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Actualizado: 11 de agosto, 2026
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Las expresiones faciales de los animales revelan lo que sienten

Siempre hemos relacionado las expresiones faciales complejas con los seres humanos y, como mucho, otros primates, pero cada vez contamos con más pruebas de que muchos animales también utilizan movimientos de los ojos, las orejas, el hocico o la boca para mostrar información sobre su estado emocional y sobre la manera en que están respondiendo a lo que sucede a su alrededor. Esto no significa que podamos mirar a un perro, un gato o un caballo y saber exactamente qué está pensando, pero sí que su cara contiene señales relacionadas con el miedo, el dolor, la atención, el juego, la agresividad o la intención de acercarse a otro individuo, y la ciencia está aprendiendo a reconocerlas con una precisión cada vez mayor.

Lo interesante es que estas señales no se limitan a unas pocas expresiones evidentes, ya que los investigadores encuentran combinaciones mucho más complejas de lo que aparentan a simple vista, de forma que una oreja que cambia de posición, unos ojos que se entrecierran o una boca que se abre adquieren un significado diferente dependiendo de los movimientos que aparecen al mismo tiempo y del contexto en el que se encuentra el animal.

Los gatos tienen muchas más expresiones de las que aparentan

Los gatos suelen tener fama de poseer un rostro poco expresivo, especialmente cuando los comparamos con los perros, aunque una investigación realizada por Lauren Scott y Brittany Florkiewicz encontró 276 combinaciones faciales diferentes durante las interacciones entre gatos, una variedad sorprendente para un animal al que muchas veces atribuimos prácticamente la misma cara en cualquier situación. Las investigadoras analizaron 194 minutos de grabaciones realizadas en un café de gatos de Los Ángeles y registraron 688 señales faciales, observando que aproximadamente el 83 % de las combinaciones aparecían exclusivamente en interacciones amistosas o, por el contrario, en situaciones poco amistosas.

La diferencia no dependía de un único gesto que pudiéramos traducir directamente como «estoy contento» o «déjame en paz», sino de combinaciones de movimientos en las orejas, los ojos, las pupilas, los bigotes, los labios y la lengua, de manera que la expresión completa aportaba información sobre las intenciones sociales del animal. Esto resulta importante porque nos obliga a abandonar la idea de que existe un pequeño diccionario universal en el que cada gesto tiene un significado fijo, ya que para entender la cara de un animal necesitamos observar el conjunto y también aquello que está ocurriendo a su alrededor.

Algo parecido sucede con el dolor, donde las llamadas grimace scales o escalas de muecas permiten valorar cambios concretos del rostro en diferentes especies, observando aspectos como el cierre de los ojos, la tensión alrededor de la nariz o la posición de las orejas; estas herramientas comenzaron a desarrollarse en animales de laboratorio y actualmente se utilizan como una forma complementaria de detectar sufrimiento que de otro modo resultaría difícil de identificar, especialmente porque un animal no puede explicarnos verbalmente qué siente ni dónde le duele.

Caballos y primates utilizan la cara para comunicarse con los demás

Los caballos también muestran un repertorio facial mucho más complejo de lo que sugeriría la conocida idea de fijarnos únicamente en si tienen las orejas hacia delante o hacia atrás, y una investigación de 2025 registró 805 expresiones faciales producidas durante 22 tipos diferentes de comportamiento social, encontrando combinaciones relacionadas con situaciones amistosas, juego, atención, conflicto y agresividad. Los investigadores utilizaron EquiFACS, un sistema que describe de manera objetiva los movimientos de los músculos faciales del caballo, y comprobaron que interpretar correctamente estas señales requiere observar varias zonas del rostro al mismo tiempo.

Otros experimentos han encontrado diferencias entre las expresiones de caballos que anticipan una experiencia positiva, como salir al pasto, y aquellos que esperan una situación negativa, como quedarse solos en un entorno desconocido, ya que en este último caso aparecían con mayor frecuencia las orejas hacia atrás, cambios en las fosas nasales y otras modificaciones de la cara y la postura; por lo tanto, el rostro no nos revela un pensamiento concreto del tipo «no quiero ir allí», pero sí aporta pistas sobre si el animal está anticipando algo agradable o desagradable y sobre el nivel de activación con el que responde a esa situación.

En los primates no humanos esta comunicación facial resulta todavía más evidente, porque muchas de sus expresiones presentan similitudes con las nuestras debido a una historia evolutiva compartida, y la investigación actual estudia no solo cómo producen estos movimientos, sino también cómo los interpretan los miembros de su propia especie. Sonrisas de juego, labios tensos, aperturas de boca, miradas o movimientos de las cejas forman parte de sistemas de comunicación que ayudan a regular las relaciones sociales, anticipar las intenciones de otros individuos y evitar conflictos antes de que lleguen a producirse.

