El conflicto en el área escolar

En la escuela, al igual que en el resto de entornos sociales, es frecuente la aparición de conflictos. Sin embargo, los conflictos no deben considerarse de forma negativa, sino de una forma más positiva ya que la manera de abordarlos va a determinar, no solo el resultado que se obtenga, sino también lo que se aprenda de él.

A partir de los distintos conflictos con los que nos vamos encontrando en la vida, desarrollamos una serie de habilidades personales, sociales, de comunicación, de relación, etc., que nos permiten integrarnos socialmente con otras personas. A través de este proceso, adquirimos una serie de estrategias para resolver de una manera pacífica las dificultades y problemas que van apareciendo.

Por este motivo, es importante trabajar desde la escuela para conocer y practicar diferentes formas para abordar los conflictos. Para ello, será necesario sustituir la perspectiva educativa punitiva y sancionadora imperante en épocas pasadas por una perspectiva cooperativa y convivencial.

La diversidad

La diversidad entre los alumnos, sea del tipo que sea, frecuentemente se convierte en el origen de conflictos en el centro escolar. Las dificultades de aprendizaje, las altas capacidades, las deficiencias físicas o psíquicas, y las diferencias idiomáticas o culturales convierten a los alumnos en objeto de burlas, rechazo y marginación. De esta manera, se genera un conflicto de relación entre los alumnos.

Pero, al margen de esta situación, las dificultades que pueden presentar los alumnos para seguir adecuadamente el proceso de enseñanza a menudo dan lugar a la aparición de conductas disruptivas en el aula, desmotivación e incluso absentismo. Y lo mismo ocurre en el caso de alumnos con altas capacidades, puesto que el aburrimiento y la desmotivación dan lugar al desarrollo de conductas disruptivas en clase, lo que genera un conflicto entre profesores y alumnos.

Tipos de conflicto escolar

Los conflictos en el centro educativo pueden derivar de las relaciones que se establecen entre los miembros de la comunidad educativa:

  • Relaciones entre profesores: puede existir una divergencia de opiniones respecto a diversos temas personales y profesionales, como la manera de abordar una asignatura, las actividades planteadas, el uso de tiempos y espacios del centro, etc. Es necesario incrementar la comunicación entre el equipo docente para evitar malentendidos y desarrollar formas de trabajo semejantes en las distintas asignaturas, si es posible.
  • Relaciones entre profesor y alumno: en el sistema educativo se ha producido un cambio en la metodología utilizada y se da cada vez mayor participación al alumnado. Sin embargo, aún puede haber profesores que mantengan métodos anteriores y desarrollen sus clases de forma poco atractiva para los alumnos. Esto puede provocar desmotivación y disrupción en el grupo. Resulta sumamente importante que los docentes utilicen métodos más participativos, basados en el aprendizaje cooperativo, para motivar al alumnado y reducir las conductas disruptivas en el aula. Y si esto ocurre, es conveniente abordarlas con métodos no coercitivos o punitivos, sino más abiertos y cooperativos. Esto no quiere decir que el profesor pierda su autoridad frente a los alumnos, sino que trate de motivarles para que vean el centro como algo propio y se impliquen con él. En los últimos tiempos, se ha observado que el incremento de conflictos entre profesores y alumnos ha derivado en situaciones de acoso al profesorado y ha dado lugar a importantes problemas de convivencia en los centros educativos. Para prevenir y abordar estos casos, es necesario un proyecto educativo altamente implicado en la educación en valores y en la formación en habilidades sociales y personales que favorezcan una adecuada convivencia en las aulas. Además, es necesario implicar en este proceso a la familia, como veremos más adelante.
  • Relaciones entre alumnos: las relaciones entre alumnos son las que están principalmente marcadas por diversos conflictos. Los alumnos pasan muchas horas y días juntos en el centro escolar, establecen relaciones de amistad y enemistad, y de ellas pueden surgir numerosos conflictos. Por esta razón, es conveniente abordar los conflictos en las aulas y orientar hacia una buena convivencia.

