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La recuperación de un trauma es siempre un proceso duro, largo y complicado. Sin embargo, existen varios principios clave que pueden ayudar a que el proceso sea más seguro y efectivo.

Origen de un trauma

Se dice que se padece un trauma o mejor dicho, un trastorno de estrés postraumático (TEPT), se genera cuando la persona ha sufrido (o ha sido testigo) una agresión física o una amenaza para la vida de uno mismo o de una otra persona y cuando la reacción emocional experimentada implica una respuesta intensa de miedo, horror o indefensión.

Puede ser el resultado de eventos tan duros como violaciones, robos, torturas, secuestros o cautiverios, abusos durante la infancia, accidentes graves (avión, tren, coche…) y desastres naturales como huracanes, riadas, terremotos, etc. El suceso que dispara el trastorno, como hemos comentado, puede ser debido a algo que ocurrió en la vida del propio individuo, pero también puede ser por hechos vividos hacia personas cercanas o por haber presenciado muertes o destrucciones masivas.

También se puede sufrir un trauma debido a cualquier situación que la mente viva como muy impactante, como que haya pasado mucho miedo, mucha vergüenza, mucha ansiedad, etc.

Síntomas de un trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Las víctimas que lo han sufrido se sienten invadidas por pensamientos y recuerdos persistentes de miedo sobre lo que les sucedió, pueden sentirse emocionalmente bloqueadas y tienden a evitar o a escaparse de los lugares o situaciones asociadas por temor a mostrar una respuesta de sobresalto exagerada.

Tampoco es extraño que revivan el trauma en forma de pesadillas o recuerdos perturbadores durante el día. Pueden aparecer otras alteraciones como insomnio, falta de apetito, abuso de sustancias, sentimiento de aislamiento, entumecido o sobresaltado, perder el interés por las cosas que antes producían placer y tener problemas para demostrar la propia afectividad, así como estar irritables, más agresivos o incluso violentos.

Ante los sucesos traumáticos muchas veces hay asociada una amnesia que consiste en no poder recordar la información relacionada con el hecho negativo. El cuadro clínico es más intenso cuando las causas son obra del ser humano que no cuando son meramente accidentales. Las víctimas también pueden presentar síntomas de ansiedad, depresión, y pérdida de autoestima. El problema del estrés postraumático es que no desaparece espontáneamente y tiende a hacerse crónico en el tiempo.

Prevalencia del trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Estudios recientes estiman que la prevalencia de este trastorno se sitúa aproximadamente entre un 5-10% de la población general. La incidencia varía según el tipo de situación traumática a la que fue expuesta la persona. Por ejemplo, en supervivientes de accidentes de tráfico se sitúa alrededor del 11%; en víctimas violadas entre 33-50%, en veteranos de guerra entre 22-50%, en supervivientes de bombas 50% y en supervivientes de catástrofes áreas entre 22-40%. Los estudios también indican que aproximadamente entre el 20-40% de los individuos expuestos a eventos traumáticos experimentan problemas que perduran más de un año, y entre el 15 y el 20% más de dos años. Se calcula también que aproximadamente la mitad de las personas desarrollarán una forma crónica del trastorno.

De modo que, el trastorno afecta a millones de adultos en todo el mundo y es más común entre las mujeres que en los hombres. Suele aparecer en cualquier edad, incluso en la niñez y existe la evidencia de que la susceptibilidad a un estrés post-traumático suele ser genético.

No todas las personas traumatizadas presentan estos síntomas o desarrollan estrés post-traumático. El trastorno en sí sólo se diagnostica si los síntomas duran más de un mes. En los que lo padecen, los síntomas comienzan generalmente después de tres meses tras sufrir el trauma, y el curso del mismo es variable. En algunos casos, el trastorno puede llegar a ser crónico.

Cómo superar un trauma de forma segura

Afortunadamente, se puede dar ayuda a las personas que sufren este trastorno mediante una terapia adecuada.

Casi todos los tratamientos para el TEPT están enfocados a tratar un amplio rango de problemas emocionales y de conducta. Las intervenciones específicas que suelen hacerse son:

  • Terapia psicológica: muchos individuos encuentran que los pensamientos y creencias sobre ellos mismos, los demás y el mundo han sido “destrozados” como resultado del trauma. Experimentan sentimientos de culpabilidad y / o miedo. La reestructuración cognitiva ayuda a trabajar estas creencias y ayudarles a reorganizarse en relación con su experiencia.
  • Exposición en imaginación: incluye la exposición directa a memorias traumáticas y también se puede usar material auditivo grabado. Como en situaciones reales de exposición, esta técnica puede graduar la confrontación a los ítems y, con la práctica repetida, el sujeto podrá reducir el nivel de ansiedad asociado a estos.
  • Exposición a situaciones reales: incluye la confrontación gradual e individual de situaciones que el paciente evita por un exceso de ansiedad hasta que ésta disminuye.

Por otra parte, la psicoterapeuta Babette Rothschild y miembro de la Sociedad Internacional de Estudios sobre el Estrés Traumático, ofrece nos un libro de autoayuda para comprender e implementar 8 claves para la sanación exitosa del trauma que describe como principios y estrategias seguros y efectivos para la recuperación del trauma.

  1. Utilizar la conciencia para identificar qué puede ayudarnos a nuestra recuperación y qué no
  2. Reconocer el hecho de haber sobrevivido
  3. Decidir si queremos o si necesitamos recordar el trauma
  4. Poner fin a los flashbacks
  5. Perdonar nuestras limitaciones y compartir la culpa
  6. Encontrar nuestro ritmo de recuperación
  7. Recurrir al movimiento y el ejercicio para mejorar nuestra curación
  8. Aliviar la situación ayudando a los demás

Este no es otro libro que promueve un nuevo método o tipo de tratamiento; más bien, es un complemento necesario para los programas de autoayuda y recuperación profesional. Ayuda a reconocer nuestras propias necesidades individuales y evaluar si se satisfacen esas necesidades. Nos ofrece las herramientas necesarias para coger el timón e ir en busca de nuestro propio camino seguro hacia la recuperación.

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