden ser explicados por una condición médica subyacente.
Actualmente, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) clasifica el trastorno de conversión como un trastorno funcional, donde los síntomas neurológicos son incongruentes con los patrones típicos de enfermedades neurológicas conocidas.
Síntomas comunes del trastorno de conversión
Los síntomas del trastorno de conversión son un intento de defensa en una situación que no se sabe cómo resolver. Suelen aparecer síntomas asociados de cualquier tipo, aunque suelen ser algo exagerados y pintorescos. Imitan enfermedades, por lo que pueden dar lugar a confusiones.
- Debilidad o parálisis: Los pacientes pueden experimentar debilidad o parálisis en uno o más miembros, o incluso en todo el cuerpo, sin que exista una lesión o daño neurológico que lo explique.
- Alteraciones de la movilidad: Pueden presentarse dificultades para caminar, temblores, tics, o movimientos anormales y espasmódicos, que no corresponden a patrones de enfermedades neuromusculares conocidas.
- Pérdida de sensibilidad: Algunos individuos pueden perder la sensibilidad en diferentes partes del cuerpo, experimentando insensibilidad al dolor, temperatura, tacto, etc.
- Trastornos del habla: Los trastornos del habla, como la afonía o la disartria, pueden ocurrir, afectando la capacidad del individuo para hablar o articular palabras de manera clara.
- Pérdida de la visión o audición: La pérdida súbita de la visión o audición puede manifestarse sin que exista una anomalía estructural o daño en los órganos sensoriales correspondientes.
- Desmayos o crisis pseudoepilépticas: Los pacientes pueden experimentar episodios de pérdida de conciencia o crisis que simulan epilepsia, pero que no presentan las alteraciones eléctricas cerebrales características de las crisis epilépticas reales.
- Dificultad para tragar: La disfagia, o dificultad para tragar, es otro síntoma posible, que puede llevar a la pérdida de peso y desnutrición.
- Dolor crónico: El dolor crónico sin causa aparente también puede ser un síntoma de trastorno de conversión, afectando diversas áreas del cuerpo.
- Síntomas de coordinación y equilibrio: Problemas de coordinación y equilibrio, como la ataxia, pueden manifestarse, afectando la capacidad del paciente para moverse de manera coordinada y mantener el equilibrio.
No es un simulador
El simulador quiere parecer enfermo, se hace pasar por enfermo. La persona que padece este síndrome sin embargo no es consciente de ello, no lo hace a propósito, se trata más bien de una transformación de un conflicto emocional en síntomas somáticos o psíquicos.
Esta clase de comportamientos puede aparecer en diferentes contextos y por ende son desadaptativos.
Trastornos asociados y prevalencia
Este trastorno suele asociarse a trastorno de somatización y trastorno depresivo mayor. Hay que diferenciarlo también del trastorno límite, del trastorno antisocial, del trastorno narcisista, el trastorno de la personalidad por dependencia, del cambio de personalidad por enfermedad médica.
Si la patología es muy severa pueden deteriorarse e incapacitarse social y laboralmente. Afortunadamente, si se tratan, mejoran con rapidez y pueden romper el círculo de represión, angustia y una serie interminable de frustraciones vitales.
Prevalencia: 3% de la población general y 10-15 % de las consultas.
¿Existe una personalidad que favorezca la aparición de este trastorno?
El trastorno de conversión no está vinculado a un tipo de personalidad específico, y no hay evidencia científica que confirme que ciertas personalidades son más propensas a desarrollar este trastorno. Sin embargo, se ha observado que ciertos factores psicológicos, ambientales y de personalidad pueden influir en la susceptibilidad de un individuo a desarrollar este trastorno.
Individuos que experimentan niveles elevados de estrés y que no cuentan con estrategias de afrontamiento efectivas pueden ser más susceptibles al trastorno de conversión. Además, aquellos que han estado expuestos a traumas psicológicos o físicos también pueden estar en mayor riesgo. La presencia de otros trastornos de salud mental, como la ansiedad o la depresión, también puede estar asociada con un mayor riesgo de desarrollar trastorno de conversión.
Los factores ambientales y sociales, como un entorno familiar conflictivo o antecedentes de abuso o negligencia durante la infancia, pueden contribuir al desarrollo del trastorno. En algunos casos, el aprendizaje observacional o el refuerzo de síntomas físicos también pueden jugar un rol en la aparición del trastorno de conversión.
Es fundamental abordar este trastorno con un enfoque comprensivo y evitar la estigmatización o simplificación de las experiencias de los individuos afectados. La evaluación y el diagnóstico deben ser exhaustivos y deben considerar una variedad de factores biológicos, psicológicos y sociales. El trastorno de conversión es una condición real y debilitante que requiere un manejo cuidadoso y un tratamiento adecuado para abordar tanto los síntomas físicos como los factores psicológicos subyacentes.
Tratamiento
El tratamiento del trastorno de conversión se enfoca en abordar los síntomas específicos que presenta el paciente. A menudo, la intervención combina enfoques médicos, psicológicos y fisioterapéuticos. La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) es una herramienta valiosa que ayuda a los pacientes a identificar y cambiar pensamientos y comportamientos negativos y a desarrollar estrategias de afrontamiento. Además, la psicoterapia puede ser útil para tratar problemas subyacentes, como el estrés o el trauma, que podrían estar contribuyendo a los síntomas.
La fisioterapia y la rehabilitación juegan un papel crucial, especialmente cuando los síntomas incluyen debilidad o parálisis, ya que buscan mejorar la función y movilidad. Es esencial educar al paciente sobre el trastorno y proporcionar apoyo continuo para ayudarle a comprender y manejar sus síntomas. Las técnicas de manejo del estrés, como la relajación y la meditación, también pueden ser beneficiosas.
Aunque no hay medicamentos específicos para el trastorno de conversión, en algunos casos, se pueden recetar medicamentos para tratar síntomas asociados, como la ansiedad o la depresión. Si hay otros trastornos de salud mental presentes, es crucial tratarlos, ya que pueden estar contribuyendo al trastorno de conversión.
El seguimiento regular con profesionales de salud mental y otros proveedores de atención médica es vital para monitorear el progreso y ajustar el tratamiento según sea necesario. La clave para un tratamiento exitoso es personalizarlo según las necesidades del paciente y asegurarse de que se realice en un entorno de apoyo y comprensión. La colaboración entre diferentes especialidades médicas y de salud mental puede ser esencial para abordar todos los aspectos del trastorno de manera integral.
- O’Sullivan, S. (2015). Todo está en tu cabeza: Verdades y mentiras sobre las enfermedades mentales. Editorial Anagrama.
- Van der Kolk, B. (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Editorial Eleftheria.
- Webster, J. (2018). Trastorno de conversión: Escuchar al cuerpo en psicoanálisis. Editorial Siglo XXI.


