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Lope Félix de Vega Carpio (1562 – 1635) fue un destacado dramaturgo y poeta del Siglo de Oro español.

Después de Miguel de Cervantes, es el segundo autor más reconocido a nivel mundial, mientras que el volumen absoluto de su producción literaria es inigualable, lo que lo convierte en uno de los autores más prolíficos de la historia de la literatura. Fue apodado “Fénix de los ingenios” y “Monstruo de Naturaleza” por Cervantes debido a su naturaleza prolífica.

Lope de Vega renovó el teatro español en un momento en que se estaba convirtiendo en un fenómeno cultural de masas. Definió sus características clave y, junto con Pedro Calderón de la Barca y Tirso de Molina, llevó el teatro barroco español a ser un verdadero fenómeno cultural. Debido a la perspicacia, la profundidad y la facilidad de sus obras, es considerado como uno de los mejores dramaturgos de la literatura occidental, sus obras siguen siendo producidas en todo el mundo. También fue uno de los mejores poetas líricos en el idioma español, y autor de varias novelas.

Se le atribuyen unos 3.000 sonetos, 3 novelas, 4 novelas cortas, 9 poemas épicos y unas 500 obras de teatro. Aunque ha sido criticado por anteponer la cantidad a la calidad, al menos 80 de sus obras se consideran obras maestras. Era amigo del escritor Francisco de Quevedo y archienemigo del dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón. El volumen del trabajo de su vida lo hizo envidiar no solo por autores contemporáneos como Cervantes y Luis de Góngora, sino también por muchos otros: por ejemplo, Johann Wolfgang von Goethe que expresó su deseo de haber podido producir una obra tan vasta y colorida.

Citas célebres de Lope de Vega

Lo que cuenta no es mañana, sino hoy. Hoy estamos aquí, mañana tal vez, nos hayamos marchado.

No hay en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.

Si humor gastar pudiera, con más salud sospecho que viviera.

El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida.

No hay cosa más fácil que dar consejo ni más difícil que saberlo tomar.

Quien desea morir, la vida teme.

Es perdonar al vencido el triunfo de la victoria.

Cada cual tiene amor, correspondiente a su humor, que le conserva en su estado.

No sé la razón de la sinrazón que a mi razón aqueja.

Quien no ama la vida, no la merece.

Nadie puede apartarse de la verdad sin dañarse a sí mismo.

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¿Qué viene a ser esta vida, sino un breve camino para la muerte?

Lágrimas de los hijos son flechas en los corazones de los padres.

La muerte es cobarde para los que no la huyen y animosa para los que la temen.

En su casa, hasta los pobres son reyes.

El querer no es elección porque ha de ser accidente.

No se puede amar sin dar.

Conozco, y con notables sentimientos, que no está el bien en la corona de oro, sino en tener en paz los pensamientos.

Que no hay, para olvidar amor, remedio como otro nuevo amor, o tierra por medio.

Ni el rey comería si el labrador no labrase.

Morir, o dar la muerte a los tiranos, pues somos muchos, y ellos poca gente.

Es ángel, aunque es furia del profundo. Y con ser la mujer quien tanto daña, donde ella falta, no se alegra el hombre.

El ingrato escribe el bien en el agua y el mal en la piedra.

¿Qué es amar? Es un deseo de hermosura. Esa hermosura, ¿por qué el amor la procura? Para gozarla.

La virtud, como el arte, hallarse suele cerca de lo difícil.

A los que no la pueden gozar, pésales que haya hermosura.

De cuantas cosas me cansan fácilmente me defiendo, pero no puedo guardarme de los peligros de un necio.

Soy rey de mi voluntad; no me la ocupan negocios, y ser muy rico de ocios es suma felicidad.

La poesía es pintura de los oídos, como la pintura poesía de los ojos.

El oro es como las mujeres, que todos dicen mal de ellas y todos las desean.

No hay placer que no tenga por límites el dolor; que con ser el día la cosa más hermosa y agradable tiene por fin la noche.

Que de una mujer que es buena mil cosas buenas se aprenden.

Mayor valentía es disponerse a la muerte prudentemente que arrojarse al cuchillo con osadía.

Donde hay amor no hay señor, que todo lo iguala el amor.

Que es amor dulce materia para no sentir las horas, que por los amantes vuelan.

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Que más mata esperar el bien que tarda que padecer el mal que ya se tiene.

Con viento mi esperanza navegaba; perdonóla la mar, matóla el puerto.

Los celos son hijos del amor, mas son bastardos, te confieso.

Yo, haciendo lengua los ojos, solamente le ofrecía a cada cabello un alma, a cada paso una vida.

Virtud, sobre ser hermosa, es la mayor perfección.

