La terapia narrativa es un enfoque psicoterapéutico que brinda la oportunidad al paciente de reescribir su propia historia a través de la palabra y encontrar un nuevo sentido a su vida que le permita experimentar mayor bienestar.
Tradicionalmente, el paciente acudía a consulta y contaba sus problemas al terapeuta, quien, dentro de su marco epistemológico, le hacía una traducción sobre la situación y establecía un diagnóstico. Sin embargo, la terapia narrativa permite que el paciente sea el mismo protagonista de su propia historia.
Origen de la Terapia Narrativa
Dentro de las terapias posmodernas, es la terapia narrativa, desarrollada por Michael White, David Epston en el Dulwich Centre Foundation de Australia.
Esta terapia está formada por autores de diversas áreas de las ciencias ocupadas en el fenómeno humano y social, como Michel Foucault, Barbara Myerhoff, Kenneth Gergen, Jerome Bruner y Paulo Freire, entre otros. Sus fundamentos teóricos son el construccionismo social y el constructivismo.
Las prácticas narrativas promueven una forma de trabajo no-patologizante y no-discriminatorio respecto al género, raza, pueblo, cultura, orientación sexual, habilidades, edad, ni de ningún otro tipo.
El quehacer terapéutico consiste esencialmente en que las personas enriquezcan los relatos de vida que cuentan de sí mismas y que constituyen su identidad. Los individuos cuentan su vida y a través de esta narración la estructuran y le dan significado.
Michael White, (1948-2008) trabajador social y terapeuta familiar junto a su colaborador David Epston son los máximos representado de este tipo de terapia y representantes del Grupo de Adelaida en Australia.
Abogan por la separación de la persona del problema, creando el lema: “la persona no es el problema, el problema es el problema”. La idea consiste en externalizar el síntoma, separándolo de la persona para transformarlo en algo que la persona (y a la familia) puede enfrentar y acaso vencer. Pero para ello es necesario que los clientes reescriban su historia según ellos deseen, siendo los autores de las mismas. A partir de esta narración los individuos cuentan su vida y la estructuran y le dan un significado. Posteriormente, el cliente identificará la historia dominante y el surgimiento del malestar. El problema, de esta manera, se ha subjetivado y a partir de aquí se trata de encontrar las soluciones en la terapia. El terapeuta no dará soluciones, sino que se incrementará el poder personal y le dará al cliente identidad sobre las características sociales y culturales que sostienen en muchos casos la perduración del problema planteado.
La externalización del síntoma, muestra al sujeto el poder que el problema tiene en su vida. Si el cliente consigue separarse de la historia dominante y toma conciencia del problema que le oprime y le es nocivo para su integridad, comenzará a tomar confianza y percepción de su poder personal y a preguntarse que desea verdaderamente.
David Epston (1944), sociólogo, antropólogo, psicoterapeuta y doctor en literatura, añadirá la técnica de las cartas escritas a las familias de sus clientes, una vez finalizada la terapia, como extensión de la conversación que habían tenido, utilizando así medios literarios con fines terapéuticos. De esta manera, Epston materializaba realmente la separación del problema, al objetivarlo en un papel, haciendo que la historia personal saliera del individuo, la leyera al recibirla, y también la escuchara en la siguiente sesión por parte del terapeuta. A partir de aquí es el cliente quien con esta nueva perspectiva, decide como quiere edificar su futuro y dar a «su» historia un nuevo enfoque.
Vale más lo que contamos
Las palabras tienen un poder capaz de hacernos sentir mejor en muchas ocasiones. Y esto es importante comprenderlo porque muchas veces, algunas personas tienden a ver los problemas como suyos, o como algo que les pertenece o, peor aún, que son ellos mismos el problema.
No obstante, desde este enfoque, el paciente puede ver el problema como algo separado de sí mismo y, a partir de esta distancia, puede otorgarle una resignificación que le permita situarse de una mejor manera ante el futuro.
Este tipo de terapia surgió en los años 70 de la mano de Michael White y David Epston. Consiste en la narración de historias en tercera persona, con el propósito de que el paciente pueda observar momentos cruciales de su propia vida que antes no había visto.
El paciente, a partir de este enfoque, comprenderá que el problema es un asunto ajeno sobre el cual tiene cierto dominio, y que él no es el problema en sí. Este enfoque le ayudará a liberarse de la culpa que usualmente acompaña a la persona cuando experimenta ciertos trastornos mentales.
Sentirse libre de culpa, asumir una responsabilidad y encontrar un nuevo sentido a sus vivencias, le permitirá relacionarse de una manera diferente con lo que le ocurre, de manera que pueda afrontar cualquier situación con más valentía.
