Durante el siglo XIX se constituyó la Psicopatología como disciplina científica, teniendo su centro más importante en Europa, sobre todo en Francia y en Alemania. De esta época son las primeras clasificaciones diagnósticas basadas en la descripción de síntomas. Para el psiquiatra e historiador de la ciencia Lanterí Laurá este periodo significó el paso del “Paradigma de la Alienación Mental”, que consideraba que existía una única enfermedad mental (la Alienación de Pinel) que presentaba cuatro entidades mórbidas (manía, melancolía, idiotismo y demencia), y que Philippe Pinel (1745-1826) atribuía como causa principal los vicios y excesos de todo tipo; hacia el “Paradigma de las Enfermedades Mentales” con una gran cantidad de cuadros clínicos de origen orgánico y psíquico (1).

Pero ninguna clasificación psicopatológica se encuentra aislada del contexto social en la que fue descrita. A cada momento histórico le corresponde una patología específica porque tiene que ver con los cambios en la subjetividad de las personas. Por ello en este artículo analizaremos la Drapetomanía, una supuesta entidad mórbida padecida por los esclavos negros del sur de Estados Unidos, que fue postulada a mediados del siglo XIX, cuando en esa sociedad se estaban produciendo cambios que llevarían al fin de una economía predominantemente agrícola que utilizaba mano de obra servil y esclava, dando lugar a un capitalismo industrial.

Origen de la Drapetimanía

La discusión en torno a la salud mental de los esclavos no era nueva. En 1745 la Asamblea Colonial de South Carolina debió ocuparse del caso de Kate, una esclava, acusada de matar a un niño. Después de ser ingresada en la cárcel local, se determinó que Kate estaba “fuera de sus sentidos” por lo que no podía responder por sus actos. En lugar de ir a la cárcel debía ser internada en una institucional mental. Sin embargo, su dueño era demasiado pobre para pagar la internación y la colonia de South Carolina no había previsto el mantenimiento público de los esclavos. Finalmente, la Asamblea Colonial aprobó una ley por la que cada Parroquia debía responsabilizarse de la internación de los esclavos “lunáticos” cuyos dueños no pudieran cuidar de ellos. No hay registro de lo que sucedió a Kate ni se indagó en torno a las causas que llevaron a que matara al niño, quedando simplemente explicado el hecho por su estado mental.

Benjamin Rush (1746-1813), decano de la Facultad de Medicina de la University of Pennsylvania y firmante de la Declaración de la Independencia, que es considerado el “Padre de la Psiquiatría norteamericana”, consideraba que la población negra padecía de Negritude, una forma leve de lepra que se curaba “blanqueando” a los negros (2).

En 1851 el médico Samuel Cartwright (1793-1863), en un artículo publicado en la New Orleans Medical and Surgical Journal bajo el título “Diseases and peculiarities of the Negro Race”, planteó la existencia de la Drapetomanía. El nombre provenía del griego “drapetes” (esclavo, fugitivo) y “manía” (locura, enfermedad). Se la definía como el ansia de la libertad” o expresión del sentimiento del esclavo por escapar de su amo.

Cartwright comenzaba su artículo diciendo que: “Aún es desconocida por nuestras autoridades médicas, aunque sus síntomas diagnósticos, la fuga del servicio, son bien conocidos por nuestros plantadores y supervisores (…) Al notar una enfermedad no clasificada hasta ahora entre la larga lista de enfermedades a las que está sujeto el hombre, fue necesario tener un nuevo término para expresarla. La causa en la mayoría de los casos, que induce al negro a huir del servicio, es tanto una enfermedad mental como cualquier otra especie de alienación mental, y mucho más curable, como regla general. Con las ventajas de un asesoramiento médico adecuado, estrictamente seguido, esta práctica problemática que muchos negros tienen de huir, se puede evitar casi por completo, aunque los esclavos se encuentran en las fronteras de un Estado libre, a tiro de piedra de los abolicionistas” (3).

