aumentar conductas
Técnicas psicológicas para aumentar conductas

Las terapias de modificación de conducta son técnicas y conocimientos que se fundamentan en los principios, las estrategias y las técnicas derivados de los principios del aprendizaje, que se aplican de una manera sistemática para modificar el comportamiento inadaptado de clientes (ya sea de una manera individual como en parejas, grupos o, incluso, instituciones). Las siguientes técnicas para aumentar conductas las utilizan los psicólogos para realizar cambios significativos en el comportamiento de los pacientes.

El refuerzo

Con seguridad, el refuerzo es una de las técnicas conductuales más utilizadas: todos lo utiliza de una manera intuitiva, aunque no siempre de una manera adecuada. Es cierto que se trata de una técnica muy sencilla, y con una aplicación correcta es bien poderosa: se utiliza para promover conductas adecuadas, con el uso de reforzadores.

Un reforzador es cualquier acontecimiento que incrementa la probabilidad de que una conducta se vuelva a repetir en el futuro.

La dificultad de la técnica está a identificar un reforzador adecuado y en el procedimiento para administrarla. A menudo, los problemas son consecuencia de no poder decir si un evento actuará como reforzador hasta que no la utilizamos y observamos los efectos. Los reforzadores no son universales. Así, lo que puede ser reforzando para una persona puede no serlo para otra. Es más, el mismo evento puede variar de valor (positivo frente a negativo) y de peso (más o menos positivo o negativo) en una misma persona en diferentes momentos o situaciones.

A la hora de elegir el reforzador, se recomienda considerar los siguientes parámetros:

  • Edad, intereses y preferencias de la persona a la que irá dirigido. Por ejemplo, un caramelo posiblemente fue un buen reforzador cuando Joan tenía tres años, pero ahora que tiene quince seguramente ya no lo sea.
  • La conducta que se quiere reforzar. Por ejemplo, ofrecer la posibilidad de ganar 0,1 puntos en la nota final para hacer un trabajo de cincuenta páginas seguramente no sería muy efectivo en el objetivo de promover la conducta deseada (que los alumnos reflexionen y analicen diferentes problemas). En cambio, si se dan 2 puntos, entonces ya es más factible. Así pues, la cantidad de tiempo y el esfuerzo necesario para desarrollar la conducta objetivo deberían ser considerados a la hora de elegir el reforzador.

Sabemos que las conductas que se llevan a cabo pueden ser utilizadas frecuentemente para reforzar otras conductas de baja frecuencia (principio de Premack). Aunque no siempre es cierto que las conductas frecuentes pueden ser utilizadas como reforzadores, a veces dan indicios sobre qué reforzadores deben utilizarse.

Por otra parte, también es aconsejable considerar reforzadores nuevos. El uso continuado del mismo estímulo puede provocar que pierda su atractivo y, por tanto, su capacidad como reforzador (saciedad). Igualmente es aconsejable considerar reforzadores naturales, es decir, reforzadores que estén disponibles sin necesidad de introducirlos específicamente. En este caso, lo que hay es lo suficientemente diestro para hacerlos contingentes a la emisión de la conducta deseada. Por ejemplo, antes de empezar a jugar hay que haber hecho una ficha. Una manera de hacerse una idea sobre qué consecuencias pueden ser reforzantes es observar la persona y averiguar qué es lo que prefiere hacer. Ahora bien, también podemos preguntar a la persona con el fin de saber qué es lo que quisiera recibir como premio.

Al empezar un programa de reforzamiento, de entrada hay que reforzar todas las ejecuciones de la conducta (reforzamiento continuo), e irlo espaciando paulatinamente (reforzamiento intermitente) hasta su consolidación. Hay que enfatizar que el uso simultáneo de reforzadores resulta más efectivo.

La atención social es un caso especial de reforzador, ya menudo es uno muy importante. Para atención debe entenderse los reforzadores positivos y negativos administrados intencionadamente o involuntariamente, como son los comentarios, las miradas, los gestos, los elogios, las censuras, y toda expresión que tienda a premiar o castigar la conducta. La atención sistemática y la aprobación se aplica siguiendo la técnica del reforzamiento diferencial, es decir, atendiendo a las conductas positivas e ignorando las negativas.

El modelado

Se trata de favorecer el desarrollo gradual de una conducta mediante el hecho de reforzar, repetidamente, mejoras pequeñas, o aproximaciones a la conducta final (objetivo). En vez de esperar el momento que se dé una conducta nueva en su forma final, reforzaremos cualquier parecido de esta nueva conducta. Se utiliza, sobre todo, para facilitar el aprendizaje de conductas que aún no forman parte del repertorio habitual del sujeto.

El cambio de la pauta de reforzamiento es el elemento esencial del proceso del modelado. En efecto, dejar de reforzar una conducta una vez se observa otra que la mejora y la supera es básico. Se trata de reforzar la mejora, no la perfección.

