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Actualizado: 31 de julio, 2023
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Psicología posmoderna, la importancia del lenguaje en nuestra construcción de la realidad

En la historia de la humanidad han transcurrido distintas épocas marcadas por cambios en el paradigma de pensamiento. Las diversas ideologías también han hecho efectos en las artes, la filosofía y las ciencias. Por tanto, a partir del siglo XIX surge el pensamiento moderno, en el que el hombre comienza a considerarse dueño de su historia y libre de vivir de acuerdo a sus deseos.

En el siglo XX nace la postura postmoderna, centrada en la construcción dinámica de la realidad a partir del lenguaje. Como consecuencia, podemos encontrar distintas terapias basadas en el postmodernismo: la Terapia centrada en Soluciones, la Terapia Narrativa y la Terapia Colaborativa.

Modernidad y Postmodernidad

En la época medieval, la fuente del saber se encontraba enmarcada en un paradigma espiritual, religioso, impuesto por medios eclesiásticos. No obstante, a partir del siglo XIX se inscribe un antes y después en la historia, gracias a la Revolución Científica.

Desde una perspectiva filosófica, el hombre se descubre a sí mismo como centro de su realidad, el ser humano se da cuenta que su historia está hecha por él mismo. Así, se instaura la posibilidad de subjetividad, la relación del sujeto consigo mismo y la libertad que ésta trae. En este sentido, el pensamiento moderno concibe al mundo con un potencial casi ilimitado para que el hombre lo someta a sus deseos e ideales. Como consecuencia, el individuo se ve a sí mismo como capaz de tomar sus propias decisiones y atenerse a sus propios conceptos morales.

A finales del siglo XX, surge una nueva etapa en el pensamiento de la sociedad, en la que se reescriben ciertas características que la modernidad había pretendido alcanzar. Así, el enfoque sigue siendo comprender la experiencia humana, tomando en cuenta que la identidad no es fija, sino que está en constante revisión y se construye mediante el lenguaje.

La globalización es uno de los factores que ha permitido el desarrollo del posmodernismo, gracias a las nuevas tecnologías que permiten conectar a seres humanos en partes muy distantes del mundo. De este modo, es posible conocer diversas realidades inimaginables y salir de la burbuja que plantea la propia cultura. A nivel filosófico, hay un rechazo radical por la instrumentalización de la razón, hay un pensamiento abierto a la multiplicidad de posibilidades que nos ofrece el mundo. Por esto, no hay principios ni criterios fijos, sino apertura y discontinuidad.

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La psicología posmoderna

Tomando en cuenta la ideología reinante en esta época, es lógico que las artes y las ciencias también se vean atravesadas por los efectos del posmodernismo. Bajo este paradigma, no tenemos una representación directa del mundo, sino que el conocimiento se construye mediante el lenguaje. Gracias a este planteamiento, desde el ámbito de la psicología, surge la crítica hacia la creencia de una verdad última y universal. Más bien, se termina apostando por la multiplicidad de sentidos que puede generar un ser humano, percibiendo la complejidad de realidad. En cuanto al trabajo terapéutico, el lenguaje sería el eje central generador de significados que permitiría cambios y soluciones.

En las terapias cuyo enfoque se basa en posturas modernas, se considera al terapeuta como un experto en las dificultades del consultante, siendo inspiradas en el modelo médico. Por este motivo, el psicólogo sería el director del espacio terapéutico, imponiendo un diagnóstico y determinando un tratamiento a seguir.

A diferencia de estas, las terapias con enfoque posmoderno enfatizan la naturaleza reflexiva de la relación consultante-terapeuta y le dan libertad a la voz del consultante para construir la relación terapéutico. Asimismo, el consultante marcaría sus decisiones en torno a sus deseos y necesidades. Tales indicaciones llevan a que la actividad terapéutica sea negociada y no impuesta. También, el papel del terapeuta sería de acompañante, más que de director.

A continuación, se ofrece un panorama general de tres modelos de terapia posmoderna: la Terapia Colaborativa, la Terapia Narrativa y la Terapia Centrada en Soluciones.

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Terapias postmodernas

Las terapias basadas en la psicología posmodernas comparten premisas similares en cuanto al lenguaje, conocimiento e identidad. En este sentido, la terapia sería vista como un proceso conversacional en el que los clientes y los terapeutas construyen nuevos significados alternativas, posibilidades y soluciones.

1. Terapia Centrada en Soluciones

La terapia centrada en soluciones es un enfoque terapéutico que se basa en la premisa de que los individuos tienen dentro de sí mismos los recursos necesarios para resolver sus problemas. A diferencia de otros enfoques terapéuticos que se centran en analizar y comprender los problemas subyacentes, la terapia centrada en soluciones se enfoca en identificar y potenciar las soluciones y fortalezas de la propia persona.

Este enfoque terapéutico fue desarrollado por Steve de Shazer e Insoo Kim Berg en la década de 1980 como una alternativa al modelo tradicional de terapia basado en el análisis de problemas. Se basa en la idea de que las personas son expertas en sus propias vidas y tienen conocimiento de lo que funciona mejor para ellas. El terapeuta asume el papel de facilitador, ayudando al cliente a identificar y utilizar sus propias soluciones.

