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Actualizado: 23 de julio, 2024
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Teoría de la Comparación Social de León Festinger: por qué nos comparamos con los demás

La identidad es la síntesis de nuestra autopercepción, incluyendo todas nuestras cualidades y valores. De acuerdo con la teoría de León Festinger; elaborada en 1954, la identidad se asienta sobre nuestra historia de vida y normas asociales. No obstante, cuando estos datos son insuficientes, recurrimos a la comparación social para forjar nuestro autoconcepto. Lamentablemente, la comparación en exceso puede perjudicar nuestra autoestima negativamente y generar una visión poco objetiva de nosotros mismos.

Teoría de la Comparación Social de León Festinger

León Festinger fue un psicólogo social originario de la ciudad de Nueva York que rechazó activamente la visión conductual de la psicología. Por ese motivo, se dedicó a estudiar la mente humana desde un punto de vista social. Así, elaboró la Teoría de la Comparación Social en 1954, la cual se refiere a la construcción de la identidad a partir de la evaluación de otros semejantes.

La Teoría de la Comparación Social nos indica que los individuos necesitan obtener información sobre ellos mismos para asentar su identidad. En una primera instancia, el conocimiento sobre sí mismos provendría de medios objetivos y asociales; por ejemplo, a partir de experiencias personales y datos sociobiográficos. También, puede evaluarse el comportamiento propio a partir de normas objetivas proporcionadas por sujetos significativos. Sin embargo, cuando estos recursos no están disponibles o son insuficientes, aparece la Comparación como una herramienta que permite la autopercepción.

Desde la perspectiva de Festinger, la comparación es instintiva, innata y heredada. Así, los seres humanos hemos evolucionado para desarrollar esta cualidad con el fin de lograr la adaptación social a un grupo. Entonces, la comparación con un grupo al que se desee pertenecer ayuda a la supervivencia. Puesto que, en momentos en que la vida corra peligro, el sujeto tendría más posibilidades de sobrevivir si pertenece a un grupo que pueda ayudarle.

Por este motivo, el ser humano tiene la tendencia a mantener un comportamiento uniforme en respecto a un grupo de referencia. En nuestra sociedad actual, los aspectos en los que un sujeto se compara tienen que ver con el propio estatus, la posición económica, la capacidad intelectual. Incluso, pueden surgir comparaciones respecto al atractivo físico o a ciertas aptitudes específicas; tales como las habilidades de comunicación.

Dimensiones de la comparación social

A partir de la Teoría de la Comparación Social de Festinger, podemos afirmar que el funcionamiento de la Comparación Social se apoya en cuatro dimensiones. En primer lugar, la dirección de la comparación responde a qué tan favorecido o desaventajado se considera un sujeto respecto al grupo de referencia. De esta forma, si la comparación se lleva a cabo entre personas con conductas y estilos de vida similares, la dirección se considera neutra. Pero, si la persona considera que su forma de ser es mejor que la del grupo, la dirección es ascendente. Por el contrario, si la conducta es desfavorable en comparación al grupo, la dirección sería descendente.

Además, la interpretación es una dimensión de la comparación en tanto se consideran los datos cualitativos que abarcan tal comparación. Así, aparecen las identificaciones con el modelo comparativo y el contraste con las conductas propias que permiten establecer interpretaciones personales.

Igualmente, los referentes son aquellas personas que el sujeto utiliza como modelos para compararse a sí mismo. Generalmente, se pensaba que la elección de un referente específico ocurría cuando el sujeto hallaba características similares en tal modelo. No obstante, se ha descubierto que el proceso de selección de referentes no obedece a parámetros específicos. Más bien, esto se ajusta a la subjetividad de quien está haciendo la comparación y responde a deseos personales.

Por último, el contenido de la comparación tiene que ver con aquellos patrones, características y perfiles de personalidad que el sujeto considera importantes. A través de ellos, toma uno o varios aspectos para llevar a cabo el proceso de comparación.

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Las consecuencias negativas de la comparación

Tal como se ha mencionado, la posibilita la uniformidad con un grupo y puede ayudar a la socialización. También, permite la autoevaluación de ciertas conductas que llevan a una autopercepción determinada. No obstante, el sustento principal de la identidad ha de ser bajo el criterio propio y los datos de la historia de vida. Lamentablemente, cuando basamos nuestra identidad en comparaciones, nuestra autoestima se ve perjudicada, generando daños en nuestra salud mental.

Por si fuera poco, la comparación fervorosa puede causar sentimientos de envidia, pues se anhela constantemente lo que el otro tiene; incluso desvalorizando las cualidades propias. Asimismo, las comparaciones ascendentes producen irritabilidad, hostilidad y sentimientos de resignación. Por ejemplo, si el sujeto piensa que alguien recibió más reconocimiento por haber hecho el mismo trabajo; se percibe una violación de los principios de equidad y el sentido de justicia.

Por estos motivos, la comparación nos impide tener una visión objetiva de nosotros mismos, puede limitarnos y entorpecer nuestra autovaloración. Es importante destacar que, cuando nos comparamos, solemos hacerlo desde la parte más visible y superficial. Por eso, no somos capaces de obtener la información completa de cada situación y ver el panorama que la envuelve. Entonces, podemos creer que somos insuficientes o que no tenemos las habilidades necesarias para ciertas acciones. Pero, no somos conscientes de todas las variables por las que estamos limitados o las que envuelven al sujeto con el que nos comparamos.

Como conclusión, es importante comprender el daño y el malestar que la comparación genera y centrarnos en nuestras cualidades e historia de vida. De esa forma, podremos construir una autoestima sana sin fijarnos siempre en el otro.

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Maria Gabriela Canelon Psicologa

Licenciada en Psicología mención Clínica (Universidad Arturo Michelena), psicoterapeuta de enfoque psicodinámico y voluntaria en acompañamiento psicológico a personas LGBTIQ+ (Asociación civil por Todes).