Querer avanzar rápido es uno de los problemas con los que uno se puede encontrar en la aplicación de la técnica. Progresar de una manera más lenta, incluso el deterioro de la conducta, pueden ser indicios de que se avanza demasiado rápido. A veces, la conducta objetivo no ha sido (sub) dividida en bastante pasos. En estos casos, hay que revisar la secuencia y dividir la conducta de modo que la exigencia sea más pequeña. Es conveniente tener cierta paciencia, ya que a menudo se utiliza con personas que aprenden lentamente y / o con dificultades. Se ha utilizado, fundamentalmente, en personas con déficits cognitivos y se ha aplicado con éxito en conductas de higiene personal y en la adquisición del lenguaje.

El encadenamiento

En el encadenamiento, el objetivo es la formación de una conducta a partir de otras más sencillas que ya figuran en el repertorio del individuo, mediante el refuerzo de sus combinaciones. Dicho con otras palabras, se trata de conseguir una unidad funcional que está formada de subunidades conductuales preexistentes, que se suman en una nueva conducta. Por lo tanto, hay que contar, de entrada, con conductas que son fragmentos de la conducta final. En el encadenamiento, en primer lugar, se debe analizar la conducta que se quiere conseguir, para especificar la función y las conductas componentes. El nivel de detalle de estas operaciones dependerá (además de la tarea) de los repertorios conductuales del sujeto con el que se trabaje. Es fundamental saber de qué fragmentos conductuales dispone el cliente. Una misma conducta (final) se puede lograr con diferentes conductas intermedias. En el encadenamiento se puede comenzar tanto en principio como el final. Esta técnica se utiliza en conductas que el sujeto conoce pero no sabe cómo las puede hacer: por ejemplo, en el desarrollo de habilidades de autonomía doméstica, como son vestirse, comer o la higiene personal.

En el encadenamiento hacia adelante se sigue el orden de operaciones de principio a fin. Por ejemplo, se aprende a conducir un coche sincronizando despacio las diferentes operaciones que, de todos modos, esa persona podía hacer por separado. En el encadenamiento hacia atrás se empieza en el último paso. Por ejemplo, en la conducta de ponerse los pantalones, se ayudaría al niño o niña a ponérselos excepto en lo último que hay que hacer (por ejemplo, subir la cremallera); entonces, hay que enseñarle a terminar el proceso. Una vez lo ha aprendido, entonces se empieza en el paso anterior (por ejemplo, abrocharse el botón), y se le enseña a terminar la conducta desde ese momento. No es tan habitual como la anterior. Ahora bien, hay una tercera manera de hacerlo, que consiste en la presentación completa de la tarea. En este procedimiento, el cliente ejecutará los pasos desde el principio hasta el final de la cadena en cada intento y continuará, repitiendo toda la cadena, hasta que aprenda todos los pasos (la cadena completa).

Contrato de contingencias

Un contrato conductual (o contrato de contingencias) es un acuerdo que se formaliza por escrito, entre dos o más personas, y que especifica las conductas que deberá ejecutar cada una de las partes y las consecuencias que se derivarán, y también del incumplimiento del acuerdo que recoge el contrato. Implica, pues, el intercambio recíproco de recompensas contingentemente a las conductas especificadas en el contrato.

No es necesario que sean muy largos, ni tampoco complicados, como más simples y comprensibles mejor. Lo realmente importante es que quede bien claro qué consecuencias se derivarán del cumplimiento o del incumplimiento de las condiciones (conductas) pactadas en el contrato. Los contratos deben ser específicos, se debe incluir la siguiente información: quién (la persona que tiene que hacer la conducta y la que da la consecuencia), que (la conducta específica y la consecuencia que se deriva), cuando (pasará, y también la consecuencia) y las características tanto de la conducta como de la consecuencia (de intensidad, duración, topografía, personas involucradas, etc.). Hay que escribirlos en términos positivos, es decir, especificando la conducta deseada, no la que no se quiere. Deben tener un inicio y un final claro. Evidentemente, pueden ser renegociados o agotados al final del periodo contractual.

Escribir y firmar el contrato siempre es una manera de dar énfasis a lo que se intenta hacer y, de paso, nos aseguramos de que los acuerdos no dependerán de interpretaciones ni del recuerdo de las partes. Un buen contrato debería asegurar la posibilidad de que quien participa tenga éxito en sus esfuerzos. Conviene incluir bonificaciones adicionales si la persona supera los mínimos del contrato; de este modo, le resultará ventajoso procurar hacerlo lo mejor posible. Debe ser negociado, y debería ser correcto para ambas partes y también permitir la renegociación. Además, se debería de desvanecerse una vez se han establecido nuevas pautas de conducta y de reforzamiento. Uno de los objetivos debería ser disminuir la dependencia sobre el contrato y mantener las nuevas conductas y los nuevos refuerzos de una manera informal en el ambiente natural.

Técnicas psicológicas para aumentar conductas: refuerzo, modelado, encadenamiento y contrato de contingencias
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1 Comentario

  1. Lo que aquí se describe como modelado ¿no sería en realidad moldeamiento? En cambio el modelado sería una técnica de conducta basada en la imitación de un modelo referente.

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