Esta terapia se caracteriza por su enfoque en el presente y en el futuro, en lugar de analizar el pasado. El terapeuta ayuda al cliente a visualizar cómo sería su vida sin el problema y a establecer metas concretas y alcanzables para llegar a ese estado deseado. Se utilizan preguntas poderosas, como la pregunta milagro, y técnicas de entrevista para explorar las excepciones a los problemas, es decir, momentos en los que el problema no está presente o está menos presente en la vida del cliente. Estas excepciones se utilizan como base para construir soluciones y estrategias efectivas.

La terapia centrada en soluciones también enfatiza la colaboración entre el terapeuta y el cliente. El terapeuta trabaja en estrecha colaboración con el cliente para co-construir soluciones y evaluar su eficacia. Se presta especial atención a los éxitos y progresos, y se utilizan estos logros como base para impulsar el cambio y fomentar la motivación.

2. Terapia Narrativa

La terapia narrativa se basa en la idea de que nuestras vidas están conformadas por las historias que contamos sobre nosotros mismos. Fue desarrollada en la década de 1980 por Michael White y David Epston, y se ha convertido en una corriente importante dentro del campo de la terapia familiar y la terapia individual.

Esta terapia considera que las personas construyen significado y dan sentido a sus experiencias a través de la narración de historias. Estas historias pueden influir en cómo percibimos y enfrentamos los problemas, así como en las opciones y soluciones que consideramos posibles. El terapeuta narrativo trabaja en colaboración con el cliente para explorar y reescribir las historias que han dado forma a su vida de una manera más empoderadora y coherente con sus objetivos y valores.

Un aspecto fundamental de la terapia narrativa es el concepto de «externalización«. Esto implica separar al individuo de su problema, reconociendo que el problema no define su identidad completa. Al externalizar el problema, se crea espacio para que el individuo se desligue emocionalmente de él y pueda examinarlo de manera más objetiva. Esto permite al cliente ver que tiene recursos y habilidades separadas del problema y facilita la exploración de nuevas formas de enfrentarlo.

La terapia narrativa también utiliza técnicas como la reautoría de historias. Esto implica identificar y cuestionar las narrativas dominantes que mantienen los problemas en su lugar, y buscar excepciones a esas narrativas. Se fomenta la exploración de momentos en los que el problema no está presente o está menos dominante, lo que proporciona evidencia de que es posible vivir de manera diferente.

Otro aspecto importante de la terapia narrativa es el enfoque en las fortalezas y los recursos del individuo. El terapeuta ayuda al cliente a identificar y ampliar las habilidades, valores y relaciones positivas que pueden ayudarlo a enfrentar los desafíos. Se fomenta la resiliencia y se promueve el desarrollo de nuevas narrativas que enfaticen las capacidades y la resistencia del individuo.

La terapia narrativa no solo se aplica a nivel individual, sino que también se utiliza en terapia familiar y comunitaria. Se reconoce que las historias que se cuentan en el contexto familiar y social pueden tener un impacto significativo en la identidad y el bienestar de las personas. El terapeuta trabaja con las familias y las comunidades para explorar y desafiar las narrativas problemáticas, y fomenta la creación de nuevas historias que promuevan la cohesión, la resiliencia y el cambio positivo.

3. Terapia Colaborativa

Finalmente, la terapia colaborativa argumenta que el terapeuta y el cliente son colaboradores iguales en el proceso de terapia. Fue desarrollada por Harlene Anderson y Harold A. Goolishian en la década de 1980 como una alternativa al modelo tradicional de terapia en el que el terapeuta asume un papel de experto.

En este caso, el terapeuta se aleja de la posición de autoridad y se convierte en un facilitador y compañero de viaje del cliente. Ambos trabajan juntos para explorar las dificultades del cliente, buscar soluciones y promover el cambio. Se enfatiza la importancia de la relación terapéutica basada en la confianza, el respeto mutuo y la autenticidad.

Un aspecto fundamental de la terapia colaborativa es el diálogo reflexivo. El terapeuta y el cliente se involucran en una conversación abierta y reflexiva en la que se exploran las perspectivas y experiencias del cliente. Se presta atención a las palabras, el lenguaje corporal y los significados implícitos en la comunicación. El terapeuta utiliza preguntas abiertas, escucha activa y curiosidad genuina para ayudar al cliente a examinar sus propias creencias y perspectivas, y para ampliar las posibilidades de pensamiento y acción.

La terapia colaborativa también pone énfasis en la construcción conjunta de significado. El terapeuta y el cliente co-construyen narrativas alternativas que promueven el cambio y el crecimiento. Se cuestionan las narrativas problemáticas y se buscan excepciones y momentos en los que el cliente ha enfrentado con éxito situaciones similares. Se fomenta la exploración de nuevas formas de entender las dificultades y se generan alternativas más saludables y empoderadoras.

Además, la terapia colaborativa valora la perspectiva social y cultural del cliente. Se reconoce que nuestras experiencias y comprensiones están influenciadas por los contextos en los que vivimos. El terapeuta trabaja para comprender y respetar la diversidad cultural, y para colaborar con el cliente en el desarrollo de soluciones que sean consistentes con su identidad y valores.

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Maria Gabriela Canelon Psicologa

Licenciada en Psicología mención Clínica (Universidad Arturo Michelena), psicoterapeuta de enfoque psicodinámico y voluntaria en acompañamiento psicológico a personas LGBTIQ+ (Asociación civil por Todes).