Secuencia del conflicto

Pérez y Pérez (2011) han descrito los siguientes pasos en el desarrollo de un conflicto:

  • El conflicto está latente: los implicados no se encuentran a gusto, saben que la situación no es la habitual, que algo va a ocurrir en algún momento.
  • El conflicto se manifiesta: la situación estalla y aparece el conflicto. Ambas partes se dan cuenta de que ha llegado el momento de afrontar la situación y se manifiestan diferentes sentimientos.
  • Aparecen síntomas de tensión: los implicados pueden presentar diversos sentimientos y emociones ante la situación, y modifican por ello su comportamiento verbal y no verbal.
  • Las partes en conflicto toman posiciones: cada una de ellas se plantea inicialmente unos objetivos o metas que hay que conseguir en la solución del conflicto. Generalmente, los intereses son contrapuestos y se manifiestan conductas de enfrentamiento.
  • Comienzan las conductas estereotipadas: las conductas de enfrentamiento afectan a la relación entre las personas y a su comunicación, lo que puede dificultar una solución satisfactoria para el conflicto y tener consecuencias negativas a largo plazo.
  • Surgen nuevos roles: en función de la relación simétrica o asimétrica establecida se desarrollan diferentes conductas entre los implicados de igualdad, superioridad o inferioridad.
  • Deterioro de la comunicación: la situación ha provocado importantes alteraciones en la relación entre las personas y también en la comunicación que establecen, lo que determinará la forma en que se solucione el problema.
  • Comprensión inadecuada de los hechos: pueden producirse malentendidos o malas interpretaciones debido a los problemas de comunicación que hemos comentado. Esto permite que el conflicto se mantenga y se deteriore aún más la relación entre las partes.
  • Se subestiman las coincidencias: ante esta situación parece no existir una posibilidad real de llegar a un acuerdo y cuando los implicados parecen pensar lo mismo se tiende a desconfiar.
  • Actitudes que dificultan los vínculos: es posible que aparezcan ciertos comportamientos que pueden complicar aún más la situación, como el autoritarismo, la descalificación, la discriminación y la simbiosis.

En el desarrollo del conflicto no es obligatorio que se den todas las fases propuestas en esta secuencia. Puede haber diferencias en el proceso en función del tipo de conflicto, de la relación entre los implicados o del proceso de resolución.

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Prevención de conflictos

Es evidente que antes de que surja un conflicto debemos intentar prevenirlo. Para ello, debemos “enseñar a convivir”, como señalan Funes y Saint-Mezard (2001).

La actividad docente no consiste únicamente en enseñar una serie de conocimientos, sino también en fomentar el aprendizaje de habilidades, valores, conductas sociales, etc., que permitan el establecimiento de relaciones sociales apropiadas, satisfactorias y pacíficas.

Los profesores pueden transmitir formas de comportamiento apropiadas para garantizar una buena convivencia dentro y fuera del aula. No es necesario dedicar tiempo específico a estas actividades, aunque también puede hacerse, sino que cada profesor en las clases dedicadas a su materia puede abordar estos aspectos de diferentes formas.

Es muy importante trabajar la comunicación, facilitar un intercambio apropiado de mensajes, que tenga en cuenta los aspectos verbales y no verbales. Se trata de desarrollar una comunicación fluida mediante la utilización de la escucha activa, la empatía y la asertividad.

Es necesario que los alumnos sean capaces de dialogar sobre temas variados y llegar a acuerdos cuando expliquen cada punto de vista. Para ello, se pueden realizar diferentes debates en el aula que inviten a la reflexión, al diálogo y la consecución de una solución común.

Por otro lado, podemos plantear algunas recomendaciones en la organización de la clase:

  • Utilizar las primeras semanas para definir las normas de comportamiento, la forma de trabajo y los objetivos que se esperan conseguir. Esto garantizará que los alumnos sepan lo que se espera de ellos y se reduzca la disrupción en el aula.
  • Es importante que el profesor mantenga consistencia en su actitud. Debe tratar a todos los alumnos por igual y no dejarse llevar por la utilización de etiquetas.
  • Conviene hacer uso de ciertos aspectos no verbales. Por ejemplo, desplazarse por la clase para controlar al grupo. De esta manera, se reducen las conductas disruptivas y se recuerda la existencia de normas en el aula.

Además de esto, el profesor puede realizar agrupamientos de alumnos en función de la actividad que se va a trabajar. Así, favorece las relaciones interpersonales entre ellos y el conocimiento mutuo.

Finalmente, es recomendable que las actividades estén bien estructuradas y sean adecuadas a su nivel académico. De esta forma, los alumnos podrán realizarlas sin problemas.

En el proceso de prevención de situaciones conflictivas no debemos olvidarnos de implicar a la familia, como entorno social principal en el desarrollo de los alumnos, que va a contribuir en la adquisición y utilización de habilidades y comportamientos apropiados para una buena convivencia. Para abordar la importancia de la participación e implicación de la familia en el centro educativo se ha destinado un capítulo específico en este manual.