El Ferrocarril Subterráneo

Se calcula para esta época había alrededor de 3 millones de esclavos en los Estados Unidos y la población crecía a un ritmo de 70 mil personas al año. Las brutales condiciones de explotación que sufrían, sobre todo los que desempeñaban tareas agrícolas en los algodonares del sur, llevó a que miles intentaran cada año la huida hacia los Estados del norte, donde la esclavitud era ilegal. A comienzos del siglo XIX comenzó a funcionar el “Ferrocarril Subterráneo” (Underground Railroad), una red clandestina para ayudar a escapar a los esclavos fugitivos. Estaba formado por antiguos esclavos, activistas abolicionistas blancos y miembros de la Iglesia Cuáquera, opuesta a la esclavitud. No era realmente un ferrocarril, sino que su nombre provenía de que utilizaban términos ferroviarios: los “conductores” o “maquinistas” eran quienes ayudaban a escapar a los esclavos; las “estaciones” eran las casas seguras donde los fugitivos podían esconderse, alimentarse, descansar y recibir atención médica; los “pasajeros” eran los fugados; los “carriles” las rutas de escape; la “Estación Central” la jefatura y el “Destino” los Estados norteños (4).

Se cree que el Ferrocarril Subterráneo liberó a 100.000 personas entre 1810 y 1860. Para algunos autores, esta cifra es muy pobre dado la población total de esclavos, pero los hacendados lo veían como una amenaza a su derecho a la propiedad y algo que instaba a la rebelión, por lo que llevaron a cabo acciones tendientes a ponerle fin. Para ello endurecieron los castigos a los esclavos que intentaran la huida o fueran sospechosos de la misma: los latigazos, azotes y mutilaciones eran la pena más común. También se utilizaba el Sistema Penitenciario, dejando detenidos por unos días a los esclavos fugitivos en una prisión donde se los torturaba salvajemente antes de devolverlos a sus amos. Sin embargo, la mayoría de los hacendados optaban por castigar en privado a los fugitivos para que volvieran inmediatamente al trabajo (5).

La justificación de la Drapetomanía según las Sagradas Escrituras

Teniendo en cuenta este contexto, podemos explicar las fugas masivas por la situación de explotación y represión brutal que sufría la población negra sometida a la esclavitud. Sin embargo Cartwright ofrecía otra explicación, basándose en las Sagradas Escrituras: “Si el hombre blanco intenta oponerse a la voluntad de la Deidad, tratando de hacer que el negro no sea «el sumiso doblador de rodillas» (que el Todopoderoso declaró que debería ser), tratando de elevarlo a un nivel consigo mismo, o poniéndose en igualdad con el negro; o si abusa del poder que Dios le ha dado sobre su prójimo, siendo cruel con él, o castigándolo con ira, o descuidando protegerlo de los abusos sin sentido de sus compañeros y de todos los demás, o por negarle las comodidades y necesidades habituales de la vida, el negro huirá; pero si lo mantiene en la posición que aprendemos de las Escrituras que estaba destinado a ocupar, es decir, la posición de sumisión; y si su maestro o supervisor es amable y gentil en su audiencia hacia él, sin condescendencia, y al mismo tiempo suministra a sus necesidades físicas, y lo protege de abusos, el negro estará hechizado y no podrá huir” (6).

En este fragmento Cartwright se opone al trato cruel hacia los esclavos, pero al mismo tiempo sostiene que el Hombre Blanco tiene una superioridad racial y moral que debe hacer valer en todo momento: “Según mi experiencia, el «genu flexit» – el asombro y la reverencia-, deben ser exigidos de ellos, o despreciarán a sus amos, se volverán groseros e ingobernables y huirán. En la línea de Mason y Dixon –que separaba los Estados Libres y los Estados esclavistas-, dos clases de personas podían perder a sus negros: aquellos que se familiarizaban demasiado con ellos, tratándolos como iguales y haciendo poca o ninguna distinción con respecto al color; y, por otro lado, aquellos que los trataron cruelmente, les negaron las necesidades comunes de la vida, descuidaron protegerlos contra los abusos de los demás, o los asustaron con una actitud abrumadora, cuando estaban a punto de castigarlos por delitos menores” (7).

