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Actualizado: 4 de septiembre, 2026
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El proceso de recaída y cómo las decisiones de riesgo pueden acercarnos al consumo

Una recaída puede parecer, desde fuera, un acontecimiento repentino: después de un periodo de abstinencia, la persona vuelve a consumir. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento lo que ha ocurrido antes, con frecuencia puede identificarse un proceso progresivo en el que diferentes decisiones, pensamientos, emociones y circunstancias han ido aumentando el riesgo.

La recuperación no consiste únicamente en evitar el consumo, sino también en aprender a reconocer esos primeros cambios y actuar sobre ellos. Una decisión aparentemente pequeña puede parecer irrelevante cuando se toma de forma aislada, pero varias decisiones orientadas en la misma dirección pueden acercar progresivamente a la persona hacia situaciones de mayor vulnerabilidad. En este sentido, la recaída puede entenderse como una cadena de decisiones de riesgo en la que todavía existen oportunidades para intervenir.

La recaída como un proceso de toma de decisiones

La recaída no comienza necesariamente con el consumo. Antes pueden producirse una serie de cambios que van modificando progresivamente la situación de la persona: aumenta el malestar, se abandonan algunas estrategias de protección, aparecen determinadas formas de pensar y comienzan a tomarse decisiones que incrementan la exposición al riesgo. De este modo, el consumo puede entenderse como el resultado final de un proceso que se ha ido construyendo previamente.

Esta perspectiva permite prestar atención a algo que puede pasar fácilmente desapercibido: la dirección de las decisiones que vamos tomando. Una decisión concreta puede parecer insignificante, pero varias decisiones orientadas hacia el mismo lugar pueden ir acercando progresivamente a la persona a una situación de alto riesgo. Por eso, la prevención consiste en detectar esos primeros movimientos y actuar mientras todavía existe margen para cambiar el rumbo.

Dentro de este proceso cobran especial importancia las Decisiones Aparentemente Irrelevantes (DAI), concepto desarrollado en el modelo de prevención de recaídas de Marlatt y Gordon (1985). Se trata de decisiones que, consideradas de forma aislada, no parecen tener relación directa con el consumo, pero que pueden ir acercando progresivamente a la persona hacia situaciones de mayor riesgo.

Dejar de acudir al grupo, abandonar una rutina que estaba funcionando, recuperar determinados contactos o frecuentar lugares asociados al consumo son algunos ejemplos. Ninguna de estas decisiones supone por sí misma una recaída, pero su acumulación puede debilitar los factores de protección y facilitar la aparición de pensamientos y deseos relacionados con el consumo. Por eso, más que preguntarnos si una decisión es «importante» o «irrelevante», conviene observar hacia dónde nos está llevando.

Proceso Recaida

El autoengaño y la sensación de control

A medida que la persona se aproxima a situaciones de riesgo pueden aparecer pensamientos que reducen la percepción de peligro. «Solo será una vez», «ahora sí puedo controlarlo» o «por un poco no pasa nada» son ejemplos de racionalizaciones que pueden hacer que una decisión arriesgada parezca razonable. Este tipo de autoengaño puede favorecer que se abandonen estrategias de protección y que se continúe avanzando en la cadena de recaída.

Por eso, detectar estos pensamientos resulta especialmente importante. No se trata de discutir cada pensamiento que aparece, sino de aprender a cuestionar aquellas justificaciones que pueden estar facilitando una decisión de riesgo. Cuando una persona empieza a pensar que necesita comprobar si todavía puede controlar el consumo, quizá sea precisamente el momento de detenerse, analizar la situación y compartirla con el equipo terapéutico antes de dar el siguiente paso.

La línea de no retorno, cuando el riesgo aumenta

Si las decisiones de riesgo se van acumulando, la persona puede avanzar hacia situaciones progresivamente más difíciles de manejar. En este recorrido pueden aumentar el deseo de consumir, la exposición a estímulos asociados al consumo y la confianza en determinadas justificaciones, mientras disminuyen algunos de los recursos que anteriormente funcionaban como protección.

En el esquema que guía este artículo, este punto se representa mediante una «línea de no retorno», tras la cual aparece una situación descrita como «imposible de resistir». No debe interpretarse como un momento en el que la capacidad de elección desaparece literalmente, sino como una representación de cómo, cuanto más avanza la cadena de riesgo, s difícil puede resultar detenerla. Por eso, la prevención no consiste en esperar hasta ese momento para comprobar si la persona puede resistir, sino en intervenir mucho antes, cuando todavía existen alternativas y margen para cambiar de dirección.

