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Actualizado: 21 de mayo, 2026
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Por qué los antojos desaparecen con Mounjaro (tirzepatida) y luego vuelven

Recientes registros cerebrales revelan que medicamentos como la tirzepatida silencian temporalmente los circuitos de recompensa vinculados al deseo constante de comer.

En los últimos años, medicamentos como Mounjaro (tirzepatida), un fármaco utilizado para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y cada vez más presente en el abordaje de la obesidad, han cambiado la forma en que entendemos la relación entre el cerebro, el apetito y los antojos. Su acción sobre determinadas hormonas implicadas en la regulación del hambre no solo reduce la ingesta, sino que también modifica la manera en que pensamos en la comida.

Muchas personas describen un efecto llamativo al iniciar el tratamiento: la disminución casi inmediata del deseo por alimentos dulces o altamente calóricos, como si el “ruido mental” asociado a la comida se apagara de repente.

Sin embargo, este efecto no siempre se mantiene en el tiempo y en muchos casos, los antojos reaparecen, generando dudas, frustración y la sensación de que el tratamiento ha dejado de funcionar. Esto, lejos de ser un fallo, este fenómeno responde a la capacidad del organismo para adaptarse a los cambios farmacológicos.

La medicación apaga las ganas de comer, pero el deseo regresa

Al iniciar este tipo de tratamientos hormonales, el cerebro experimenta un silencio inusual ante los estímulos visuales u olfativos de los alimentos. La supresión temporal de los circuitos de recompensa genera un gran alivio mental al apagar lo que médicamente denominamos ruido alimentario, esa voz constante que incita a buscar calorías sin sentir hambre física. Esta respuesta ocurre porque la medicación actúa directamente sobre los centros del placer, disminuyendo la intensidad de las señales que nos provocan pensamientos obsesivos.

Conforme transcurren las primeras semanas, notamos cómo la atracción irresistible por los ultraprocesados o los dulces pierde fuerza, y eso es porque el cerebro deja de emitir alertas de urgencia por comer por motivos puramente hedónicos, facilitando que las decisiones sobre nuestra alimentación diaria respondan a una saciedad genuina. Experimentar esta quietud es muy interesante y además nos ayuda a concentrarnos en nuestras rutinas habituales sin el agotamiento que supone luchar a cada minuto contra las ideas recurrentes.

Desgraciadamente, pasados varios meses bajo la misma pauta terapéutica, es frecuente percibir que ciertos estímulos vuelven a captar nuestra atención diaria. Este fenómeno de habituación neuronal provoca que el organismo se adapte a la medicación, permitiendo que los circuitos relacionados con el deseo alimentario recuperen una fracción de su reactividad habitual. Este proceso adaptativo es completamente natural e indica la enorme plasticidad de nuestra fisiología ante cambios sostenidos en el tiempo.

Observar el retorno de algunas reapetencias no significa que el tratamiento haya dejado de funcionar, sino que nuestro cuerpo busca establecer un nuevo equilibrio frente a los estímulos externos. La intensidad de estas sensaciones suele ser menor que al principio, pero requiere que empecemos a aplicar herramientas psicológicas y conductuales para no volver a los antiguos patrones de consumo impulsivo.

Qué ocurre al interrumpir o bajar la dosis médica

Si decidimos suspender la terapia farmacológica o reducir la cantidad establecida, los receptores cerebrales pierden esa estimulación constante que frenaba los impulsos instintivos. Retirar el efecto directo sobre el sistema de placer facilita la reaparición del apetito emocional, a menudo con una fuerza que nos toma por sorpresa. Esta avalancha de sensaciones ocurre porque el organismo intenta restablecer el ambiente químico previo al inicio de la pauta.

Experimentar este hambre repentina refleja una respuesta biológica predecible ante la sustracción abrupta del control farmacológico. Al desaparecer la barrera que modulaba la liberación de sustancias vinculadas al bienestar, las ganas de recurrir a los ultraprocesados como vía de escape aumentan, haciendo indispensable contar con apoyo para gestionar esta transición de manera saludable y progresiva.

Señales de alerta y cómo actuar

Es importante empezar a intervenir cuando los antojos dejan de ser manejables y empiezan a afectar al funcionamiento diario. Algunos indicadores son:

  • Pensamientos recurrentes sobre comida que interfieren en la concentración, el trabajo o el descanso.
  • Episodios de ingesta impulsiva, especialmente de alimentos muy calóricos, sin llegar a sentir saciedad.
  • Aparición de culpa o malestar significativo tras comer fuera de lo planificado.
  • Incremento de la ansiedad asociado a la sensación de pérdida de control sobre la conducta alimentaria.

Cuando aparecen estas señales, es recomendable aplicar medidas orientadas a reducir la impulsividad y aumentar el control conductual. En la práctica, esto implica estructurar la alimentación (establecer horarios y planificar menús), priorizar alimentos con mayor capacidad saciante (ricos en fibra y proteínas) y aprender a diferenciar el hambre fisiológica de la emocional mediante pequeñas pausas o técnicas de regulación. También resulta útil modificar el entorno inmediato, limitando la disponibilidad de productos ultraprocesados o altamente sabrosos que facilitan el consumo automático.

Por otro lado, el entorno social influye mucho en la posible adherencia a estos cambios. Cuando contamos con personas cercanas que evitan hacer juicios sobre el peso o la ingesta, y que favorecen una comunicación abierta, se reduce la presión y mejora la estabilidad del proceso y ayuda a sostener el proceso a medio y largo plazo.

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Marta Guerri

Marta Guerri es Licenciada en Psicología por la UOC y Diplomada en Enfermería por la UB. Posee la acreditación como Psicóloga General Sanitaria, y cuenta con el Máster en Terapia de la Conducta y la Salud, Máster en Terapia Familiar Socioeducativa, y un Postgrado en Salud Mental y Psiquiatría por la Universitat de Barcelona (UB). Es CEO y gestora de contenidos de Psicoactiva.com, un portal líder en psicología, que ha crecido hasta convertirse en una comunidad de referencia en el ámbito de la psicología y las neurociencias. También ha trabajado en terapia con familias con vulnerabilidad social en el Servicio de Orientación y Acompañamiento a Familias (SOAF) y actualmente ejerce de Psicóloga en la Clínica Fertty, donde se dedica a la atención de pacientes y donantes en tratamientos de fertilidad. Además, es miembro de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Tiene publicados varios libros sobre psicología y salud emocional, entre los cuales sen encuentran: "Inteligencia Emocional, una guía útil para mejorar tu vida" y "Entrenamiento mental para mejorar tu inteligencia" de la editorial Mestas Ediciones.