El recurrir a textos religiosos para explicar una supuesta enfermedad mental es un punto a destacar que diferencia la psicopatología norteamericana de la europea, ya que esta última no recurría a explicaciones sobrenaturales porque descartaba todo aquello que no pudiera observarse o medirse.

Como remedio a este mal proponía el “adecuado consejo médico” para detectar los hábitos problemáticos antes de que desembocaran en la “manía de libertad”: “Si se trata amablemente, bien alimentado y vestido, con combustible suficiente para mantener una pequeña fogata encendida toda la noche, separados por  familias, cada familia teniendo su propia casa, no permitiéndoles correr por la noche para visitar a sus vecinos, recibir visitas o usan licores embriagadores, y si no trabajan demasiado ni están expuestos al clima, son más fácilmente controlables que cualquier otra persona en el mundo” (8).

Para aquellos esclavos “reticentes e insatisfechos sin razón” proponía “sacarles el demonio a latigazos”: “Cuando se hace todo esto, si alguno de ellos, en cualquier momento, se inclina a elevar sus cabezas al mismo nivel que su amo o supervisor, por la humanidad y su propio bien requieren que sean castigados hasta que caigan en esa sumisión” (9). Aquí contradice completamente lo que había sostenido con anterioridad respecto a evitar tratos crueles y degradantes.

Cartwright y la “enfermedad de los capataces”

En el mismo artículo Cartwright se refiere a otra patología que afectaría a los negros libres, la disestesia aethiopica o “enfermedad de los capataces”. Esta supuesta condición se caracterizaba por una insensibilidad parcial de la piel y una hebetitud (letargo mental) tan grande que la persona parecía como dormida. Señalaba que “es mucho más frecuente entre los negros libres que viven en grupos solos que entre los esclavos en nuestras plantaciones, y ataca solo a los esclavos que viven como negros libres en cuanto a dieta, bebidas, ejercicio, etc.”, y que quienes la padecen “son propensos a hacer muchas travesuras, lo que parece intencional, pero se debe principalmente a la estupidez mental y la insensibilidad de los nervios inducidos por la enfermedad. Por lo tanto, rompen, desperdician y destruyen todo lo que manejan, abusan de los caballos y el ganado, queman o rasgan su propia ropa y, sin prestar atención a los derechos de propiedad, roban a otros para reemplazar lo que han destruido” (10).

Para esta “enfermedad” proponía el mismo remedio que para la drapetomanía: la vigilancia y los azotes.

Rebelión hacia la desigualdad y la represión

Lo que Cartwright veía como síntomas, hoy podrían considerarse formas simbólicas y cotidianas de resistencia de los oprimidos ante una situación de explotación. Siguiendo a James Scott, cuánto más grande es la desigualdad de poder entre los dominantes y los dominados, y cuánto más arbitrariamente se ejerza el poder, el discurso público de los dominados adquirirá una forma más estereotipada y ritualista ante sus amos. Pero en contraposición a este Discurso Público (public transcript) aparecerá un Discurso Oculto (hidden transcript) para definir la conducta “fuera de escena”, más allá de la observación del poder. Para Scott la resistencia es un acto del lenguaje, pero también lo trasciende: el discurso oculto no solo se compone de palabras sino también de una extensa gama de prácticas (11). Así la huida, la lentitud para trabajar, la destrucción de la propiedad, las travesuras y las bromas hacia terratenientes o capataces, lejos de ser indicadores de enfermedad mental, se convierten en actos de resistencia contra la esclavitud.

A poco de ser publicado en un medio sureño, el artículo de Cartwright fue ampliamente ridiculizado en los Estados norteños. En 1855, se publicó una sátira en el Buffalo Medical Journal. Al año siguiente Frederick Law Olmsted, en su obra A Journey in the Seaboard Slave States with Remarks on their Economy, observaba que los trabajadores temporales y precarizados blancos también se fugaban con frecuencia, por lo que postuló –a modo de broma- que la supuesta patología de Cartwright tenía origen europeo y fue introducida en África por mercaderes blancos (12).

