Al hijo mayor se le atribuyen características afines a su posición, tales como: su capacidad de liderazgo, los afectos paternales, los arraigos a las costumbres familiares y el proteccionismo, este último en especial adjudicado a su papel de cuidador, cuando existen otros hermanos.  El primogénito ha sido y continúa siendo motivo de orgullo para cantidades de padres, dicho hijo representa el comienzo de una familia y una nueva etapa en la vida de pareja.  En épocas pasadas se deseaba que el mayor naciera hombre para que continuara el linaje, la herencia y tal vez por ego, el padre en especial deseaba ver la proyección suya, representando sus ideales y sueños en la figura de este descendiente.  Sin embargo, el hijo mayor también podría traer frustración cuando su embarazo constituía una indeseada “sorpresa” para los padres y en oportunidades, el motivo de unión forzosa entre ellos. En la actualidad aún se conservan dichas expectativas, claro está, con algunos matices.

En el primogénito los padres inauguran su función y como cualquier primera experiencia, es donde se evidencian los errores en la aplicación de la teoría—si es que se tiene—. La mayor dificultad se presenta en la manifestación de los conflictos emocionales que posee la pareja; siendo hasta este momento, unos inquilinos ocultos en el inconsciente, que surgen de improviso y que en muchas ocasiones son negados.  Debido a todo esto, el hijo mayor suscita en el mundo de la pareja gran cantidad de cambios y según el grado de consciencia de los noveles progenitores, puede provocar ciertas consecuencias en el primogénito. Algunas de ellas pueden determinan el comportamiento emocional y/o psicológico del hijo en la edad adulta.

El hijo mayor puede presentar una gran carga emocional; siendo una de las consecuencias a destacar, la del “hijo proveedor”. Ser “proveedor” trae consigo resultados nocivos a la hora de constituir pareja y familia en la edad adulta, observemos algunas de las actitudes más frecuentes para identificar la presencia del fenómeno:

  • Puede ser el “solterón”, si se casan, lo hacen a edades avanzadas.
  • Es el “novio eterno”, un hombre que es muy buen novio, pero sale despavorido cuando se le habla de matrimonio e hijos. Así que si van pasando los años y este hombre no se dispone a cumplir tus deseos de formalizar más la relación ¡Mucho cuidado mujer!
  • Se trata también del “mujeriego” que salta como rana entre un mosaico de femeninas, sin comprometerse con ninguna.
  • Si no tiene hermanos menores, suele ser un buen padre (más adelante explicaré el porqué).
  • Por lo general vive con su madre hasta edades avanzadas o vive muy cerca de ella (La edad adecuada para emanciparse es entre los 25-30 años).
  • Sus encuentros con el sexo opuesto están más centrados y enfocados en el contacto sexual, es el típico hombre que seduce y busca sexo con prontitud y aceleración, “un manitas”.
  • Cuando se encuentra fuera del radio de distancia de sus padres, llama por teléfono o busca contactar desesperado con ellos.
  • Prioriza las necesidades económicas de su madre a las de su esposa e hijos, si es casado.
  • Busca para casarse una mujer que represente a su madre. Es esta la actitud que mayormente determina la ostentación de ser un “hijo proveedor”. Así que mujeres, atención, si observas que eres similar a tu suegra.
  • Visita o cumple con frecuencia y puntualidad a sus padres, es el típico hombre que dice: “los miércoles no puedo porque es el día de visitar a mi madre”.
  • Consulta con constancia a su madre para tomar cualquier tipo de decisión, desoyendo a su novia, esposa, hijos o amigos.
  • Si es casado, busca mantener las mismas costumbres o tipo de educación recibida por sus padres, es aquel que dice: “así lo hace mi madre”.
  • Ostenta por lo general un vicio, en especial el alcoholismo o la ludopatía.

Los anteriores son algunos de los comportamientos con los que se identifica este fenómeno. Ahora reparemos en los antecedentes emocionales para que un hijo se convierta en “proveedor”:

    • Desde niños adquieren compromiso, maduran antes de tiempo y se desenvuelven con adelanto a sus respectivas edades.
    • El perfil emocional de su padre es el de un marido negligente; se trata de un hombre que se ausenta con frecuencia del seno familiar sea por su trabajo, un vicio, enfermedad, o también, de un sujeto que aun estando en casa se aleja emocionalmente; lleva trabajo, se dedica a ver televisión, a dormir o cualquier otra actividad diferente a ser marido o padre.
    • El perfil de la madre es el de una mujer sobreprotectora, una fémina con grandes vacíos afectivos, ella necesita sentirse protegida por su masculino; el cual de niña es su padre y de adulta, su esposo. Por lo general es una carencia que arrastra desde muy pequeña, lo cual difícilmente de adulta suplirá con su marido[1] . Tal demanda la conduce a una actitud de sobre-protección con el hijo mayor (varón). La necesidad de afecto o atención la encubre con un comportamiento de demasiada implicación con su primogénito, en especial si la figura de marido u esposo no existe (viuda, divorciada). Ella es la típica madre que necesita ser indispensable para su hijo, le impide decidir el mínimo detalle, está al tanto de cada paso que el hijo da. Observemos en el siguiente gráfico la relación correspondiente de esta familia:

hijo-proveedor2

  • La madre forma a este hijo desde edades tempranas para suplir sus demandas emocionales enmascaradas en “cuidado materno”. Ella se encuentra confundida, pues ignora que sufre de una gran demanda de protección masculina. Esta mujer forma al primogénito varón de manera que le supla sus carencias, las cuales –incluso en ciertos casos-, llegan a ser de orden material; en cuya situación el hijo se verá forzado a trabajar a edades tempranas para contribuir económicamente en el mantenimiento del hogar.
  • El padre negligente se acomoda a la situación. Suele ser un hombre díscolo, de poco carácter o con dificultades para intimar y expresar afecto. Su conducta se ve beneficiada y compensada con la actitud de la madre sobreprotectora; en cuyo comportamiento se escuda para esconder su falta de compromiso e implicación, asimismo, evadir cambiar y superar sus conflictos. Lógicamente si el padre no existe, el fenómeno tomará más vuelo.