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Reconocer y comunicar las decisiones de riesgo

Uno de los elementos fundamentales en la prevención de recaídas es hacer visible el proceso antes de que llegue al consumo. Las decisiones de riesgo pueden resultar difíciles de reconocer cuando se valoran de manera aislada, especialmente si la persona encuentra argumentos que las justifican. Por ello, compartirlas con el grupo terapéutico o con los profesionales puede convertirse en una estrategia de protección.

Contar que se ha vuelto a contactar con determinadas personas, que se está pensando en acudir a un lugar asociado al consumo o que ha aparecido la idea de «probar» de nuevo permite intervenir cuando todavía existe margen de maniobra. La ocultación, por el contrario, puede facilitar que la cadena avance sin que otras personas puedan ayudar a identificarla. Hablar de una decisión de riesgo no significa admitir una recaída, sino pedir ayuda para evitar que llegue a producirse.

La prevención de recaídas no consiste únicamente en identificar las situaciones de riesgo, sino también en construir progresivamente una vida compatible con la recuperación. Desde los principios del moldeamiento o de las aproximaciones sucesivas, para evitar exponerse a estímulos y situaciones de riesgo antes de haber adquirido las herramientas, los cambios conductuales complejos pueden alcanzarse mediante pasos progresivos, reforzando los avances y consolidando cada adquisición antes de pasar a la siguiente .

Aplicado a las adicciones, esto significa que no es necesario —ni siempre resulta conveniente— exponerse prematuramente a situaciones de elevado riesgo para demostrar que se ha recuperado el control. Recuperar determinadas actividades, relaciones o contextos puede requerir un proceso gradual, ajustado a los recursos disponibles en cada momento. Avanzar demasiado rápido también puede convertirse en una decisión de riesgo. La recuperación implica aprender nuevas formas de afrontar las situaciones difíciles, aumentando progresivamente la autonomía sin convertir cada paso en una prueba de resistencia frente al consumo.

La recaída puede prevenirse mucho antes del consumo

Mirar la recaída como un proceso permite cambiar también la forma de intervenir. Si el consumo constituye el último eslabón de una cadena, no es necesario esperar hasta ese momento para actuar. Una decisión de riesgo, una racionalización, el abandono de una rutina protectora o el acercamiento a determinados contextos pueden convertirse en señales de alerta temprana cuando se observan conjuntamente.

Esto permite que la prevención sea más activa y concreta. En lugar de preguntarse únicamente «¿he consumido?», resulta útil preguntarse «¿qué decisiones estoy tomando últimamente y hacia dónde me están llevando?». Esta perspectiva favorece una intervención anticipada y permite recuperar estrategias de afrontamiento antes de que la situación alcance niveles de riesgo más elevados. La recaída, por tanto, no tiene por qué entenderse como un acontecimiento súbito, sino como un proceso en el que existen diferentes momentos para detenerse, pedir ayuda y cambiar de dirección.

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Lectura Recomendada

  • Marlatt, G. A., & Gordon, J. R. (1985). Relapse prevention: Maintenance strategies in the treatment of addictive behaviors. Guilford Press.
  • Martin, G., & Pear, J. (2008). Modificación de conducta: Qué es y cómo aplicarla (8.ª ed.). Pearson Educación.
  • Monar Bermúdez, S., González Martínez, J., Gandía Carbonell, N., Guillem Benaches, M. C., de Dalmases Artés, J., & Navarro Chisbert, A. (2024). Adicciones: Claves para el éxito del tratamiento. Letra Minú
Mario Arrimada

Mario Arrimada Fernández es Psicólogo General Sanitario, con formación en orientación cognitivo-conductual y especialización en terapias de tercera generación y EMDR. Desarrolla su labor clínica tanto de forma presencial en Madrid como en formato online, trabajando principalmente con población adulta, aunque también interviene con población infantojuvenil y en terapia familiar. Cuenta con experiencia en distintos entornos clínicos, abordando problemáticas como adicciones, patología dual, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, en intervenciones individuales y grupales. Ha trabajado en centros como Por Ti Psicología y Centro Árbor, además de ejercer en el ámbito online a través de BetterHelp. Dispone de formación de posgrado en Psicología General Sanitaria y psicoterapia, así como especialización en EMDR (nivel 2), adicciones, mindfulness y terapias contextuales. Cuenta también con formación específica en trastornos de la personalidad y trastornos alimentarios. Compagina su práctica clínica con la divulgación en psicología, con más de 200 publicaciones en diferentes plataformas especializadas. Su enfoque terapéutico se basa en la integración de modelos con respaldo empírico, adaptando la intervención a las necesidades de cada persona y manteniendo un compromiso con la calidad y la ética profesional.