La drapetomanía nunca fue plenamente aceptada por los círculos médicos y psiquiátricos. Además, en los años siguientes se producirían cambios radicales en la sociedad estadounidenses. La derrota de la oligarquía feudal-esclavista sureña en la Guerra Civil o Guerra de Secesión Americana (1860-1865) produjo la unificación del país bajo el liderazgo del norte capitalista e industrial. Por otro lado, la Proclama de Emancipación de los Esclavos de 1863 y la aprobación de la 13º Enmienda a la Constitución Nacional de 1865 significaron el fin de la esclavitud legal.

Sin embargo, estos cambios no pusieron fin a los intentos de “patologización de la población afroamericana. En 1875 se creó el primer Manicomio para Negros en el Estado de North Carolina. En 1895 el doctor T. O. Powell, director del Asilo para Lunáticos del Estado de Georgia explicaba que el aumento del alcoholismo y la demencia en la población negra se debía a la abolición de la esclavitud, ya que en las plantaciones llevaban vidas organizadas e higiénicas alejadas de los vicios y los excesos. El diagnóstico de Powell es una mezcla de Pinel y Cartwright. Más cerca en el tiempo, en 1960 Vernon Mark, William Sweet y Frank Ervin sugirieron que los desórdenes urbanos causados por jóvenes afroamericanos no eran una forma de protesta contra la pobreza y la represión policial sino el resultado de una “disfunción cerebral” para la que recomendaban el uso de psicocirugía preventiva –léase: lobotomía- (13). En 2007 el ganador del Premio Nobel de Medicina John Watson declaró que “está científicamente comprobado” que los negros son menos inteligentes que los blancos.

Como podemos ver, el espíritu de Samuel Cartwright permanece vivo hasta la actualidad y es deber ético de los/as profesionales de la salud denunciar estas ideas pseudocientíficas que buscan justificar el racismo, la xenofobia y la explotación.

Bibliografía:

(1) Valencia, Luciano Andrés; Breve historia de las personas con discapacidad: de la opresión a la lucha por sus derechos, Mauritius, Editorial Académica Española, OmniScriptumn Publishing, 2018.

(2) Jackson, Vanessa; “A Early History: African-American Mental Health”, http://academic.udayton.edu/health/01status/mental01.htm.

(3) Cartwright, Samuel; “Diseases and peculiarities of the Negro Race”, disponible en: http://www.pbs.org/wgbh/aia/part4/4h3106t.html, publicado originalmente en 1851.

(4) Sobre el Ferrocarril Subterráneo se puede consultar en: Harriet Tubman Historical Society; “Whats was the Underground Railroad?”, http://www.harriet-tubman.org/underground-railroad/. También mi artículo: Valencia, Luciano Andrés; “Harriet Tubman, la conductora de la libertad”, Boletín de la Revista de Historia, https://revistadehistoria.es/harriet-tubman-la-conductora-de-la-libertad/, 24 de enero de 2018.

(5) Sobre los castigos a los esclavos: https://www.losmulatos.com/2018/06/breve-resumen-historico-sobre-la.html.

(6) (7) (8) (9) (10) Cartwright, Samuel; “Diseases and peculiarities…”, op. cit.

(11) Scott, James C; (2004) Los dominados y el arte de la resistencia: discursos ocultos, México, Ediciones Era.

(12) Wikipedia, www.wikipedia.es, artículo “Drapetomanía”.

(13) Jackson, Vanessa; “A Early History…”, op. cit.

Luciano Andrés Valencia
Nacido en Argentina. Escritor, Licenciado en Historia (Universidad Nacional de La Pampa) y estudiante de Psicología (Universidad Nacional del Comahue). Es autor de los libros: La Transformación Interrumpida (2009), Páginas Socialistas (2013) y Breve Historia de las personas con discapacidad (2018), además de haber participado en decenas de antologías y publicado artículos en medios argentinos y extranjeros.

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