Habida cuenta de todo lo expuesto, las actitudes de negligencia y sobreprotección del padre y la madre, respectivamente, son el caldo de cultivo para que el primogénito varón se convierta en un “hijo proveedor”. En su infancia, aparte de lo emocional, es educado para cuidar a sus hermanos, realizar las labores domésticas o laborar prontamente. La madre se apoya constantemente en este hijo, ante la apatía y complicidad del padre —si existe la figura—.  El padre asume esta actitud debido a que ostenta asimismo como la madre, una gran carencia afectiva.

“El hijo proveedor” como esposo o novio

Generalmente, el encuentro amoroso de una mujer con este tipo de hombre termina con sufrimiento, ya que ella, además de conquistar al hijo, necesita conquistar a la madre, y si no lo consigue, confrontarla. La esposa o novia requiere en muchas oportunidades “luchar” con la madre para arrebatarle el hijo. Esta relación se convierte en un campo de batalla constante entre suegra y nuera, situación que a menudo “reconforta” al hombre en disputa, pues su ego necesita el reconocimiento femenino y esta es una forma ideal para obtenerla. Así que antes de empezar una relación con un prototipo de “hijo proveedor”, la mujer debe ser consciente del terreno que pisa.

El compromiso del “hijo proveedor” fundamentalmente se encuentra con su madre y hermanos, aunque si no tiene estos últimos, puede llegar a ser un excelente padre con sus hijos. Este hombre a menudo es incapaz de consolidar una familia propia, pues ya tiene una.

Es posible que este tipo de hombre sea la pareja de muchas mujeres, motivo por el cual hay que partir de lo elemental, es decir, el reconocimiento e identificación de la situación. Luego, es conveniente que la compañera o esposa se inhiba de batallar con la suegra ya que esto ocasionará una mayor turbación y conflicto en la relación.  Dentro de las actitudes sanas a implementar, sobresaldría el jamás ser su cómplice; estableciendo claramente sus compromisos y obligaciones y la clave, nunca hagas lo que a él le corresponde. Se trata de actuar, en lugar de hablar, esto le permitirá a dicho hombre observar las consecuencias de sus actos.

El peor error en que una esposa o novia de un “hijo proveedor” puede incurrir, es en repetir las acciones de su suegra con sus propios hijos. La actitud contraria les devolverá al esposo e hijo, el papel que les corresponde y presumiblemente conducirá a su pareja a hacerse consciente de sus actos, o por lo menos, a evitar que los seres cercanos (hijos) sufran, debido a su comportamiento.  Lógicamente no hay que dejar de reflexionar sobre el hecho de que cuando alguna mujer se encuentra como pareja de un “hijo proveedor”, están implícitas en ella unas características que se complementan con la actitud que él presenta. Cuando la mencionada correspondencia se transforma en conflicto recurrente, es indudable que estas familias, necesitaran algo más, quizás asistencia profesional. Todo dependerá del arraigo de dicha conducta y la forma de interactuar de los seres que cohabitan con un hombre de este tipo.

La madre de un hijo proveedor

Si una madre es capaz de tomar conciencia de que está formando a un “hijo proveedor”, pues bien, ¡felicidades!, ya que es bastante difícil darse cuenta de ello. Seguidamente, la madre requiere empezar a liberarlo de las disfunciones tales como: cuidar de sus hermanos, conseguir dinero para sostener la familia (es responsabilidad del padre o en su defecto de la madre), ser el refugio de sus tristezas, el cómplice o confidente propio, pedirle ayuda constantemente para suplir obligaciones de los padres, entre otras. A lo sumo, la madre requerirá de prescindir de actitudes como dormir en la misma cama con su hijo-así sea de vez en cuando-, hacerse la víctima, e incluso dejar de inculcarle odio o rabia hacia el padre o alguna persona que considere le causa daño, en especial cuando esta pequeño (es así como lo convierte en su defensor).  La madre debe educar a su hijo con la autonomía e independencia de acuerdo a su edad. Formarlo bajo el precepto de “que cada día, me necesite menos”, animarle a pensar por sí mismo, a descubrir que es lo quiere hacer, ayudándolo a construir sus propios sueños, de igual modo, dejar de proyectar sus carencias sobre  él.

[1] “Tendemos a emular la relación sentimental que tenían nuestros padres, con modificaciones, de acuerdo al rol desempeñado en la infancia con el opuesto sexual y el grado de toxicidad presente en el proceso natural. De [email protected] que se casan y [email protected] que hacen pareja, pág. 101, Luz Quiceno, Londres 2015.

Riesgos de estar “casada o comprometida” con el hijo mayor
Vota este artículo!

Luz Quiceno Romero
Ing. Técnica en Topografía. Trabajo en su área profesional durante 10 años, en los cuales a su vez, ejerció como catedrática universitaria. Escritora y Diplomada en Bioneuroemoción, un método que perfecciona su habilidad para conectarse y acompañar a las personas en la toma de consciencia y cambio de percepción de sus conflictos. Luz Quiceno se ha especializado por su experiencia personal y profesional en temas de la mujer.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.