hombre-mira-mar talasofobia

Estamos en la playa con los amigos. Uno de ellos grita: «¡vamos nadando hasta la boya más lejana!». Comenzamos a nadar hacia la boya y nos percatamos que ya no hacemos pie. Cada vez es más profundo y oscuro. Fruto de la pasión del momento hemos aceptado nadar hacia un lugar alejado de la orilla, pero cuando somos conscientes de que no sabemos lo que tenemos debajo, comenzamos a ponernos nerviosos. Llegamos a la boya y permanecemos con los compañeros en el agua, sin hacer pie mientras observamos que el fondo es oscuro. La ansiedad y el malestar se incrementa cada vez más. Si nos ocurre esto, es posible que padezcamos talasofobia.

Talasofobia

La talasofobia representa un miedo intenso al mar. «Thalassa», procede del griego y significa mar; y «phobos», miedo. Posee diferentes grados de intensidad y exposición. Es posible que nos encante ir en barca pero nos aterre nadar donde no veamos el fondo. También puede gustarnos la playa pero la visualización de imágenes como hélices de grandes barcos bajo el agua puede causarnos malestar. En otro grado, la simple imagen mental de las profundidades marinas, también puede despertarnos incomodidad. Es posible que el miedo sea tan grande que ni siquiera seamos capaces de poner un pie en el agua.


Esta fobia puede también abarcar parte de otras dos fobias: la batofobia y la hidrofobia. La primera supone el miedo a las profundidaes; la segunda, al agua. La batofobia no tiene porque darse necesariamente en el mar, puede aparecer en pasillos largos, en piscinas profundas o ante un gran agujero vertical. La talasofobia puede aparecer en diferentes momentos y circunstancias y, sobre todo, depende de cada persona.

Síntomas de la talasofobia

Como la gran mayoría de las fobias, el principal síntoma emocional de la talasofobia es el miedo intenso. Un miedo que puede ir acompañado de diferentes síntomas físicos:

  • Sudores.
  • Palpitaciones.
  • Sequedad bucal.
  • Mareos.
  • Respiración agitada.

A nivel cognitivo y conductual también pueden aparecer diferentes síntomas:

  • Dificultad para pensar.
  • Ansiedad.
  • Pensamientos catastrofistas.
  • Evitar el estímulo temido.
  • Escapar de la situación

¿A qué se debe?

Las razones de esta fobia pueden ser múltiples y variadas. Por una parte, puede surgir del imaginario colectivo sobre la creencia popular de que cuando no vemos el fondo puede aparecer cualquier tipo de criatura extraña. Quizá se trate de una creencia inducida por multitud de películas. Recordemos que el film «Tiburón» de Steven Spielberg, generó miedo a la playa en muchos bañistas. También leyendas como la del Kraken pueden haber influido en este tipo de miedos.

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El miedo a lo desconocido también cobra una relevancia importante. El no saber qué tenemos bajo nuestros pies puede generar una intensa ansiedad. El mar y el océano son todavía grandes desconocidos, por ello, podemos desarrollar miedo hacia aquello que ignoramos. Sin embargo, esta fobia se puede extender a no querer bañarse en la playa o a no querer montarse en barco. En el primer caso, podría tratarse de un caso más agudo de miedo a lo que pueda albergar el mar; el segundo caso, podría suponer el miedo a que ocurra algún accidente y acabemos en el agua.

Las experiencias traumáticas en el mar también pueden estar relacionadas. Si alguna vez hemos vivido algún tipo de acontecimiento adverso relacionado con el mar o el océano puede habernos condicionado. Por ejemplo, haber estado a punto de ahogarnos, haber visto a otros en peligro, alguien de nuestra familia murió en el mar, haber presenciado un accidente… Cada uno de nosotros vivimos e interpretamos una misma situación de forma diferente, por lo que este tipo de acontecimientos pueden afectarnos de un modo u otro.

Tratamiento

El tratamiento de esta fobia podría hacerse a través de la terapia cognitivo-conductual, concretamente con una técnica conocida como Desensibilización Sistemática. Se basa en la inhibición recíproca. Consiste en provocar los síntomas fóbicos poco a poco al mismo tiempo que se crean estados de relajación. Vallejo-Slocker y Vallejo (2016), afirman que «según este principio, psicológica y biológicamente la relajación compite con las respuestas de ansiedad debido a que son respuestas fisiológicamente opuestas».

Trabajar en imaginación también puede suponer una técnica eficaz. En la desensibilización sistemática se puede trabajar con la imaginación. Se trata de exponernos a través de la imaginación a la situación temida. Depende del grado de aversión que nos genere el mar empezamos por un tipo de visualización u otro. Podemos comenzar imaginando el mar, o también podemos imaginarnos bañándonos donde no hacemos pie. Tras una entrevista inicial sabremos el punto en el que se encuentra cara persona.

Bibliografía

Vallejo-Slocker, L. y Vallejo, M. (2016). Sobre la desensibilización sistemática. Una técnica superada o renombrada. Acción psicológica, 13 (2), 157-163.

Asociación Estadounidense de Psiquiatría. (2018). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª Edición). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

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