¡Qué tanto puede una mujer que llora!

A nadie se le dio veneno en risa.

Muchos se casan aprisa que a llorar despacio van.

Yo confieso que he vivido libremente y sin casarme, por no querer sujetarme.

Que si ha de dar un desengaño muerte, mejor es un engaño que da vida.

La liberalidad es la primera hija del amor y la piedra imán más atractiva para los hierros de la voluntad.

Después del perdón son infames los delitos.

La amistad es el alma de las almas.

Eso son los suspiros, medias voces del alma.

¡Qué presto se va un placer, pues no acaba de llegar cuando le sigue el pesar,

y más, hallado en mujer!

Que no hay tan diestra mentira, que no se venga a saber.

Quién lástima escucha, cerca está de perdonar.

Ninguno imaginó tan breve la vida, que pensase morir el día que lo estaba imaginando.

Los gatos, en efecto, son del amor un índice perfecto.

Dijeron que antiguamente se fue la verdad al cielo: tal la pusieron los hombres, que desde entonces no ha vuelto.

Nadie tiene amor más que a su misma persona.

Forzoso es hablarle al vulgo en necio para darle gusto.

Si rey fuera, instituyera cátedras para enseñar a callar.

Que más vale pobreza en paz, que en guerra mísera riqueza.

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Pero con una cosa me contento; que aunque pueda quitarme la esperanza, no me puede quitar el pensamiento.

Mátame o dame la vida: da un medio a tantos extremos.

El vino, mientras más se envejece, más calor tiene: al contrario de nuestra naturaleza, que mientras más vive, más se va enfriando.

Que de una mujer que es buena mil cosas buenas se aprenden.

El mar, el juego, amor y la fortuna, no piensan que lo son, sin la mudanza.

La paciencia tan enseñada a callar.

No quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia.

Su vida fue amenaza de su muerte, y su muerte fue paga de su vida.

Nunca un hombre ha de probar la espada ni la mujer, porque ésta puedes torcer y aquélla puedes quebrar.

Pero hay hombres tan orates que las cosas que no entienden las juzgan por disparates.

¡Dios me libre de enemistades de amigos!

Nunca el honor se perdió mientras duró el secreto.

La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación.

Piezas somos de ajedrez y el loco mundo es la tabla, pero en la talega juntos peones y reyes andan.

De muchos males libran al hombre las temporales riquezas pero lo más de que aprovechan es de quitar el deseo de conseguirlas.

Aunque yo ignorante sea, sé de los sabios que trato conocer un mentecato a mil pasos que le vea.

La poesía es pintura de los oídos, como la pintura poesía de los ojos.

Dichoso el que descansa en pobre choza, que no se logra el bien donde hay testigos, ni en las ciudades la quietud se goza.

Quien mira el pasado, el porvenir advierte.

Que pobreza no es vileza mientras no hace cosas malas.

Pero la vida es corta: viviendo, todo falta; muriendo, todo sobra.

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Toda es vana arquitectura, porque dijo un sabio un día que a los sastres se debía la mitad de la hermosura.

Lo que cuenta no es mañana, sino hoy. Hoy estamos aquí, mañana tal vez, nos hayamos marchado.

Principios son de olvidar dejarse en público ver; que esconderse una mujer es alta señal de amar.

Que no están los contentos en el oro, sino al revés, el oro en los contentos.

A los que no la pueden gozar, pésales que haya hermosura.

Que de una mujer que es buena mil cosas buenas se aprenden.

El castigo más piadoso de dos que se quieren bien es casarlos.

Que el grande y el pequeño somos iguales lo que dura el sueño.

Primeramente has de hacer resolución de olvidar, sin pensar que has de tornar eternamente a querer.

Cuando se alteran los pueblos agraviados, y resuelven, nunca sin sangre o sin venganza vuelven.

¡Oh, libertad gran tesoro! porque no hay buena prisión, aunque fuese en grillos de oro.

Vivir del juego es vivir muy a costa del honor.

El vino, mientras más se envejece, más calor tiene: al contrario de nuestra naturaleza, que mientras más vive, más se va enfriando.

Pésame, pues no es pequeño principio de aborrecer un criado el entender que sabe más que su dueño.

Si matas con los pies, Inés hermosa, ¿qué dejas para el fuego de tus ojos?

No hay mejor lana que no tener mañana, ni mejor bronce que tener años once.

Es del hortelano el perro: ni come ni comer deja, ni está fuera ni está dentro.

De acuerdo, entonces, lo diré: Dante me hace enfermar.

No hay placer que no tenga por límites el dolor; que con ser el día la cosa más hermosa y agradable tiene por fin la noche.

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