Incluso los perros ofrecen un ejemplo interesante de hasta qué punto la evolución y la convivencia con nosotros han modificado la comunicación facial, aunque interpretar sus expresiones resulta especialmente complicado porque la selección artificial ha producido razas con caras enormemente diferentes entre sí; un husky, un bulldog o un caniche no disponen exactamente de las mismas posibilidades para mover y mostrar determinadas partes del rostro, y un estudio comparativo con lobos encontró precisamente que algunos cambios producidos por la domesticación dificultan la interpretación de las expresiones caninas si nos fijamos únicamente en la cara.

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Podemos leer algunas señales, pero no sabemos exactamente qué están pensando

La conclusión más destacada que podemos extraer de estas investigaciones es también la que obliga a ser más prudentes, porque una expresión facial no funciona como una ventana directa al pensamiento, sino como una señal que adquiere significado junto con la postura corporal, las vocalizaciones, el comportamiento anterior y el contexto. Un caballo con las orejas hacia atrás no está expresando necesariamente enfado, del mismo modo que un perro con la boca abierta no está siempre «sonriendo», ya que el mismo movimiento aparece en situaciones diferentes y solo la combinación de señales permite interpretar con mayor seguridad lo que sucede.

Además, nosotros mismos introducimos errores cuando intentamos comprenderlos, porque tenemos tendencia a interpretar las caras de otros animales utilizando como referencia nuestras propias expresiones humanas, algo que funciona algunas veces debido a ciertas semejanzas evolutivas, pero que también nos lleva a atribuir emociones o intenciones que no están demostradas. La investigación de 2025 sobre personas que intentaban reconocer estados emocionales en animales de zoológico mostró precisamente que nuestra capacidad para interpretar estas señales varía según la especie y el tipo de emoción, lo que confirma que algunas expresiones contienen información reconocible para nosotros pero están lejos de formar un lenguaje transparente.

Comprender mejor estas señales tiene además una utilidad que va mucho más allá de satisfacer nuestra curiosidad, ya que reconocer antes el dolor, el miedo, el estrés o una interacción que empieza a volverse agresiva permite mejorar el bienestar de animales domésticos, de granja, de laboratorio y de zoológico, mientras que conocer también las expresiones relacionadas con estados positivos ayuda a dejar de evaluar su bienestar únicamente por la ausencia de sufrimiento.

Por lo tanto, no se trata tanto de afirmar que la cara de los animales nos permite descubrir exactamente lo que están pensando, sino de reconocer que sus rostros transmiten mucha más información de la que durante años hemos sabido interpretar, y cuanto mejor aprendemos a observar esas pequeñas combinaciones de ojos, orejas, hocico y boca, más nos acercamos a comprender cómo sienten, cómo reaccionan y qué intentan comunicar a los demás.

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  • Scott, L., & Florkiewicz, B. N. (2023). Feline faces: Unraveling the social function of domestic cat facial signals. Behavioural Processes, 213, 104959. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2023.104959
  • Phelipon, R., Bertrand, L., Jardat, P., Reigner, F., Lewis, K., Micheletta, J., & Lansade, L. (2025). Characterisation of facial expressions and behaviours of horses in response to positive and negative emotional anticipation using network analysis. PLOS ONE, 20(5), e0319315. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0319315
  • Waller, B. M., O’Callaghan, O., Micheletta, J., et al. (2025). Facial expression production and perception in non-human primates. Nature Reviews Psychology, 4, 457–469.
  • Onuma, K., Watanabe, M., & Sasaki, N. (2024). The grimace scale: A useful tool for assessing pain in laboratory animals. Experimental Animals, 73(3), 234–245. https://doi.org/10.1538/expanim.24-0010
Marta Guerri

Marta Guerri es Licenciada en Psicología por la UOC y Diplomada en Enfermería por la UB. Posee la acreditación como Psicóloga General Sanitaria, y cuenta con el Máster en Terapia de la Conducta y la Salud, Máster en Terapia Familiar Socioeducativa, y un Postgrado en Salud Mental y Psiquiatría por la Universitat de Barcelona (UB). Es CEO y gestora de contenidos de Psicoactiva.com, un portal líder en psicología, que ha crecido hasta convertirse en una comunidad de referencia en el ámbito de la psicología y las neurociencias. También ha trabajado en terapia con familias con vulnerabilidad social en el Servicio de Orientación y Acompañamiento a Familias (SOAF) y actualmente ejerce de Psicóloga en la Clínica Fertty, donde se dedica a la atención de pacientes y donantes en tratamientos de fertilidad. Además, es miembro de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Tiene publicados varios libros sobre psicología y salud emocional, entre los cuales sen encuentran: "Inteligencia Emocional, una guía útil para mejorar tu vida" y "Entrenamiento mental para mejorar tu inteligencia" de la editorial Mestas Ediciones.