malvavisco

El Test de Malvavisco, también conocido como Test de la Golosina, se trata un experimento realizado a fines de los años 60 por el psicólogo Walter Mischel a niños preescolares de una guardería de la Universidad de Stanford.

En qué consiste el test de la Golosina

Conocido originalmente como “The Marshmallow Test”, esta prueba consistía en llevar a un niño a una habitación donde había una golosina (una nube de azúcar o Marshmallow en Inglés) y le decían que si era capaz de resistir la tentación y no comérsela durante 15 minutos, después podría tomar más de una.

El experimento a la práctica

Básicamente se realizó de la siguiente manera:

Un investigador a quien el niño conocía y en quien confiaba, tras jugar un rato con el pequeño, le ofrecía jugar al “juego de la espera”. Entonces el investigador le dejaba una golosina en la mesa y le explicaba que si esperaba y no se comía el dulce inmediatamente, cuando él regresara podría tener dos en vez de una. Después, el investigador salía de la habitación dejando al niño solo para observar su nivel de autocontrol. También le decían que en cualquier momento podía tocar un timbre, y el investigador regresaba inmediatamente. Para practicar, el investigador salía de la habitación, el niño tocaba el timbre y el investigador regresaba diciendo: “Mira, he vuelto. Ahora, si esperas a que regrese sin tocar el timbre y de mientras no te comes la golosina, cuando vuelva ¡podrás tener dos!”. La espera podía durar entre 15 y 20 minutos.

Aproximadamente un tercio los niños fue capaz de esperar.

El tiempo que los niños fueron capaces de esperar antes de tocar la campana resultó muy variable. Mischel enfatizó que el objetivo de la investigación era identificar las estrategias cognitivas y los mecanismos mentales específicos, así como los cambios en el desarrollo, que posibilitan la demora de la gratificación, no “poner a prueba” o encasillar a los niños.

Resultados del experimento a corto plazo

Se pudo observar, por ejemplo, que los niños mayores (en la prueba tenían entre 4 y 6 años), podían demorar su gratificación por más tiempo, aparentemente cuando se ponía en funcionamiento la “función ejecutiva” predominante de sus cerebros más maduros. Y en algunas condiciones, era fácil para los niños esperaran, mientras que en otras condiciones resultaba muy difícil. La investigación trató de identificar las habilidades cognitivas que subyacen a la fuerza de voluntad y el pensamiento a largo plazo y cómo pueden mejorarse.

Resultados del experimento a largo plazo

Tras catorce años de seguimiento de los niños que pasaron por el experimento, Mischel descubrió que aquellos que se mostraron más impulsivos y no fueron capaces de esperar, tenían más baja autoestima y umbrales de frustración menores, mientras que los que habían esperado eran personas socialmente más competentes y con mayor éxito académico, también eran menos propensos a mostrarse agresivos y a mostrar una reacción exagerada si se ponían ansiosos por el rechazo social.

Años más tarde, Mischel descubrió también que, curiosamente, los niños que habían sabido esperar a las dos golosinas, a parte de ser más exitosos en su lugar de trabajo, mostraban menos predisposición a la obesidad.

Sobre los niños que no pudieron esperar y obtuvieron la recompensa rápida, Mischel dijo que los hallazgos sugerían que “la incapacidad para retrasar la gratificación puede tener efectos negativos potenciales bastante importantes“.

Qué nos dice este estudio

Pero, ¿Se puede entrenar la “capacidad de demora”? Mischel cree que sí, si entendemos cómo funciona nuestra mente. Él y sus colegas postularon la existencia de un “Hot System” y un “Cool System” en el cerebro. El Hot System (o ¡vamos!) es emocional, simple, irreflexivo, rápido y centrado en la amígdala. Se desarrolla temprano en el niño y se incrementa con el estrés. El Cool System (reflexión), por otro lado, es más cognitivo que emocional, complejo, reflexivo, lento y centrado en los lóbulos frontales y el hipocampo. Se desarrolla más tarde en el niño y se debilita por el estrés. En el Hot System, el estímulo nos controlan; en el Cool System, nosotros controlamos el estímulo.

De alguna forma, las personas tenemos la capacidad de “enfriar” nuestro deseo representándolo en términos distintos y abstractos. Por ejemplo, en el caso de la nube de azúcar, en vez de pensar en ella como algo delicioso y masticable, podríamos imaginarla como una cosa redonda y blanca como una bola de algodón, no como algo comestible. Una niña pequeña logró retrasar la tentación al fingir que estaba mirando un cuadro de un malvavisco, poniéndole ” un marco alrededor de la nube” en su cabeza. Se dijo a sí misma: “No se puede comer una foto”, explicó.

Por otro lado, se pudo comprobar que las niñas manejaban mejor la tentación que los niños.

Probándolo en su propia piel

Mischel era un fumador empedernido de hasta tres paquetes al día. Ignoraba todas las advertencias que le hacían sobre el cáncer, hasta que un día vio a un hombre en una camilla en el Hospital de Stanford. Según él mismo explicó, el hombre “tenía la cabeza afeitada, su pecho estaba desnudo, y tenía pequeñas X verdes dibujadas”. Una enfermera le dijo que las X eran hacia donde se dirigiría la radiación para tratar el cáncer producido por el tabaco. “No pude sacarme esta imagen de la cabeza. Esto me acercó a una realidad sobre las consecuencias tardías de mi tabaquismo”. Mischel mantuvo viva esa imagen en su mente mientras reformulaba la idea que tenía de los cigarrillos como fuentes de veneno en lugar de alivio del estrés, hasta que logró superar su dependencia.

Bibliografía

Mischel, W. “The Marshmallow Test: Mastering Self-Control”

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