Cómo solucionar un conflicto

Díaz-Aguado (2000) defiende la necesidad de enseñar a los alumnos a resolver conflictos por sí mismos. Para ello propone los siguientes pasos:

  • Analizar el conflicto: en qué consiste, cómo se ha desarrollado, etc.
  • Plantear las metas que se desean conseguir y priorizarlas.
  • Proponer alternativas como solución al problema y valorar sus ventajas e inconvenientes.
  • Seleccionar la solución con mejor valoración y desarrollar los pasos que se van a seguir.
  • Poner en marcha la solución seleccionada.
  • Evaluar el resultado y las posibles mejoras.

Estos pasos pueden utilizarse en la resolución de cualquier conflicto y se pueden entrenar mediante diferentes actividades, dinámicas y ejercicios. Sin embargo, es conveniente practicar bien todos los pasos, por ejemplo mediante role-playing, para asegurar su correcto aprendizaje.

Cuando el problema es de mayor gravedad y el individuo no puede solucionarlo por sí mismo puede ser conveniente emplear otras estrategias, en las que se contará con la ayuda de otras personas. Dichas estrategias son:

  • Alumnado ayudante: su función es ayudar a sus compañeros cuando estos lo requieran tras haber recibido una formación básica en las habilidades comunicativas y sociales comentadas anteriormente y siempre con la supervisión de personal docente.
  • Mediación: se utiliza para resolver conflictos entre dos personas que solicitan la ayuda de una tercera que guíe el proceso para alcanzar una solución.
  • Negociación: es un proceso similar al anterior, aunque frecuentemente se lleva a cabo entre las dos partes implicadas en el conflicto. En ocasiones puede intervenir una tercera persona como negociador, siendo la diferencia fundamental que en la negociación esa tercera persona además de controlar el diálogo entre las partes en conflicto, puede intervenir en el establecimiento de los acuerdos a adoptar.
  • Asamblea: es un proceso de debate que busca la reflexión grupal y el planteamiento de acuerdos entre todos los implicados.
  • Consenso: es el mismo proceso que acabamos de comentar, pero se diferencia en que el objetivo es alcanzar una decisión unánime.
  • Método pikas: se utiliza cuando se producen situaciones de acoso o maltrato entre iguales. Se realizan entrevistas individuales con la víctima y el agresor para frenar la agresión. Posteriormente, pueden proponerse entrevistas conjuntas si la evolución es positiva.
  • Círculo de amigos: se emplea cuando un grupo o gran parte del mismo rechaza o margina a un alumno. Se establece un encuentro con el grupo sin la presencia del alumno para reflexionar sobre la situación y llegar a un compromiso de cambio.

En la solución de un conflicto puede ser necesaria la participación e implicación de la familia.

Las dos últimas estrategias se utilizarán únicamente cuando se produzcan casos de extrema gravedad, como se indica en su descripción.

Bibliografía

Acland, A. F. (1997). Cómo utilizar la mediación para resolver conflictos en las organizaciones. Barcelona: Editorial Paidós.

Díaz-Aguado, M. J. (2000). Prevenir la violencia enseñando a resolver conflictos y a través de la disciplina. En M. J. Díaz- Aguado (Dir.), Prevención de la violencia en contextos escolares. Documentos del curso impartido por la Televisión Educativa Iberoamericana.

Fernández, I. (1999). Prevención de la violencia y resolución de conflictos: el clima escolar como factor de calidad. Madrid: Narcea Ediciones.

Funes, S. y Saint-Mezard, D. (2001). Conflicto y resolución de conflictos escolares: La experiencia de mediación escolar en España. XXIII Escuela de verano del Concejo Educativo de Castilla y León. Recuperado el 29 de septiembre de 2011 de en http://www.concejoeducativo.org

Funes, S., y Saint-Mezard, D. (2009). Guía de recursos eficaces para abordar situaciones conflictivas. En S. Funes (Coor.), Gestión eficaz de la convivencia en los centros educativos (p. 75-92). Madrid: Wolters Kluwer.

Munduate, L., Ganaza, J., y Alcaide, M. (1993). Estilos de gestión del conflicto interpersonal en las organizaciones. Revista de Psicología Social, 8 (1), 47-68.

Pérez, G. y Pérez, M. V. (2011). Aprender a convivir como oportunidad de conocimiento. Madrid: Narcea Ediciones.

Cuando surgen conflictos en la escuela, prevención y soluciones
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