De acuerdo con el psicólogo Rodrigo Mardones, en su estudio titulado: “Una reflexión sobre la terapia narrativa en contexto de formación y aplicación”, la terapia narrativa pretende crear un espacio terapéutico en el que se comparta un relato para conocer los dominios de dicha historia y hacer que los aspectos alternativos puedan emerger, ya que estos, muchas veces son desconocidos debido a la narrativa que es dominante.
¿De qué va el enfoque de la Terapia Narrativa?
En la terapia narrativa, es importante prestar atención a todo lo que el cliente relata durante la sesión, para determinar cómo él se relaciona con el problema y cómo lo entreteje. Pues, los relatos tienden a estar saturados por dicho problema.
Así, el reto principal en la terapia es iniciar una deconstrucción del relato central, por medio de ciertas preguntas, para que un nuevo relato pueda surgir. Ello, tomando en consideración que el paciente no suele dar atención a aspectos esenciales porque su relato está saturado por el problema, como ya se ha mencionado.
En este caso, el terapeuta narrativo participa como un acompañante o colaborador en el proceso de deconstrucción de las narrativas. Las preguntas que hace el terapeuta van encaminadas hacia el surgimiento de descripciones que el paciente no logra captar dentro de la trama dominante, pero que sí están incluidos.
Por tanto, el lema del cual se parte es: “la persona no es el problema”, sino que “el problema es el problema”; dicha consigna permite que los puntos fuertes o positivos se externalicen y se pueda generar una nueva identidad narrativa.
Este tipo de terapia ha tenido un gran alcance, pues, no solo se puede aplicar de modo individual, sino también grupal, siendo ideal en los entornos familiares, así como en escuelas y con otros grupos comunitarios, dada la diversidad de autores.
¿Cómo se trabaja en la Terapia Narrativa?
Cada terapeuta puede trabajar de una forma diferente, pero, usualmente, utilizan documentos o cartas que permitan observar el progreso en el paciente. Al final, en la terapia narrativa lo que más importa es la manera en la cual narramos nuestra vida, por ello, los terapeutas que emplean este enfoque brindan apoyo al paciente para que describa con detalle sus vivencias de la manera más completa posible.
Una vez que la persona se percata de que ella no es el problema, sino que este es algo externo, se sentirá más empoderado para hacerle frente. A esto se le conoce como externalización del problema.
Externalizar el problema es parte esencial del proceso, ya que, de este modo, el paciente podrá evaluar cómo este impacta en su vida, cómo afecta su historia y decidir tomar una posición, o cómo se va a relacionar de ahora en adelante con dicho problema.
En algunas ocasiones, los terapeutas invitan a testigos externos a la consulta. Estos pueden ser amigos, parientes u otras personas con situaciones afines. En la primera consulta, solo se debe escuchar sin emitir opiniones ni juicios. Seguidamente, el terapeuta indica a los oyentes que no deben hacer evaluaciones, reclamos, críticas ni divulgación sobre lo que escuchan, sino solo pronunciar una frase que les haya impresionado de la historia narrada, y cómo esta resuena en sus propias vivencias.
Las experiencias o historias de todos los involucrados convergen en la medida que se producen resonancias sobre lo que cada quien ha dicho u oído.
Todo este proceso le permite a la persona, o autor principal, notar que no es el único que atraviesa una situación. Por medio de los otros, que fungen como espejos, también puede adquirir nuevos conocimientos y notar que hay más formas de relacionarse con el problema, tratando siempre de encontrar la solución que sea la mejor.
Siguiendo a Martin Payne, autora del texto Terapia Narrativa, la terapia finaliza cuando la persona decide que el relato de sí misma es tan rico que puede abarcar su futuro.
Este tipo de terapia puede ser una excelente opción para personas que se sienten hundidas en un problema, o que no encuentran una salida a la circunstancia que viven.
- Freeman, J., Epston, D., & Lobovits, D. (2001). Terapia narrativa para niños. Aproximación a los problemas familiares a través del juego. Estados Unidos: Paidós.
- Mardones Ibacache, Rodrigo, & Albornoz Carrillo, Andrés. (2014). UNA REFLEXIÓN SOBRE LA TERAPIA NARRATIVA EN CONTEXTO DE FORMACIÓN Y APLICACIÓN. Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP, 12(1), 100-119. Recuperado en 27 de octubre de 2020, de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2077-21612014000100006&lng=es&tlng=es
- Payne, M. (2006). Narrative therapy. Sage.
- Sáez, M. T. (2006). Las terapias posmodernas: una breve introducción a la terapia colaborativa, la terapia narrativa y la terapia centrada en soluciones. Psicología conductual, 14(3), 511-532.


